
Ana y Mudhat, una niña que fue operada con éxito en Madrid
Ana Sendagorta (1962) es oftalmóloga en el hospital Ramón y Cajal de Madrid. En el 2003 empezó a viajar al norte de Kenia para tratar problemas de visión y ceguera a niños malnutridos. En el 2006, un accidente se llevó a Pablo, 12 años, uno de sus cinco hijos, y ella decidió volcarse en su trabajo social en África y en España. Así nacía, unos meses después, la Fundación Pablo Hortsmann, que en apenas dos años ha construido un Hospital pediátrico en Lamu (Kenia) y ha reunido a más de 300 voluntarios dispuestos a acompañar a enfermos, a personas con discapacidad… Hablo con Ana apenas unos días después de que haya muerto Mohamed, un niño de Lamu de cuatro años que vino a operarse de un problema cardiaco.
P. ¿Cómo empieza tu trabajo en África?¿Cómo llegas hasta alí?
R. Fue en 2003 en respuesta a un misionero que nos hizo saber que en Turkana, en el norte de Kenia, había un índice de ceguera infantil enorme. En aquel momento, con dos amigas oftalmólogas y una enfermera nos fuimos para montar una consulta-quirófano. Vimos que las necesidades eran tremendas y que la ceguera se debía, sobre todo, a la malnutrición. Empezamos a montar una red de prevención, con una unidad móvil, apoyándonos en unas misioneras que atendían en las escuelas.
P. ¿Qué actitud debe adoptar uno al llegar a un sitio como Turkana u otros parecidos?
R. Fuimos con la idea de querer ayudar mucho, pero sin saber muy bien a lo que íbamos. Lo primero que aprendes es que para ayudar tienes que saber escuchar mucho, tienes que ser tremendamente humilde y querer integrarte en las redes sanitarias o misioneras locales y, lo más importante, que las motives, estimules y empujes. Antes de crear la Fundación estaba claro que íbamos a viajar allí uno o dos meses al año, pero lo que se quedaba era lo que hubiéramos dejado de formación, prevención. Empezamos a formar personal y a dotarlo.
P. Y lo conseguiste.
R. La gran alegría es que en quinto año se inauguró la primera unidad oftalmológica de toda la región con quirófano y tres consultas. El personal local ha ido aprendiendo y a alguno de ellos le hemos pagado la formación en Nairobi. Así que Turkana tiene en el Hospital de Distrito una unidad oftalmológica abierta, con servicio permanente. Todo esto fue antes de la creación de la Fundación.
P. Así que los africanos deben ser los protagonistas de su desarrollo.
R. No se trata de llegar tú y hacer una gran acción, sino de llegar, integrarte, motivar al personal local, darle los recursos y la formación y, una vez que lo has capacitado, entregarle el proyecto, ya que realmente es suyo.

Ana y Mudhat, en Lamu, después de ser operada
P. En el 2007 nace la Fundación Pablo Horstmann, inspirada en vuestro hijo.
R. Lo que pasó es que cuando murió mi hijo Pablo (agosto 2006) quisimos hacer una fundación en su nombre, para recordarle. En su memoria, hacer todas las cosas buenas que pensamos que Pablo, con su alegría y generosidad, hubiera hecho en este mundo.
Siempre que había ido a las campañas oftalmológicas había vuelto contenta de la acción, pero con un poquito de sensación de impotencia por todos los niños que dejábamos atrás sin poder curarlos, porque nosotros, desgraciadamente, solo somos oftalmólogos. Por coincidencias de la vida, cuando estaba buscando dónde empezar a construir un hospital pediátrico, me encontré con Rafael Selas y él me hizo saber que en Lamu había unas necesidades sanitarias impresionantes: una zona rural mal comunicada y con una asistencia médica muy mala, un único médico para toda la población, ningún pediatra, apenas vacunas, el servicio no es gratuito…
P. Hemos hablado del trabajo de Rafael en este blog, ¿cómo se concretó el proyecto?
R. Rafael estaba muy angustiado porque había vivido la muerte de muchos niños sin poder hacer nada por ellos y después de visitar la zona con expertos en la materia, con el Jefe de Servicio de Enfermedades Tropicales del Ramón y Cajal, un especialista en prevención y una pediatra, decidimos hacer este hospital, que se ha convertido, en apenas 2 años, en el Hospital Pediátrico de referencia de todo el distrito.
P. Y todo, tirando vosotros, sacando, imagino, dinero de las piedras.
R. Empezamos con mucho voluntarismo, en un movimiento privado, de amigos y de socios y de empresas que confiaron en que esta idea era posible e iba a ser eficaz, como creo que se ha demostrado. Ahora podemos decir que hemos tratado a 30.000 niños y que se han salvado muchas vidas. Tratamos a 100 niños de media al día. También, los fines de semana, se ve a unos 300 niños en poblados, se vacuna a muchísimos. Ahora vamos a ampliar el hospital y vamos a iniciar un departamento de renutrición e inaugurar una unidad de HIV.

Exterior del Hospital Pediátrico de Lamu
P. Me contabas que habéis traído aquí a un chico que no ha podido sobrevivir.
R. Allí tenemos unos recursos como de centro de salud o hospital rural, pero no tenemos quirófano o UVI. Yo lo llamo Hospital, pero te tienes que hacer a la idea que es más bien como un centro de salud con posibilidad de ingreso. Los pacientes que requieren técnicas diagnósticas o tratamientos más complejos, procuramos pagárselos. Los niños que requieren un TAC o resonancia o cirugía, les remitimos dentro de Kenia a Mombasa o Nairobi, pero, en algunos casos, hasta ahora siete en estos dos años, no han tenido solución en el propio país. Tenían patologías cardiacas tan complejas que allí no hay ningún hospital que se atreva con ellos. Seis han ido fenomenal, felices; pero Mohamed, que vino con cuatro años y que ha sido un verdadero luchador, pasando seis meses entre la planta y la UVI, murió la semana pasada.
P. Supongo que ante situaciones como esta te quedas con todo lo que habéis hecho por salvar su vida y lo que vais a seguir haciendo por los que vengan.
R. Bueno, yo lo que le explico a todo el mundo es que es triste y no quiero quitarme esa tristeza. Me parece normal y humano que para mí y todos los voluntarios haya supuesto un golpe emocional, pero eso no significa que nos desanime en nuestra idea de ayudar, incluso con más ahínco aún, a todos los que vengan a partir de ahora. De hecho, es al revés, no quiero apartar la cara de Mohamed, sino ponerla delante porque, cada vez que esté cansada o sobrepasada, miraré su cara y lucharé y pelearé por cada uno de los niños que nos lleguen en un futuro. Lo haremos en su memoria.
P. Una última pregunta, me llama la atención el logo de la Fundación, las ranas.

Logo de la Fundación Pablo Horstmann
R. Cuando murió Pablo e iniciamos la Fundación le pregunté a su mejor amigo, su primo Jerónimo, qué logo quería poner pensando en que le gustara mucho a Pablo. En cualquier caso, tenía que expresar lazos de unión, de apoyo, amor, uno que ayuda a otro, pero que no se sabe quién es el que ayuda y quién el ayudado y él dijo “Ya está, dos ranas abrazándose”, le salió de forma espontánea, sin pensar.