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Antonio Moraleda, cómo afrontar el sida a los 65 años

1 diciembre 2010 - 1:15 - Autor:

Antonio Moraleda. Foto: proyecto "Eres Igual". Obra Social Caja Madrid

Economista, 77 años, jubilado, voluntario de Apoyo Positivo, COGAM y Médicos del Mundo, seropositivo. A Antonio Moraleda el sida le sorprendió en plena jubilación, con 65 años. Después de varios meses de encadenar dolencias y enfermedades diversas (gastronteritis, herpes), etc, empezó a plantearse que quizás lo había contraído, pero antes de que se hiciera las pruebas llegó el colapso, tres meses de dolor. Salió, se recuperó totalmente y ahora está volcado en informar y formar a jóvenes y mayores para que no caigan en el mismo error que él: la ignorancia.

Pregunta. Muchas veces pensamos que alguien con cultura, con formación, conoce los riesgos, que no va a contagiarse, ¿un tópico?

Respuesta. La ignorancia es extendida. Un médico en una charla reciente comentaba que al preguntar a varios afectados si habían tenido prácticas de riesgo lo negaban, pero que al indagar sobre si habían hecho esto y aquello, resulta que una gran mayoría sí las habían realizado. No somos conscientes de que esas prácticas son de riesgo.

P. ¿Es lo que te pasó a ti?

R. En cierto sentido sí. Me dijeron que llevaba 12 años con el virus, por lo que pudiera ser que lo hubiera contraído antes de tener conocimientos sobre el VIH, antes de la década de los 90. No estoy muy seguro de cuando comencé a tomar las precauciones adecuadas.

Para la mayoría de las personas infectadas resulta muy difícil saber cuándo se ha producido. Actualmente sigue ocurriendo que una gran mayoría de los que se infectan ya llevan 2,3,4 o 6 años con el virus.

P. Cuanto antes, mejor

R. Sí, y puedes tomar más precauciones para no contagiarlo. En ese periodo en el que no lo sabes es cuando hay mayor riesgo de contagio. Desde que te contagias hasta que tu cuerpo empieza a producir anticuerpos y a defenderse es el momento en el que la carga viral es más alta.

P. Qué es lo primero que necesita oír una persona que acaba de saber que tiene VIH.

R. No hay nada mejor que contar uno su propia experiencia. Yo he ido al hospital de La Paz a estar con una persona bastante enferma y al segundo día le llevé mis informes médicos para decirle que había estado igual que él. Es lo que se llama “educación de pares”, de una persona que está en la misma situación.

P. ¿Cómo se afronta la enfermedad a los 65 años?

R. Empece en abril con una gastronteritis, y luego un herpes y otras cosas, ya en septiembre empecé a pensar que podía ser sida. Al médico no se le ocurrió hacerme la pruebas y a mí tampoco se me ocurrió decirle nada. Así que me busqué uno de los centros que ya existía para hacerme las pruebas, pero lo fui posponiendo hasta que me puse peor, me llevaron al RUBER y hay 15 o 20 días que no existen en mi recuerdo. Cuando en el hospital me dijeron que lo tenía, yo ya lo había asimilado y pensé que me iba a curar, tal como así ha sido. No tuve un gran problema psicológico.

P. Te habrás encontrado con otras personas que no lo hayan encajado igual.

R. Sigue extendida la idea de que el VIH es equivalente a tener una condena de muerte bastante próxima. Lo que ocurre es que existe un gran rechazo social, sobre todo en los aspectos laborales. Yo ya tenía una edad en que esas cosas estaban pasadas, yo decidí contarlo desde el mismo día que llegue a casa del hospital.

P. Muchas personas lo ocultan.

R. Sí, y lo encuentro totalmente justificado. En el caso de que me hubiera ocurrido a los 20 o las 40 pienso que lo hubiera ocultado. Yo en el trabajo no me hubiera sentido libre de decirlo.

P. Luego está el miedo al contagio.

R. Sigue existiendo ese miedo, no vale que expliquemos continuamente que es una enfermedad que se transmite, pero no se contagia. El que la tiene es por que ha colaborado de alguna manera, aunque sea inconsciente, ya sea por un acto sexual, por una aguja… Una persona que es seropositiva no es ningún peligro en un bar o en la calle para ninguna persona.

P. Pensamos que hasta por un simple beso nos podemos contagiar.

R. Esa idea hay que combatirla, aquello de “Yo, por si acaso, prefiero que no esté a mi lado”. Además, hay otra cosa. Con el VIH se da una discriminación doble. La moral sexual de la sociedad es muy restrictiva. Se asocia, en cierto sentido correctamente, a la promiscuidad sexual o a la drogadicción, con lo que se produce un doble efecto. “Si lo tiene, ¿Qué habrá hecho?”.

Antonio es un voluntario comprometido con COGAM, la asociación Apoyo Positivo y Médicos del Mundo. Tiene una vida muy activa, no quiere perder ni un minuto. Afirma que con el voluntariado ayuda a los demás y, sobre todo, a él mismo. Por eso, lo recomienda como parte del tratamiento del VIH.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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