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Masoquismo, remordimiento y miseria africana

13 septiembre 2011 - 23:12 - Autor:

Foto del post "Negro rico, negro pobre". Bauleni Banda. Chikandwe Village, Malawi. Foto: Duncan McNicholl

Los africanos se quejan, con razón, de nuestro apetito por contar las miserias de su continente, de nuestra insaciable voracidad para convertir en noticia todo lo que resulte morboso, catastrófico o exótico.

En la edición digital de El País la noticia más leída habla de una práctica que mutila a las mujeres de Camerún, miles de personas lo hemos compartido en redes, con estupefacción, seguramente murmurando el clásico “Qué barbaridad!!”. También nos indignamos cuando Jon Sistiaga escribió el Blancos de la Magia Negra o cuando el blog 3500 contó la persecución a los gays en Uganda.

¿Merece África que solo saquemos toda su miseria?

Ahora bien, cuando se producen crisis como la del Cuerno de África nuestro enfoque periodístico suele llevar una gran carga de remordimiento, quizás es la herencia católica o quizás no, pero lo cierto es que solemos aprovechar para flagelarnos y expiar nuestros pecados. Saltan las alarmas del confesionario, bendecimos a los pobres africanos, que ya están sufriendo bastante, y nos damos unos cuantos latigazos: maldecimos nuestra política exterior y nuestra falta de compromiso.

Somos responsables, sí, seguro, de la suerte de esos millones de personas hambrientas, pero, ¿Y los gobiernos africanos? ¿Cuál es su responsabilidad? ¿Y los millonarios africanos? ¿Los líderes de opinión, cantantes, artistas? ¿Qué están haciendo? Muy poco.

Y los medios españoles que conseguimos tanta atención con el folclore gore africano, ¿hablamos de ello? ¿profundizamos en los problemas de esos países?

Pero el ser humano siempre prevalece. Cuando ya toda la esperanza en los gobernantes ha muerto, solo queda confiar en los ciudadanos, en los movimientos espontáneos, en las personas y en algunas organizaciones sociales capaces de aglutinar sueños y resultados.

Hace unos días, el músico senegalés Youssou N’Dour visitaba el campo de refugiados de Dadaab y decía.

Sólo vemos occidentales, los africanos no están aquí, eso es triste. Todo depende de nosotros para ayudar, para mostrar a nuestros hermanos, a nuestra gente que nosotros también estamos aquí. Tenemos un montón de gente conocida en África, artistas y deportistas para movilizar a todo el mundo y para que estos niños sientan que África está detrás de ellos.

N’ Dour es uno de los líderes del movimiento Africans Act 4 Africa, que busca presionar a los gobiernos para que actúen y se comprometan a responder ante la hambruna. ¿Qué han hecho hasta la fecha los citados gobiernos?

El ridículo. A finales de agosto una  conferencia de donantes de la Unión Africana comprometió 350 millones de dólares, pero se desveló el pastel: 300 eran del Banco Africano de Desarrollo y solo 46 eran dólares contantes y sonantes, aportados por tan solo 21 de 54 países. Más, tres países, aportaban 20 de esos 46: Argelia (10), Angola (5) y Egipto (5).

El futuro no es muy alentador, sobre todo tras leer este demoledor artículo de Katy Migiro/Alertnet, en el que retrata una nueva reunión de donantes que se acaba de celebrar en Nairobi.

Parece que tanto los africanos, como nosotros, los occidentales, tendremos que seguir agarrándonos a esas historias ya casi legendarias de los niños milagro africanos (otro gran cliché). Si desde hace unos años todos hablamos del chico del molino de viento, ahora ya tenemos un nuevo héroe al que adorar, Andrew Adansi-Bonnah, un niño de Ghana que, con 11 años, ha recaudado más de 6.000 dólares para las víctimas de la hambruna.

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26 julio 2011 - 12:45 - Autor:

Campo de refugiados de Dadaab, Kenia. © Aisha Dodwell / MSF

Sí, el titular de este post es un número de cuenta bancaria. En concreto pertenece a Médicos sin Fronteras y es una de las múltiples opciones que ofrece la entidad para hacer un donativo y ayudar en la lucha contra la hambruna en el Cuerno de África. Nunca en la historia ha sido tan fácil hacer una transferencia de dinero, nunca ha sido tan fácil ayudar sin tener que mover apenas un dedo, un click. Merece la pena.

“Toda la culpa es de los gobiernos y del sistema capitalista, de los bancos, de las grandes empresas alimentarias”, “No hay nada que hacer”, “La ayuda se pierde”… son letanías típicas que todos escuchamos y muchos pronunciamos cuando acontecen estas crisis humanitarias.

Es lógico, los grandes expertos en marketing para conseguir fondos siempre dicen que el ser humano se siente impotente ante desafíos de esta magnitud, no se ve capaz de aportar algo relevante, la dimensión de la catástrofe le supera y no es capaz de ver la relación directa entre su ayuda y el beneficio que produce. Por eso funcionan también las campañas de apadrinamiento: desde el primer momento tienes claro el resultado de tu colaboración.

Las grandes catástrofes, en cualquier caso, siempre despiertan el instinto solidario y compasivo del ser humano. Eso sí, siempre y cuando los medios de comunicación apuesten por convertir la información en un servicio humanitario. No vale con abrir un informativo o darle un lugar destacado un día y abandonar la historia al siguiente. En Haití, la atención mediática fue constante y los resultados de donación fueron espectaculares.

Con el Cuerno de África, la semana pasada alcanzamos el clímax de relevancia: la iniciativa lanzada por el blog 3500 millones llevó el hashtag “AyudaAfrica” a ser “Trending Topic”, el nuevo paradigma de la teoría de La Espiral del Silencio, incluso un periódico en papel, ABC, dedicó su portada a Somalia.

Ahora, la cuestión es “convertir” esa ola de incidencia mediática en ayuda contante y sonante y, por supuesto, indagar en las causas de semejante tragedia para saber si tiene solución y si esto es un bucle que se repetirá como un estribillo, cada dos estrofas.

Lo de “convertir” es, como decía al principio, muy sencillo. Es un acto de fe hacia el trabajo serio, constante y sacrificado de la organización que elijamos. Es importante saber que aquel que dice “la ayuda nunca llega” o “las ONG…” es alguien que, al 99%, nunca ha ayudado ni tiene pensado hacerlo. Esa frase es su auto justificación. Pero hay mucha gente que sí está ayudando, colaborando con las organizaciones que están trabajando sobre el terreno, desde Canalsolidario han hecho un magnífico trabajo para recopilar toda esa información y que así puedas elegir.

Un niño toma Plumpy Nut

Solo una razón para terminar de convencerte de que merece la pena ayudar y de que tu esfuerzo sí tendrá una recompensa, ¿te acuerdas del Plumpy nut? Es un producto hecho a base de crema de cacahuete que utilizan las agencias humanitarias para salvar a los niños que sufren desnutrición severa. ¿El coste de un tratamiento completo? 10 euros. 10 euros que salvan la vida de un niño. 10 euros, el precio de un menú del día, de una entrada del cine, de un libro… 10 euros.

Echa un vistazo a este video de Acción contra el Hambre desde Mogadiscio (capital de Somalia) y verás qué están comiendo los niños.

En cuanto a las causas. Bien, aquí el asunto se complica. Lo más lógico es acudir a los que mejor conocen la trayectoria y situación actual de la zona. Por ejemplo, Marta Arias, de UNICEF, en el blog 3500

Es un recurso fácil el de acusar a las organizaciones humanitarias de tremendistas. También se ha hecho cuando hemos hablado del impacto del cambio climático sobre las sequías en Africa (recordemos que la que ahora padece la región es la peor en los últimos 60 años), o de cómo la crisis financiera en el norte estaba opacando el terrible drama de la crisis alimentaria y la escalada brutal del precio de los alimentos en algunos de los países más pobres (en algunas zonas de Somalia el precio de alimentos básicos ha subido hasta un 270% en tan solo un año).

Es decir, tenemos ya dos factores: sequía y precio de los alimentos. El primer punto es difícil de controlar por el ser humano. El segundo, no. La campaña Crece de Intermón/Oxfam nos da más pistas sobre el segundo punto. También Gonzalo Fanjul, editor del blog 3500, relexionaba hacer poco sobre la responsabilidad de los mercados e instituciones financieras. Añade algunas claves más el post “El negocio del hambre“, que recoge información de varias fuentes acreditadas.

The Guardian, a través de una de sus firmas, introduce dos variables más: la guerra, incluido el hecho de que Somalia es uno de los países protagonistas de la “Guerra contra el terrorismo” de EE.UU; y la desaparición de los pastores nómadas, marginados por los gobiernos de los países africanos y arrinconados por las grandes extensiones de cultivo y los parques nacionales. John Vidal nos recuerda que en 2008, el Director del Programa Mundial de Alimentos anunciaba un “tsunami silencioso” para avisar sobre las crisis alimentaria.

Con este escenario, la sensación es que la ayuda de emergencia aprobada por el Banco Mundial será un alivio, desde luego, pero no impedirá que, dentro de uno o dos años, se produzca una nueva hambruna.

¿Qué nos queda a los ciudadanos de a pie? Seguir confiando en las organizaciones sin ánimo de lucro que salvan vidas y sumar nuestra voz a la de otras muchas personas para reclamar una ayuda al desarrollo más eficiente y un compromiso real de los países ricos para rescatar del hambre a miles de personas. Quizás no estaría de más que todas las ONG que trabajan en estos ámbitos dejaran de lanzar sus campañas individuales y se uniesen todas para que el mensaje llegue más fuerte y más claro.

Estos españoles cuidan del niño africano

15 junio 2011 - 22:04 - Autor:

El Día del Niño Africano (16 de junio) es una buena excusa para que recordemos la indecente situación en la que viven millones de niños en ese continente y también para acercarnos a las historias de varios españoles que un día se propusieron luchar por un futuro mejor para esos millones de niños. Estos son algunos de ellos:

José Carlos Rodríguez Soto. Foto: ONG Red Deporte y Cooperación

José Carlos Rodríguez Soto. Este “ángel de la guarda” y ex-misionero comboniano ha pasado media vida, en el norte de Uganda, protegiendo a los niños del ataque de las guerrillas paramilitares. Hace tres años dejó el sacerdocio, se casó y ha tenido dos hijos, pero su compromiso con aquel continente y con sus jóvenes sigue al rojo vivo a través de su trabajo en  la ONG Red Deporte y Cooperación. “Se suele decir que cuando las guerras terminan en los campos de batalla se inician en el corazón de las personas”.

Angel Olarán

Ángel Olarán. Más de 18 años en Etiopía y otros 20 en Tanzania, el misionero vasco Ángel Olarán es “Abba Malaku” (Ángel de Dios) para los habitantes de la región de Tigray, en Etiopía. Allí, entre otros proyectos, trabaja para dar cobijo, sanidad y educación a más de 2.000 niños huérfanos.

El padre Olarán decía en un entrevista reciente  que le enfada la idea tan extendida en España de “ser generoso, solidarios con África”, ya que solo se puede hablar de solidaridad cuando se está en un plano de igualdad. Pero eso no ocurre, Olarán afirma que estamos expoliando África con medidas como la protección de la agricultura, que provoca la llegada de productos básicos de Europa a Etiopía cuyo precio es más barato que el de las materias locales.

Alexia, con niños del proyecto Khanimambo

Alexia Viera. La fundadora de la ONG Khanimanbo recorrió 8.000 kilómetros con 24 años para establecerse en Xai Xai, una región de Mozambique, convencida de que ella podía cambiar el futuro de muchos niños. Cinco años después, además de traer al mundo a su hija Martina, su proyecto ayuda a 200 chavales. “Sabes que no vas a cambiar el mundo, pero no puedes renunciar a formar parte del intento”.

Rafael Selas con niños de su Casa de Acogida

Rafael Selas. Hace 10 años fue a la boda de un amigo en Kenia y decidió quedarse allí, en Lamu, una pequeña isla al norte de Mombasa, para ofrecer un salvavidas a decenas de huérfanos. Empezó tirando de sus ahorros para alimentar a los niños que encontraba en la calle  y ahora ha levantado una Casa de Acogida  en la que atiende a más de 250 niños. El apoyo de la Fundación Pablo Horstmann ha sido y es fundamental en Anidan (así se llama la ONG de Rafael). “La capacidad de cambio de un niño es tan asombrosa que rápidamente vuelve a estar feliz y transmitiendo esa felicidad. No hay nada más agradecido”.

Chema Caballero. Foto: ONG Dyes/Josep García

Chema Caballero apenas necesita presentación. Hace casi 20 años empezó una lucha titánica: rehabilitar a los niños soldados de Sierra Leona. Este misionero javeriano está convencido de que no hay que tirar nunca la toalla con el ser humano, él no lo hizo en noviembre de 2009 cuando sus superiores le invitaron a pasar una temporada en España, en Madrid, tras haber entregado 17 años a Sierra Leona.

Chema ya no está allí, pero sí sigue el proyecto que puso en pie (la ONG DYES), y también sigue pendiente de aquel país y aquel continente a través de su blog. Imprescindible.

 

Paco Moreno

Paco Moreno está en Afar, 500 km al este de Addis Abeba, capital de Etiopía. Allí, a través de su ONG Amigos de Silva, trabaja en proyectos de nutrición infantil, en educación y en la creación de pozos de agua para que las mujeres y , sobre todo, las niñas, no tengan que andar kilómetros y kilómetros para abastecerse. Madrileño, de 37 años, Paco cambió un bufete de abogados de prestigio por un lugar sin agua ni luz, pero es feliz. “Vivo en una zona con unas condiciones que parecen medievales, llego a España y puedo beber agua del grifo, tengo luz todos los días. La clave está en saber disfrutar lo que tienes en cada momento”.

José Luis Guirao. Foto: La Casa de Agua de Coco

 

La Casa de Agua de Coco es el proyecto en el que José Luis Guirao lleva inmerso los últimos 16 años de su vida. Veterinario, natural de Granada y apasionado de Madagascar, donde vive, a través de La Casa alimenta el cuerpo y el espíritu de cientos, miles de niños. El cuerpo, con programas de nutrición; el espíritu, con proyecciones de cine que funcionan como material didáctico.

Si quieres conocer la historia del nombre de la ONG y la historia de José Luis, no dejes de leer la entrevista que le hice a finales de 2009.

Si conoces más españoles como ellos, que trabajan por conseguir un futuro mejor por los niños africanos, comenta en el post y colabora para rendirles un humilde homenaje.

Héroe en África, invisible en España: José Carlos Rodríguez Soto

30 marzo 2011 - 8:04 - Autor:

José Carlos Rodríguez Soto (Madrid, 1959) es una de esas personas cuya vida resulta imposible de sintetizar con justicia en una entradilla. Durante 20 años ejerció como misionero comboniano en el norte de Uganda. Allí, además del día a día del trabajo en sanidad, educación y alimentación,  participó en las conversaciones de paz entre el gobierno y el Ejército de Liberación del Señor y trabajó en el rescate de niños de la guerrilla. Pero el amor se cruzó en su vida y en 2008 dejó el sacerdocio para casarse con Margareth, una monja ugandesa, con la que ha tenido dos hijos: Mungumiyo, de tres años, y Malaika, ocho meses. José Carlos regresó a España y el primer golpe se lo llevó al comprobar que sus 20 años de lucha por la paz, la justicia y la solidaridad en Uganda eran invisibles a efectos “administrativos”, pero su carrera como periodista (imprescindible su blog En clave de África) le ha ayudado a encontrar trabajo en el sector de la comunicación en las organizaciones sin ánimo de lucro. Ahora dirige la comunicación de Red Deporte y Cooperación (sígueles en Facebook) una ONG de cooperación al desarrollo en cuyas modestas oficinas del barrio de Argüelles en Madrid ha transcurrido esta entrevista.

Pregunta. ¿Es difícil adaptarse otra vez a la vida aquí?

R. Es difícil, porque los intereses que tú tienes en África, lo que ves, el modo de vivir es completamente distinto a lo que ves aquí, como mentalidad. Como problemas, al final, los seres humanos tenemos los mismos: el que a una madre le secuestren a los niños para que combatan en la guerrilla es una tragedia, pero que un hombre que tiene su trabajo, lo pierde a los 45 años, con la hipoteca a medio pagar y tiene tres hijos, eso también es una tragedia.

El ritmo de vida, la mentalidad de África y de Europa, es muy distinto y es difícil adaptarse aquí otra vez.

P. ¿Has cambiado tus costumbres? Un voluntario de SETEM contaba aquí hace unas semanas que adquieres una serie de hábitos y llegas aquí y de nuevo te invade todo lo occidental.

R. En África la gente es pobre, pero te das cuenta de que necesitas mucho menos para vivir. Y luego lo que es cómo se plantean las relaciones humanas. Incluso en situaciones muy conflictivas, en general, te encuentras mucho calor humano, mientras que aquí es mucho más difícil de encontrar: las relaciones están marcadas por la eficiencia o por la utilidad. Adaptarse a este modo de vida es difícil.

La ventaja es que he encontrado un trabajo que me mantiene en una línea parecida a lo que he hecho antes, poder viajar a África dos o tres veces al año es un lujo, eso lo valoro más que otras cosas, como ganar más o menos, y el trabajar con gente que comparte tus intereses… eso pesa más que otras cosas.

P. Tuviste que empezar de cero después de 20 años.

R. No me dieron el paro. Si hubiera montado un puticlub en Mombasa me lo hubieran dado. Ser misionero está muy valorado socialmente, pero no tiene ningún reconocimiento a efectos de protección social, es como si hubiera estado 20 años de vacaciones. Es un tema en el que no hay presión social de ninguna clase y no creo que vaya a cambiar.

P. Y la Iglesia no va a hacer mucho para cambiarlo…

R. No tengo noticia. Tú vives allí con unas preocupaciones que son muy distintas a las que tienes aquí. Yo venía cada tres años y mi preocupación era estar con mis padres, descansar, hacerme chequeos médicos y en cuanto estaba un poquito adaptado buscar fondos para hacer el trabajo: pagar a los enfermeros del dispensario, pagar los estudios a los niños que han vuelto de la guerrilla… toda tu mente está en eso. Cuando llegué aquí, con 48 años, y me preguntaron los años que había cotizado a la Seguridad Social, yo contesté, ¿eso qué es? Había cotizado cuatro años. Si es verdad lo de que hay que cotizar 38 años para recibir la pensión, me jubilaré a los 80.

P. Te casaste, has tenido dos niños…¿te ha merecido la pena el cambio de vida?

R. Desde luego! En África una de las cosas que aprendes es a vivir más el día a día, a no estar pendiente de preocuparte sobre lo que ocurrirá dentro de 5, 10 o 15 años. Se trata de vivir hoy, de vivir mañana, de ver felices a las personas que viven contigo.

P. En tus libros, hablas de tu trabajo con niños soldado, de guerras, ¿somos capaces, desde aquí, desde la distancia, de entender lo que pasaba allí? ¿No lo vemos como algo irreal, casi de película?

R. Hay gente que sí lo entiende, pero estamos más preocupados de lo que le pasa a Belén Esteban que de si hay una tragedia en un país… En Libia sí, está muy cerca, tenemos miedo de que nos lleguen refugiados, está la cuestión del petróleo… pero en los 90 murieron cuatro millones de personas en la guerra del Congo y aquí la gente estaba más pendiente de las correrías de Clinton.

Uno de los shocks que tenía cuando venía a España era ver que yo estaba viviendo una tragedia, veía morir gente a diario, niños secuestrados, gente que huye, lo vivía día a día durante mucho tiempo y llegas aquí y nadie sabe dónde está Uganda, nadie se informa. Las guerras más mortíferas ocurren en lugares que están fuera de los intereses informativos, por lo menos en España. Si iba a Inglaterra, la gente sí estaba informada de lo que ocurría en Uganda. Pero en general son crisis que llaman poco la atención, ocurren en sitios donde no hay intereses económicos.

También tenemos  una información que no profundiza y entender una situación de una crisis o una guerra en África es complicado, es largo, hay que hacer un esfuerzo, no se adapta al esquema que tenemos de esto ocurre por una razón, estos son los buenos y estos los malos y se soluciona de esta manera.

A veces llegaban periodistas del New York Times, de BBC, Reuters, informaban, volvían a los 6 meses y me decían “Es que esta historia yo no puedo vendérsela a mi periódico, ocurre lo mismo que hace 6 meses, 1 año, 2 años”. Un día no pasa nada, mañana hay un ataque y matan a 10 personas, al día siguiente secuestran a cinco niños, dos días que no ocurre nada… Lo que se llama conflictos de baja intensidad, que atraen poco la atención.

P. Pero eso destroza la moral.

R. Sí, para mí es una satisfacción volver ahora de vez en cuando y es una alegría ver que dónde había antes un campo de desplazados ahora ya no lo hay. Entras dentro del bosque y ves a la gente en sus casitas, como era la vida hace 20 años.

P. Y eso, ¿es producto de la Ayuda Oficial al Desarrollo o es un efecto más relacionado con la paz establecida desde 2006?

R. En 2006  el gobierno y la guerrilla negociaron la paz, no firmaron un acuerdo formal de paz, pero como desde 2008 no hay guerrilla en el norte de Uganda (se trasladaron a otras zonas) la gente ha vuelto a sus casas. Es una satisfacción ver que la gente ha vuelto, que tienen libertad y pueden andar sin miedo, incluso de noche, cosa que no podían hacer en los últimos 20 años. Es un trauma lo que ha dejado eso. Aquí estamos con Memorias Históricas y han pasado 70 años, imagínate una guerra que ha acabado hace dos años

Ves mucha depresión, traumas, adicciones…Ves mucha gente, sobre todo jóvenes, bebiendo por la tarde y se están destrozando la vida. Se suele decir que cuando las guerras terminan en los campos de batalla se inician en el corazón de las personas.

P. Y todo eso te deja una huella imborrable.

R. Claro, no te das cuenta cuando estás allí. Tienes que sacar recursos de ti mismo para salir adelante, tienes una motivación muy fuerte. Te das cuenta de lo que te ha dejado la guerra cuando vuelves aquí. Yo pongo un ejemplo muy gráfico. Todas las noches la gente buscaba un sitio para esconderse, era cuando solía atacar la guerrilla. Cuando empezaba a ponerse el sol, hacia las 18:30 de la tarde, todo el mundo tenía tensión “¿Qué va a pasar esta noche?” A mí me daba dolor de hombros todos los días pensando en que puede haber un ataque, disparos, explosiones, pueden entrar en casa…

He vuelto a España y durante muchos meses, cuando llegaba el atardecer, seguía con el dolor de hombros, una cosa refleja… esa reacción la sigues teniendo, yo no puedo oír un petardo, me da la reacción de tirarme al suelo.

R. El documental de Fernando León para el proyecto Invisibles hablaba precisamente del miedo a la noche. ¿Estuviste con él trabajando?

R. Se portó muy bien, me pagó un viaje para revisar la versión final, sobre todo por el idioma, fue una experiencia bonito trabajar cuatro días con él. Le he dicho que tiene el gran mérito de que ha sabido llegar a las emociones. Es un tema muy trágico, negativo, pero lo presenta de una manera poética, bonita estéticamente, porque eso es verdad, tienes ese contraste, una guerra, una tragedia, la gente muere, sufre, escapa, pero los colores son vivos, la gente se ríe, la gente es cercana, tiene calor humano.

Te emocionan mucho unas imágenes que tiene en las que se ven rituales de acogida y de perdón de los guerrilleros que vuelven, ves a la gente cantando canciones por la paz, diciendo a los guerrilleros que vuelven a casa que ya les han perdonado. No he oído nunca a la Asociación de Víctimas del Terrorismo, a la que por supuesto tengo todo el respeto del mundo, que perdonen a los que han arruinado su vida. Lógicamente el perdón es libre, pero me llama la atención como en África tienes unas guerras muy crueles, pero la gente se sabe reconciliar, sin idealizarlo, por supuesto, también existe la venganza, pero la gente hace muchos esfuerzos por acoger… es un aspecto de África que no conocemos.

P. Y qué papel tiene el deporte en este escenario africano, ¿ayuda a rehabilitar personas, a potenciarlas, a dales una vida mejor?

R. Tenemos un proyecto muy bonito, una escuela de niños sordos. Estos niños, muchos de ellos, estaban en la calle porque los padres los ven como una maldición, llegan a abandonarlos, no se ocupan de ellos. Hay una ONG local que empezó recogiendo a estos niños y, por lo menos, recibían una educación especial. Fui hace dos años y me llamaba la atención al salir de la clase verlos, a las cinco de la tarde, sentados sin hacer nada.

La directora nos pidió ayuda y lo primero que hicimos fue, con un donativo, construir un campo de fútbol y pista de voleibol, luego mandamos balones, camisetas, un poco de dinero para que hicieran entrenamientos. Decían que era la primera vez que los niños participaban en los juegos escolares del distrito y eso ya les cambia la mentalidad, hace que tengan otros objetivos. Sube mucho la autoestima, también a las niñas, que tienen una posición social que deja mucho que desear, el hecho de que pueden hacer sus equipos y jugar les da más confianza.

P. Pero, después de todo, parece que el número de pobres en el mundo sigue creciendo. Cada vez más ayuda, más ONG, más fondos…

R. Hay dos tipos de ayuda, la ayuda que se da directamente de gobierno a gobierno, bilateral. Muchas veces los mismos funcionarios que la manejan te dicen que tienen una gran frustración porque muchas veces eso va a un fondo de corrupción y al final dices, bueno, pero no podemos romper el seguir enviando esta ayuda porque si no lo hacemos nosotros lo van a hacer los chinos, los árabes…

P. ¿Hay un juego oculto de créditos, de contrataciones, de negocios con empresas españolas..?

R. Yo he visto en Uganda material militar, camiones y “Land rover” hechos en España, de la marca Santana, y esos estaban pagados con fondos de ayuda al desarrollo, y eso es ayuda militar, y no es un secreto, ocurre en muchos países. Muchas veces, ¿por qué se da la ayuda?  ¿Malí o Senegal? Se da para que controlen la inmigración, el terrorismo…

Si la intención fuera que dejaran de ser pobres, tendríamos que cambiar, en primer lugar, las leyes económicas. Están estos acuerdos, EPA, libre comercio, sí, pero me voy a un supermercado en Kampala y me encuentro el azúcar producido en Kampala en un paquete y el producido en Italia, importando, y es más barato el italiano. Lo mismo pasa con los pollos de la Unión Europea, nosotros subvencionamos a las agricultores, a los ganaderos…

Luego está la ayuda por medio de ONG, hay de todo. Es cuestión de que el trabajo tiene que hacerse con la gente. Ir allí, enterarse de qué necesidades tienen e involucrarlos a ellos. Estos proyectos tienen bastantes posibilidades de salir bien.

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Si te has quedado con ganas de saber más sobre José Carlos, no te pierdas su blog, En clave de África. También ha publicado dos libros, Desde mi veranda africana y Hierba alta. Además, recomiendo el trabajo que están realizando desde Red Deporte y Cooperación, tiene un gran valor, especialmente porque sorprende que con la cantidad de deportistas de élite que hay en este país, muy pocos se hayan mostrado interesados en colaborar con ellos. José Carlos me comentaba en la despedida de la entrevista que el mundo del atletismo sí es muy solidario, pero el fútbol… el fútbol, eso merece un capítulo aparte.

Negro rico negro pobre

14 diciembre 2010 - 1:44 - Autor:

Bauleni Banda. Chikandwe Village, Malawi. Foto: Duncan McNicholl

Es inevitable que en nuestra visión de África siempre haya moscas, niños desnutridos y harapos. Son ya muchos años de la cultura de la miseria alimentada por los medios de comunicación y muchas organizaciones sin ánimo de lucro. Es innegable, de eso hay en África, pero también aquí, en la Cañada Real, por ejemplo.

Hace unos meses escribía sobre algunos de los tópicos reincidentes en la literatura occidental “Nunca pongas a un africano de clase media en la portada de tu libro“; en agosto os invitaba a conocer a Emeka Okafor, un descubridor de talentos tecnológicos; y ahora traigo el proyecto personal de un cooperante canadiense de la organización Ingenieros sin Fronteras. Duncan McNichol ha creado el proyecto fotográfico Perspectives of poverty a raíz de su trabajo en Malawi para invitarnos a reflexionar sobre el efecto que puede tener en el desarrollo de muchas comunidades africanas el tipo de imágenes y mensajes informativos que construimos desde el Norte.

La verdad es que el sector de la cooperación al desarrollo, al igual que cualquier otro negocio, necesita ingresos para sobrevivir. Con demasiada frecuencia  esta búsqueda de financiación utiliza imágenes que deshumanizan para, así, llamar a la piedad, a la caridad, y, finalmente, a las donaciones de un público, en gran medida, desprevenido. Me pareció indignante que una historia tan incompleta e imprecisa fuera perpetuada por las organizaciones que trabajan sobre el terreno.

Así que Duncan lleva algunos meses proponiendo un interesante juego de identidades e imágenes.

Estoy tomando dos fotografías de la misma persona, una con los símbolos típicos de la pobreza (aspecto cansado, ropa rasgada, etc), y otra de la misma persona en su mejor versión, para así mostrar cómo una imagen puede ser construida cuidadosamente para presentar la misma persona de formas muy diferentes. Quiero poner de manifiesto algunos de los diferentes acepciones que hacemos sobre una persona, especialmente cuando vemos una imagen de “pobreza” de las zonas rurales de África.

Con Bauleni Banda, el protagonista de las dos primeras fotos, Duncan convivió varios meses. Bauleni vive de la agricultura en un pueblo de Malawi y Duncan le propuso que él eligiera la ropa, la postura y el gesto.

Arop huyó de Darfur (Somalia) hacia Malawi, donde vive en un campamento en unas condiciones bastante duras. La primera foto muestra el lugar en el que duerme. Arop es ingeniero de telecomunicaciones, habla un inglés perfecto y es brillante e inteligente, según Duncan.

Arop Lual.. Foto: Duncan McNichol

Foto: Duncan McNichol

Emeka Okafor, el bloguero de la “otra África”

29 agosto 2010 - 18:09 - Autor:

¿Un evento en Kenia en el que se reúnen emprendedores sociales e inventores africanos para compartir conocimiento, ideas y recursos con los que crear productos y empresas innovadoras? Eso no le interesa a nadie.

Si me hablas de negocios en África, háblame de cómo los chinos están colonizando el continente o cómo en Nigeria cada mes hay asaltos a las plataformas petrolíferas; pero ¿africanos que crean riqueza para los africanos? Sí, pero solo porque hay un tipo llamado Emeka Okafor, con ascendencia inglesa (su padre es inglés y su madre nigeriana) y afincando en Nueva York, que está empeñado en que el mundo entienda que más al sur de Gibraltar también hay buenas ideas en campos como la tecnología, la agriculltua o la industria.

Emeka Okafor. Foto Flickr: White African

De África sabemos con certeza que es el continente más pobres del mundo, que más del 50% de la población vive con menos de un dólar al día, sabemos que hay muchos países, pero que nosotros preferimos identificar continente con país, de forma que si hablamos de inmigrantes nigerianos, siempre diremos inmigrantes africanos o, como mucho, subsaharianos, es más fácil.

En La Regla de William intentamos pasar por encima de las convenciones y, aunque a veces hay que tomarse con humor el asunto de los estereotipos, nos gusta poner encima de la mesa nuevas historias acerca del continente, por eso, hoy, os voy a hablar de Emeka Okafor.

Emeka tiene la mala suerte de compartir nombre y apellidos con un popular jugador de la NBA, lo que seguramente le resta protagonismo en la red, pero este hijo de una nigeriana y un inglés que ha vivido en Inglaterra, Canadá, EE.UU y Nigeria, se dedica a buscar por todos los rincones de África proyectos innovadores que tengan que ver con la tecnología, el desarrollo sostenible, el diseño, la industria o la artesanía.

Y todo lo que descubre lo cuenta en sus dos blogs; Timbuktu Cronicles y Africa Unchained. Además, organizó TEDGlobal, en Arusha, Tanzania, en 2007, y ahora acaba de clausurar Maker Faire África 2010, en Nairobi, Kenia.

Durante dos días, 27 y 28 de agosto, decenas de emprendedores, inventores, empresarios y buscadores de oportunidades se han reunido en la Universidad de Nairobi con el objetivo de encontrar ideas viables de negocio “Una celebración del ingenio, la innovación y la invención africanas”, reza el slogan del evento. En el evento se han podido ver desde ideas relacionadas con la robótica, el software, la agricultura o las industrias textil y del vidrio. Por compararlo con algún evento en España, tendría algo del espíritu de Iniciador.

Fotos de Maker Faire África 2010 (Galería completa en Flickr).

Emeka habla del evento en una entrevista con una bloguera neozelandesa.

Estamos buscando zonas de fusión, romper las barreras entre los sectores. Cuando se coloca el bioquímico junto al poeta o el artista visual junto al físico, se puede confiar en las sinergias que nace de su curiosidad compartida.

Okafor es también un descubridor de talentos, uno de ellos, William Kamkwamba, se ha convertido, gracias a un libro, en un caso de éxito mundial. Quizás es un síntoma de que él mismo ha caído en algo que no le gusta: el poder de lo exótico, de lo inusual; pero sus reflexiones sobre cómo África puede prosperar revelan su amplitud de miras.

Si nos fijamos en los países industrializados tienen en común que han alcanzado el éxito y la superación de la pobreza a través de la evolución del sector productivo e industrial. Y, sin embargo, los expertos en desarrollo no se centran en la producción y el diseño industrial como los recursos que pueden ayudar a conseguir los retos que están siempre en sus conversaciones: la salud y la educación.

Este emprendedor y bloguero idealista que lleva en su ADN la pasión por su país y por su continente y la confianza en sus gentes y en su potencial nos seguirá invitando a compartir historias de esperanza y de descubrimiento a través de sus Crónicas de Tombuctú (Timbuktu), en un afán por convertir su bitácora en un “refugio de la gente erudita y justo, un refugio de los santos y los ascetas, y un lugar de encuentro de caravanas y barcos“, tal como definió, en el siglo XVII, a la mítica ciudad de Maí su cronista más reconocido,  Abd al-Rahman al-Sadi.

Dedícale 67 minutos a Nelson Mandela

15 julio 2010 - 21:20 - Autor:

¿Alguien creía que después del Mundial íbamos a dejar de hablar de África? No, hombre, por lo menos no mientras viva Mandela. Madiba es un hombre eterno, su legado es inmortal, eso no tiene discusión. Ahora, Mandela nos invita a que seamos los demás los que marquemos la diferencia.

El domingo Nelson Mandela cumplirá 92 años. Y eso también significará que habrá dedicado 67 años a luchar por los derechos humanos, a luchar por dejar un mundo más justo y menos racista. Desde su Fundación nos pide que dedicamos 67 minutos de nuestro tiempo a ayudar en la construcción de un mundo mejor. Hace dos años, en Hyde park, Londres, Mandela lanzó el guante:

Es el momento de que las nuevas generaciones continúen nuestra lucha contra la injusticia social y a favor de los derechos humanos. Está en vuestras manos.

El domingo se celebran numerosas actividades por toda Sudáfrica y también en Madrid. La campaña que se lanzado en nuestro país nos propone distintas alternativas, por ejemplo acudir el domigno, a las 20 horas, al Retiro Madrileño (Paseo de coches) para correr 6,7 kilómetros y rendir así tributo a la leyenda.

Pero volvamos a los 67 minutos. Nelsonmandela.org nos propone 67 formas de cambiar el mundo. Me gustan las ideas, van desde cosas sencillas, pero que cada día parecen más inverosímiles (conoce a alguien de otra cultura, lee a alguien que no pueda), a actividades de voluntariado educativo o de ayuda a los mayores. Muy interesante.

Esta es, por tanto, una buena ocasión de hacer realidad ese clásico pensamiento por el que todos pasamos y hemos pasado, “Quiero hacer algo, pero no sé el qué, ni cuándo, no tengo tiempo…”. Por mi parte os dejo dos ideas, dos propuestas, muy sencillas y muy pegadas a internet

  • Si tienes un blog, ¿por qué no dedicas 67 minutos para escribir un post que hable del Nelson Mandela Day o, mejor, que cuente algún proyecto social, educativo o medioambiental que te inspire, que te guste, que quieras compartir. Hay blogueros que ya lo han hecho, de forma espontánea, sin saber nada del Nelson Mandela Day. Ahí tienes a Adolfo/Cosecha del 66, que se suma a un proyecto de Save the Children.
  • Hazte microvoluntario. Un proyecto on line promovido por la Fundación Bip Bip en el que las ONG proponen pequeñas tareas relacionadas, sobre todo, con internet y nuevas tecnologías (creaciones de blogs, páginas web, logos…) de forma que los voluntarios pueden ayudar desde su casa, simplemente con un ordenador, una conexión a internet y su voluntad y conocimientos.

Ahh, y FELICIDADES, MADIBA.

Así fabrican sus sueños de fútbol los africanos

21 junio 2010 - 17:23 - Autor:

Foto de portada de Amen, Grassrots Football, de Jessica Hilltout

¿Cómo juegan al fútbol en África? Sí, ya hemos visto a las selecciones africanas y a sus poderosos jugadores, hemos visto a Camerún, con Etoo, a Costa de Marfil con Drogba, a Sudáfrica, a Ghana… pero cómo y con qué juegan al fútbol los chavales de Gondola, en Mozambique, o los de Chipanga en Malawi. Con qué alimentan sus sueños miles, millones de jóvenes africanos anónimos, qué zapatos usan, cómo se fabrican los balones, cómo entrenan…

Eso es lo que ha plasmado en el libro “Amen, Grassroots Football la fotógrafa belga Jessica Hilltout. Es el último post que le dedicaré al Mundial, pero creo que merece la pena conocer el trabajo que durante 9 meses y tras 15.000 kilómetros ha ocupado a esta artista de 32 años “interesada en el el carácter poético de las cosas pequeñas, aparentemente sin importancia”.

El libro se puede comprar en papel,  se puede ver on line, y también está disponible (cuidado, tarda en descargar) un “making-off”, Roadbook lo ha llamado ella. Hacedme caso, echad un vistazo con tranquilidad, saboread las fotos y las historias del libro y esperar a que se descargue el Roadbook, es genial.

Además, su perfil de Facebook está repleto de fotos, avances y montajes vía Youtube que nos invitan a valorar la importancia de la pasión, del espíritu y de los sueños.

Ella ha prometido volver con 450 balones, 450 botas y calcetines para los 15 equipos con los que compartió jornadas de ilusión y trabajo. Esperemos que lo cumpla, y que nos traiga nuevas fotos. Aquí os dejo varios de esos montajes en Youtube. Además, las músicas que acompañan las imágenes son excelentes, desde Over the rainbow de Israel Kamakawiwo’ole hasta Personal Jesus interpretado por Johny Cash. Disfrutadlo.

10 blogs imprescindibles sobre África

24 mayo 2010 - 23:30 - Autor:

Wanjira riendo. Foto Flickr: Subcomandanta. Serie "Mujeres del Mundo"

Que hablen los que saben. No se me ha ocurrido mejor forma de celebrar el Día de África que reuniendo en un post los 10 blogs que más me gustan sobre el continente de la esperanza y el olvido. Es una selección personal y seguro que tú tienes otros. Así que espero me ayudes a completar la lista si encuentras que falta alguno. Felicidades ¡África!

  1. Maneno. Es el blog de blogs, el portal que reúne a una buena cantidad de blogueros africanos. Si sabes inglés y francés, este es tu sitio. Una de sus creadoras es una española: Elia Varela, con la que hablé hace ya más de un año.
  2. Afrigator. Es el bitacoras.com de África, es muy interesante su ranking de temas populares.
  3. White African. Desde Kenia, Erik Hersman bloguea sobre tecnología, móviles y social media . Es uno de los creadores de la popular Ushahidi.
  4. Mamá Etiopía. Cambio de tercio, un blog apasionado y muy documentado sobre Etiopía: su vida, su cultura, sus protagonistas. Imprescindible para aquellos que quieran adoptar: sus autores son padres adoptantes. Me encanta el subtítulo “La tierra que alumbró nuestras vidas”.
  5. Por fin en África. El blog de Aurora Moreno, periodista de 28 años es muy bueno por su ironía, sentido del humor y abanico de temas. Ya hablamos de ella con el post Nunca pongas a un africano de clase media en la portada de tu libro.
  6. Las fuentes del Nilo. Se trata de un blog del teólogo y periodista José Carlos Rodríguez en el que vive un muy buen contenido dentro de un formato que no atrae: no hay enlaces, los párrafos son muy grandes, la negrita se usa indiscriminadamente… Una pena.
  7. Timbuktu Crhonicles es el blog de Emeka Okafor, un experto en tecnología, emprendimiento y desarrollo sostenible que escribe desde Nueva York.
  8. La frontera débil. Luis de Vega, corresponsal de ABC en Rabat desde 2002 ofrece su visión personal de Marruecos y de los países a los que viaja.
  9. África en colores. Juan José Tarrés, logista de Acción contra el Hambre, creó el blog en 2007 para descubrirnos un continente que le apasiona: Malawi, Níger, Mali, Etiopía. Y, muy importante, siempre con un toque de humor.
  10. Blog del Festival de Cine Africano de Tarifa. Hasta el 29 de mayo Tarifa es el escaparate de la cinematografía africana, y en su blog podemos conocer el día a día del certamen. El año que viene me apunto.

La foto del post es de Subcomandanta, una fotógrafa cuyas galerías en Flickr son oro puro. La mujer retratada es Wanjira Mathai, hija de la Premio Nobel de La Paz, Wangari Mathai. Wanjira es la Directora de la organización creada por su madre Greenbelt Movement.

¿Qué hacen en África con 1 millón de camisetas y sujetadores usados?

20 mayo 2010 - 20:24 - Autor:

Pequeñas tiendas de ropa usada en Tanzania. Foto: Kim TD. Flickr

Rosa usada en mercadillos en Tanzania. Foto: Kim TD. Flickr

El mundo de la solidaridad y la cooperación no está exento de iluminados inexpertos con ideas absurdas. A veces, la buena voluntad no es suficiente. En EE.UU. se ha organizado un jaleo muy importante por la campaña “1 million t-shirts for Africa”, promovida por Jason Sadler, un joven empresario de Florida. La presión de los blogueros expertos en ayuda humanitaria le ha hecho cambiar de opinión, no sin dejar tras de sí una importante gresca en la blogosfera y en Twitter.

El tema de fondo es que, según los expertos, no es en absoluto positivo enviar ropa o calzado usado a países pobres ya que provoca el efecto contrario al deseado: te cargas el comercio y la industria local. Es un punto del que ya comenté algo en el post dedicado a Jackeline Novogratz y su Sueter Azul.

Vamos con la historia de Jason y luego también os cuento otro proyecto bastante peregrino que apoyó una ONG norteamericana el pasado 15 de mayo: enviar sujetadores a Uganda.

Jason Sadler es un joven de 27 años que un día tuvo una feliz idea: montar con un amigo un negocio on line tan simple y ridículo como rentable. Cada día su colega Evan y él se ponen una camiseta distinta con el logo de una empresa. Se fotografían con la camiseta, graban un vídeo y lo hacen circular por Twitter, Facebook, etc. Es decir, son soportes publicitarios. Ese es su proyecto: I wear your shirt.

El caso es que Jason decidió que si a él le iba tan bien con su negocio, quizás las camisetas también podían ayudar a cambiar la vida de la gente más pobre de África, así que decidió poner en marcha una campaña on line, 1 million t-shirts for Africa, usando los medios sociales para conseguir un millón de camisetas y enviarlas luego a no se sabe dónde.

Y es que resulta imposible encontrar el destino en la página de la campaña y tampoco se explica absolutamente nada de cómo lo va a organizar. Todo eso provocó una oleada de críticas desde todos los sectores: Universidad, ONG, expertos en ayuda humanitaria… En el blog Good Intentions are not enough (“Las buenas intenciones no bastan”) han recogido la mayoría de los posts sobre el tema.

Lo peor fue la reacción de Jason, retando, en un video bastante chusco, a los que le criticaban. Este video, en lugar de calmar a la blogosfera social norteamericana, provocó que algunos destacados analistas empezaran incluso a dudar de las buenas intenciones del chico.

El asunto ha llegado a la revista Time, que le ha dedicado un amplio reportaje en el que explica, entre otras cosas, que Jason nunca ha visitado África ni trabajado en un proyecto de ayuda humanitaria. Sí han recogido las opiniones de las organizaciones que le apoyan. Finalmente parece que Sadler ha comprendido que su proyecto no tenía ni pies ni cabeza y afirma que ya no tiene previsto enviar las camisetas.

Conclusión: cuidado con las campañas en la que nos piden que donemos ropa o calzado para países de África o Asia, podemos estar haciendo mñas daño que beneficio. Lo que no significa que dejemos de donar este tipo de productos a organizaciones que sabemos le pueden dar un uso adecuado. Por ejemplo, AERESS, Asociación Española de Recuperadores de Economía Social y Solidaria y su campaña Tira del hilo.

Por cierto, se me olvidaba, el tema de los sujetadores: una colaboradora del famoso Hufftintong Post solicitaba ayuda para enviar sujetadores a Uganda. Las explicaciones son hasta cierto punto convincentes. Tu, ¿qué opinas?.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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