Masoquismo, remordimiento y miseria africana

Foto del post "Negro rico, negro pobre". Bauleni Banda. Chikandwe Village, Malawi. Foto: Duncan McNicholl
Los africanos se quejan, con razón, de nuestro apetito por contar las miserias de su continente, de nuestra insaciable voracidad para convertir en noticia todo lo que resulte morboso, catastrófico o exótico.
En la edición digital de El País la noticia más leída habla de una práctica que mutila a las mujeres de Camerún, miles de personas lo hemos compartido en redes, con estupefacción, seguramente murmurando el clásico “Qué barbaridad!!”. También nos indignamos cuando Jon Sistiaga escribió el Blancos de la Magia Negra o cuando el blog 3500 contó la persecución a los gays en Uganda.
¿Merece África que solo saquemos toda su miseria?
Ahora bien, cuando se producen crisis como la del Cuerno de África nuestro enfoque periodístico suele llevar una gran carga de remordimiento, quizás es la herencia católica o quizás no, pero lo cierto es que solemos aprovechar para flagelarnos y expiar nuestros pecados. Saltan las alarmas del confesionario, bendecimos a los pobres africanos, que ya están sufriendo bastante, y nos damos unos cuantos latigazos: maldecimos nuestra política exterior y nuestra falta de compromiso.
Somos responsables, sí, seguro, de la suerte de esos millones de personas hambrientas, pero, ¿Y los gobiernos africanos? ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Y los millonarios africanos? ¿Los líderes de opinión, cantantes, artistas? ¿Qué están haciendo? Muy poco.
Y los medios españoles que conseguimos tanta atención con el folclore gore africano, ¿hablamos de ello? ¿profundizamos en los problemas de esos países?
Pero el ser humano siempre prevalece. Cuando ya toda la esperanza en los gobernantes ha muerto, solo queda confiar en los ciudadanos, en los movimientos espontáneos, en las personas y en algunas organizaciones sociales capaces de aglutinar sueños y resultados.
Hace unos días, el músico senegalés Youssou N’Dour visitaba el campo de refugiados de Dadaab y decía.
Sólo vemos occidentales, los africanos no están aquí, eso es triste. Todo depende de nosotros para ayudar, para mostrar a nuestros hermanos, a nuestra gente que nosotros también estamos aquí. Tenemos un montón de gente conocida en África, artistas y deportistas para movilizar a todo el mundo y para que estos niños sientan que África está detrás de ellos.
N’ Dour es uno de los líderes del movimiento Africans Act 4 Africa, que busca presionar a los gobiernos para que actúen y se comprometan a responder ante la hambruna. ¿Qué han hecho hasta la fecha los citados gobiernos?
El ridículo. A finales de agosto una conferencia de donantes de la Unión Africana comprometió 350 millones de dólares, pero se desveló el pastel: 300 eran del Banco Africano de Desarrollo y solo 46 eran dólares contantes y sonantes, aportados por tan solo 21 de 54 países. Más, tres países, aportaban 20 de esos 46: Argelia (10), Angola (5) y Egipto (5).
El futuro no es muy alentador, sobre todo tras leer este demoledor artículo de Katy Migiro/Alertnet, en el que retrata una nueva reunión de donantes que se acaba de celebrar en Nairobi.
Parece que tanto los africanos, como nosotros, los occidentales, tendremos que seguir agarrándonos a esas historias ya casi legendarias de los niños milagro africanos (otro gran cliché). Si desde hace unos años todos hablamos del chico del molino de viento, ahora ya tenemos un nuevo héroe al que adorar, Andrew Adansi-Bonnah, un niño de Ghana que, con 11 años, ha recaudado más de 6.000 dólares para las víctimas de la hambruna.
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