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Bienvenido a la Casa de Agua de Coco

8 diciembre 2009 - 15:49 - Autor:

Está de paso por España, porque su verdadero hogar está en Camboya, en Madagascar, en Brasil, en cada uno de los países en los que José Luis Guirao ha creado “Casas de Agua de Coco” en los últimos 15 años. Este granadino que ejercía de veterinario en Burgos a principios de los 90 decidió cambiar de vida para cambiar el mundo y, sobre todo, para aspirar al mejor sueldo que él se puede imaginar: la satisfacción personal diaria de estar ayudando a personas indefensas. Casado y con cuatro hijas que le esperan en casa (Madagascar) por Navidad, es el líder feliz de un proyecto que es posible gracias a muchas personas, empezando por Pepa, la asistenta de toda la vida de su familia, la primera en aportar, sobre el año 92, 1.000 pesetas para poner en pie la primera Casa en Battambang (Camboya).

P. ¿Quién era José Luis antes de la Casa de Agua de Coco?

R. Era un joven veterinario que trabajaba en la provincia de Burgos, con vacas lecheras, tenía coche, casa, perro, gato, novia, de todo.  En mi trabajo me costaba mucho cobrar a los granjeros que perdían una vaca o que necesitaban una operación complicada y decidí que mi vocación era poder trabajar en el Tercer Mundo sin tener nada a cambio y poder ayudar a la gente. Así que en el 92 me fui a Camboya.

José Luis Guirao en Camboya

José Luis Guirao en Camboya

P. ¿Solo? ¿Sin el respaldo de una ONG?

R. Aquí el tema de la asistencia humanitaria estaba muy poco desarrollado, solo te podías ir con los misioneros. Así que me fui a Francia y allí contacté con Veterinarios Sin Fronteras.

P. Así que te vas a Camboya como cooperante con Veterinarios sin Fronteras, pero ¿cómo llegas hasta la Casa de Agua de Coco?

R. Allí descubrí que había muchas necesidades sociales antes que cuidar de los animales, de las vacas y los cerdos. Tuve mucho contacto con un grupo de niños de la calle, a los que, por libre, estuve echando una mano durante mucho tiempo. Deje el tema de la veterinaria y me busqué la vida, gracias sobre todo a mi familia y amigos, que me apoyaron económicamente. Me ocupé de estos niños de la calle y en el 94 cree La Casa del Agua del Coco.

P. ¿He leído que una de las personas clave para que tú empezaras el proyecto fue la asistenta de la familia?

R. Sí!! Pepa, que en paz descanse, fue la primera que aportó 1.000 pesetas para el proyecto de la Casa de Agua de Coco. O sea que mucho de lo que somos hoy se lo debemos a ella.

P. ¿Cuál es la historia del nombre?

R. No quería un nombre triste, quería algo alegre. En la época en la que yo estaba allí gobernaban los Jemeres Rojos y el agua de coco era el único suero que había para las personas que estaban muy enfermas. Decidí que ese iba a ser nuestro símbolo, nuestro suero de vida para los niños de la calle.

P. Sorprende mucho un nombre como el vuestro en un ámbito tan serio como el de la cooperación, ¿Ha supuesto alguna dificultad a la hora de conseguir apoyos?

R. Seguramente sí, pero lo importante es que detrás de ese nombre hay una Fundación profesional, transparente, con unos resultados impresionantes.

P. ¿Cuánto tiempo pasas trabajando sobre el terreno?

R. Paso 11 meses al año, en Madagascar, Camboya, Ruanda… Y un mes, que suele ser del 15 de noviembre al 15 de diciembre, con el equipo de España, viendo a la familia, a los amigos…

P. Tu vida, por tanto, está allí

R. Sí, soy el presidente de la Fundación y también el coordinador de los proyectos, trabajando sobre el terreno y creo que esto ayuda a que las cosas se vean más cerca y con más claridad.

P. ¿Cómo es un día normal de trabajo?

R. Nuestros proyectos abarcan muchas actividades diferentes, desde educación, higiene, sensibilización, temas sanitarios… Así que hay que cambiar de registro muy a menudo. En general, nos levantamos muy temprano y nos acostamos pronto, nos levantamos con el sol y nos acostamos cuando se pone. Siempre en la calle y, lo más importante, resolviendo cada día pequeños problemas.

P. Trabajas en países muy conflictivos ¿alguna vez has estado secuestrado o amenazado?

R. Sí, se pasan momentos muy difíciles. He estado amenazado de muerte en varios países. En mi caso, es más complicado el después que el durante porque durante estás con la rabia de lo injusto, intentando salir del problema. Y cuando estás en casa es cuando te entra el estrés, el miedo. Quiero mandar un mensaje de apoyo a los cooperantes secuestrados y a sus familias.

P. ¿Por qué desembarcas en Madagascar, un país que no figura en los mapas de la cooperación española?

R. No vamos de la mano de la cooperación española. Vamos donde creemos que más falta hace. Antes de Madagascar, estuve trabajando en las Islas Comores, que están en la zona norte, y en esa época, conocí el país y me documente sobre su situación: la gran olvidada, la isla bonita pero donde nadie sabe lo que pasa. Hay un problema muy grave de malnutrición.

P. Allí hacéis de todo, educación, inserción laboral, nutrición… hasta cine

R. Sí, hemos creado unas salas de cine donde llevamos, cada año, a 60.000 niños de colegios para enseñarles utilizando el poder de la imagen. También tenemos cine popular los fines de semana. Y contamos con una unidad móvil para llevar el cine a otras poblaciones a las que no llega nada, sobre todo para ofrecer contenidos educativos y sanitarios.

P. ¿Qué tipo de películas ofrecéis?

R. Pues hemos proyectado hasta Madagascar (ríe). No, utilizamos sobre todo películas educativas. Las sesiones se dividen en dos partes. Una primera media hora, con una proyección educativa de temática sanitaria, sobre todo. Y en la segunda parte ponemos películas de aventuras, de Walt Disney… Se reúne toda la aldea, personas que no tienen ni televisión, ni luz ni agua en sus casas. Ponemos una sábana, con dos palos y el proyector y no te puedes imaginar la maravilla.

P. Por curiosidad, ¿habéis puesto alguna película española?

No, pero porque en las películas españolas se habla mucho, hay mucho diálogo. Intentamos, aunque traducimos al malgache, poner historias en las que no se hable mucho, películas de aventuras, fáciles de entender.

P. Después de 17 años con el proyecto de la Casa de Agua de Coco, ¿eres más feliz ahora que cuando eras veterinario en Burgos?

Totalmente, esto te da mucho más de lo que tú puedas darle. Sobre todo, es un cambio de valores. Tengo el mejor sueldo del mundo. Con tener una vida sana y básica, lo demás sobra todo y, además, estorba. Lo importante es tener una satisfacción personal diaria, poder ayudar para, al mismo tiempo, ayudarte a ti mismo. Recomiendo a todo el mundo que se atreva a venir a Madagascar de voluntario uno o dos meses y veréis cómo os engancháis.

Fundación Agua de Coco. Web: http://www.aguadecoco.org. Tel: 958 25 17 01

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2 Comentarios

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aún hay muchas personas buenas en el mundo y con el ejemplo de la asistenta, vemos como en el mundo nadie es demasiado pobre para no poder ayudar, ni demasiado rico, para no necesitar.
Muy interesante

[...] tienes oportunidades. Por ejemplo, con la Fundación Casa de Agua de Coco, con cuyo presidente José Luis Guirao hablé hace unos meses. Podéis ir a Madagascar a conocer el buen trabajo que realiza esta ONG, tenéis información en su [...]

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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