Soy el amo de mi destino
Nelson Mandela es casi un Dios, su leyenda empezó a forjarse en la isla de Robben, el día que recibió el número que le acompañaría durantre 27 años, el 46664, conjunción de 466, su número de preso, y 64, de 1964, el año de su encarcelamiento. Hoy se estrena Invictus, la película que, basada en el libro El factor humano, de John Carlin, narra el apasionante episodio de reconciliación que supuso el apoyo incondicional del presidente Mandela a los Springboks, el equipo de rugby de Sudáfrica, emblema del poder blanco, durante la fase de preparación del Mundial de 1995 que tuvo lugar en la propia Sudáfrica. Invictus hace referencia al poema que durante miles de noches inspiró a Madiba (así es como le llamaban los suyos) para no perder la esperanza, para mantener despiertos sus sueños e ideales, para no morir. Este es el poema:
“Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me econtrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.”
El poema es de William Ernest Henley, inglés, inspirador no solo de Mandela, sino también del mítico personaje de La Isla del Tesoro, John Long Silver, creado por su amigo Robert Louis Stevenson, tomando como modelo la propia experiencia de William, que sufrió la amputación de su pierna cuando era un niño.

Mandela (Freeman) saluda a Francois Pienaar (Damon) en la película Invictus
Casi nunca hablo aquí, en La regla de William, de otra de mis grandes pasiones, el cine, no ha habido oportunidad, pero lo cierto es que se trata de un medio muy poderoso de influencia, de educación, de inspiración y la película de Clint Eastwood te conecta inmediatamente con la magia de un hombre único, irrepetible, carismático. John Carlin, que fue corresponsal en Sudáfrica del 89 al 95, es incapaz de encontrarle defectos “Me habría gustado encontrar más datos malos sobre él, pero hasta a la extrema derecha se le cae la baba cuando habla de Mandela”, afirmaba hace unos días en una entrevista en Público. Es muy recomendable el reportaje que el propio Carlin escribió en El País Semanal contando detalles del rodaje, sus encuentros con Morgan Freeman, Eastwood, etc.
“En la isla de Robben, en la prisión de Pollsmoor, todos mis guardianes eran Afrikaners. Durante 27 años los estudié, aprendí su lenguaje, leí sus libros, su poesía. Tenía que conocer a mi enemigo para así poder prevalecer sobre ellos… Nuestros enemigos ya no son los Afrikaners, ellos son compatriotas sudafricanos, nuestros compañeros en la democracia. Y ellos aman el rugby de los Springboks. Si les quitamos eso, les perdemos. Probaríamos que somos lo que ellos tanto temen. Tenemos que ser mejores que eso…”
Es un extracto de uno de los momentos clave de la historia que cuenta Invictus, Mandela consigue convencer a la Comisión Nacional sobre Deportes de que no eliminen el emblema y los colores de los Springboks. La película está llena de frases para mantener en la memoria, para guardar y volver, con calma, sobre ellas. No he leído el libro de Carlin, pero no voy a tardar mucho en hacerlo, necesito rumiar con tranquilidad la historia de un líder excepcional.










