Búnker 42, el refugio nuclear bajo Moscú que se convirtió en centro de ocio
La Guerra Fría dejó para la historia una buena cantidad de anécdotas bélicas de lo que pudo haber acabado en un Apocalipsis nuclear sin precedentes. Para el recuerdo queda la enorme maquinaria que las dos superpotencias se empeñaron en construir dirigidas al desastre: submarinos, cabezas nucleares, portaaviones… y búnkeres, muchos búnkeres.
El miedo a una guerra abierta incentivó la proliferación de refugios nucleares por todo el mundo. Especialmente en Estados Unidos (donde hay quien aún los mantiene en espera de un hipotético final) y Rusia, donde acabado el conflicto se encontraron frente al problema de qué hacer con tanto hueco subterráneo.
Fue en este momento en que alguien pensó: oye, ¿y por qué no lo convertimos en un centro de ocio? continuar leyendo









