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El placer, la alegría y la felicidad según José Luis Montes, fundador de Wikihapiness

18 abril 2011 - 4:58 - Autor:

El hombre que tuvo la fortuna de fracasar es ahora feliz. José Luis Montes cambió hace dos años la rutina del placer y el lujo por la rutina de la felicidad. Durante más de 20 años fue directivo y empresario, de éxito: tenía  un gran sueldo, buenos coches, buenas suites, pero no estaba satisfecho con su vida, así que decidió cambiar. Ahora dedica su esfuerzo, su ilusión y sus horas de trabajo a mejorar la vida de otros a través de wikihapiness, una organización que “que reúne a personas que trabajan en pos de su felicidad personal a través de la construcción de un mundo mejor”.

En esta entrevista José Luis desgrana las diferencias, sensibles, entre alegría, placer y felicidad. Las respuestas son largas (le encanta hablar), pero merecen la pena. Si te quedas con ganas de más, puedes leer El hombre que tuvo la fortuna de fracasar.

P. ¿Hay alguna pregunta recurrente? ¿Aquella que siempre te hacemos en las entrevistas y cuya respuesta sabes casi de memoria?

R. No me acaba de gustar mucho la de  “¿Qué pasó en tu vida para que decidieras hacer un cambio?”. Lo que buscan es un lugar común erróneo: que en la vida te tiene que pasar una gran desgracia, algo muy gordo para que tú cambies de vida. Cuando alguien es un poco un referente de haber hecho un cambio importante, parece como que hay un automatismo de ir a buscar detrás cuál fue el shock. Me sabe mal, porque tengo la impresión de que defraudo un poco cuando digo que en realidad no pasó nada. Ha sido un proceso.

Además, me parece muy mal el que la gente necesite o esté esperando que te tenga que pasar algo en la vida para hacer un cambio. Si sientes que debes hacer un cambio, deberíamos ser capaces, claros y valientes para hacerlo.

P. Pero es muy difícil escapar de la rutina.

R. Sí, es una trampa que cada vez te envuelve más… bueno, la verdad, no me gusta decirlo de esa manera porque no es cierto que la trampa te envuelva, dicho así parece que estás hablando en una tercera persona, como si la trampa existiera y ella te envuelve y nosotros no tuviéramos capacidad… y no es cierto… La trampa existe, la creamos entre todos y nosotros mismos nos envolvemos en ella. No hay que echar la culpa a los demás.

Lo que ocurre es que desde que somos muy niños estamos continuamente recibiendo impactos de comunicación, en la educación, en la familia, en los medios: tienes que hacer una carrera universitaria, tienes que tener dos hijos, la parejita, y trabajar en una multinacional y mandar mucho y tu coche tiene que ser de ingeniería alemana… los termómetros de lo que es una vida guapa están ya muy marcados y salirse de eso requiere mucha claridad y mucha valentía.

Nos cuesta ver claro qué es lo que nos está pasando y nos tiene insatisfechos, y salirte, cuando has ido adquiriendo compromisos, es complicado.

P. Ahora, lo que sí tienes claro, es que eres más feliz que antes.

R. Mucho más. Yo antes, como mucho estaba alegre y contento, pero eso son sucedáneos de la felicidad. Estar alegre, la alegría, el placer, ese tipo de cosas son sucedáneos. Como hemos renunciado a ser felices, nos convencemos de que la felicidad son pequeños momentos… esto no es verdad.

Ese momento en el que llegas a casa y te das una ducha caliente después de haber pasado mucho frío… Pero bueno, ¡es que no podemos aspirar a una felicidad continuada!

No, la vida tienen que ser pequeños momentos. Renunciamos a la felicidad real y duradera y nos conformamos con ratitos, con lo que nos entregamos a la búsqueda de las alegrías y placeres.

Ser feliz es pasar una buena tarde, con una buena película, una copa de vino y buena compañía. Eso es ser feliz. No!  Puedes vivir eso con felicidad, pero la felicidad no es conseguir mesa en el restaurante de Adriá, eso es un placer y las alegrías están fantásticas, son mejores que los placeres, pero no son la felicidad.

Yo antes tenía muchos placeres y bastantes alegrías, muchos más placeres que alegrías, porque cuando lo que haces es dejarte la vida trabajando para ganar un montón de dinero puedes comprar placeres, no alegrías. De hecho, para las alegrías una de las cosas que necesitamos es tiempo y serenidad para disfrutarlas.

P. Y no entiendes que haya gente para la que trabajar mucho, ganar dinero y tener placeres sea la felicidad misma.

R. Yo soy muy cauto en dar lecciones y en dar recomendaciones a la gente, porque la vida es un proceso personal, individual e intransferible. Lo que intento, con humildad, es contar cuál es mi experiencia y cuáles son mis conclusiones por si a alguien le sirven de algo. De ahí a decir que puedo ir dando lecciones, ese paso no le doy.

Desde la posición de haber tenido esos coches de 250 caballos, de haber dormido en esas suites de 1.000 euros la noche, desde la posición de haber renunciado a algo que he tenido, sí tengo la impresión de que la felicidad, ahí, no está. Es más, es una carrera que no tiene fin.

Te voy a contar una experiencia que ilustra bien por qué creo que ahí no está la felicidad, pero no está la felicidad, sino que incluso, peligrosamente, está la infelicidad.

Siempre me han gustado los coches. En un momento, mi empresa me ponía coche, fijaba un presupuesto y mirabas el coche que querías. Había un Audi Coupe recién salido que lo tenía todo y a mí me hacía una ilusión tremenda, me descubría a la una de la madrugada mirando el catálogo. Y te dices, voy a ser superfeliz cuando lo tenga y, en el momento en el que te lo dan, cuando sales conduciendo del concesionario, te sientes una mezcla de Superman y King Kong… te mira todo el mundo y tienes el coche soñado. Seis meses después, cuando ves a un amigo con el que no te has visto y te dice “Coño, qué coche”, y tú dices “Sí, no está mal”, no lo dices por chulería, lo dices porque esa meta ya las has conseguido.

Lo que parecía un sueño es ya una etapa quemada y eso no son sueños. Los sueños cuando los consigues estás feliz, cuando sientes que has quemado una etapa era un sueño falso y no puedes construir una felicidad de sueños. Iba conduciendo el coche y ya estaba pensando en el nuevo Masserati y en que el renting eran solo 400 euros más al mes…

Eso no tiene fin, la carrera de dar tu tiempo, tu talento, tu esfuerzo, para conseguir cosas, no tiene fin. Una carrera que no tiene fin es una carrera que, por tanto, no tiene fin

P. Ahora lo que haces es darte a los demás. Y esa otra carrera tampoco tiene fin, ¿no?

R. Cuando me preguntan a qué me dedico digo “Yo estoy en el negocio de cambiar el mundo”. Te miran cómo diciendo “Es un objetivo un poco grande”, pero bueno, yo respondo que tengo toda la vida por delante (risas)…

Conseguir el que, cuando te acuestes y sobre todo cuando te acuestes definitivamente, hayas podido sumar muchas cosas dadas a muchas personas. Esa carrera sí tiene un sentido porque cada vez que aportas algo que hace que la vida de alguien sea un poco mejor, eso sí tiene sentido, eso sí llena una vida de sentido.

El problema es que es una tarea ingente y que mientras hay una serie de gente barriendo, hay otro montón ensuciando y, lo más preocupante, es que hay mucha gente que se lo miran y no hacen nada. Parte de mi trabajo es no solo limpiar, sino convencer a los indiferentes para que pasen al bando de los que limpian, aunque lo hagan con un pincelito y cinco minutos al día.

P. Lo que sí tienes claro es que ayudar a los demás es siempre sinónimo de felicidad.

Sí, la felicidad está hecha de esa materia, es la felicidad que tú sientes después de haber notado que has hecho una aportación a alguien que lo necesitaba,  sobre todo a alguien que está sufriendo. No tienen que ser grandes cosas, salvar una vida de un niño, a veces es simplemente escuchar a alguien que necesita hablar.

Sientes felicidad, has sentido conexión con esa persona y estamos en un mundo en el que prima mucho la individualidad, cuando el mundo y la humanidad es lo contrario, todos estamos conectados.

Es curioso, vas en el metro, en el tren, entra una mujer embarazada de siete meses y nadie se levanta. En el metro va todo el mundo con el MP3 y el libro para aislarse en su burbuja, para no mirar a los lados.

P. ¿Te cuesta convencer a los indiferentes? ¿Tienes alguna fórmula?

R. Me cuesta mucho porque la mente genera más excusas para no hacer lo que sabes que debes que razones para hacerlo. Muchos miran para otro lado porque saben que si miran tendrán que levantarse y dejar el sitio a la mujer embarazada. Algunos se te acercan y dicen que quieren, pero no acaban de dar el primer paso, que es el más difícil.

P. ¿Por qué? ¿Qué nos impide dar el paso? ¿Nos puede la comodidad?

R. Sí, es una suma: comodidad, pereza… hacer lo que debes cuesta esfuerzo. Vivimos en una sociedad en la que buscamos lo fácil, quiero un vida cómoda, rápida, sencilla que no me de problemas… También pensamos que ser feliz es no tener problemas y lo mejor para eso es estar en coma.

A unos les vence la pereza, a otros los pequeños egoísmos, más que los grandes: “Yo no tengo los 30 euros para hacer que una familia coma, pero si para salir a cenar” “No tengo tiempo para ayudar, pero luego estoy 4 horas delante de la televisión”.

También tengo la sensación de que cada vez somos más débiles. Esta organización que hay que prima el individualismo al final nos hace individualmente más débiles.

R. Tu cambio vital y profesional ha sido radical, ¿qué estás aplicando al mundo social de lo que conociste en el mundo empresarial?

R. Una cosa que falta en el mundo de las ONG, tanto grandes como pequeñas, es gestión empresarial. Cuando inicie el cambio, en una entrevista, me preguntaron, “¿te has pasado de los malos a los buenos?”. Me quedé en shock, vengo de 25 años de ser empresario y directivo y no me considero que fuera malo ni que los que están todavía en ese lado lo fueran. Hay mucho malentendido.

En el mundo empresarial hay cosas que tienen que ver con la forma de organizar los recursos y eso es muy valioso. En estos dos años y medio mi experiencia es que hay muy poca mentalidad empresarial e, incluso, se hace gala de ello. Lo principal que no te debes llevar del mundo empresarial al tercer sector es el reparto de beneficios, pero todo lo que hay antes, hay una gran mayoría de cosas que se deben adoptar.

Todo lo que tiene ver con procesos de organización, con economías de escala, con aplicación de marketing y comunicación, estrategias, todo lo que es muy habitual en el mundo empresarial, lo estoy intentando aplicar en este mundo, con dos cambios: los principios éticos están por delante de todo y la repartición de los beneficios no es individual, es generalizada.

P. ¿No temes que dentro de 10 años te hayas cansado o aburrido de Wikihapiness?

R. De Wikihapiness no lo sé, porque es un instrumento, un instrumento que tiene una definición estratégica que da para 20 y para 50 años. Al final es una herramienta. De lo que estoy seguro que no me voy a aburrir es de dedicar mis recursos y esfuerzos a la gente que no ha tenido la suerte que he tenido yo.

P. ¿Hay algún pregunta que nunca te hagamos y que te gustaría contestar? ¿Alguna vez te lo has planteado? ¿Algún tema que los periodistas no  abordamos cuando hablamos contigo?

R. No me lo he planteado, la verdad, pero sí que hay una cosa que me gustaría que me preguntaran con más frecuencia. “Qué podemos hacer, yo como periodista, como medio, para ayudar a que el mundo sea un poquito mejor”.

P. Y la respuesta…

Tiene que ver con el poder que tenéis de comunicación. Ghandi decía “Tú tienes que ser el cambio que quieres ver en el mundo”. Es como deja de quejarte de los poderes, de los banqueros, de los políticos, del mundo está muy mal y empieza tú por cambiar en tu vida y en ti mismo lo que quieres cambiar en el mundo.

Como hay un montón de gente que no acaba de decidirse o de atreverse o de verlo, un medio de comunicación, un periodista, le hace no solo un favor al mundo, sino también a las personas, si difunde que no solamente hay malas noticias, sino que existen muchas personas que hacen las cosas que se deben hacer y existen muchas formas pequeñas de hacer las cosas que se deben.

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3 Comentarios

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Excelente nota y entrevista.

Thanks to the url with podcast.

felicitaciones, quiero ayudar

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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