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Conchita Galdón, franquiciando un futuro mejor para los inmigrantes

28 marzo 2012 - 5:24 - Autor:

Conchita Galdón en el Hub

‘La mayoría del tiempo estás tú solo, sí, la gente te dice que es muy bonito lo que haces, “qué buen hobbie!”. No entienden que es lo que profesionalmente quieres hacer. Estás un poco solo. Cuando te juntas con otros emprendedores es distinto.”

Conchita Galdón acaba de recibir el Premio Jóvenes Emprendedores Sociales de la Universidad Europea de Madrid (UEM) por su proyecto Puentes Global, “franquiciando un futuro mejor”, una iniciativa que pone en contacto a franquicias y a migrantes con espíritu empresarial que quieren volver a su país con un proyecto de vida en la maleta.

Cuando hablamos, Conchita todavía está bajo el efecto de la adrenalina que provoca haber compartido una semana con otros nueve emprendedores sociales, aprendiendo, compartiendo, haciendo terapia y, finalmente, recibiendo un homenaje y recon0cimiento público en el Hub, en Madrid.

La marca “emprendedor social” intenta abrirse paso en nuestro país, pero todavía no tiene el cobijo de una figura legal ni de un ecosistema que lo proteja. Iniciativas como esta de la UEM o como Momentum Project intentan romper el hielo, pero lo cierto es que en España todavía nos aferramos al modelo clásico de organización sin ánimo de lucro. ¿Qué es lo que necesitan los emprendedores sociales, qué reclaman para poder implantarse y crecer?

Que se cree el espacio en las mentes de la gente. Hay una polarización entre empresas y ONG, se miran con resquemor entre ellas y a nosotros nos acaban mirando mal desde los dos lados. Hace falta una figura legal real, pero debe estar basado en un espacio real, reflejar un espacio real en la mente de las personas.

Conchita está tratando de innovar en un sector abonado a los prejuicios: la inmigración. Puentes global, creada bajo la forma jurídica de Fundación, se define como “una agencia especializada en movilidad internacional enfocada en generar oportunidades para emprendedores y trabajadores a nivel global”, con una misión clara “aliviar situaciones socioeconómicas desfavorables”. Y uno se pregunta cómo llega esta licenciada en económicas de 29 años, Máster en Harvard Kennedy School, a dedicar sus desvelos a los migrantes.

Fui a Bolivia a trabajar con niños, con 18 años. Enseñar a leer y escribir, era lo único que sabía hacer. Allí conocí a muchas familias que vivían de lo que les enviaban sus familiares que estaban en España y vi la otra cara de la migración, lo importante que son para sus comunidades las personas que migran.

Cuando volví a España empecé a trabajar en un proyecto en Puente de Vallecas, un proyecto de prevención de riesgo social con adolescentes; les dábamos apoyo escolar en sus casas y allí enlazábamos mucha conversación con los padres, era una barriada de realojo y aestábamos muy metidos en sus vidas. Algunas familias eran migrantes y, de repente, me causó shock ver el otro lado.

Contrasta la vida tan difícil que tienen aquí, ver gente supertrabajadora, entregada, muy preocupada por sus hijos, porque estudien, gente muy acogedora. Fue un contraste con lo que escuchaba fuera que se decía sobre los migrantes, gente que trabajaba 12 horas, ¿cómo es posible que luego salgo y me dicen que los inmigrantes vienen a chupar del bote? Pero, ¿quién es esta gente? Yo no les conozco. Me removió. A partir de ahí orienté mis estudios en este colectivo.

Así que ahora Conchita está empeñada en conseguir que el inmigrante que quiere volver a su país lo haga como un triunfador, llevando consigo una franquicia, un modelo de negocio de probado éxito que sea exportable y escalable en el país de origen de los migrantes. Llegados a este punto, si quiero volver a mi país con una franquicia, cómo actuó. Conchita lo explica.

Si contactas con nosotros porque hemos ido a tu asociación y ya has visto una presentación, irás directamente al taller de franquicias. Si contactas de forma directa, porque alguien te ha hablado de nosotros, seguramente tengamos una entrevista personal, tomaremos un café y nos contaremos la vida, en qué situación estás, porqué quieres volver, cuándo, tte informaremos del programa y te invitaremos a participar en la comunidad.

A tener en cuenta: debes tener espíritu empresarial y cierta formación, además de capacidad financiera. El coste máximo del canon de la franquicia y de la inversión está en 10.000 euros. Conchita explica que su papel también es moderar, frenar más que empujar.

Nos hemos dado cuenta que es bueno tener una comunidad a modo de sala de espera, darle a la gente los tiempos necesarios porque es una decisión muy importante, te vas a gastar los ahorros de tu vida para comprar una franquicia y vas a renunciar a tu sueño migratorio para volver arraigarte en tu país. Es una decisión muy grande como para pedirle a alguien que  de un mes al siguiente lo haga.

Ahora mismo tienen una empresa franquiciadora, que se dedica a las comunicaciones, y cuatro personas con la capacidad económica y la decisión para empezar una nueva aventura. En este proceso, Puentes Global ya ha allanado el camino, generando un modelo de contrato justo, supervisado por un despacho de abogados, y está trabajando en la búsqueda de contrapartes, socios locales, en varios países latinoamericanos.

Su modelo de negocio es cobrar a la empresa franquiciadora, las empresas financian los servicio que se ofrecen a los migrantes. Por ahora, Puentes Global solo tiene gastos, los ingresos los ponen premios como el de la UEM y el sueldo de Conchita en el Instituto de Empresa, institución que también cede instalaciones y salas de reuniones a Puentes Global.

Conchita está decidida a convertir Puentes Global en un proyecto de impacto, en un agente de transformación, Conchita quiere marcar la diferencia, ella es portadora de un virus muy contagioso, el virus QCEM, también conocido como “Quiero cambiar el mundo”. Os mantendremos informados de la evolución de la epidemia.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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