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De Madonna a Ben Affleck: dos enfoques del trabajo humanitario

4 mayo 2011 - 22:24 - Autor:

Madonna en el acto de presentación de su escuela fallida en Malawi. Foto: Raising Malawi

¿Por qué no nos creemos a las celebridades cuando hablan de causas sociales? Seguramente porque cuando uno de ellos utiliza un proyecto solidario para beneficio propio o cuando fracasa en una iniciativa social provoca una reacción en cadena que afecta a la credibilidad de toda la comunidad. Ha ocurrido desde siempre en cualquier ámbito, sobre todo en el social: cuando se han descubierto malas prácticas en una ONG, las otras 20.000 que hay en España han sufrido los efectos colaterales de una crisis de confianza.

Ahí tenemos a Madonna. Tenía un ambicioso plan para construir una escuela en Malawi, el país de origen de sus dos hijos adoptivos y el destino de las acciones de su fundación Raising Malawi. Madonna quería construir una escuela para niñas cerca de la capital, Lilongwe, disponía de un presupuesto de 15 millones de dólares, pero le faltaba lo fundamental: el apoyo de la comunidad.

Habían anunciado que el colegio ocuparía unas tierras cuyos propietarios no habían sido informados. Cuando se contactó con ellos, se les ofreció una compensación, pero ¿dejarías tu casa y tus recuerdos por unos miles de dólares? Fracasó, la escuela no se construirá, no te puedes ganar a una comunidad solo con el dinero, ser pobre no significa haber perdido el orgullo. Además, tenía al enemigo en casa, en concreto en su director, que había cometido varias irregularidades. El caso fue muy popular en los medios (un ejemplo en el blog de Perez Hilton) y afectó a su credibilidad.

Madonna ha puesto el trabajo de su fundación en manos de profesionales de prestigio del sector de la filantropía y está reorientando radicalmente su línea de trabajo: ahora ha decidido apoyar y emponderar a las comunidades de base, a las organizaciones que ya están demostrando resultados en la educación de los niños del país.

¿Por qué crear una nueva Fundación, nuevas estructuras de gasto, si ya hay ONG cuyo trabajo es brillante, produce resultados y es efectivo?

Este es el planteamiento de la iniciativa puesta en marcha por el actor Ben Affleck, la Eastern Congo Initiative: apoyar proyectos ya existentes, proyectos educativos, de promoción de emprendedores, de apoyo a mujeres víctima de violencia sexual, de salud y medicina.

¿Por qué el Congo? Bueno, ¿Por qué no? El país ha perdido a cinco millones de hombres, mujeres y niños a causa de las guerras que vienen sufriendo desde 1998, es la mayor cantidad de muertos provocados por un conflicto armado desde la Segunda Guerra Mundial; es el país más pobre del mundo si atendemos al PIB per cápita; 48 años de esperanza de vida y penúltimo lugar en el Índice de Desarrollo Humano que cada año realiza el PNUD.

Ben Affleck en el Congo: Foto: Max Culhane

Ben Affleck ha viajado los últimos cuatro años al Congo y ha decidido concentrar su actividad filantrópica aquí, ofreciendo becas y ayudas y utilizando su influencia para conseguir nuevos donantes. ¿Hace bien? Algunos destacados blogueros sobre cooperación al desarrollo le aplauden.

Affleck ya colaboró con ACNUR en 2008 con la realización del video Gimme Shelter (Dame refugio) para difundir su trabajo de apoyo a los refugiados y recaudar fondos.

El enfoque de Affleck es muy similar al que ha adoptado George Clooney, concentrado en Sudán y, especialmente, en el genocidio de Darfur. También tiene puntos en común con el de Sean Penn, obsesionado con ayudar a reconstruir Haití, tanto que pasa largas temporadas allí, trabajando con sus propias manos  en el proyecto que lidera.

Bien, yo no soy un experto en cooperación, pero veo que estos tíos (Affleck, Clooney o Penn) además de hacer grandes películas, saben cómo meterse en el movedizo terreno del trabajo humanitario.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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