Hernando de Soto y la clave para escapar de la pobreza

Hernando de Soto. Foto: ILD
Cuando uno escribe un blog como este, dedicado a personas que inspiran a los demás, cuyos actos están guiados, sobre todo, por el afán de ayudar a los que más lo necesitan, se va encontrando con personas que no responden al modelo de “altruista” más reconocido por la sociedad, pero cuya influencia social quizás sea más relevante que la de aquel. Esto viene a confirmar que hay diferentes niveles en el concepto de “solidaridad” y que cada uno puede aplicarlo en función de sus aptitudes y capacidades. Es el caso de Hernando de Soto.
Hernando de Soto es un economista peruano que, desde hace 30 años, cuando fundó el Instituto Libertad y Democracia (ILD), defiende los derechos de los más pobres a poseer “oficialmente” las propiedades que muchos vienen ocupando ancestralmente, aunque sin ningún papel legal que lo documente. De Soto sostiene que los ciudadanos pobres carecen del registro de sus propiedades y no puedan utilizar sus bienes como garantía, con lo que tampoco pueden conseguir préstamos bancarios para ampliar sus negocios y, al final, se genera un círculo de pobreza imposible de atravesar. Lo explicó en los libros El Otro Sendero y en El Misterio del Capital.
Su teoría y sus propuestas de solución (modificar los sistemas jurídicos de adjudicación de derechos sobre las propiedades) han sido aplicadas por diferentes países: desde, evidentemente, Perú, cuando a principios de la década de los 90, trabajó en el gobierno de Fujimori; a Filipinas, Egipto o México. Incluso, a un nivel local, se ha planteado este modelo para La Cañada Real de Madrid. Evidentemente, De Soto tiene también sus detractores: el pasado 18 de agosto, la revista Foreign Policy recogía un artículo sobre el fracaso de las actuaciones promovidas por De Soto y Yunnus, casualmente el autor es un tal Peter F. Schaefer, presidente de una compañía que se dedica a comprar terrenos en los países en desarrollo.
Ahora, De Soto también centra sus esfuerzos en la Comisión para el emponderamiento legal de los pobres, que preside junto a Madeleine K. Albright (Ex-Secretaria de Estado de EE.UU.), y con la que el pasado mes de julio estuvo en el Aspen Ideas Festival. Lo más inminente en la agenda de De Soto y del ILD es el próximo 4 de septiembre. Estrenan un documental, El misterio del capital de los indígenas amazónicas (ver trailer), sobre los derechos de las tribus peruanas del Amazonas.
Antes de su labor al frente del ILD, había vivido, trabajado y ganado el suficiente dinero en Europa como para, de vuelta a su país de origen, con 38 años, dedicarse a investigar las causas por las que sus paisanos no conseguían mejorar su salud económica. Ahora es un “gurú” en su país (es la tercera persona más influyente según un reciente estudio) y en todo el mundo, la institución que preside, como resalta la propia web del ILD está “considerada por el semanario The Economist como uno de los dos centros de investigación (think tank) más importantes del mundo”.
Su carrera personal está adornada por todo tipo de premios y alabanzas por parte de medios como la revista Time, que lo distinguió como uno de los 5 principales innovadores de América Latina en el siglo XX y lo situó entre las 100 personas más influyentes del planeta.
Además, yo añadiría otro mérito más, paciencia y amabilidad para atender a todo tipo de entrevistas realizadas por jóvenes alumnos de Universidad. Es decir que De Soto tiene la cintura para estar un día asesorando a los principales presidentes y líderes del mundo y, al día siguiente, atender con esmero a un joven estudiante que cuelga la entrevista en Youtube.










