El hombre que sobrevivió 20 años a la mayor dosis radiactiva recibida por un humano
En 1945, en plena efervescencia de la era atómica, Albert Stevens, un pintor americano de 58 años al que le habían diagnosticado cáncer terminal de manera errónea, fue inyectado con una enorme dosis de plutonio en vena, como parte del ominoso Proyecto Manhattan. La inocente cobaya no sólo no murió sino que sobrevivió 20 años, muriendo de una vulgar enfermedad coronaria.
Albert Stevens (no confundir con Albert Willians Stevens, el célebre aeronauta americano, un error muy común por otra parte) era un pintor de brocha gorda que un aciago 10 de mayo de 1945 acudió al Hospital de la Universidad de California de San Francisco aquejado de agudos dolores de estómago.
Decimos aciago porque los doctores, confundiendo su benigna úlcera gástrica con un cáncer terminal, y considerando por tanto al sujeto como “condenado”, decidieron incluirlo en un programa gubernamental secreto de experimentos con energía nuclear, el Manhattan District Project, y le pusieron un chute de plutonio suficiente como para matar a tres manadas de caballos o más. Sin su conocimiento y sin su consentimiento (es de esperar que al menos no le doliera el pinchazo).
Así, en plena efervescencia de la era atómica, el 14 de mayo de 1945, al sujeto conocido como Cal-1 (Albert Stevens, quien por entonces contaba 58 años) se le administraron 131 kBq (3.55 µCi) de plutonio (una barbaridad en cualquier caso).
Una vez descubierto el error del diagnóstico, y dada la gravedad el mismo, el equipo médico quiso seguir analizando el organismo de Cal-1. Como el hombre quería dejar el área de Berkeley y volver a su vida, se le asignó una pequeña asignación mensual y se le dijo que estaba formando parte de un estudio clínico. Jamás se le comunicó la verdad. “Su hermana era enfermera y todo esto le olía a chamusquina pero creo que nunca llegó a enterarse”, reconocería años después el Dr. Kenneth Scout, responsable de los análisis del paciente.
Lo más sorprendente es que Stevens aún vivió casi 21 años y que finalmente moriría de una vulgar enfermedad coronaria, habiendo acumulado una dosis efectiva de radiación de 64 sieverts, más de seis veces la radiación mortal para una persona, que se calcula en el entorno de los 10 sieverts. Según diversos cálculos, los afectados por dosis de entre 3 y 6 sieverts se ven aquejados de una sintomatología que incluye intoxicación aguda por radiación, desorientación, coma y muerte en el 100% de los casos.
Casi 50 años después de su fallecimiento, algunos interrogantes aún flotan en el aire: ¿qué pasó para que Stevens viviera todos esos años? ¿Tenía el pintor un mapa genético propio de las resistentes cucarachas? ¿Por qué no se extrajeron –o no se divulgaron– conclusiones médicas más allá de los escasos datos hechos públicos hasta la fecha?
Con información del Informe ACHRE y Wikipedia


1 Comentario
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Es tan sencillo como que el tenia la creencia de que le habían curado. La creencia puede más que la ciencia. (Ver “La Biologia de las Creencias” para ampliación.
Comentario Publicado por: antonio laurel | 13 diciembre 2012 - 20:44