Facebook se convierte en plataforma de apoyo a la infancia
El 8 de marzo de 1999 publicaba mi primer reportaje “importante” en un medio de comunicación. A tres columnas, en la sección de Sociedad de Diario 16 escribía sobre Bianca, Mirella y Stefan, niños rumanos que vivían en la podredumbre más absoluta en un poblado chabolista de Fuencarral, en Madrid. La denuncia de UNICEF y el eco de numeroso medios de comunicación provocó la actuación de las autoridades municipales.
Hoy, las instituciones como UNICEF o Save the Children siguen siendo capaces de producir cambios en la vida de cientos, miles de niños, hoy los medios de comunicación seguimos siendo importantes para difundir y apoyar las causas que merecen la pena, pero hoy hay una gran novedad con respecto a 1999, hay un nuevo promotor del cambio.
Hoy estamos convencidos de que las redes sociales también pueden y deben servir para proporcionar una escuela a los niños de las aldeas de LuaPua en Zambia gracias a Unicef o para que Asmaá El Bachi, un chico de 12 años que vive en Leganés siga creciendo como persona gracias a los programas de integración y formación de Save the Children.
La coincidencia no deja de ser significativa. Ayer, las dos organizaciones con más prestigio en la protección de la infancia, las citadas UNICEF y Save the Children, lanzaban dos iniciativas a través de Facebook para conseguir adhesiones y socios.
El mapa de las pequeñas acciones es la propuesta de Save the Children: “No dudes que un pequeño grupo de personas concienciadas puede cambiar el mundo”, Margaret Mead. Desde esa frase se accede a una aplicación que nos invita a realizar pequeñas acciones de apoyo a la ONG, de forma que sumando muchas de estas pequeñas aportaciones se puedan obtener grandes resultados.
UNICEF, por su parte, con la colaboración de ING Direct, nos invita a colaborar en la “construcción” de escuelas en Zambia. “Schoolland, un colegio que se construye en Facebook y se hace realidad en Zambia“, afirma el eslogan de la campaña.
Las herramientas de comunicación se sofistican y todos vivimos seguros de que esta nueva era de las redes sociales tiene que ser positiva para producir el bien social. Es posible. Lo que es seguro es que tanto los niños de 1999 como los de 2011 siguen necesitando, si cabe más, a instituciones que les protejan y eso no deja de ser un mal síntoma de nuestra enfermedad. Todos, si queremos, podemos dibujar en el mapa de las pequeñas acciones y construir un mundo más seguro y justo para los niños.


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