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Un cohete amarillo que salva vidas

5 julio 2011 - 21:45 - Autor:

Juan Carlos Arnanz en los ensayos del concierto de Voces del pasado 12 de junio. Foto: Voces para la Paz.

“La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos…” A Jack Kerouac (autor de la novela En el camino y de la cita anterior) le hubiera gustado Juan Carlos Arnanz. En más de una hora de conversación, el fundador de la ONG Voces para la Paz viaja de un tema a otro, de un hilo al siguiente, atropellado por la pasión y la emoción.

Yo le sigo, olvidando el guión de la entrevista, dejándome guiar por los cohetes amarillos que hace saltar por los aires al hablar. Juan Carlos tiene 55 años y está preocupado: acaba de prejubilarse, tras más de 37 años en Caja Madrid, ahora va a tener todo el día para pensar en Voces para la Paz, y le da un poco de miedo. Antes desconectaba mientras atendía a los clientes de su oficina de Francisco Silvela, en Madrid. Ahora ya no podrá desconectar. Y eso le preocupa a él y a su familia: “Yo no vivo”, afirma con una sonrisa diáfana, sincera, de 180 grados, lo que te hace dudar de la afirmación anterior.

Juan Carlos Arnanz lleva desde el 98 “enganchado” a una adicción muy potente: salvar vidas.

Todo empezó con una promesa: dejar de fumar. Corría el año 92 y Juan Carlos convirtió la nicotina en ayuda. Cada día, al llegar a casa, guardaba los 120 pesetas de la cajetilla de Ducados que no había gastado en una caja “solidaria”, estaba reuniendo dinero para ayudar a una familia, a unos amigos que estaban pasando una mala racha.

Cuando reunió el dinero suficiente, no paró. Y llegó el día.

Después de ayudar a estas personas, seguía echando dinero… Y con ese dinero, en el 98, el 14 de abril, en un momento de rebeldía o lo que sea, decidí llamar a mis amigos los músicos para hacer un concierto solidario.

Juan Carlos también fue cantante profesional, “bajo” en el Coro de la Comunidad de Madrid; pero, a la hora de elegir un camino, eligió seguir el de la caja de ahorros y convertir su pasión por la música en un arma de solidaridad. Así, en el verano del 98 reunió en el Teatro Monumental  a 140 amigos de varios coros y los tres millones de pesetas recaudados los destinó, íntegros, a Médicos sin Fronteras para atender a las víctimas del Huracán Mitch. Así nació Voces para la Paz.

Aquel proyecto que surgió para un concierto, para una ocasión especial, sin más pretensiones, lleva en pie más de 13 años. Más de 13 años organizando conciertos en los que cientos de músicos se reúnen para, con el dinero conseguido, apoyar proyectos de cooperación en países pobres. Pero Voces es más que eso, hay varios aspectos que lo convierten en un proyecto único.

Juan Carlos asegura que en Voces para la Paz ninguno de los participantes en los conciertos cobra un solo euro. Por otro lado, es tal el volumen y la calidad de los componentes que su contratación sería costosísima, casi impagable.

En Voces se hace gratis lo que nunca se podría pagar.

Los conciertos son celebraciones, auténticas fiestas, tanto para el público, como, sobre todo, para las orquestas y coros “es como una noche de bodas para los músicos: lloran, bailan, vibran…”. Según cuenta, la de músico es una carrera muy competitiva y con egos bastante elevados, pero en Voces todo eso queda en un segundo plano.

Dos “testigos” me confirman todo lo que me cuenta con tanta pasión Juan Carlos.

Un momento del concierto del pasado 12 de junio. Foto: Voces para la Paz.

La última prueba de lo insólito del proyecto está en el último concierto, celebrado el pasado 12 de junio: 420 personas, entre músicos y voluntarios, ofrecieron un espectáculo irrepetible a más de 2.000 personas (ahora está preparando el CD y el video). A Juan Carlos se le amontonan decenas de instantes de aquel día, aquí va uno.

Este año se ha compuesto una Amazing Grace… Le dije a un amigo, Pedro Villaroig, un compositor, que hiciera un arreglo, quería que fuera la última pieza y un símbolo de la lucha contra la esclavitud. Quería un gaitero, una gaita, en medio del escenario…. Luego se le juntaron las cuerdas, luego empieza el coro, con cuerdas y metales… y luego más de 22 gaitas por los laterales y, al final, un coro de 280 voces… Era un símbolo de la lucha contra la esclavitud, y la música se tenía que expandir, igual que esa lucha, que no se acaba cuando desaparecen los grilletes…

Juan Carlos vibra cuando habla de música y de cómo prepara los conciertos durante todo el año para que el resultado marque la diferencia, para que siempre supongan un reto para los músicos, para que la motivación sea doble: ayudar a los demás y ayudarse a sí mismos.

Lo fácil es la quinta de Beethoven, el réquiem de Mozart… eso lo sabe todo el mundo, está escrito…eso lo hace todo el mundo. Con eso consigues un concierto bonito, ¡qué bien suena!, pero el músico no ha hecho nada, no ha sentido, el público no ha visto nada especial… pero, ¿qué hemos hecho? ¿hemos salvado vidas? No hemos hecho nada especial, no hemos puesto el sentimiento que requiere.

¿Cómo se recluta a 400 músicos para que se impliquen hasta la médula en un proyecto así? Juan Carlos, este año, ha recorrido todas y cada una de las orquestas y de los coros, con este mensaje:

Señores, en Níger hay 5.000 personas que no tienen acceso al agua, el 15% de los nacimientos son mortales…Si nosotros hacemos pozos para 5.000 personas  va a llegar algo de agricultura, sanidad, educación y escuelas. El que quiera salvar vidas, que se apunte. El que no, no tiene derecho a la discrepancia. No tiene por qué venir.

Él cree ciegamente en la música y en el trabajo de los músicos.

Después del último concierto me decía un fagotista que había aprendido a tocar con un nudo en la garganta. Es frecuente ver a los músicos llorar… en el último concierto, al terminar, le dije al público “Les habéis aplaudido como músicos, pero eso lo tienen todos los días. Por favor, aplaudidles como buenas personas”. Ahí estaban los compañeros llorando. Esa concienciación de que su trabajo vale para algo es lo que marca la diferencia . Y lo que diferencia otros conciertos solidarios de este. La vida de 5.000 personas dependía de ese fagotista… Él podrá decir: si no voy, no pasa nada. Sí pasa, pasa que no está tu fuerza ni tu espíritu…Nos salió un Oboe de Gabriel que alucinas…

También cree en las ONG y ha podido comprobar sobre el terreno, con Ayuda en Acción, los resultados de uno de los proyectos para los que colaboró Voces.

Estoy hasta las narices de que la gente diga “Uy, las ONG…”. Yo les pregunto, “¿Hay alguna buena? Sí alguna… Bueno, pues da en esa”. Siempre encontramos argumentos para no implicarnos.

El torbellino no cesa, Juan Carlos encadena temas como si estuviera en una Jam Session. Cuando le pregunto por el futuro de Voces confiesa que está cansado, que no tiene vida, que no puede seguir así, pero al minuto siguiente abre los ojos al explicar que el 12 de junio tocaron el “Americanos” de Bienvenido Mr Marshall y que  sacaron a unos bailarines para hacer El lago de los Cisnes y que el coro al completo bailó y vibró con West Side Story

El corazón le dice una cosa, y la cabeza otra; pero me temo que quién manda es el corazón, por ahora

Juan Carlos se pasa varios meses cuadrando las agendas de todas las orquestas y coros, preparando el programa, gestionado los permisos, las licencias (por cierto, en el último concierto la SGAE no cobró nada), los arreglos. Cuando se acerca la fecha hay que cerrar el programa, los patrocinios para cubrir los gastos (alquiler teatro, producción CD…) y que la recaudación vaya íntegra a los proyectos (este año, a la ONG Acción contra el Hambre). Y todo lo hace este hombre-orquesta. Se nota que le cuesta delegar, pero, al menos, se deja ayudar, sobre todo por familiares y amigos. Y luego está la colaboración de instituciones como la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid, esencial para el proyecto, según Juan Carlos.

Después de cada concierto se le pasa por la cabeza parar, descansar, pasar el testigo, pero enseguida empieza a diseñar un nuevo concierto, ahora ya está pensado en uno para la Navidad de 2012. Tiene claro que, tras el bombazo de este año, lo siguiente tiene que ser distinto.  El réquiem de Juan Carlos Arnanz está todavía muy, muy lejos. Y como lo suyo es innovar, buscar propuestas originales para cada nuevo proyecto, ahí va una sugerencia para la Navidad de 2012: Happy Xmas, de John Lennon.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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