Crema de cacahuete para frenar el hambre
Hoy ha terminado la Cumbre Mundial de la Alimentación en Roma. Y lo ha hecho bajo el signo del fracaso, pero ¿cuándo una cumbre de estas ha acabado en éxito? Es imposible. Hablar de compromisos contra el hambre en los países ricos siempre es sinónimo de catástrofe, y más cuando resulta que no han asistido los gerifaltes del G-8 (excepto el anfitrión Berlusconi). Mientras cientos de funcionarios, subsecretarios, directores generales, ministros y demás perdían el tiempo en la ciudad de la Dolce Vita, la realidad sigue siendo demoledora: 1.000 millones de personas están hambrientas.

Niños vendiendo higos chumbos. Mercado de Salambasa, Etiopía. Foto Flickr: Subcomandanta. Lorena Pajares
Lo que pasa es que aquí estamos “vacunados” contra estas historias y noticias que generan tan mal “rollo”. Para qué vamos a hablar de esto si tenemos FICOD y otros asuntos trascendentales. Me temo que ni aunque se lo pidamos a Al Gore vamos a cambiar el chip. O quizás sí, quizás cuando el que tenga hambre viva en la puerta de al lado. Y, a lo peor, no estamos tan lejos de eso. Hace unos días, gente del Banco de Alimentos comentaba que están comprobando cómo cada vez más personas de la tradicional clase media, en paro o jubilados, acuden a ellos para comer. Entretanto, en África y otros lugares del mundo, cada día, cientos de médicos, cooperantes y voluntarios aplican un colorido brazalete a los niños menores de cinco años. Se llama MUAC, medida del perímetro braquial (Mid-Upper Arm Circumference) y son el instrumento que emplean para realizar un diagnóstico rápido de la desnutrición.

MUAC. Foto: Anthony Jacopucci/MSF
El significado de los colores es el siguiente. Verde: estado normal. Perímetro de más de 135 mm. Amarillo: riesgo de desnutrición. Perímetro de 125 a 134 mm. Naranja: desnutrición moderada. Perímetro de 110 a 124 mm. Rojo: desnutrición severa y peligro de muerte. Perímetro inferior a 110 mm.
Una vez en el color rojo, hace años, las perspectivas hubieran sido terribles, pero desde que existe un producto basado en el uso de la crema de cacahuete, la situación ha cambiado. El producto “milagro” se engloba en los alimentos catalogados como RUTF (Ready to Use Therapeutic Food), se llama Plumpy Nut y es obra de un pediatra e investigador francés llamado André Briend, que se inspiró, un día cualquiera, desayunando, en la crema de nutella que tomaban sus hijos. Junto al empresario francés Michel Lescanne, dueño de Nutriset, una compañía agro alimentaria dedicada al 100% a temas humanitarios, crearon en 1999 una pasta a base de leche en polvo, cacahuete, azúcar y diversas vitaminas y nutrientes que ahora usan todas las agencias hunanitarias (ONU, UNICEF…) y ONG.
¿Qué ventajas tiene? No contiene agua, lo que les hace resistentes a las bacterias. No requiere preparación previa y su caducidad está fijada en 24 meses. Se reparte en sobres individuales de 92 gramos envasados al vacío, listos para comer, con un aporte de 500 calorías. Hasta entonces se venían usando diversas soluciones: sales yodadas que había que disolver en agua, con el riesgo de enfermedades que ello supone, barritas nutritivas que también necesitaban agua, suplementos alimenticios que obligaban al niño a estar en el hospital. Con dos dosis diarias de Plumpy Nut durante dos o cuatro semanas es posible devolver a este mundo a los que estaban a punto de dejarlo. Eso es, para mí, un descubrimiento espectacular, único, al que, creo, todavía no se le ha dado el reconocimiento adecuado. De hecho, ¿cómo es posible que no haya una sola entrevista en la red con el inventor? Solo he conseguido encontrar esta imagen de André Briend.
Entretanto, podemos contrastar la eficacia del mismo con las impresiones de personas como Milton Tectonidis, el director en temas de nutrición de Médicos sin Fronteras, que en un especial del programa de la CBS 60 minutos, afirmaba:
Es una revolución en los temas de nutrición. Ahora tenemos algo. Es como un medicamento esencial. En tres semanas, podemos curar a un niño que esté medio muerto. Cura como un antibiótico. Es una respuesta espectacular.
Por otro lado, el hecho de que lo hayan creado un pediatra e investigador y una empresa que no busca el beneficio a toda costa, ha propiciado, además, que se haya liberado la patente y que no solo se produzca en Francia, en la sede Nutriset, sino que también haya fábricas en países como Haití, Niger o República Dominicana (en la web de Nutriset ofrecen los datos de contacto de cada uno de los productores locales). En Etiopía, Unicef produce 12 toneladas al día. El coste de un tratamiento completo para salvar la vida de un niño: 10 euros. Ahora falta que los países ricos nos pongamos de acuerdo para, una vez salvado ese niño cuyo brazo no mide más de 110 mm, también le demos la oportunidad de seguir alimentándose, de desarrollar su agricultura, de no robarle sus tierras, sus materias primas, de comerciar de una forma justa con su comunidad, etc, etc, etc.


4 Comentarios
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Aún a riesgo de parecer demagógica, ¿De verdad es tan difícil acabar con el hambre en el mundo o es que realmente no interesa? Hace unos meses leía un artículo en el que se explicaba como un estudio demostraba que con sólo los desperdicios del Reino Unido podría alimentare a eso mil millones de persona hambrientas.
Entonces ¿Por qué los resultados de estas reuniones siempre son los mismos? ¿PAra que se molestan si quiera en llevarlas a cabo? Mejor que dejen de parlotear y donen el dineral que cuestan para proyectos humanitarios, que seguro que así se sacaría algo más.
Un saludo.
Comentario Publicado por: Perséfone | 19 noviembre 2009 - 2:47
Me parece un artículo lleno de esperanza, temas como éste deberían tener más repercusión mundial y más difusión para que,pudiera llegar a más personas
Comentario Publicado por: María de la Soledad Picarzo Cano | 22 noviembre 2009 - 20:33
[...] Por ejemplo, afirman que resultó fundamental para lograr una correcta distribución de Plumpy Nut en la hambruna que asoló Etiopía en octubre de [...]
Pingback Publicado por: 5 aplicaciones móviles para mejorar el mundo | La regla de William | 2 marzo 2010 - 1:15
[...] y Ashoka, la movilización de los agricultores y productores de café de Liga Masiva, la barrita de crema de cacahuete que salva a los niños desnutridos, la escuela de cocina para adultos excluidos de DC Central [...]
Pingback Publicado por: Capitalismo 2.0: las empresas sociales cambiarán el mundo | La regla de William | 29 diciembre 2010 - 10:47