¿Qué fue de Carlinhos Brown y su milagro?
Durante un par de años (2004-2005) el cantante Antonio Carlos Santos de Freitas, más conocido como Carlinhos Brown, fue uno más de la familia: “tetete,tetete,tete…” sonaba a todas en la radio, en la televisión y hasta en la calle, celebrando “Carnavales” para Movistar o desfilando por aquel rutilante Forum de las Culturas.
Brown, 1962, nacido en la favela de Candeal, en Salvador de Bahía, comenzó a ser conocido internacionalmente a principios de los 90 con Timbalada el grupo de percusionistas que él mismo fundó, aumentó su popularidad con Tribalistas y, finalmente, se convirtió en superestrella con Maria Caipirinha.
Además, gracias a Fernando Trueba fuimos testigos del “Milagro de Candeal”, comprobamos cómo Carlinhos había convertido la favela, “su favela”, en un barrio en el que la música sonaba más fuerte que la violencia y en el que los niños tenían una oportunidad de escapar de las miseria gracias a Pracatum, la asociación/escuela de música fundada por el artista brasileño y por la que pasan cada año cientos de jóvenes.
Las marcas, las empresas y los medios de comunicación somos capaces de construir un ídolo casi a la misma velocidad a la que, pasada la efervescencia, lo arrinconamos. Y tengo la sensación de que con Carlinhos nos indigestamos hasta el punto de que durante algunos años ha estado fuera de nuestra dieta musical y social, pero, ¿significa eso que ha dejado de componer, de crear, de sacar a niños de la calle?
Pues Brown vuelve a España este verano. El 10 de julio estará en los Veranos de la Villa, presentando los dos discos que ha lanzando este año, Diminuto y Adobro. También pasará por las fiestas de As Pontes. Está claro que ni Brown tiene ya el cartel que tuvo en 2003 o 2004, con dos Grammys latinos bajo el brazo; ni el negocio de la música, ni el de los eventos populares está tampoco en su mejor momento.
En Candeal no hay violencia. No sientes el menor miedo cuando vas caminando por la calle. No hay hampa. Ha habido hace poco un robo y ha sido todo un suceso. Lo que en cualquier otra favela sería normal, aquí era un hecho insólito.
Esto escribía Fernando Trueba con motivo del estreno del documental “El milagro de Candeal”. Siete años después, no tenemos noticia de que la cosa haya cambiado, quizás precisamente por eso, Candeal no sea noticia.
En “El milagro de Candeal” – añadía Trueba en 2004 - he huido de retratar la pobreza, porque creo que lo que hay allí es otra cosa. Lo que hay allí es belleza. La gente del Candeal es más rica que la de muchos otros sitios. Los niños son más felices que los niños de cualquier urbanización rica europea. Cuando los ves por la calle, jugando, bañándose en la fuente, tocando tambores, dices, ‘que mala es la vida de un niño europeo, cómo se lo pasaría de bien con estos’
El proyecto social de Carlinhos nació a mediados de los 90. Cuando empezó a destacar como compositor y músico, la muerte de varios amigos en redadas policiales le convenció de que, gracias a la música, él podía seguir contándolo, así que decidió ayudar a sus vecinos, a los niños, a los habitantes de Candeal, compatiendo su pasión por la música, por el ritmo, por la percusión.
Ahora, sabemos que el proyecto social creado por el artista sigue muy vivo y que Pracatum, la escuela de música que fundó, la única de música popular de Brasil, forma, cada año, a más de 1.000 jóvenes.
Carlinhos Brown, su música y su herencia social están muy vivos, dejemos que vuelva a colarse en nuestras vidas.

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