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Kike Figaredo, el obispo de la silla de ruedas

8 julio 2009 - 9:03 - Autor:

Kike Figaredo parecía predestinado a seguir los pasos de la familia y convertirse en un empresario de éxito (es primo de Rodrigo Rato), pero Dios (es jesuita) y la vocación de ayudar a los demás llegaron antes que las cuentas de resultados y los balances. Firme luchador contra las minas antipersona y las bombas de racimo, primero en Tailandia y ahora en Camboya, Kike Figaredo trabaja, a través de su centro Arrupe y con el apoyo de la ONG SAUCE, para ofrecer una vida digna a cientos de niños y niñas que sufren alguna discapacidad, la mayoría causadas por minas.

Kike Figaredo con dos niños del centro Arrupe

Kike Figaredo con dos niños del centro Arrupe

P. Desde que estudiaba ya se interesó por el trabajo sobre el terreno, en barrios marginales de Madrid. ¿Fue primero la vocación social que la vocación religiosa?

R. Es simultáneo, en una experiencia religiosa encontré mi vocación social, es decir, queriendo encontrarle, Dios me dio a entender que lo tenía que buscar estaba en las personas, en los demás, que no lo buscara en lugares raros o místicos, donde tenía que buscar la presencia de Dios era en la gente. Él habita en las personas y sobre todo en las más marginadas por la sociedad.

P. Proviene de una familia de tradición empresarial, ¿cómo se tomaron su decisión de consagrar su vida a Dios y los pobres de la Tierra?

R. Vengo de una familia tradicionalmente empresarial y cuando decidí entregar mi vida a Dios disonaba con aquello, pero era más por los tiempos que corrían que porque no entendieran lo que era una vocación religiosa, al comienzo tuve mis dificultades pero luego han sido de los que tengo más apoyo, de la familia.

Aquí hago mi trabajo también con mentalidad empresarial pero el rendimiento que buscamos no es el dinero, son otros. Tenemos recursos escasos y hay que hacer que las cosas funcionen, el beneficio que tiene que salir es la vida de la gente. No lo medimos por costes monetarios sino por cariño, por tiempo con las personas, y ese resultado es que esa persona tenga vida. De alguna manera, la tradición de la familia de racionalizar recursos escasos para que hagan buenos resultados ahí la tengo.

P. Algunos le conocen como “El obispo de la silla de ruedas” ¿Se siente cómodo con el calificativo? ¿Cómo era la silla que ideó?

R. Me siento muy a gusto y valorado con este apodo porque la silla de ruedas, para mi, es como un sacramento de Dios que modifica la vida de la gente, está hecha por discapacitados y son discapacitados los que la entregan y discapacitados los que la reciben, y yo estoy en el medio, esta silla de ruedas hace que la vida cambie cualitativamente, que mi nombre esté asociado a un sacramento me encanta, me da fuerza, transforma mi vida porque veo que la silla de ruedas también transforma la vida de un niño paralítico que no tiene ningún movimiento, su perspectiva del mundo cambia, puede ir al colegio, tener amigos, jugar… o una persona mayor que esta encerrada en casa puede salir, socializarse, ir al mercado…

La silla, la verdad que yo no la ideé sólo, la ideamos con un grupo inglés que se llama “Motivation” y que ayuda a diseñar sillas de ruedas. Con ellos y un grupo de mutilados, en el taller, diseñamos la silla de ruedas todos juntos.

Esta silla tiene ruedas es de madera y está pensada para las discapacidades específicas que tenemos en Camboya, está totalmente adaptada para un lugar en el que haya humedad, lluvia y barro, es muy resistente. ¡Y además estéticamente es preciosa! Cuando yo veo a los niños bailando en la silla de ruedas se te olvida que hay una discapacidad!

P. Su primer contacto con la cooperación internacional y las misiones fue en el Servicio de Refugiados de los Jesuitas, ¿Cómo se sintió cuando llegó a la frontera con Tailandia?

R. En el año 85, cuando llegué por primera vez a la frontera con Tailandia me sentí como una persona muy inapropiada porque mi experiencia de vida era muy pobre, venía de un mundo muy asentado, de una sociedad muy confortable y llegaba a la intemperie, a un sitio donde solo había refugiados que vivían en medio de la selva, estaba entre personas que tenían una experiencia de vida muy dura, por la revolución, por la guerra, por el sufrimiento de las minas… ¡me sentía temeroso! Pero el cariño de la gente y su apoyo y simpatía empezaron a darme las fuerzas.

Kike Figaredo trabajando en un campo de arroz

Kike Figaredo trabajando en un campo de arroz

P. Su proyecto fue creciendo y superó la mera labor asistencial para ofrecer una educación y oportunidades de inserción laboral y social a los niños de la zona, ¿Realizan un seguimiento de los chicos una vez se “independizan” de Kike Figaredo?

R. Por supuesto, una de las cosas que pretendemos es que las personas que sufren esta discapacidad física sean autónomos, puedan tener un oficio, y a mi alrededor hay muchísima gente discapacitada que son artesanos, carpinteros, soldadores, electricistas…que trabajan con su oficio y son independientes. En mi casa, en el centro Arrupe, la mayoría del staff es discapacitado y hacen un trabajo fenomenal, es más, yo creo que hasta con más sensibilidad que personas que no sufren estas discapacidades, otros sufrimos otras discapacidades que no son las físicas y también podemos trabajar, aquí estamos todos en lo mismo, en tener esa oportunidad de trabajar y de ser personas socialmente activas, creo que eso lo vamos cumpliendo poco a poco.

P. En los últimos tiempos hemos asistido a la prohibición de la fabricación de minas-antipersona (Tratados de Ottawa) y a la más reciente decisión relativa a las bombas de racimo (proceso de Dublín), pero ¿se pueden seguir comprando minas-antipersona o bombas de racimo en Camboya?

R. En Camboya ya no hay minas en el mercado como las había antes, habría que robarlas si se encuentran en algún almacén. Nuestro problema ahora son las minas que están ya en el campo y lo que hay que hacer es desminarlas porque están esperando a que alguien las pise, esa labor va a llevarnos mucho tiempo pero estamos en ello.

P. Por otro lado, ¿están limpios de minas las zonas rurales menos transitadas del país? En octubre de 2008 leíamos en una entrevista concedida a EFE que existen muchas áreas sin desminar.

Aun no están limpios, en esas zonas la población es baja, el coste de desminaje es muy alto y no hay ningún plan de desarrollo, son zonas de bosque y difícil acceso, los colonos que viven allí son minoritarios, las autoridades actualmente están desminando en lugares con más población, pueblos que se están desarrollando. Poco a poco se irán cercando estas zonas que están minadas y en unos cuantos años sabremos exactamente donde quedan esas minas, el problema ahora es que no se sabe donde están ni que están, por eso sigue habiendo accidentes.

P. ¿Qué ha aprendido de su experiencia en Camboya?

La primera cosa que aprendo es el agradecimiento, aquí la gente es muy agradecida, cuando se le apoyan nunca lo olvidan y te hacen sentir que tu apoyo, tu ayuda, tú cariño, es relevante para su vida.

Una segunda cosa que aprendo aquí todos los días es que las cosas no hay que darlas por hecho, hay que trabajarlas, artesanalmente crearlas, no hay que dar por hecho que la comida cuando está encima de la mesa tiene que estar rica, si está rica hay que valorarla, o que si un niño estudia tiene que ser listo…todo esto hay que cuidarlo poco a poco, trabajarlo en los pequeños detalles. No hay cosas grandes en la actuación, la vida está llena de detalles, nuestra vida está hecha de cositas pequeñas y de cómo se sitúe uno en los detalles, en ese cariño diario, es donde se forjan las cosas grandes. Después, que haya una atmósfera buena, que se hagan proyectos grandes es porque uno esta valorando los pequeños detalles, haciéndolos con ternura, con cariño y pensando en las personas.

Otro aspecto que he aprendido en Camboya es que las personas son mucho más importantes que los proyectos, la persona y esa persona en su comunidad es mucho más importante que la construcción de un gran edificio, se trabaja para personas que viven en comunidad.

P. ¿Qué retos tiene Kike Figaredo para el futuro?

R. El reto hoy, del futuro presente, es que las necesidades básicas estén cubiertas: la comida, que todo el mundo tenga acceso a la comida, lo que en inglés llaman “food security”, que todo el mundo tenga seguridad de que va a comer al día siguiente, que no vivan al día.

Que haya acceso a la educación, que todos los niños tengan garantizado el ir a la escuela, y que allí les proporcionen una educación mínima que les enseñe a leer y escribir y no sea simplemente sentarse y no aprender nada porque hay muy poca pedagogía. Otras necesidades básicas son el acceso a la salud, que la enfermedad no te haga pobre, y acceso al trabajo, que ayude a tener una vivienda, a estar incluido en la sociedad, esto no está nada claro en Camboya porque tenemos tanta gente joven que no hay trabajos y el acceso a uno de ellos es muy complicado.

P. ¿Qué combustible es el que hace seguir moviendo los motores de su compromiso con los más pobres?

El combustible que me hace seguir moviendo motores son las personas con las que trabajo y a las que ayudo, hoy mismo estuve en la inauguración de un centro de la Cruz Roja que hemos construido en el distrito en el que trabajamos y había muchísimos niños, el gobernador del distrito se dirigió a mí y me dijo: “yo veo que estos niños le quieren mucho y le respetan, esto dice mucho de la relación que tiene usted con ellos”, oír esto me da mucha fuerza, combustible para seguir trabajando sabiendo que por un lado aprecian mi compromiso con ellos y por otro lado, como decía al comienzo, esa presencia de Dios que está viva en ellos me sigue animando y me dice “aquí, aquí estoy, sigue ayudándome, sigue apoyándome para que se muestre la grandeza de Dios”, estar allí con estos niños con necesidades básicas es donde yo siento mi fuerza, y al final, es la fuerza de Dios porque es la que sale de dentro del corazón de ellos.

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Figaredo, el obispo de la silla de ruedas…

Firme luchador contra las minas antipersona y las bombas de racimo, primero en Tailandia y ahora en Camboya, Kike Figaredo trabaja, a través de su centro Arrupe y con el apoyo de la ONG SAUCE, para ofrecer una vida digna a cientos de niños y niñas. …

Siempre he creido en el desinteres, creo que es el don más preciado y más valuoso de una persona, dedicarse a los demás sin esperar nada a cambio. Ojala hubiera muchas personas así. Gracias. Marian

Por favor, alguien me puede facilitar una forma de contacto con el P. e Figaredo

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Sobre el blog

Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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