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Esclavas a la vuelta de la esquina

23 septiembre 2011 - 11:16 - Autor:

* Hoy, con motivo del Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres, escribe el post una autoridad en España en la problemática de la trata de personas. Susana Fernández ha sido Responsable de Campañas en Amnistía Internacional y Directora de Movilización en Médicos del Mundo. Ahora, Susana asesora a diversas organizaciones que luchan contra la trata y trabaja haciendo lobby para conseguir cambios legislativos que mejoren la vida de estas mujeres. Puedes seguir a Susana en Twitter.

Prostitutas en la Unidad Móvil de la ONG Médicos del Mundo en Madrid. Foto: Médicos del Mundo

Cuando explico que trabajo sobre esclavitud moderna en España, la mayoría de la gente se sorprende y la pregunta es rápida: “Pero, ¿existe esclavitud en España?”.

Yo explico que sí, que hay muchas personas en situación de esclavitud o en situaciones cercanas a la esclavitud, que suelen ser personas extranjeras, inmigrantes víctimas de engaño, coacción o forzados a realizar un trabajo sin la libertad para dejarlo.

Pero cuando explico que muchas son mujeres explotadas sexualmente, parece que entonces lo ven con mayor claridad, y la sorpresa inicial se relaja. “¡Ah, ¿te refieres a la trata de blancas?”. Esto les parece preocupar mucho menos. Quizás porque les suene a algo tan antiguo como inevitable.

El término “Trata de blancas” viene del siglo XIX cuando mujeres europeas eran llevadas con fines de explotación sexual a Asia y África. En el año 2000 Naciones Unidas definió el fenómeno de la trata de personas por primera vez, y lo hizo dentro del marco de la lucha contra el crimen organizado.

Desde entonces, el término trata de personas ha ido calando muy poco a poco en leyes (hasta diciembre de 2010 no se introdujo en el Código Penal como delito en España), planes y cifras de los gobiernos. Pero dudo mucho que la población haya entendido qué quiere decir esa palabra nueva usada para designar algo tan antiguo como la esclavitud.

¿Por qué no hablar entonces de esclavitud, en este caso de esclavitud sexual?

En España la prostitución está asumida y normalizada, ocupamos el tercer puesto en cuanto a cantidad de hombres que pagan por sexo (el 34%, solo detrás de Tailandia y Puerto Rico, según cifras de Naciones Unidas).

Europeos cruzan los Pirineos para acceder a macroprostíbulos de Cataluña, y los principales diarios anuncian la venta de cuerpos a domicilio, sin los escrúpulos de género que hacen gala en sus artículos. Lejos de juzgar la prostitución como una opción libre, es necesario denunciar que la realidad mayoritaria que existe detrás de toda esta industria del sexo es muy cercana a la esclavitud.

Hubo un tiempo en los 80 y 90 que las que hacían la calle eran españolas, muchas con dependencias de drogas y alcohol, otras lo hacían por necesidad económica. En 1998, algo cambió radicalmente el panorama de la prostitución en España. Llegaron mafias del este con mujeres nuevas, desplazaron a las de toda la vida a la fuerza. A la fuerza significa con amenazas y palizas, hubo hasta muertas.

En menos de un año la oferta de sexo de pago se modificó completamente y no sólo por la oferta exótica de la nuevas mujeres (más del 90% de las mujeres que ejercen prostitución son extranjeras en España). Lo que verdaderamente cambió fue la organización de esa oferta. Dejando atrás esa figura “romántica” (si es que alguna vez lo fue) de mujeres que acababa por dedicarse a vender su cuerpo bajo la protección y el abuso de su chulo.

El chulo pasó a convertirse en una mafia, o un grupo más o menos organizado, incluidos familiares que atraídos por un negocio rápido y sin demasiados riesgos proliferaron en España.

Creo que parte del problema es que no es tan fácil entender en qué consiste este negocio, porque ya no podemos hablar de proxenetismo, no es un chulo que gana un tanto por ciento con una mujer que ha emigrado a España.

No, esto no tiene que ver con eso, esta historia tiene que ver con engañar a personas, a las mujeres de países más pobres, que sueñan con mejorar sus vidas y las de sus familias en un país con más posibilidades.

Tiene que ver con personas que se aprovechan de esta situación para atraerlas como moscas, y engañarlas con ofertas de empleo. De una organización que se encargan de arreglar y de costear el viaje y pasar la frontera. De mujeres que al llegar a España descubren que han contraído una deuda y que sólo hay una forma de saldarla. No conocen a nadie, a veces no conocen la lengua, ni sus derechos y desconfían de la policía. Pero saben que las mafias sí conocen a sus familiares, saben que si no pagan les podrán hacer daño. Y después de un tiempo acceden, por miedo, por desesperación, por vergüenza. Otras simplemente son obligadas por la fuerza. Todas ellas son de una u otras manera esclavas.

¿Sabes dónde está la calle Montera? Sí, justo en el centro de Madrid. Día y noche decenas de mujeres ejercen la prostitución, a veces son sólo niñas (menores de 18 años). Por estar ahí, expuestas mucha gente cree que están porque que quieren, que así se ganan la vida. Sin embargo, la realidad es bien distinta, un sofisticado entramado de control y deuda las tiene sujeta a esa esquina de una manera incomprensible a la vista del transeúnte.

Déjame que te cuente la historia de Elisa, de Rumanía:

El novio de Elisa le rompió varios huesos antes de venderla aquí a otros rumanos. Estuvo tres meses en la calle Montera, siendo la esclava de una compatriota. Atendía a unos 10 hombres al día, y tenía que subir con ellos a una pensión de la misma calle. Vigilada desde la otra acera, tenía que entregar lo que cobraba a su dueña. No gritó, no acudió a la policía, no llamó a su familia, demasiado miedo, demasiada vergüenza. Y nadie se percató de la situación. Todos veían a una “puta” más. Qué ¿cómo salió?, un día llamó a su tía que la animó a denunciar su situación a la policía.

Como ella, cientos, miles de mujeres son esclavizadas cada año en nuestro país. Son carne fresca para los “clientes”, son inmigrantes en situación irregular para la policía, son un problema de orden pública para los ayuntamientos, son algo indecoroso para la sociedad y son la mercancía desechable de sus explotadores.

Hoy, 23 de septiembre, es el Día Internacional contra la Explotación Sexual y la Trata de Mujeres para que prestemos atención a esta situación.

Las cifras están ahí, en 2010, 1.605 mujeres y niñas identificadas como víctimas de trata por la policía, rumanas, brasileñas, paraguayas, nigerianas, hasta 84 nacionalidades, pero estas sólo representan la punta del iceberg.

Prefiero contarte que muy cerca de ti, a la vuelta de la esquina, hay una mujer que no es libre, que quizás ha aceptado su destino, pero que es una esclava sexual. Ojala aprendiéramos a llamar a las cosas por su nombre, evitando eufemismos, para denunciar así la falta de protección de las autoridades que durante años las han tratado y las siguen tratando como delincuentes o deportándolas como inmigrantes en situación irregular.

Ojalá lograra que tras estas líneas comenzases a ver esclavas a la vuelta de la esquina.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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