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Tres teorías para explicar el altruismo

24 abril 2011 - 23:18 - Autor:

“La regla de William” cumplió dos años el pasado 23 de abril. El nombre del blog proviene del biólogo William D. Hamilton, quien en los años 60 del siglo XX puso fin a una discusión de más de 100 años al crear una teoría para explicar el altruismo. Bien, pues ahora, su tesis se tambalea ante la aparición de una nueva, formulada por uno de los investigadores con más prestigio del mundo, el británico Edward O. Wilson.

Bien, pues, dos años y 240 posts después, creo que podemos plantear una tercera vía, una nueva explicación al altruismo. ¿En qué me voy a basar? ¿En un profundo y argumentado estudio científico? No, en las más de 240 historias de vida, de esperanza, de ilusión, de entrega, de solidaridad, de justicia e injusticia, de dolor y superación que forman parte de este blog.

No importan el fracaso ni el éxito, sino haber traspasado de parte a parte un solo corazón. (Jean Cocteau)”. Es una frase que aparece continuamente en mi horizonte y en la que me fijo cada vez que abordo una nueva entrevista o reportaje: ¿será capaz esta persona o esta historia de traspasar el corazón de algún lector? Sobre esta idea gira la tesis, modesta y, en realidad, tomada prestada, que contaré al final del post.

Es una adicción y un privilegio haber conocido en estos dos años a seres humanos excepcionales. Ellos son el alma de La regla de William. Ellos son también los que ponen a prueba la teoría de William D.Hamilton. Sí, la idea “fundacional” de este blog era, y es, profundizar en los orígenes del altruismo, desentrañar las razones por las que una persona decide entregarse a los demás, entregarse a luchar sin descanso por alguna causa solidaria.

“Altruismo: diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio“, RAE. William D.Hamilton explicó el altruismo mediante una ecuación matemática y así puso fin a una discusión que se había iniciado en el siglo XIX, con Darwin. Su teoría de la selección natural se encontró con un escollo fundamental en los insectos “sociales”: las abejas, las avispas y las hormigas, animales capaces de sacrificarse por su comunidad.

Como cuenta Alan Dugatkin en su libro ¿Qué es el altruismo?, Darwin se volvió loco con este escollo a sus tesis, en su libro El origen de las especies apuntó que la existencia de estos insectos estériles dispuestos a morir por los demás era “una dificultad muy especial que al comienzo me pareció insuperable y funesta de hecho para la teoría“.  Finalmente, Darwin concluyó que la excepción podía explicarse si se tenía en cuenta que la selección podía aplicarse a la familia lo mismo que al individuo. Como señala Dugatkin “Ayuda a tus parientes -familia- y verás compensado el precio que debas pagar por ello”.

El tema del altruismo, el parentesco, la selección natural constituyó un tema permanente de discusión entre la comunidad científica hasta que el biólogo William D. Hamilton creó una fórmula matemática, una fórmula con tres términos: la relación genética entre los individuos (representada por una r), el costo de un acto de bondad (c) y el beneficio que obtenía un receptor cuando alguien era bueno con él (b).  La “regla de Hamilton”, como señala Dugaktin, establece que “el altruismo evoluciona cuando r veces b es superior a c. En otras palabras, si suficientes parientes reciben beneficios del altruismo para compensar el costo del altruismo, entonces el altruismo se propaga; de otra manera, no.

Durante 40 años nadie ha rebatido “la regla de Hamilton”, hasta este verano. El 26 de agosto de 2010 la revista Nature publicaba “The evolution of eusociality”, un ensayo de Martin A. Nowak, Corina E. Tarnita y Edward O. Wilson que vuelve al modelo de la selección natural para explicar el comportamiento altruista.

Edward O. Wilson. Autor: Ragesoss. Wikipedia.

Para empezar, Edward O. Wilson es uno de los biólogos con más prestigio del mundo, una auténtica autoridad. Wilson sostiene que el parentesco no tiene nada que ver con el altruismo, afirma que la clave está en el grupo.

Como apunta un extenso artículo en Boston.com, bajo determinadas circunstancias, grupos de individuos cooperantes se pueden imponer a grupos de no-cooperantes lo que garantiza que sus genes – incluyendo los que les predisponen a la cooperación – se transmiten a las generaciones futuras. Esta selección de grupos es lo que constituye la base evolutiva para explicar los comportamientos sociales vinculados con el altruismo y el trabajo en equipo.

Esta nueva teoría ha supuesto una tormenta en la comunidad científica y la revista Nature publicó el pasado mes de marzo varias cartas feroces contra Wilson, una de ellas estaba firmada por 137 científicos, incluidos dos ex-compañeros de la Universidad de Harvard.

Bien, pues desde la más absoluta ausencia de argumentación científica, apoyándome únicamente en las opiniones y en la experiencia de decenas de personas que pueden considerarse que desarrollan o han desarrollado comportamientos altruistas, creo que la explicación del altruismo está en lo que me contó Cristóbal Colon hace más de un año, el altruismo está en la esencia espiritual del ser humano, está en nuestro alma, en nuestro corazón. Y, sí, a veces está sepultado bajo muchos escombros. Y, sí, esto es imposible de demostrar y sustentar al estilo de Hamilton o de Wilson, esta última teoría es una pura cuestión de fe, de fe en el ser humano.

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Sobre el blog

Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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