Teresa Silva, imposible is nothing
Podría, debería, haber sido una de las protagonistas de esa megacampaña publicitaria de ropa deportiva, “Imposible is nothing”, pero los creativos, a veces, optan por el camino fácil. Porque si alguien encarna el espíritu de superación a través del deporte esa es Teresa Silva. Todo empieza con un accidente de parapente en 1989, con 30 años, una operación en el Ramón y Cajal, nueve meses en el Hospital de Parapléjicos de Toledo y una nueva vida, diferente, a la que adaptarse.
Lo que más me sirvió cuando estuve en el hospital fue la visita de una deportista paralímpica. Me dijo que me entendía, que era muy duro dejar de caminar, de correr. Ella no recordaba lo que era caminar, porque tuvo un accidente siendo muy niña. Y no quieres que se compadezcan, pero no tener que hacerte el valiente siempre, no sabes lo que se agradece.
Teresa Silva esquiando
Al hablar con Teresa y con otras personas que repentinamente han pasado a depender de una silla de ruedas descubres que los primeros meses son de aceptación. Y es que todos pensamos que la discapacidad, al igual que la enfermedad o las desgracias, les ocurren solo a los demás.
Nadie que está en una silla de ruedas está todo el día machacándose y pensado, ¿por qué no puedo correr? No te lleva a ninguna parte. Tienes el momento de negación, pero no es una forma inteligente de afrontar las cosas. Sí es cierto que al principio entras en estado de shock. No estamos preparados. Nadie, de ninguna de las maneras.
Teresa recuperó, poco a poco, su vida, su trabajo, su día a día. Excepto en un aspecto, el ocio. Quería compartir con su familia y amigos los deportes que le apasionaban: esquí, ciclismo… pero no podía. España estaba en pañales en cuanto a deporte adaptado. Tuvo que esperar hasta el 98, en Sierra Nevada, a que un grupo de monitores de EE:UU le abriera las puertas de la felicidad y de la normalización definitiva.
“La primera mañana del curso estaba esquiando sola. Se acabaron los problemas. Pensé: ahora soy la Teresa de siempre”.
Esa es la semilla de la Fundación También (91 3845009), que Teresa fundó en 2001 y que continúa dirigiendo “La responsabilidad es para siempre, no vale ponerlo en marcha y si te cansas, lo dejas. Es un compromiso de vida, porque yo lo siento así”.
La filosofía era poder ampliar a toda la sociedad lo que estaba limitado a unos pocos porque no había instructores y porque el material era y es muy caro, cualquier mono-ski o bici (handbike) no baja de 3.000 euros.
Lo primero que hizo fue montar un equipo de competición de esquí alpino ( en el que ahora está Irene Villa), gracias al apoyo de la empresa Santiveri “Sin ellos no estaríamos hoy aquí”.
Desde entonces más de 3.000 personas, directamente, y otras muchas procedentes de las 120 ONG con las que colaboran han podido esquiar, bucear o montar en bici, entre otras de las actividades que organizan. Y han conseguido, sobre todo, derribar sus barreras físicas y psicológicas.
Es una forma de superación personal, lo que quieres es saber que eres válido, enfrentarte a tus miedos. Te aporta el espíritu de lucha, de superación y esto, en los niños, es fundamental. Nuestra deuda y máximo interés es que los niños y la familia normalicen su vida. Cuando nace un niño con problemas, una reacción típica es decidir que no se va a montar en bici o no se va a esquiar para que no se sienta mal el hijo o hermano afectado. La Fundación quiere que toda la familia vaya a practicar deporte, no somos una fundación de respiro familiar,con todo el respeto para las asociaciones que echan una mano a las familias, aquí respira todo el mundo.
Teresa respira, siente vértigo por el camino recorrido y por el que le queda por delante. Pero sabe, y ahora también sabemos nosotros, que nada es imposible.




