La educación de John Taylor Gatto
¿Qué educación estamos dando a nuestros hijos? Es una pregunta un tanto manoseada, pero no deja de ser un tema trascendental sobre el que se han sedimentado tantos estereotipos y frases hechas que parece complicado llegar a alguna conclusión fiable. Nos quejamos del sistema educativo, pero no hacemos nada por buscar una alternativa real. Es el que hay. Quizás nos gustaría que no solo el sistema educativo fuera distinto, sino que todo el “Sistema” sufriera algunos retoques. Lo cierto es que, aún así, surgen voces, personas, cuyas ideas y acciones nos pueden inspirar y ayudar a encontrar otra vía más humana, más natural para afrontar el reto de la educación.
Hay algunas personas que han luchado y luchan porque se instaure un nuevo modelo en el que lo más importante no sean las normas, las asignaturas o los conocimientos técnicos, sino las personas, los niños. Desde Carl Honoré y su último libro, al propio Eduardo Punset, varios autores han tratado este tema y lo que traigo aquí es un extracto de un discurso y un video de John Taylor Gatto, un profesor que ha dedicado y dedica su vida a intentar ofrecer una alternativa al modelo educativo estadounidense.
Profesor durante tres décadas, autor de diversos libros y ensayos, defensor de la escolarización en casa, de la búsqueda de la individualidad, del autoaprendizaje, de que los niños disfruten de más libertad, de más tiempo con sus padres, con sus abuelos, con su comunidad. Gatto fue elegido en tres ocasiones “Maestro del Año” en Nueva York y en 1990 ofreció un discurso que ha quedado como un referente. En él, hay algunas ideas que estoy seguro podrían aplicarse en nuestras escuelas sin necesidad de grandes revoluciones, sino simplemente con el compromiso de los profesores y los directores de los centros. Podéis leer el discurso entero en El blog alternativo.
Es absurdo y anti-vital moverte de aula en aula al sonido de una sirena durante todos los días de tu infancia natural en una institución que no te permite ninguna privacidad y que incluso te la quita en el santuario de tu propia casa pidiéndote que hagas tus “deberes”.
He observado un fenómeno fascinante en mis veinticinco años de ejercicio de la profesión: que las escuelas y la escolarización son crecientemente irrelevantes para las grandes empresas del planeta. Nadie cree ya que los científicos son enseñados en clases de ciencias o que los políticos en clases de civismo o que los poetas lo son en clases de inglés.
Durante cinco años manejé un programa escolar “autónomo” donde cada niño, pobre y rico, listo y no tan listo, tenía que dar 320 horas de trabajos o servicios a la comunidad. Decenas de estos niños volvieron años después, ya crecidos, y me contaron que la experiencia de ayudar a alguien les había cambiado sus vidas.
La escuela debe incluir a la familia como motor principal de la educación.

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