
Los nazis tenían una fijación por una época legendaria, de inmensa prosperidad, felicidad y orgullo, cuya encarnación literaria es el poema épico del ‘Cantar de los Nibelungos’ (Nibelungenlied). En aquella obra del siglo XIII, el cazador Sigfrido abate con sus flechas criaturas mitológicas (dragones) y reales (urus) en la corte de los burgundios.
El líder nazi Herman Göring encomendó a los científicos –los hermanos Heinz y Lutz Heck- la recuperación del urus, un enorme bisonte extinguido en Europa en el siglo XVI. Los Heck, que en los años 20 dirigían los zoológicos de Berlín y Munich, dedicaron dos décadas a cruzar especies de bovinos europeas y americanas con el objetivo de recrear un animal similar en apariencia y comportamiento al extinguido urus, según cuenta Michael Wang en la revista Cabinet.
Pero la recreación del animal no estaría completa si se confinara al renacido animal a un parque zoológico, así que los hermanos idearon un entorno ideal que sería repoblado por el bisonte europeo y otros animales del ‘Cantar de los Nibelungos’ (sin contar dragones). Por suerte, existía un lugar ideal muy cerca de Alemania, en el patio trasero, como si dijéramos: se trataba del bosque de Bialowiez, uno de los bosques primarios más antiguos y mejor conservados de Europa, que se extiende entre Polonia y Bielorrusia. En otra circunstancia, la ubicación de la reserva hubiera supuesto un problema, pero hablamos de la Alemania de los años 30, donde cualquier inconveniente podía arreglarse con una invasión. continuar leyendo