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El padre Ángel, un luchador incómodo

11 Febrero 2010 - 15:19 - Autor:

El Padre Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz

El Padre Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz

Me recibe con una sonrisa de oreja a oreja, acaba de recoger a su “hijo” (Josué, un chaval que Mensajeros y Ángel trajeron hace unos años desde el Salvador para tratarle unas quemaduras graves y que se ha quedado estudiando en España) en el colegio y se le nota feliz, pero en cuanto empieza la conversación y saco el tema de Haití, el Padre Ángel García cambia el gesto, se revuelve un poco en la silla, manosea su llavero (una manía que le acompaña desde hace años) y se muestra preocupado por la situación que ha quedado en el país.

Los 200.000 muertos es una barbaridad, pero ahora viene lo peor, los contagios, las enfermedades, la gente que no tiene nada, hay que atender a esa gente… Hacen falta guerrilleros, en el buen sentido de la palabra.

El domingo parte, de nuevo, hacia Haití con el equipo de la ONG que preside, Mensajeros de la Paz ( 91 364 39 40),  y  un cargamento humanitario y asegura que lo entregará cueste lo que cueste. Afirma que los haitianos necesitan medicinas y comida y que no sirve de mucho que los países condonen la deuda, eso no da de comer a la gente.

El padre Ángel es una personalidad única por varios motivos. El primero y más evidente es su poca conexión con la jerarquía de la Iglesia: partidario del “Póntelo, pónselo”, defensor de la familia en sus más diversas modalidades, innovador y promotor del concepto 24 horas aplicado a la Iglesia, partidario de los telecuras y de la modernización de la institución “si es que no tenemos ni digitalizadas las partidas de bautismo…”. El segundo, por su ingente trabajo, desde 1962, por la gente más indefensa, por los niños abandonados, por las mujeres maltratados, por los ancianos solos, por los miles y miles de personas que viven en la extrema pobreza en Irak, Benin, Senegal, Haití… En tercer lugar, por su peculiar relación con el poder y los políticos: amigo y admirador de Felipe González (el mejor presidente de la democracia, afirma), vinculado estrechamente a Ana Botella (presidenta de honor de su ONG) y a José María Aznar, con los que sufrió un distanciamiento por manifestarse rotundamente en contra de la guerra de Irak. En definitiva, un hombre a descubrir, del que se puede aprender  mucho a través de la biografía “El padre Ángel, mensajero de la Paz”, de Jesús Bastante Liébana.

Su despacho es muy poco ostentoso, muebles discretos, antiguos, pero sin mucho lustre, no veo ninguno de los cachivaches tecnológicos de los que afirma estar enganchado: ordenador portátil, teléfono móvil… Sí se mantiene toda la entrevista aferrado a su llavero, mientras continuamos con Haití, país al que llegó apenas dos días después de que se produjera el terremoto y en el que ha vuelto a vivir una de las peores tragedias que puede vivir un ser humano: que se te muera un niño entre los brazos, “Es algo que te deja marcado”. Le preocupa que los países no cumplan sus promesas de ayuda, que una vez que la catástrofe haya perdido interés mediático, los políticos se olviden de la gente que queda allí; le sorprende, por ejemplo, que anteayer, en el Senado, no se hablara nada de Haití; que sea noticia de primera página que un buque español ha transportado 12.000 litros de agua, “eso no es nada para 700.000 personas”. No elude preguntas sobre el destino de los fondos que los españoles han donado a las ONG.

Generalmente, los que dudan del trabajo de tal o cual ONG son los más mezquinos, los que no han dado nada. Los que han dado tienen que tener confianza, y si no, que no lo hubieran hecho. En cualquier caso, que exijan  a su organización saber cómo se ha empleado.

El padre Ángel tiene por costumbre predicar con el ejemplo y por eso viaja el primero a aquellos países en los que Mensajeros trabaja o a aquellas situaciones de emergencia, como en Irak o ahora en Haití, que requieren una respuesta urgente.

No me atrevería a mandar a alguien a un país si no voy yo.  Hay que asegurar a las personas que van.

Cree que la sociedad española es más solidaria que nunca y lo comprueba cada día “Ayer se presentó en la oficina una mujer para darnos 5 euros, ¡¡era todo lo que tenía!!, nos dijo, eso te conmueve. Nadie ha recurrido a la crisis cuando se le ha pedido ayuda”.

Ángel nació en plena Guerra Civil en Mieres, Asturias y desde pequeño quedó impresionado por la labor del cura, Don Dimas, por cómo atendía y ayudaba a todo el que se lo pedía.

De pequeño, cuando a uno le preguntan lo que quiere ser de mayor, lo normal es decir futbolista o médico, pero yo quería ser como el cura de mi pueblo.

Recién ordenado sacerdote, ingresó como capellán en el orfanato de Oviedo y pudo comprobar la situación de desamparo de decenas de menores abandonados, así que no tardó un año en crear la Asociación Cruz de Ángeles y fundar los primeros hogares en los que se ofrecía a los chavales un entorno lo más parecido a una familia. Así comenzaba un proyecto que ha ido creciendo de forma brutal para dar respuesta a las nuevas necesidades sociales: mujeres maltratadas, jóvenes en riesgo de exclusión, mayores solos, y que ha merecido numerosos reconocimientos, entre ellos el Príncipe de Asturias de la Concordia.

Ahora está empeñado en “modernizar” algún conceptos eclesiásticos: que las iglesias estén abiertas las 24 horas (él tuvo una en Madrid, en la calle Santa Engracia abierta las 24 durante un tiempo, pero se la cerraron), que sean lugares de encuentro, acogida, diálogo, y no solo de culto. También defiende ideas como que los sacerdotes se puedan desplazar a las casas o atender por teléfono a la gente que lo necesite. Cree que la Iglesia está perdiendo muchos fieles porque es incapaz de adaptarse a los tiempos y de vivir más pegada a la realidad, cree que la familia no está en crisis y que si los curas bendicen a los animales en San Antón, a los monumentos cuando se inauguran, cómo se va a negar él a bendecir la unión de dos seres humanos, ya sea hombre con hombre, hombre con mujer o mujer con mujer. Afirma que le inspira gente como el cardenal Tarancón, Casaldaliga, Vicente Ferrer y los curas obreros y trabajadores. En su biografía afirma, “he conocido a curas que iban a a la cárcel por defender a los pobres… eso ya no existe”.

Los momentos de felicidad y de preocupación que ha vivido con Josué y las sensaciones que le han transmitido los cientos de niños a los que ha ayudado le han llevado a arrepentirse de no haber tenido hijos, según cuenta en el libro de Liébana. Afirma que el amor es fundamental, que hay que “querer y dejarse querer”, cree en la gente; sostiene que se es más feliz cuanto más se ayuda a los demás, sabe que no es un hombre cómodo, sobre todo para los políticos, porque siempre dice lo que piensa, y, con frecuencia, recurre a una frase de Cantinflas para explicar su particular viusión de la pobreza “Yo no quiero que se acaben los ricos, lo que quiero es que se acaben los pobres”.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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