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¿Por qué dividimos el día en 24 horas de 60 minutos?

28 febrero 2012 - 13:41 - Autor:

Imagen: Reloj Cid, de OCReactive (CC, Flickr).

Estamos tan habituados a que el día tenga 24 horas y que cada una de ellas tenga 60 minutos de 60 segundos que nos olvidamos que se trata de un sistema tan arbitrario como el que rige la puntuación del tenis. ¿No sería más intuitivo aplicar el sistema métrico decimal también al tiempo y tener 100 horas diarias (más cortas) de 100 minutos, a razón de 100 segundos la unidad? Ya se intentó, pero fracasó miserablemente.

En realidad, el sistema decimal es tan arbitrario como el sexagesimal aunque más “natural” anatómicamente: tenemos diez dedos en las manos, de modo que al contar emergen el diez y sus múltiplos. Sin embargo, el diez no es un número fácil de fraccionar, porque al dividirlo en números enteros ya salen dos números primos: 5 y 2.

Los habitantes del Creciente Fértil también tenían diez dedos y contaban con ellos, o más bien con sus falanges: con el dedo pulgar derecho señalaban cada una de las falanges de los dedos de la misma mano, empezando por el meñique, de modo que se podía contar hasta 12 (4×3). Para cifras mayores se levantaba un dedo de la mano contraria (ahora sí, 5), de modo que podía completarse hasta 60 unidades (12 x 5 = 60). De esta forma, explica la docta Wikipedia, el 60 se convirtió en una “cifra redonda”, “convirtiéndose en una referencia habitual de transacciones y medidas”. Incluidas, claro, las horas del día.

¿Por qué entonces cada segundo se divide en 10 décimas y 100 centésimas, en lugar de en, por ejemplo, 60 décimas y 2.400 centésimas (o cualquier otro nombre)? Simplemente porque estas fracciones no eran necesarias en aquellos remotos tiempos, siendo aportaciones posteriores, cuando el sistema métrico decimal había sido completamente implantado.

La ventaja del sistema sexagesimal es que es mucho más “maleable” que el decimal: el 12 es fácilmente divisible en cuadrantes (4 de 3) y en mitades (2 de 6), de modo que es más práctico que el 10. A las 12 horas que duraba el día añadieron otras 12 divisiones de un “hipotético recorrido de un sol nocturno”, completando las 24 horas que seguimos teniendo hoy.

La Revolución Francesa no sólo supuso una ruptura con el Viejo Régimen sino también con sus unidades de medida. En un ejercicio de racionalismo de base 10, los revolucionarios instauraron en 1791 el Sistema Métrico Decimal como “medida sublime del hombre”. Se instauró que el día tuviera 10 horas (de 144 minutos nuestros), y la hora estuviera dividida en 100 minutos (a razón de 86,4 segundos). El segundo “revolucionario” equivalía por tanto a 0,864 segundos, explica Alasdair Wilkins en IO9. La semana tenía 10 días, aunque el año seguía teniendo 365 días, pues poco se podía intervenir en este sentido.

Pero mientras seguimos usando el resto de las medidas del sistema métrico decimal –metros, kilos, litros- su aplicación en la dimensión temporal fracasó miserablemente. El tiempo decimal se abandonó por decreto en 1795, apenas cuatro años después de su instauración. Nadie pareció echarlo de menos.

Con información de Wikipedia, IO9 y Autorneto.

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