Marina Silva, la gran esperanza verde de Brasil
La historia de Marina Silva es digna de uno de esos manuales del estilo “Cómo sobreponerte a tu destino“. Pasar de una infancia plagada de miseria y enfermedad, rodeada de caucho en la Amazonia a dirigir el medio ambiente de un país como Brasil y conseguir más de 18 millones de votos en unas elecciones presidenciales al frente de un partido verde es algo que no se ve todos los días.
Personas como Marina Silva (1958) inspiran a otros a ser mejores y, sobre todo, intentan cambiar las reglas de un mundo en el que los pobres no tienen derecho ni a opinar.
Hija de una pareja de recolectores de caucho de la región de Acre, en plena Amazonia, vivió su infancia en la pobreza e insalubridad más absoluta, escapó a la desnutrición y las enfermedades que se llevaron a tres de sus diez hermanos gracias a las monjas de la congregación de las Siervas de María, que le ayudaron a superar una hepatitis y la enseñaron, con 16 años, a leer y escribir. Aprovechó al máximo su oportunidad e ingresó en la Universidad para estudiar Historia y Pedagogía.
Su visión del mundo es una mezcla de su experiencia vital al lado de los desheredados en la Amazonia y de la influencia de los movimientos sociales campesinos, la Teología de la Liberación y las comunidades eclesiales de base.
Marina compartió con el mítico líder social Chico Mendes la lucha contra las talas indiscriminadas que realizaban las madereras y defendió la compatibilidad de proteger la selva y conseguir trabajo a los desempleados fuera del circuito de las empresas poco amigas del medio ambiente. De hecho, esa es una de las reivindicaciones de su actual partido y una de sus señas de identidad, como reflejaba en una entrevista con El País.
Para nosotros, los de la Amazonia, esa visión de la defensa del medio ambiente nunca fue interpretada en términos de conservar esa tierra como un santuario inviolable. Desde los inicios, todo el esfuerzo versó sobre cómo integrar medio ambiente y desarrollo económico en una misma ecuación.
La mayor parte de la vida política de Marina ha transcurrido al lado de Lula, en el Partido de los Trabajadores (PT), fuerza con la que conquistó su primer cargo público en 1988. Con 36 años se convirtió en la senadora más joven en la historia de Brasil y se dedicó, durante dos legislaturas, a liderar proyectos para preservar la selva. Al fin, en 2003, con el ascenso de Lula a la presidencia, ocupó la cartera de Medio Ambiente.
Reducir en un 57% el ritmo de deforestación de la Amazonia ha sido el principal logro de Silva al frente de la política ambiental de Lula. En mayo de 2008 terminó el idilio, después de varios meses de desencuentros a costa de diversos proyectos vinculados al desarrollo de la Amazonia con los que no comulgaba. Tras cerca de 30 años de militancia, se pasaba, el 30 de agosto de 2009, al Partido Verde (PV).
Dos matrimonios, cuatro hijos, dos religiones, primero la católica y ahora la protestante evangélica, Marina Silva es una mujer carismática a la que algunos de sus adversarios acusan de superficial en su defensa de los valores de los pobres.
Ataviada siempre con un escueto moño ha irrumpido con una campaña electoral muy enfocada a los jóvenes desencantados (esto me suena a Juan López de Uralde). Apoyada por Guilherme Leal, uno de los empresarios más importantes de Brasil (pero con antecedentes también de buena conducta ecológica) y por una potente estrategia de movilización en redes sociales (Twitter, Facebook, Youtube…) ha conseguido unos resultados espectaculares, que han superado todas las encuestas.
Marina ha centrado su discurso y su campaña en 43 puntos o, mejor, 43 razones por las que merecía la pena votarla. Aunque estén en portugués, echa un vistazo, yo te dejo la primera.
Como la mayoría de la gente en Brasil, nació pobre. Con fuerza de voluntad, con la escuela y con la ayuda de gente buena, superó todo.


2 Comentarios
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Además de ser una historia soprendente de superación, lo que más me ha llamado la atención es que tras 30 años de militancia se cambiara de partido porque no estaba de acuerdo con ciertas cosas. Mucha gente, hace la vista gorda y se sienta cómodamente en su escaño a mirar para otro lado.
La verdad es que parece una persona fiel con sus ideales, y eso hoy por hoy donde todo el mundo se vende al mejor postor, es muy importante.
Un saludo ¡¡¡
Comentario Publicado por: Jorge Matute | 4 octubre 2010 - 16:24
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