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Una noche con las personas sin hogar

28 mayo 2009 - 15:16 - Autor:

Cada noche, decenas de voluntarios de Solidarios recorren Madrid para ofrecer el calor de un café y de una conversación a cientos de personas sin hogar. Hemos acompañado a Toni, Jesús y Conchi en su ruta nocturna por la zona de Principe Pío.

Son las 8 de la tarde, en la puerta del edificio de Cantarranas, en la Ciudad Universitaria de Madrid, Fátima y Berta, escuchan a Julián,  coordinador de voluntariado en Madrid de las rutas de las personas sin hogar. Julián explica una de las claves del trabajo que van a hacer en la calle: escuchar, comprender,  no se trata de salvar el mundo, se trata de hacerles sentir personas. De eso sabe mucho Toni, electricista, 54 años, que lleva desde el 2001 haciendo la ruta de Principio Pío cada  martes.

Lo que intentamos es que la persona que está en la calle se sienta persona los 10 minutos que vas a estar con ella, de ahí la importancia del asunto. Nadie va a salir de la calle si no se replantea su vida, s ino se pregunta porqué, quién soy, qué hago. Nosotros estamos para que tomen conciencia de su vida y eso se hace dialogando con normalidad.

A las 9, Toni, Concha y Jesús, ya han preparado el café, el cacao y el caldo (la excusa para acercarse a las personas sin techo), lo han metido en los termos y están listos para empezar el recorrido que les llevará desde la Avenida de Valladolid hasta el Viaducto. Les acompaño como un voluntario más, integrado en el grupo, sin ejercer “formalmente” de periodista.

Toni, voluntario de la ruta Sin Hogar de Solidarios

Toni, voluntario de la ruta Sin Hogar de Solidarios

Es la tercera vez que hago este recorrido con voluntarios de Solidarios, en las otras dos me identifiqué como periodista y muchos indigentes se sintieron incómodos, objetos morbosos para la prensa. A Jesús y Concha tampoco les hace mucha gracia, sobre todo porque a veces intentamos que nos cuenten toda su vida, todos los detalles, su proceso de desintegración, en apenas 5 minutos. Y , además, queremos la foto perfecta, queremos robar imágenes, quitarles algo de la dignidad que todavía les queda. No será el caso de este post, os invito a acompañarme como un voluntariado más.

Empezamos la noche en el parking del Centro Polideportivo Municipal de la Bombilla. Allí ejerce de aparcacoches Emilio, unos 50 años, piel curtida, bien vestido y bien entonado ya a estas horas, bromea con Toni, se comporta, a ratos, como un chaval. Un café y empieza la conversación. “¿Cómo estás? ¿Alguna novedad? ¿Cómo va el negocio?… ”. Nos vamos. En el coche, de camino a una nueva parada, Toni conduce y habla.

No se puede hacer asistencialismo. El asistencialismo lo tiene que hacer la Administración, porque un ser humano tiene los derechos de ser atendido. Si fuéramos asistencialistas, perderíamos lo que hemos conseguido, nos verían como “El conseguidor”, no te verían como a un voluntario. El señor del Samur Social tiene poder sobre las decisiones que les afectan, le puede o no conseguir plaza de albergue, por tanto no va a existir una relación de tú a tú.

El trabajo de los voluntarios de Solidarios consiste, sobre todo, en el acompañamiento. Como decía antes, el café es la excusa para dialogar, para acercarse a las personas sin hogar. Se les acompaña y se les orienta e informa sobre los recursos que tienen a su disposición (albergues, comedores…), pero siempre sin caer en la caridad o en la asistencia.

Todos caemos, alguna vez, en esa parte asistencialista, sí he caído, lo que pasa es que el tiempo te va enseñando. Uno empieza y empieza con ¿qué hay que traer? Mantas, bocadillos…, pero uno va aprendiendo. Los nuevos voluntarios no se lo creen hasta que lo van viendo. En un principio cuando conoces a alguien nuevo, te tantea, te pide ropa, dinero… No pasa nada, eso sí, dinero nunca. Ropa, no pasa nada, pero teniendo en cuenta que no eres un ropero, si pierdes eso, cambia la percepción que tienen de ti.

Estamos en el Manzanares, al lado de la clínica Moncloa, debajo del puente que cruza el tren que lleva de Principe Pío a la zona noroeste de Madrid. Pietro, rumano, de unos 50 años, mientras pela un cable de cobre, dice que el lunes se va a Rumania, en autobús, que no hay trabajo y que el cobre, el acero, etc, se paga muy barato. A su lado, un chico croata que no pasará de 20 años refugia su cara debajo de una gorra de béisbol, acepta un café y afirma que no es muy hablador. Simon, búlgaro, se acaba de levantar, lleva tiempo en España, desde su colchón charla con Toni sobre el pelo y cómo el polvo de cemento hace que se le caiga. ¿Qué significa para Toni este voluntariado?

Es mi forma de cambiar el mundo. Además, es el sitio donde cargas las pilas. El voluntariado le aporta más al voluntario. Un porcentaje de las personas que hacen voluntariado viene por temas de carencias personales, emocionales, problemas familiares, etc

Seguimos camino y en Comandante Fortea nos encontramos con Enrique, 65 años, al lado de un local de Falange Española “Me suelo largar para que no me vean al salir”. Enrique cumple con el estereotipo de indigente: melena, barba, ropa muy sucia, mal olor… Nos lleva hasta su compañera María porque, dice, está un poco floja.

Los rasgos de María revelan que, antes, antes de pasar por la calle, era una mujer muy guapa, ojos azules, nariz pequeña respingona, cara redonda.  Según cuentan Toni, Conchi y Jesús, a veces, Enrique, tiene la mano muy larga, pero parece que se sobrellevan y se hacen compañía. En la calle, se hacen parejas de “conveniencia” porque la soledad es muy, muy dura.

Toni, Jesús y Conchi, en el Viaducto

Toni, Jesús y Conchi, en el Viaducto

En el templete del Parque de la Bombilla, donde en unos días se celebran las fiestas de San Antonio, volvemos a encontrarnos a Emilio (el aparcacoches) y descubrimos a una pareja muy joven, apenas 25 años. Ella, Marisol, nos cuenta cómo hace unas semanas murió, abandonado, en un banco del parque, José Augusto, un compañero toxicómano, que acababa de salir del hospital y que, después de no ser aceptado en un centro municipal de acogida para drogodependientes, murió esa misma noche. Toni se cabrea, no entiende por qué el Samur Social no gestionó con el centro el ingreso. Sobre todo le molesta que nada haya salido a la luz. ¿Es posible la reinserción de  las personas que están en la calle? Toni:

Supuestamente la gente puede salir de la calle. Nosotros vemos, en general, a los que no salen. Hay gente que hemos visto esporádicamente que han tocado calle y han desaparecido, había un problema de red social, pero su situación no se había convertido en crónica y han terminado saliendo. Pero cuando llevas 30, 15 o 20 años en la calle, estas personas, en algún momento, se podrán socializar, pero lo que se dice integrar en la sociedad nuevamente…

Son las 23:00 de la noche y estamos en la última parada, en el Viaducto. La noche ha refrescado bastante, en cualquier caso, nada que ver con los meses de noviembre – enero, la “campaña del frío”, esa en la que si cabe, la compañía y un café caliente son todavía más necesarios. Bajo el viaducto, en el lado más próximo a la calle Mayor, duermen varios subsaharianos. Dos de ellos, jóvenes, quieren charlar, tomar un cacao y unas galletas, el fútbol siempre es un buen tema para establecer contacto, comentamos el partido Barca – Manchester y Jesús y Conchi se quedan con sus nombres.

En el otro lado del viaducto, al lado de la terraza de un bar de moda, varios marroquíes están a punto de dormir, Toni bromea y cuenta anécdotas varias; Jesús se interesa por Rachid, un chico de unos 20 años, que está en paro, pero que demuestra interés por salir adelante. Mientras, Conchi me cuenta que hace un par de meses, en una riña callejera mataron a Younes, un chico al que tenía cariño, “Hermana, me llamaba”, dice Conchi. A las 23:55 se apagan las luces que iluminan el Viaducto, nos despedimos de Rachid y los demás, ha terminado la ruta.

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13 Comentarios

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Hola, mi más sincera feleicitación por el reportaje. cuando veo a personas que caen en situaciones de desamparo y desprotección…. te llevas las manos a la cabeza. Como mínimo, no te puedes quedar impasible. Desde luego, el reportaje invita a la reflexión.

También es verdad que siempre se adopta un enfoque “romántico” y en ocasiones un tanto alejado de la realidad. Es decir, se cuenta la verdad a medias. Se te saltan las lágrimas con ese prototipo de hombre “roto” por la vida, con barba de filósofo. con toda su dignidad y que lee a Marcuse….Hombre integrado, querido en el barrio y tal y tal.

Hay otra verdad que se cuenta menos….yo vivo en el centro de Madrid y también veo plaza y parques infantiles intransitables, suciedad y basuras, alcohol, drogas, trapicheos, insultos a los vecinos…en fin una convivencia nada fácil. Y se te ocurren mil y un argumentos para justificar y comprender todo ello: desesperanza, vidas desestructuradas, soledad, falta de ayudas, problemas mentales, enfermedades. Problema complejo.

Pero cuando quieres salir del portal de tu casa con tu niña pequeña y te encuentras a tres o cuatro “indigentes”, que se han meado en tu portal, borrachos perdidos, que le dicen cualquier barbaridad a tu mujer……te cagas en todo lo que se menea y piensas que les invite a un café rita la cantaora. Yo tampoco soy perfecto y tengo mis contradiciones…..

Qué ilusión me hace encontrarme con esta experiencia contada en un blog. Yo también he hecho esa ruta mas de una vez con Solidarios hace cinco años, tuve que dejarlo por cuestiones laborales y personales que me impidieron continuar. Pero aún recuerdo esas noches por Madrid, con un frío helador al calor de un café con los “sin techo” y aún recuerdo a incondicionales como el mimo de Gran Vía que día tras día allí estaba con su perro y a nuevos que aparecían un día llegados de su ciudad o de su pueblo con una bolsa de deporte como equipaje y la esperanza de empezar una vida nueva en la capital, y afortunadamente, dejabas de verlos en poco tiempo. También a prostitutas que se paraban encantadas a charlas en un día de faena. Fueron muchos los recuerdos que me acompañarán. Mando un abrazo a Toni, Jesús y Conchi por seguir con esta labor día a día.

Loable tarea, pero alguien debería decir que no se soluciona nada: los instalados en la zona de Príncipe Pío lo están porque hay tres comedores en la zona y viven de la “sopa boba” como siempre pasó. Es decir, tienen la comida asegurada y algo de dinero de la paga social para gastarse en vino: nada que les mueva a salir del pozo ni nadie que les asista con sus enfermedades físicas y, sobre todo, psíquicas. Mientras tanto, les vamos alimentando, como a animales. No hacemos nada por su dignidad, ni, lo más importante, lo hacen ellos. Basta de santificar al mendigo como una víctima social y vamos a empezar a verlo como enfermos, así quiezá encontremos una vía.

Precioso reportaje, ¡Felicidades! Reconforta saber que en este mundo de prisasy egoismos, existe gente dispuesta a dar su tiempo , calor y compañía a estas personas. ¡PERSONAS!, que ciertamente aún teniendo un momento de solidaridad ,no cuentan con los recursos necesarios para reinsertarles en nuestra sociedad y normalizar sus vidas.

No dejas de tener parte de razón, Queco, pero sólo parte. El caso es que en la mayor parte de los casos, se trata de las dos cosas: enfermos y víctimas, y no se puede disociar. Y además, no hay cura mágica para el “sinhogarismo”. Si la hubiera, en vez de salir por las calles todas las semanas, te aseguro que lo que yo haría sería dedicar mi tiempo a reclamar a la administración competente que se aplicara dicha cura. Llevo muchos años en el proyecto, he conocido muchas ONG, fundaciones y trabajadores sociales, y te aseguro que nadie tiene una fórmula, pues la problemática es muy complicada y difiere en cada persona.
Por supuesto, como en todo, hay quien se aprovecha y tiene facultades para hacer algo más por su vida. Pero para que esos no se aprovecharan, yo no dejaría a su suerte a los que realmente necesitan las escasas ayudas que da la administración -que por cierto, muchos tienen derecho y ni siquiera solicitan, por lo “desocializados” que están.

Por otro lado, si has leído bien, en este proyecto lo que no se hace es alimentar a nadie (con un café al día poco vas a durar en la calle), y sí intentar tratar a las personas como personas, o sea, eso que tú reclamas: DIGNIDAD. Te invito a que conozcas más de cerca el proyecto y hagas una noche una ruta.

[...] en el vértigo del día a día y las vćtimas, los esclavos, no dejan de ser, como me comentaba Toni de Solidarios en el paseo que hicimos por la noche de Madrid, personas desconocidas que viven a miles de kilómetros física y mentalmente de [...]

[...] no nos afectan mucho. Y, si están lejos, menos. Hace tiempo, cuando hice el reportaje con Toni, de  Solidarios, me decía que la proximidad  es fundamental, que nos movilizamos si el desastre nos [...]

[...] Toni, electricista, 54 años, voluntario de Solidarios, lleva 8 años acompañando por la noche a los sin techo de Madrid. Es mi forma de cambiar el mundo. Además, es el sitio donde cargas las pilas. El voluntariado le aporta más al voluntario. Un porcentaje de las personas que hacen voluntariado viene por temas de carencias personales, emocionales, problemas familiares, etc [...]

[...] Otra de las conclusiones es la importancia de contar con héroes en tu equipo, de contar con líderes. Yo no voy a encadenarme al arpón de un barco ballenero, pero los de Greenpeace, sí; yo no voy a Darfur a operar a vida o muerte a un niño de 3 años, pero los de Médicos sin Fronteras, sí. Necesitamos héroes. Y, sí, es cierto que casos como los que he contado no están al alcance de todas las ONG, pero también os aseguro que los héroes también están en las asociaciones pequeñas, solo hay que encontrarlos. Para mí, Encarnita es más heroína que cualquiera, o Gloria, o Toni. [...]

[...] trabajo en cárceles le siguieron las personas sin hogar. Empezamos María José (una trabajadora de Solidarios) y yo comprando medio litro de leche todos [...]

pedro cluster el INDIGENTE MEDIATICO es el empresario
PEDRO MONASTERIO CAVANILLES NO ES UN INDIGENTE REAL

[...] mayo de 2009 acompañé a Toni, Conchi y Jesús en su habitual aventura nocturna al encuentro de los sin techo. Toni es voluntario de Solidarios [...]

Holaa… muy interesante este reportage, hojala esto se siga en todos lados, yo vivo en Sitges, llevo tres años intentando hacer un voluntariado en la noche buena con gentes de barcelona y nunca encuentro la forma, yo trabajo siempre hasta las 22hs. y no me cuesta nada hacer algo por alguien que lo necesite, por favor si sabes de un sitio me avisan..gracias

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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