Estos santos están muy vivos
El Día de Todos los Santos lo instituyó la Iglesia en honor de todos los santos, tanto conocidos como desconocidos, para compensar cualquier falta de los fieles a las fiestas durante el año.
¿Por qué esperar a la muerte para rendir homenaje a la vida de los santos? Qué mejor oportunidad para celebrar la existencia de aquellos “santos”, sacerdotes y ex-sacerdotes, que, hoy, ahora, se comportan como auténticos héroes sociales, ofreciendo su vida a los más pobres, a los abandonados, a los olvidados.
Este es un homenaje a algunos de esos “santos” en vida.
El Padre Ángel, fundador de Mensajeros de la Paz, es un todoterreno de la solidaridad. Hace unas semanas estaba en el Cuerno de África, hace unos meses en Haití, mañana, dónde haya una injusticia.
Desde 1962 trabaja por la gente más indefensa, por los niños abandonados, por las mujeres maltratados, por los ancianos solos, por los miles y miles de personas que viven en la extrema pobreza en Irak, Benin, Senegal, Haití…Su filosofía de trabajo tiene mucho que ver con esto “No me atrevería a mandar a alguien a un país si no voy yo. Hay que asegurar a las personas que van”.
Crítico con la Iglesia y con el poder, amigo y admirador de Felipe González (el mejor presidente de la democracia, afirma) y vinculado estrechamente a Ana Botella (presidenta de honor de su ONG), su misión está más allá de la religión, la política y cualquier interés.
Con la misma, o más, experiencia vital a sus espaldas, y la misma dosis de “disrupción”, el padre Jaime Garralda es, con 90 años, un militante activo de la justicia social. Hace más de 40 años empezó ayudando a los presos, a los drogadictos, a los enfermos de SIDA, y hoy sigue igual, junto a ellos, luchando para que salgan adelante
Si le quitas a un hombre la posibilidad de prosperar o de una formar una familia, le estás quitando todo…
Creador de la ONG Horizontes Abiertos, Garralda sabe que cualquiera de nosotros puede hacer algo por los demás.
Mirar a la cara a los marginados. Lo más triste y doloroso para un sin techo, para un drogadicto, es que apartemos la mirada, que le ignoremos.
Tras casi 20 años en Sierra Leona, rehabilitando niños soldado, Chema Caballero, volvió a Madrid para hacer un paréntesis, pero parece que, ahora, militará por y para África, sin ninguna vinculación a la orden de los javerianos, con los que ha ejercido más de 25 años. El pasado 25 de octubre, Chema anunciaba en su blog que estaba en Roma para despedirse.
Dejo de ser religioso, dejo de ejercer el sacerdocio, sigo trabajando por y para África.
Chema continúa “Ahora me encuentro solo y sin red: sin haber cotizado a la Seguridad Social, sin trabajo fijo, sin futuro, pero lleno de esperanza y de ilusión”. Seguro que Chema encuentra nuevos aliados en su camino, igual que lo hizo José Carlos Rodríguez Soto.
José Carlos pasó 20 años de “misión” en Uganda, con los combonianos, literalmente “salvando la vida” a muchas personas. Cuando le entrevisté me contaba que, cada noche, le asaltaba un dolor en los hombros, el mismo dolor que sufría cada día en Uganda, al anochecer, cuando acechaban los grupos de criminales para matar o secuestrar. Al igual que Chema, tras medio vida dedicada a la misión, se quedó solo, sin Seguridad Social, sin historial laboral.
Desde hace unos años sigue trabajando por África a través de la ONG Red Deporte y Cooperación. Otro “santo” que ha preferido dejar el sacerdocio.
Con Pedro Meca tuve una conversación telefónica de apenas una hora, hace ya un año, pero sus palabras todavía suenan en mi cabeza: “La vida en la calle anuncia una muerte prematura”, “La gente sale sola, no lo hace gracias a nosotros”, “La gente arma revuelo cuando alguien muere, no cuando vive”, “Estamos borrachos de prejuicios”.
Este dominico navarro es un ángel para los sin techo de París, para los que creó “La Moquette”, una suerte de centro cultural, y para los que trata de buscar oportunidades laborales. Además, Pedro es capaz de juntar en la misma mesa, en una misma noche, la de Nochebuena, a decenas de pobres y de no pobres.
Nicolás Castellanos, obispo emérito de Palencia, dejó su puesto en la jerarquía de la Iglesia para viajar en 1992 hasta Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, donde ha puesto en marcha, en el Plan 3000, una zona de la ciudad, un proyecto social y educativo que ha cambiado la vida de muchas familias.
Igual de transformador que el proyecto de Nicolás en Bolivia, es el de Kike Figaredo en Camboya, en la ciudad de Battambang. Conocido como el “obispo de la silla de ruedas” por su labor de ayuda a las personas con discapacidad, Figaredo, jesuita, llegó a Camboya en 1985 y ha sido un reconocido activista contra las minas antipersona, además del creador de varios centros y proyectos sanitarios y de educación.
Garralda, el padre Ángel, Figaredo, Caballero, Pedro Meca, Rodríguez Soto, Castellanos y, seguro muchos otros que no son tan conocidos, son auténticos héroes, “Santos” para las decenas, miles de personas a las que han protegido y ayudado. Hoy es una buena ocasión para acordarnos de ellos y, si procede, rezar para que sigan vivos mucho tiempo.













