Emprender una nueva vida en Mozambique con 24 años, por Alexia Vieria
Ponte en su piel: mujer, 24 años, sola, a 8.000 kilómetros de su casa, en una pequeña aldea de Mozambique, sin agua caliente, ni electricidad, y con la responsabilidad de poner en marcha un proyecto de ayuda a la infancia. Asusta un poco, ¿no? Bien, pues esa era Alexia Vieria en 2006, al inicio del proyecto de la Fundación Khanimambo (Khanimambo significa “Gracias” en Shangana, uno de los dialectos de Mozambique). Ahora, casi cinco años después, Alexia acaba de traer al mundo a Martina, en cuanto la niña cumpla tres meses regresa a su casa, sí, en Mozambique. Está deseando regresar a su vida, a su pasión, a su felicidad, al encuentro de los más de 200 niños a los que ha ayudado el proyecto que fundó en un viaje sin billete de vuelta.
Pregunta, ¿Cómo nace el proyecto? Primero fue el viaje a Mozambique o el viaje fue para empezar a trabajar ya en el proyecto.
Respuesta. La Fundación surge después de mi viaje. Me quedé muy impactado, pero tampoco fue dramático, yo ya había estado en Honduras y el momento de contraste con la realidad de un país pobre ya lo había tenido. Escribí un blog que sirvió para que mucha más gente sufriera el impacto y cuando volví mucha gente me decía que teníamos que hacer algo. En concreto, mi mejor amiga María me dijo que esto no se podía quedar solo en un viaje. Dije: muy bien, vamos a hacerlo, me voy a vivir a Mozambique.
P. ¿Así de sencillo?
R. Así de fácil y rápido, luego ya vinieron todas las complicaciones, pero la decisión la tomé muy rápido porque lo tenía muy claro.
P. Estabas motivada, tenías la fuerza, la ilusión y eso fue lo que te motivó, querías hacer algo, ¿no es así?
R. Sí, pero hay mucho más. No fue un capricho, fue el ser consciente de la realidad y saber que puedes hacer algo y yo sabía que podía hacer mucho y no podía estar en España leyendo los periódicos, sabiendo que mis manos eran necesarias y que yo tendría el valor de hacerlo y que mucha gente podía ayudar económicamente al proyecto.
P. ¿Tenías 24 años?
R. Cuando me fui a vivir allí, sí
P. ¿24 años? Una emprendedora muy precoz!!
R. El proyecto lo empezamos antes, con 23 años, estuvimos ocho meses en España con los estatutos, la creación de la Fundación, etc.
P. Y ¿cómo surge tu viaje inicial a Mozambique, antes de crear la Fundación?
R. En 2001 estuve en Honduras, haciendo voluntariado con niños de la cale, con 18 años, aquello me impactó mucho, me marcó para toda la vida. Cuando acabé la carrera sabía que quería continuar con esto. Solo tenía un mes de vacaciones y no me aceptaron en ningún sitio como voluntaria, intenté Camboya y Etiopía, pero no salió. Así que me lancé, algo me decía que era Mozambique el sitio al que tenía que ir.
P. Mucha gente en esa edad, se plantea ¿Qué puedo hacer? Pero nos puede la comodidad o no tener un ejemplo, un referente en casa. En tu caso ¿fue una decisión personal?
R. Cuando haces las cosas con el corazón, el índice de saber que puede salir bien es bastante alto, pero también sentía. Es que esto era mucho de sentir, de apostar por lo que sientes.
P. ¿Tenías algún ejemplo cerca?
R. Por supuesto, por suerte he vivido muchos años con gente muy buena a mi lado, pero nadie que haya hecho esto.
P. Al principio debió ser algo muy complicado, ¡¡activar vidas enteras!!
R. Fue brutal, fue tan intenso que cuando lo recuerdo parece que fue una vida entera, fue muy duro, me fui sola, con todo por hacer…Es lanzarse, me acuerdo que la primera mañana dije “me tengo que poner a andar”.
P. Y no tenías ayuda sobre el terreno
R. En el primer viaje conocí a una monja, pero no fue el proyecto que hicimos, fue una referencia, pero nosotros no somos una fundación religiosa y a nuestros colaboradores les ha gustado nuestra filosofía de no seguir ninguna religión, eso era importante mantenerlo.
P. Me estás dejando alucinado, porque las cosas suelen nacer poco a poco, con gente con experiencia. Es raro este impulso “juvenil”.
R. Cuando me fui a Honduras, a la vuelta, tenía muy claro que quería dedicarme a esto. Cuando me lancé al viaje de Mozambique, tampoco tenía la idea de crear una Fundación, pero conocí una realidad y supe que ese era el sitio, lo sentí dentro de mí.
P. “Lo hicieron porque no sabían que era imposible”, una frase con la que Fajardo, el creador de Solidarios, ha inspirado muchos años a sus voluntarios.
R. Yo tengo otra frase. “Sabes que no vas a cambiar el mundo, pero no puedes renunciar a formar parte del intento”. Siempre supe que no iba a cambiar Mozambique y que no lo voy a hacer, pero si puedo ayudar a un niño y darle un futuro diferente al que le esperaba, habrá merecido la pena.
P. Y ya lleváis más de 200 niños ayudados…
R. Nuestra ayuda es un apoyo, apoyamos sus necesidades. Nuestra finalidad no es crear un orfanato, no, aunque fue la idea inicial, no, enseguida lo vi claro, nos debíamos centrar en su realidad y ayudarles desde el respeto de que somos una cultura diferente y de que lo primero es aprender de ellos, hacerles un poco más fácil lo que creemos que es esencial, la salud, la nutrición, la educación… y también lo que creemos muy importante es el apoyo personal, porque son niños que a los 8 años tienen un bagaje de vida que nos dan mil vueltas.
P. Han pasado por todo tipo de traumas.
R. El que nace es un país pobre, con una madre enferma y un padre que no se presenta, pues lógicamente no lo va a tener fácil.
P. Cuando llegaste allí, ¿te cambió el concepto del tipo de ayuda que debías poner en marcha? Muchos cooperantes veteranos hablan de la importancia de entender y comprender bien el contexto.
R. Sí, llegué allí, pero tardé dos meses en empezar. Necesitaba centrarme en su realidad. Me fui con un billete sin vuelta. Tenía que estar allí para ayudarles y no perder el norte. Lo primero era estar con ellos, saber hacia dónde iban. Ahora estoy encantada con la respuesta que recibimos cada día de nuestra ayuda.
P. Allí el concepto “jornada laboral” no existe.
R. Yo he llegado a contabilizar 14 o 16 horas.
P. Sin vacaciones.
R. Sí, a veces, pero aquí, en España, tampoco paro de trabajar…Pero yo es que me lo paso muy bien con esto.
P. Cambias totalmente el chip, han desaparecido muchos objetos, necesidades que hemos creado… Disfrutas de otras cosas, más pequeñas…
R. Es muy diferente, cuando decides cambiar tu vida, irte para allí sin billete de vuelta y con la conciencia de estar allí y disfrutar de ello es porque te gusta ese estilo de vida, y todo lo material queda atrás… disfruto de estar con mis perros, de pasear por la playa, de hacerme una limonada… y te hablo de cosas fuera del proyecto. Esto es genial. Yo tengo la suerte además de haber encontrado a una persona con las mismas ilusiones y estamos muy bien ahora los dos allí.
P. Tenéis muchas cosas en común…
R. Sí, mucho, imagínate (ríe) si allí no tienes esto. Allí donde vivimos es una aldea en la que no hay nada, lo máximo es el restaurante del hotel.
P. ¿Tenéis electricidad?
R. A veces, no siempre… En los cuatro años que llevo he notado una evolución. Cuando llegué, los fines de semana por sistema no había luz.
P. ¿Qué tal se lleva?
R. Bien, yo he hecho de todo para no aburrirme… Una de las cosas que me prometí es fue no decir nunca “Estoy aburrida”. He hecho de todo.
P. Por ejemplo.
R. Hablar con mis perros, bailar sola…
P. Pero, ¿has pasado mucho tiempo sola?
R. Un año y medio. Desde las seis de la tarde metida en casa.
P. Y con 25 años, ¿Cómo se hace eso?
R. Es duro, psicológicamente me ha dejado muy tocada, he vivido una soledad muy fuerte, durante el día estaba feliz, con los niños, viendo que el proyecto estaba encaminado… pero comí y cené sola un año y medio.
P. A tus padres no les dio la tentación de ir para allá a buscarte y traerte de vuelta.
R. Me han respetado mucho. Y han sido un apoyo fundamental, mi madre ha estado conmigo allí y sabe que ese es mi sitio.
P. ¿En ningún momento tuvieron tentación de intervenir?
R. Bueno, en alguna ocasión que mi vida ha podido estar en peligro, mi madre sí me ha pedido que volviera.
P. ¿Has llegado a pasar miedo?
R. Eres una mujer, joven, blanca y parece que eres muy rica, pero en el fondo no lo eres, porque el dinero no es tuyo. A algunas personas les costó entender que el dinero no era mío y que no iba a acceder a sus chantajes.
P. En algún momento pensaste “no puedo con esto”.
R. Decir no puedo, jamás… pero momentos duros, críticos, decir, ostras, esto es muy fuerte, sí, pero siempre hay un motivo para salir adelante, y lo tengo delante de mí todos los días, en mi caso son 200 motivos.
P. Cuando has vuelto a la electricidad, al agua caliente, al MP3, a la televisión…¿no te extraña?
R. Al ascensor… todo impacta.
P. ¿No te vuelves a “malacostumbrar”?
R. No, me gusta tanto aquel estilo de vida que tengo claro que esto es temporal. Vuelvo a mi casita pequeñita, encantada, feliz.
P. ¿No te han llamado de “Españoles por el mundo”?
R. No me interesa, porque lo que quiero que sea atractivo de esta historia es la fundación, no yo.
P. ¿Cuál es el futuro del proyecto?
R. El objetivo es que los propios locales, trabajamos con 25 personas, sepan continuar solos el proyecto, desde Mozambique, un proyecto con 400 niños que abarca una buena parte de la comunidad.
P. ¿No tienes intención de quedarte allí?
R. Sí, esto no significa que vaya a volver, sino que lo puedan hacer solos.
P. ¿Cómo se puede ayudar desde aquí?
R. Siempre hay una forma, lo ideal es un socio porque colabora en proyectos, infraestructura. Padrinos, también, pero ahora no tenemos condiciones para trabajar con más niños, empresas, voluntariado…
P. Y qué consejos das a un joven que se quiera ir de voluntario con vosotros.
R. Tiene que ser gente que va a sumar y no tenemos infraestructura que lo proteja, no, el que va debe saber ya lo que es África y que va a vivir en condiciones precarias.
P. Muchos voluntarios se frustran porque piensan que van a cambiar el mundo…los que sabéis de qué va esto decís que la clave es convivir, , volver con el mensaje…
R. Lo primero que digo es que deseo que disfruten, que se le quede grabado en el corazón porque es una experiencia única, pero no solo se ayuda yendo un mes, a la vuelta hay que continuar ayudando, es lo justo: a veces simplemente hablando del proyecto. No es estar con los niños, volver, poner las fotos en Facebook y ya, seguir con su vida normal. Eso me parece una tomadura de pelo.
P. Mantener un compromiso.
Es lo mínimo. Los niños con un voluntario se abren, te miman al 100% y habrás oído a muchos voluntarios “Es que he recibido tanto amor…” es verdad, los niños lo dan todo. Cuando vuelves no tienes que olvidar esto, tienes que agradecerslo para que ellos puedan seguir siendo ayudados.
P. Khanimambo.











