Llévale al cole
Tigis y Sintayeu. Son los nombres de dos chicas catalanas-etíopes que he conocido este verano. Llegaron hace cuatro años, cuando la mayor, Tigis, tenía seis años y la pequeña, dos. Su padre me contaba con una sonrisa de admiración cómo no necesitaron mucho tiempo para aprender el idioma y para que Tigis se pusiera al nivel de sus compañeros de colegio, en apenas cuatro meses dejó de necesitar un profesor de apoyo. Tenían y tienen ilusión por aprender. Sus padres les han dado una oportunidad.
Es difícil imaginar la felicidad que debe suponer saber que estás ayudando a que uno, dos o muchos niños tengan una oportunidad. María Obispo seguramente sí lo puede imaginar. María viajó en el año 2005 junto con otros once amigos a Metcha Boroddo, un pueblo de Etiopía. Tras un mes y medio colaborando en un proyecto educativo de las Misioneras de la Caridad volvieron a España. Pero la experiencia les transformó.
Creo que todos aprendimos a ver el mundo de otra forma. En el aspecto más superficial creo que todos nos enamoramos de Etiopía: de sus paisajes, sus gentes…y seguimos suspirando por volver. En el sentido más profundo creo que aprendimos a valorar más lo que tenemos aquí por un lado pero también a desprendernos de lo material, a darle más importancia a una sonrisa que al móvil de última generación. Creo que con eso intentamos vivir cada día (aunque se nos olvida muy a menudo).
Cuando volvieron decidieron que los chicos con los que habían compartido un tiempo tan feliz merecían una oportunidad, así que se pusieron en marcha para, a través de una asociación (Agnes), conseguir el apoyo de amigos, familiares y colaboradores dispuestos a echar una mano en la educación de esos chavales. Se comprometieron.
Nos dimos cuenta que podíamos hacer algo, que cambiar el mundo empieza por cosas pequeñas, no se hace de repente. Y nosotros queríamos cambiar la situación de esos niños, la situación de ese país y creímos y seguimos creyendo que la educación era la base necesaria.
María, junto con tres de los compañeros de aquel viaje, Astrid, Lorena y Dani, se dedica a mantener vivos los proyectos de la asociación. Ninguno de ellos trabaja a tiempo completo en la asociación, cada uno tiene su trabajo, María en la consultora de comunicación Llorente y Cuenca, y saca horas de donde puede para que cada vez más gente se sume a sus proyectos, que son, básicamente, dos:
- Llévale al cole, que consiste en cubrir, por 75 euros al año, los costes del curso escolar de un niño en la escuela de primaria St.Mary, fundada en 1928 por la orden de San Vicente Paul, y en la que actualmente estudian 635 niños desde los 6 a los 14 años de edad. Las becas pagan las tasas del colegio, los libros y material escolar, el uniforme y además una pequeña partida para higiene, alimentación y salud. En el pasado curso 2009/2010, cientos de personas anónimas que apoyan la asociación han facilitado becas para 270 niños.
- Escuela infantil. Desde la asociación están tratando de que los niños de 3 a 6 años puedan tener un espacio digno en el que aprender. El coste del proyecto es de 42.000 euros, todavía les faltan unos 25.000.
Así que María, Astrid, Lorena y Dani, luchan, sobre todo, para tender un puente de solidaridad entre los chicos de la escuela de St Mary y sus padrinos aquí. Trabajan con la Congregación de San Vicente de Paúl y con el padre Mulugeta Berhane, director de la escuela, con el que mantienen un contacto permanente gracias a un ordenador y una conexión a internet que dejaron en el centro. De esta forma, María tiene información continua desde Etiopía y los padrinos, también (Todos los que quieran colaborar pueden seguir la evolución de los proyectos en su página de Facebook.)
El año pasado, Astrid, Lorena y Dani viajaron a Etiopía para supervisar el proyecto y María afirma que viajan “siempre que sea posible y el crecimiento de la Asociación lo permita. No nos es posible viajar todos los años al país, fundamentalmente porque supondría dedicar una parte importante de los fondos de la Asociación”.
Son estos pequeños detalles, estos “principios” sumados los que hacen posible que, cada año, más niños de Metcha Boroddo puedan tener una oportunidad.


















