Uzbekistán avisa que la rotura de la presa más alta del mundo produciría un “tsunami” 10 veces mayor que el de Japón
Con 300 metros de altura, la presa de Nurek, en Tayikistán, es considerada desde 1980 (año en que se finalizó) la presa más alta del mundo. Pero será por poco tiempo; lo que tarde en finalizarse totalmente su hermana de la presa de Rogun, que se encuentra a 110 km al este de la capital, Dushanbe, en el río Vaksh. Cuando se corte la cinta, está planeado que alcance una cota de 335 metros, el equivalente a un rascacielos de 105 plantas.
Para un país montañoso con cientos de glaciares, pero sin apenas hidrocarburos en su subsuelo, el aprovechamiento de la energía del agua es vital. Tayikistán es el país más pobre de la región de Asia Central y la escasez crónica de energía, desde que Uzbekistan en 2009 le corto el acceso a su electricidad, ha afectado a su economía. Tanto que es demasiado lastre para superar ese 60% de umbral de la pobreza al que sus habitantes se enfrentan.
Ahora más que nunca, el gobierno está decidido a garantizar su autosuficiencia energética construyendo la presa más alta de nuestro planeta, un enorme proyecto que ya se pensó en la época soviética para intentar captar energía hidroeléctrica. “El futuro de nuestra economía y la respuesta a los problemas sociales del país está vinculado a Rogun”, sentenció en 2010 el primer ministro de Tayikistán, Akil Akilov.





