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Jesús Centeno, el cocinero de los cuentos

25 agosto 2009 - 0:35 - Autor:

Jesús Centeno, como "El cocinero de los cuentos"

Jesús Centeno, como "El cocinero de los cuentos"

Lo primero que hace es entregarme unos lápices de colores para mi hija (no nos conocemos de nada) y una pequeña cuchara de madera con mi nombre y un número: 3.201. Detrás de esa cuchara hay una historia, pero la posponemos hasta que la conversación avance. Jesús Centeno sonríe al hablar o habla al sonreír, no lo consigo distinguir. Desde hace cuatro años, cientos de chavales de colegios, campamentos, bibliotecas y, sobre todo, los niños de la UCI del Hospital Niño Jesús, le conocen como El cocinero de los cuentos, un personaje con el que, a sus 55 años, ha descubierto una nueva vida.

Como tantas veces ocurre, los acontecimientos se cruzan en la vida de una persona hasta cambiarla radicalmente. Jesús sabe lo que es eso. Licenciado en Derecho, ha pasado la mayor parte de su vida laboral, 30 años, en las oficinas de un banco, moviendo papeles, estudiando expedientes, elaborando dictámenes…

Estaba amargado, me preocupaba más por el banco que por mi familia.

Pero se produjo una circunstancia que lo alteró todo: la hospitalización (y posterior fallecimiento) de su mujer. En el año 2000, en el Hospital Montepríncipe de Madrid, Jesús era todavía un serio asesor legal de una gran institución financiera y cuando vio a unos payasos en la habitación de su mujer, les echó, sin más. Ella le recriminó su actitud y tuvo que pedir disculpas. Los payasos aceptaron siempre que Jesús se quedara a presenciar su show. Ahí comenzó la “conversión”, después vendría una lesión de espalda, una baja laboral prolongada, la prejubilación y el retorno a la felicidad.

Jesús Centeno lleva más de 6 años creando un personaje que debutó “oficialmente” en el 2005. Ataviado con un carrito, un delantal en el que tiene serigrafiados imágenes de cuentos para que los niños seleccionen el que quieran, y mucha imaginación, Jesús dedica todas las tardes de los martes, incluso en agosto, a visitar a los hospitalizados en la UCI del Niño Jesús.

Lo que más impresiona en una UCI es el ruido, el tic, tic, tic de los monitores. Eso impresiona. Luego está el sensor que tiene conectado el niño en el dedo. La lucecita roja de ese aparato es mi salvación, porque para hacer magia es muy buena, haces que aparezca, que desaparezca. Ahí ya te lo has ganado.

No es fácil la UCI, se nota que Jesús ha pasado malos tragos. Debe ser muy complicado desconectar del todo cada vez que se sale de allí, olvidar lo que has visto, lo que has oído.

Cuando entras, te vas lavando, observas, haces como que buscas algo debajo de la cama, te agachas y, entonces, piensan que estás chiflado, vas ganándote a los niños. Una de esas veces, me pillo de sorpresa un niño que tenía unos tensores (hierros) en la cabeza y me salió una exclamación. Claro, no me habían avisado y no estaba preparado. Ahora, miras antes por todos lados y nunca pregunto ni lo que tiene, ni tampoco cómo se encuentra, cómo le pongas cara de pena es peor. Luego si quieres, vete a la madre, que te va a contar todo.

Jesús es un volcán y en la entrevista se mezclan otras historias; “Tienes que ver Un clown en Kabul, es una peli del de Patch Adams, es durísima”, “Ahora estoy volcado con cuentos en los que los protagonistas tengan alguna discapacidad, es una buena manera de sensibilizar”, ” Utilizo muchos cuentos húngaros y rusos, pero uno de mis favoritos es “El gato con botas“, “Los chicos del Circo Piruleto (una asociación benéfica de payasos y animadores) no paran, están en todos partes, trabajan muchísimo, un día le va a dar algo a Fernando, su presidente”. En este punto de la charla, llegamos a la cuchara de madera con el número 3.201.

Una cuchara como esta la llevo siempre como parte de mi traje. Un día, a finales de marzo de 2005, me la pidió una niña y no se la dí, no podía, porque estaba enganchada a mi identificación y  no podía, pero le prometí que le llevaría otra la semana siguiente. Cuando volví, Sor Concepción (una de las monjas que estaba en la UCI) me dijo que ya no estaba con ellos…

Eso fue el 29 de marzo de 2005. Desde el 1 de abril de ese mismo año Jesús entrega una cuchara a cada uno de los niños que encuentra en la sala de la UCI del Hospital del Niño Jesús. Dice que algunos duermen con ella, que la dejan en la almohada.

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6 Comentarios

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Ojalá Jesús entregues miles de cucharas más porque eso significará miles de niños a los que la estancia en la UCI se les ha hecho más llevadera. Ánimo para seguir y ojalá también que haya más ayudas para humanizar más los hospitales. Porque no sólo cura la medicina. Bss

Muchas gracias por tus palabras Caliope, ojala que pudiera repartir mas cucharillas a tantos que se lo merecen, tomo tus palabras de aliento para seguir adelante, pues quieras o no cada dia se hace mas duro, pues se ven tantisimas cosas.Besos tambien para ti. Jesus.

¡Hola grande! Para los que no conozcáis al Cocinero de los cuentos, no dejéis de hacerlo si tenéis la oportunidad porque es una de esas personas capaces de devolverte la fe en la Humanidad, una frase de lo más tópica y grandilocuente, pero que en el caso de Jesús cobra verdadero sentido. Es un mago, alguien que vive y actúa de acuerdo con lo que predica, entregado a los demás y desprovisto de todo ego. Un besazo, figura. L.

[...] Jesús Centeno “El cocinero de los cuentos”. Un ejemplo de cambio radical. De empleado en un banco a cuentacuentos infantil. Entre medias, un [...]

[...] al igual que contaba El cocinero de los cuentos, tiene muy claro que, con los familiares, antes escuchar que hablar. No soy psicólogo, antes [...]

Jesús es una gran persona y un gran profesional. yo tengo el honor de conocerle, hace actuaciones en los campamentos para chavales con discapacidad que lleva a cabo el ayuntamiento de Madrid. Le he visto trabajar y relacionarse con los chavales. no se puede explicar la cara de los niños cuando Jesús está actuando. muchos besos de Almudena Notario – coordinadora

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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