
Esteban Beltrán. Foto: Rocío Carneros
El 28 de mayo de 1961 el periódico británico The Observer publicaba una carta de Peter Benenson, un abogado inglés, titulada “Los presos olvidados”, en la que hacía un llamamiento para que los lectores enviaran cartas de protesta al gobierno portugués del dictador Salazar por condenar a siete años de cárcel a dos estudiantes que habían brindado por la libertad. Así nació Amnistía Internacional.
50 años después, la organización cuenta con más de tres millones de miembros y mantiene una independencia radical que le permite presionar a los gobiernos y conseguir victorias en materia de derechos humanos. A punto de cumplir 50 años, al igual que la organización, Esteban Beltrán, el Director de la Sección Española, lleva 30 años en AI, 15 de ellos como máximo responsable. Charlamos con Esteban de los hitos y anécdotas de 50 años de vida, del movimiento del 15M, el gobierno de Zapatero y los retos de futuro de Amnistía.
Pregunta. En la carta que el fundador de Amnistía, Benenson, envió al periódico The Observer y que dio origen a la organización se puede leer “Leyendo el periódico se tiene un desagradable sentimiento de impotencia” ¿Sigue sintiendo impotencia AI y Esteban Beltrán cuando abre los periódicos?
Respuesta. Es muy difícil saber lo que siente la gente cuando lee algo desagradable, lo cual es todos los días. Pero no es impotencia. Impotencia se siente cuando uno está solo, que es lo que sentía Peter Benenson, por que uno se siente desbordado. ¿Qué haces? ¿Cómo tengo capacidad de cambiar algo? Pero cambia la percepción de impotencia cuando uno está acompañado de muchos.
Cuando estás acompañado, lo que la gente no sabe o no es consciente es de que puede hacer una diferencia fundamental. Cuando muchos presionan a la vez la impotencia, a veces, se transforma en potencia y eficacia. Quién hubiera pensado que una mujer nigeriana, Amina Lawal, 10 millones de personas consiguieron que no se lapidara.
P. El motor que puso en marcha AI fue la indignación.
R. Exacto, Benenson se indignó porque dos estudiantes en Portugal fueron encarcelados por brindar por la libertad. Esa indignación se transformó en acción y en acción junto a otros. Eso tan sencillo y tan profundo es la semilla que hace que Amnistía esté.
P. Que es lo mismo que estamos viendo ahora, con el movimiento del 15M.
R. Peter provocó una indignación y no solo escribió al periódico, sino que pidió que mucha más gente escribiera para él llevar las cartas a las embajadas. Exactamente lo que hacen los movimientos sociales del norte de África o la indignación que siente la gente en la puerta del Sol: la indignación convertida en acción junto a muchos. Eso empezó hace 50 años.
P. Y ese sentimiento de cabreo, de indignación hay que mantenerlo vivo para generar cambios.
R. Parte de un principio muy importante: los derechos humanos son demasiado importantes para dejarlos en manos de los gobiernos. Y ese principio tiene un gran componente de solidaridad: me preocupo por los derechos humanos de otros, pero preocupándome por los derechos humanos de otros, defiendo mis derechos. Eso también es parte de lo que se está produciendo en el norte de África: defiendo mi derecho a la vivienda, a la libertad… y lo que muestra es que los derechos humanos no se pueden trocear. Uno reclama en dignidad: vivienda, alimentación, el derecho a expresarse, a reunirse… todo a la vez.
P. ¿Qué postura tiene Amnistía sobre el 15M?
R. Lo que Amnistía está diciendo es que las reivindicaciones no podemos ni apoyarlas ni oponernos, porque son muchas y muy diferentes; lo que defendemos es el derecho a expresarlas libremente sin temor. Y eso es lo que queremos que ocurra con el 15M, pero sobre todo con el 15M del norte de África, porque en el norte de África lo que la gente se está jugando es la vida.
Hay una frase que AI utiliza de Volteaire: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero moriría por tu derecho a expresarlo libremente”. Hoy el debate y uno de los temas fundamentales es la libertad de expresión de aquel que se manifiesta pacíficamente. Y eso es la revolución. Amnistía hoy, una organización de más de 3,3 millones de personas, reclama la libertad de expresión. Eso es el principio de todo. Si no la tienes, no hay verdad, no tienes voz, no hay posibilidad de que es escuchen.
P. ¿Os sentís viejos viendo este movimiento? Amnistía cumple 50 años y un movimiento con apenas unas semanas de vida toma las calles, moviliza a la sociedad.
R. 50 años en 21 siglos no está mal, somos realmente unos bebés (ríe) … No, Amnistía forma parte de las personas y hay un 25% de activistas que tienen menos de 29 años. No podemos sentirnos viejos. Al contrario, nos sentimos parte de toda esa gente.
P. ¿No creéis que ya, de alguna manera, formáis parte del establisment?
R. ¿Qué es Amnistía? Una organización independiente, no recibe fondos de gobiernos. ¿De quién se compone Amnistía? De la gente. En España somos 65.000 socios, eso es sociedad civil. Lo que nosotros hacemos es presionar a los gobiernos, desde la independencia, desde la radicalidad de ser incómodos, desde hacerlo sobre torturas o malos tratos o pena de muerte. Algo que en otros países otros gobiernan defienden.
Nos han acusado de miles de cosas en estos 50 años… Reivindicamos la incomodidad. Y eso es hablar de derechos humanos en cualquier circunstancia y desde una independencia radical. El dictador Amín Dada definía a AI de una manera muy correcta: “Es una organización que pretende mantener como rehenes a más de 90 gobiernos en todo el mundo”. Esa movilización espectacular es lo que es Amnistía.
El sistema, en lo que se refiere a las instituciones, no estamos en ellas, somos parte de la sociedad civil.
P. 50 años da para muchos logros, muchos éxitos, ¿puedes quedarte con uno solo, el más importante para ti?
R. Dos, no puedo quedarme con uno. Uno sería es contribuir a llevar ante la justicia a criminales internacionales, empezando por Pinochet, siguiendo por los que están en Tribunal Penal Internacional, Fujimori… El segundo, los avances en materia de pena de muerte. La pena de muerte que hoy aquí ya mucha gente está en contra de ella, era algo normal hace un siglo y hace 50 años. Había verdugos a cargo de los presupuestos generales del estado en muchos países, hoy todavía hay unos cuantos, pero el avance es imparable.
P. La historias se forjan con éxitos… y fracasos. ¿Qué fracasos ha sufrido AI?
R. Muchos… cada vez que no hemos logrado sacar a alguien de la tortura o que haya sido ejecutado. Al año, en China, miles de personas son ejecutadas. Eso es un fracaso de la sociedad civil. Cada persona que no logramos rescatar de la tortura o que es desalojada de su casa sin derecho a nada, es un fracaso de la organización.
P. Conocemos a muchas personas y personajes públicos que os han apoyado, que son vuestros amigos… ¿Quiénes son vuestros enemigos?
R. Cuando cumplimos 30 años como Sección publicamos una lista. Me acuerdo de que Ricardo García Damborenea cuando era del PSOE de Euskadi dijo que solo nos importaba cuando le daban una bofetada a un Etarra; el régimen iraní nos acusó de ser parte de los servicios secretos británicos, la embajada de Israel nos acusa de ser pro-palestinos… Estamos en el lugar correcto.
P. Cuando empezó Zapatero, AI se reunió con Zapatero y su proyecto despertó cierta ilusión en la organización. Han pasado 8 años, ¿cómo valoras la trayectoria de su gobierno?
Ha habido avances, algunos importantes; pero esos avances han ido palideciendo y, en algunos casos, se han convertido en retrocesos importantes.
Avances en materia de igualdad, reconocimientos derechos minorías sexuales. Hubo un intento inicial importante de combatir la violencia de género a través de la ley integral, ha contribuido internacionalmente a abolir la pena de muerte, en un intento legítimo, prioritario en su política exterior. Está la Ley de Comercio de Armas de 2007, que busca regular, aunque eso después de una presión muy importante de la sociedad civil durante años.
Los principales retrocesos, los derechos humanos no forman parte de su política exterior. En el norte de África hemos visto que hasta que no han empezado las manifestaciones y la gente moría en la calle, no se han parado las exportaciones de armas.
Cuando te sientas en una mesa, tú, presidente del Gobierno, con China o con Rusia, con Marruecos, los derechos humanos no juegan ningún papel.
En España, dos retrocesos importantes. No se reconoce que en España hay un problema con tortura y malos tratos de las fuerzas de seguridad, especialmente con un componente racista. Y eso a pesar de que toda la Comunidad Internacional se lo hemos dicho.
El segundo tiene que ver con las restricciones cada vez mayores a los inmigrantes. La política en general es de sospecha hacia los inmigrantes, expulsiones sin garantías, criminalización…
P. ¿Os ha decepcionado?
R. La ilusión con un Gobierno es algo que AI difícilmente tiene. Conocemos mucho cómo son los gobiernos en todo el mundo; ha tenido luces y sombras muy claras y las sombras en esta última parte son mucho más acusadas que las luces.
P. ¿Hay algún político que os haya sorprendido en positivo?
R. No hay que hablar de personas. La gente puede pensar que los torturadores son unos psicópatas, no es así, forma parte de un sistema en algunos países, en otros no forma parte del sistema, pero la gente no repara en ellos. No es tanto el torturador el problema, sino el sistema. En Gobiernos no es una persona, es la política del gobierno. El gobierno de España no tuvo en su centro los derechos humanos.
P. Estás a punto de cumplir 50 años, ¿te imaginas haciendo otra cosa que no sea trabajar AI?
R. Sí, me imagino haciendo otra cosa que no sea trabajar en AI, pero no me imagino no defender los derechos humanos. Dos tercios de mi vida ha estado dedicados a eso, y no queda otra. Uno aprende defendiendo los derechos humanos que nunca se llega a Itaca, que nunca dejas de defenderlos, incluso cuando hay avances. Nunca se llega a ningún Parnaso. Trabajar por los derechos humanos es defenderlos siempre y quiero dejar un mundo mejor a los que vienes después, con Amnistía y con otros.
P. Hace unos meses, el Director de Greenpeace España, Juan López de Uralde, se pasada a la política ¿Alguna tentación política?
R. Mi tentación política es conseguir que los políticos defiendan los derechos humanos, no hay otra tentación. Y Amnistía es una herramienta muy eficaz para que lo hagan. Pero no he tenido ningún tipo de tentación.
P. 15 años dirigiendo la sección
R. Mucho tiempo…
P. ¿Cómo se mantiene la pasión?
R. La pasión se mantiene por dos razones. El convencimiento de que esta lucha vale la pena y consigue cosas. No hay nada peor para una pasión que sea estéril y esta es una pasión que unida a mucha gente consigue cosas asombrosas.
P. Sigue la pasión, siguen los resultados, sigue Amnistía…
R. Nuestra aspiración sería cerrar, no existir, irnos. Yo pienso que en alguna cuestión, como pena de muerte, podemos hacerlo. Pero desgraciadamente hemos comprendido con el tiempo que la lucha no termina nunca.
P. La sociedad cambia a una velocidad de vértigo, hay movimientos ciudadanos independientes, otras organizaciones que entran en vuestra esfera de denuncia, de presión, como Avaaz o Actuable, ¿Qué retos de futuro tiene AI?
Primero, se va camino de una agenda muy parecida. Los derechos humanos son universales, hay que defenderlos en la Cañada Real y en los suburbios de Nairobi. Se dará una confluencia en el activismo, en ser parte de la sociedad civil a través de la red, la movilización, junto a muchos. Amnistía se percibe en el futuro junto a muchos.
Y el futuro pasa porque AI pueda tener mucha más sociedad civil en los países donde hay graves violaciones de derechos humanos. Es un reto que haya secciones muy fuertes en Brasil, en India, en Sudáfrica, quizás China, Rusia…
Y pasa también porque estamos cada vez más cerca de las víctimas sobre el terreno, que haya más investigadores, estar más donde la gente sufre violaciones de los derechos humanos.
Millones de personas a través de la red o presencialmente y al lado de la gente donde ocurren las violaciones.