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Llévale al cole

24 agosto 2010 - 23:37 - Autor:

Tigis y Sintayeu. Son los nombres de dos chicas catalanas-etíopes que he conocido este verano. Llegaron hace cuatro años, cuando la mayor, Tigis, tenía seis años y la pequeña, dos. Su padre me contaba con una sonrisa de admiración cómo no necesitaron mucho tiempo para aprender el idioma y para que Tigis se pusiera al nivel de sus compañeros de colegio, en apenas cuatro meses dejó de necesitar un profesor de apoyo. Tenían y tienen ilusión por aprender. Sus padres les han dado una oportunidad.

Aula de la Escuela St Mary en Metcha Boroddo

Es difícil imaginar la felicidad que debe suponer saber que estás ayudando a que uno, dos o muchos niños tengan una oportunidad. María Obispo seguramente sí lo puede imaginar. María viajó en el año 2005 junto con otros once amigos a Metcha Boroddo, un pueblo de Etiopía. Tras un mes y medio colaborando en un proyecto educativo de las Misioneras de la Caridad volvieron a España. Pero la experiencia les transformó.

Creo que todos aprendimos a ver el mundo de otra forma. En el aspecto más superficial creo que todos nos enamoramos de Etiopía: de sus paisajes, sus gentes…y seguimos suspirando por volver. En el sentido más profundo creo que aprendimos a valorar más lo que tenemos aquí por un lado pero también a desprendernos de lo material, a darle más importancia a una sonrisa que al móvil de última generación. Creo que con eso intentamos vivir cada día (aunque se nos olvida muy a menudo).

Cuando volvieron decidieron que los chicos con los que habían compartido un tiempo tan feliz merecían una oportunidad, así que se pusieron en marcha para, a través de una asociación (Agnes), conseguir el apoyo de amigos, familiares y colaboradores dispuestos a echar una mano en la educación de esos chavales. Se comprometieron.

Nos dimos cuenta que podíamos hacer algo, que cambiar el mundo empieza por cosas pequeñas, no se hace de repente. Y nosotros queríamos cambiar la situación de esos niños, la situación de ese país y creímos y seguimos creyendo que la educación era la base necesaria.

María, junto con tres de los compañeros de aquel viaje, Astrid, Lorena y Dani, se dedica a mantener vivos los proyectos de la asociación. Ninguno de ellos trabaja a tiempo completo en la asociación, cada uno tiene su trabajo, María en la consultora de comunicación Llorente y Cuenca, y saca horas de donde puede para que cada vez más gente se sume a sus proyectos, que son, básicamente, dos:

  • Llévale al cole, que consiste en cubrir, por 75 euros al año, los costes del curso escolar de un niño en la escuela de primaria St.Mary, fundada en 1928 por la orden de San Vicente Paul, y en la que actualmente estudian 635 niños desde los 6 a los 14 años de edad. Las becas pagan las tasas del colegio, los libros y material escolar, el uniforme y además una pequeña partida para higiene, alimentación y salud. En el pasado curso 2009/2010, cientos de personas anónimas que apoyan la asociación han facilitado becas para 270 niños.
  • Escuela infantil. Desde la asociación están tratando de que los niños de 3 a 6 años puedan tener un espacio digno en el que aprender. El coste del proyecto es de 42.000 euros, todavía les faltan unos 25.000.

Aspecto exterior de la Escuela Infantil

Interior de la Escuela Infantil

Así que María, Astrid, Lorena y Dani, luchan, sobre todo, para tender un puente de solidaridad entre los chicos de la escuela de St Mary y sus padrinos aquí.  Trabajan con la Congregación de San Vicente de Paúl y con el padre Mulugeta Berhane, director de la escuela, con el que mantienen un contacto permanente gracias a un ordenador y una conexión a internet que dejaron en el centro. De esta forma, María tiene información continua desde Etiopía y los padrinos, también (Todos los que quieran colaborar pueden seguir la evolución de los proyectos en su página de Facebook.)

El año pasado, Astrid, Lorena y Dani viajaron a Etiopía para supervisar el proyecto y María afirma que viajan “siempre que sea posible y el crecimiento de la Asociación lo permita. No nos es posible viajar todos los años al país, fundamentalmente porque supondría dedicar una parte importante de los fondos de la Asociación”.

Son estos pequeños detalles, estos “principios” sumados  los que hacen posible que, cada año, más niños de Metcha Boroddo puedan tener una oportunidad.

La educación de John Taylor Gatto

3 marzo 2010 - 21:02 - Autor:

Portada del libro A Different Kind of Teacher, de John Taylor Gatto

Portada del libro A Different Kind of Teacher, de John Taylor Gatto

¿Qué educación estamos dando a nuestros hijos? Es una pregunta un tanto manoseada, pero no deja de ser un tema trascendental sobre el que se han sedimentado tantos estereotipos y frases hechas que parece complicado llegar a alguna conclusión fiable. Nos quejamos del sistema educativo, pero no hacemos nada por buscar una alternativa real. Es el que hay. Quizás nos gustaría que no solo el sistema educativo fuera distinto, sino que todo el “Sistema” sufriera algunos retoques. Lo cierto es que, aún así, surgen voces, personas, cuyas ideas y acciones nos pueden inspirar y ayudar a encontrar otra vía más humana, más natural para afrontar el reto de la educación.

Hay algunas personas que han luchado y luchan porque se instaure un nuevo modelo en el que lo más importante no sean las normas, las asignaturas o los conocimientos técnicos, sino las personas, los niños. Desde Carl Honoré y su último libro, al propio Eduardo Punset, varios autores han tratado este tema y lo que traigo aquí es un extracto de un discurso y un video de John Taylor Gatto, un profesor que ha dedicado y dedica su vida  a intentar ofrecer una alternativa al modelo educativo estadounidense.

Profesor durante tres décadas, autor de diversos libros y ensayos, defensor de la escolarización en casa, de la búsqueda de la individualidad, del autoaprendizaje, de que los niños disfruten de más libertad, de más tiempo con sus padres, con sus abuelos, con su comunidad. Gatto fue elegido en tres ocasiones “Maestro del Año” en Nueva York y en 1990 ofreció un discurso que ha quedado como un referente. En él, hay algunas ideas que estoy seguro podrían aplicarse en nuestras escuelas sin necesidad de grandes revoluciones, sino simplemente con el compromiso de los profesores y los directores de los centros.  Podéis leer el discurso entero en El blog alternativo.

Es absurdo y anti-vital moverte de aula en aula al sonido de una sirena durante todos los días de tu infancia natural en una institución que no te permite ninguna privacidad y que incluso te la quita en el santuario de tu propia casa pidiéndote que hagas tus “deberes”.

He observado un fenómeno fascinante en mis veinticinco años de ejercicio de la profesión: que las escuelas y la escolarización son crecientemente irrelevantes para las grandes empresas del planeta. Nadie cree ya que los científicos son enseñados en clases de ciencias o que los políticos en clases de civismo o que los poetas lo son en clases de inglés.

Durante cinco años manejé un programa escolar “autónomo” donde cada niño, pobre y rico, listo y no tan listo, tenía que dar 320 horas de trabajos o servicios a la comunidad. Decenas de estos niños volvieron años después, ya crecidos, y me contaron que la experiencia de ayudar a alguien les había cambiado sus vidas.

La escuela debe incluir a la familia como motor principal de la educación.



5 niños para 5 milagros

20 noviembre 2009 - 1:20 - Autor:

El pasado domingo, el maestro Juan José Millás escribía en El País Semanal en el especial sobre el 20 aniversario de la Convención de los Derechos del Niño: “Este es un artículo de cuota, uno más, sobre los desastres de la infancia en el mundo. Estos artículos deberían desaparecer o transformarse en un kit sobre buenos sentimientos que el periódico regalaría los domingos…la vulneración de los derechos de la infancia es un género periodístico agotado…”. Entonces, ¿y si lo cambiamos todo? ¿Y si hablamos en positivo?

Es lo que intentamos con este blog. Por eso, hoy, 20 de noviembre, en el 20 aniversario de la citada Declaración y de la creación de UNICEF, me voy a permitir la licencia de hablar de cinco chicos que han obrado “milagros”, son cinco historias con un elemento común: un niño que decide ayudar a otros niños y a otros mayores. Son casos extraordinarios, sí, no conviene tomarlos como modelo, pero sí como inspiración, como motivación. Si un niño de 6 años ha sido capaz de llevar agua a cientos de pueblos en África, yo tengo que poder aportar, todos podemos aportar.

Hannah Taylor: Foto:

Hannah Taylor: Foto: Ladybug Foundation

Para empezar, te quiero presentar a Hannah Taylor, una joven de Winnipeg, Canadá, que, cuando solo tenía 5 años, se quedó paralizada al ver a un tipo mayor comiendo los restos de la basura en un día infernal en la ciudad canadiense. Ese pequeño encuentro marcó a Hannah y a los 8 años creó la The Ladybug Foundation (Ladybug significa mariquita), que se dedica a dignificar a las personas sin hogar, a recaudar fondos para donarlos a los albergues, a los comedores y, también, a inspirar a otros chicos a través de un proyecto educativo en escuelas.

Hannah tiene ahora 13 años y en este tiempo ha conseguido más de 2 millones de dólares para apoyar a las personas sin hogar. En todos estos casos, no nos engañemos, también hay detrás una familia, unos padres capaces de entender la inquietud de su hija y canalizarla. En el caso de Hannah, sus padres, Bruce y Colleen,  han sido fundamentales, solo es necesario ver un documental sobre su historia para percibir su actitud.

A continuación voy a recuperar cuatro historias que ya he contado aquí, pero que, reunidas, cobran una nueva dimensión.

Alex y su puesto de limonada. Foto: Alex's Lemonade Foundation

Alex. Foto: Alex's Lemonade Foundation

Alexandra “Alex” Scott nació en Manchester, Connecticut, el 18 de enero de 1996. Poco antes de su primer cumpleaños, Alex fue diagnosticada con neuroblastoma, un tipo de cáncer infantil. En el 2000, el día después de su cuarto cumpleaños,  recibió un trasplante  y decidió que quería hacer algo por sí misma para luchar contra el cáncer “Cuando salga del hospital quiero tener un puesto de limonada”. La primera aparición en escena del puesto de limonada consiguió 2.000 dólares. En agosto de 2004, Alex falleció, tenía 8 años. En ese momento, el proyecto se había multiplicado, hasta recaudar más de un millón de dólares. Hoy, la fundación que lleva su nombre apoya 100 proyectos de investigación y ha conseguido reunir más de 25 millones de dólares.

Ryan, en el año 2000. Foto: Ryan's Well Foundation

Ryan, en el año 2000. Foto: Ryan's Well Foundation

Ryan Hreljac tenía 6 años cuando su profesora Nancy Prest le contó la realidad que sufren miles de personas, que enferman y mueren por no disponer de agua potable. El chico quedó tan impresionado de que algo tan elemental en el mundo desarrollado, el acceso al agua potable, fuera inaccesible para tantas personas, que decidió conseguir el dinero necesario para poder comprar una bomba de mano y un grifo que proporcionara agua limpia para algún pueblo del “Tercer Mundo”. Así empezó su proyecto este chaval canadiense que ahora acaba de entrar en la Universidad para seguir desarrollando una vida lo más normalizada posible, pero siempre con el peso y la responsabilidad de dar nombre a una organización que ha llevado agua potable a 640.000 personas en 16 países distintos.

Ana Dodson. Foto: dosomething.org

Ana Dodson. Foto: dosomething.org

Ana Dodson fue adoptada cuando era un bebé por una familia norteamericana, de Evergreen (Colorado), en 1992. En el 2003, con 11 años, en un viaje para conocer sus raíces, Ana, que disfruta de una vida acomodada, visitó el orfanato Hogar Mercedes de Jesús Molina, en Anta, alrededores de Cuzco. Allí descubrió la pobreza en la que vivían centenares de niños. Ana comenzó a escribirse con los niños del orfanato y a reunir material escolar. El siguiente paso fue buscar la implicación de amigos y familiares para recaudar dinero y desarrollar un proyecto más ambicioso. Así nació, en 2003, Peruvian Hearts ( “Un solo corazón a la vez” es su lema), la ONG a través de la que ha conseguido dotar de servicios básicos al Hogar.

Emmanuel Jal

Emmanuel Jal

La historia de Emmanuel Jal empieza con su madre asesinada por las tropas del Gobierno Sudanés y su padre luchando con los rebeldes, Emmanuel fue enviado a un campo de refugiados en Etiopía, donde él y cientos de niños fueron secuestrados por el Ejército de Liberación Sudanés, enviados a campos de entrenamiento y armados con fusiles Ak 47. Con 12 años consiguió escapar. Finalmente llegó a Waat, en la zona este de Sudán, donde le rescató Emma Mccune, una cooperante británica. Emma lo sacó clandestinamente de Sudán y se instalaron en Nairobi, Kenia, donde ella murió en un accidente de coche en 1993. Jal volvía a estar solo, en los suburbios de una gran ciudad. Sin embargo, allí, gracias al coro gospel de una Iglesia, descubrió el poder de la música y puso los cimientos de su carrera como rapero, una carrera que, con dos álbumes, le ha llevado a compartir escenario con grandes estrellas del pop como Alicia Keys, o a protagonizar un documental sobre su vida,  War Child.

Ahora Emmanuel apoya numerosas iniciativas que luchan contra la proliferación de armas y, como es natural, que combaten el uso de niños soldado.

Alicia Mora, solidaridad freelance

17 noviembre 2009 - 1:20 - Autor:

Maha Nassar y Alicia (con pañuelo). Foto: Jacobo Medrano

Maha Nassar y Alicia (con pañuelo). Foto: Jacobo Medrano

Alicia Mora es una mujer casada de 37 años, que trabaja en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid. Ahora está estudiando trabajo social, le gusta, y espera poder dedicarse a los temas de violencia de género. No le gusta nada salir en las fotos (como se puede comprobar con la imagen que Alicia ha pasado)… En definitiva, es una persona normal que, un buen día, inspirada por el blog de Hernán Zin (sí, un blog!!) decidió que no podía seguir de brazos cruzados y, aunque ya colaboraba con la ONG Infancia Solidaria facilitando las operaciones quirúrgicas a niños de países pobres; se propuso ir más allá, ayudando a los niños de los campamentos de refugiados palestinos, llevando algo tan simple y tan fundamental como lápices, cuadernos, libros… Así nació Lápices para la paz. Al mismo tiempo, abrió un blog para contar el proyecto y para aportar su visión del mundo, de la realidad de los más indefensos. Tres años, cientos de kilos de material escolar y unas decenas de posts después, Lápices ha llevado esperanza a Palestina, Sáhara y Etiopía.

P. Me sorprende que detrás de Lápices para la Paz no haya ninguna ONG.

R. No queríamos depender de ninguna ONG, queríamos que fuera un proyecto de personas para personas.

P. Pero sí he visto que has contado con el apoyo de Infancia Solidaria.

R. Sobre todo porque no nos hemos constituido como asociación y había gente que quería donar, así que a través de Infancia Solidaria habilitamos un número de cuenta.

P. El blog y el proyecto empezaron hace justo tres años, ¿has hecho tu balance personal de lo que te ha pasado en este tiempo?

R. Cuando empezamos con Palestina no sabíamos si lo íbamos a conseguir, queríamos aportar nuestro granito de arena, pero nadie daba un duro por nosotras, “están como cabras!!”, decían.

P. Y lo habéis conseguido…

R. Gracias al apoyo de la gente. Familiares, compañeros de trabajo, amigos. A mí me ven en el hospital compañeros de trabajo y se esconden!! Piensan que les voy a vender una camiseta… (acaba de sacar a la venta unas camisetas para colaborar con el proyecto).

P. ¿El blog ha sido un buen medio de difusión para conseguir adhesiones, colaboraciones, etc?

R. Ha sido un medio fantástico para seguir adelante. Me he encontrado muchos bloggers (mujeres, la mayoría) que han apoyado el proyecto. Incluso sin conocerme, han donado.

P. ¿Tenéis estructura? ¿El dinero recaudado va todo a los proyectos?

R. Tenemos cero estructura. Todo lo organizamos con una asociación del país al que vamos. Antes de ir hacemos un plan y decidimos dónde vamos a comprar. Todo el dinero para material escolar lo gastamos en el país, fomentamos la economía local y familiar. Nosotros nos pagamos los billetes de avión, el transporte, el alojamiento… Todo lo que sacamos de los donativos, camisetas, etc, va íntegro a los niños.

P. ¿Cómo os manejáis en cada país?

R. Lo trabajamos mucho, no podemos improvisar. Todo tipo de contactos son buenos: periodistas, cooperantes de ONG… La verdad es que, hasta ahora, ha salido todo rodado.

P. ¿Os habéis encontrado alguna barrera, alguna dificultad en algún viaje que os haya afectado en la misión?

R. En Palestina, con los check-point, muchas veces pensábamos que no podríamos pasar, pero nuestro pasaporte español abría puertas, no es lo mismo para los palestinos. En Etiopía tuvimos problemas con el material, teníamos que encargarlo. Es un país tan pobre que no tiene productos, a no ser que busques por todas las tiendas de Addis Abbeba. Fue tremendo transportar el material por las carreteras. Pero la verdad es que hemos tenido mucha suerte.

P. En los viajes, habéis ido descubriendo muchas historias, muchas realidades.

R. El blog también se abrió con otro objetivo, además del proyecto: ver con mis propios ojos la realidad de cada país al que viajamos, sus problemas… Siempre intento escribir lo que veo, esas historias que pasan desapercibidas en los medios de comunicación.

P. ¿Hay alguna imagen, algún instante de estos tres años que se te haya quedado grabado?

R. En el primer viaje, en un campamento de refugiados, en un colegio, tengo una imagen que no se me olvidará jamás. Un niño de unos ocho años, con una cara de terror tremenda, estaba temblando, así que le pregunté a la profesora y me dijo que pensaba que éramos israelitas.

P. ¿Vuestro siguiente proyecto?

R. Los campamentos de refugiados de Líbano. Esperamos que sea en marzo o abril.

P. ¿Cómo elegís el proyecto y el país?

R. Creo que casi el país nos elige a nosotros. Palestina fue por el blog de Hernán, Etiopía porque colaboré en la operación de corazón de una niña etíope que vino a Madrid; en Sáhara teníamos contactos con amigos saharauis y ahora he conocido a una persona que trabaja en cooperación internacional en esa zona.

P. ¿Se puede sumar gente?

R. Lápices es un proyecto abierto, cualquiera puede participar. En el próximo proyecto estamos metidas 6 personas.

P. ¿Que queda de vuestros proyectos? ¿Tenéis información de cómo sigue el material y las bibliotecas que habéis llevado?

R. Es un granito de arena, una pequeña aportación, no pretendemos cambiar la sociedad en dos días. Las ONG que están allí nos cuentan que el material sigue allí, que los niños están como locos. En Etiopía, en las escuelas rurales, muchos niños estaban un rato y luego se iban a trabajar, al campo, con el ganado, y yo me preguntaba “¿Servirá esto de algo?”. Si solamente un niño o niña a los que hemos llevado libros, se interesase por leer, tuviera la motivación para estudiar e intentar salir de la pobreza, con eso sería feliz.

10 “viejos” que están cambiando el mundo

4 noviembre 2009 - 1:07 - Autor:

Hay gente que cuando cumple 60 años se apaga, sienten que lo mejor de su vida ya ha pasado y, si a esto unimos la jubilación, el resultado es catastrófico. Seguro que tenéis casos cerca. Aunque no es uno de los temas más frecuentados por La regla de William, sí se ha demostrado que más allá de esa edad, todavía hay mucho que aportar, mucho que decir. Podéis comprobarlo con Encarnita o con José Luis Jordana. Ahora, la comprobación viene, como no, desde ese país que antes odiábamos y ahora (Obama effect) parece que amamos. Acaban de concederse los Purpose Prize, que reconocen el trabajo social de personas que han superado los 60 y, viendo a los premiados, uno se queda absolutamente sorprendido: son historias impresionantes de personas que están consiguiendo resultados, están marcando la diferencia, ¿alguien diría que son unos “viejos”?

La historia de Elizabeth (68) y Stephen (68) empieza el 11 de septiembre de 2001, el día del atentado en las Torres Gemelas perdieron a su hijo Peter, de 25 años. Los meses siguientes estuvieron pensando la forma de honrar la memoria de Peter.

Elizabeth y Stephen Alderman. Ganadores del Purpose Prize. Foto Flickr. CivicVentures.org

Elizabeth y Stephen Alderman. Ganadores del Purpose Prize. Foto Flickr. CivicVentures.org

La idea llegó una noche, mientras veían un informativo en el que se daba una cifra escalofriante: existen cerca de 1 billón de personas en el mundo que han sobrevivido a la guerra, la tortura o el terrorismo, con los traumas que esas circunstancias dejan en la mente de cualquier ser humano.

No pudimos ayudar a nuestro hijo, pero podíamos hacer algo por aquellos que sobreviven

Así que crearon la Fundación Peter C.Alderman para crear sistemas de salud mental en países desgarrados por contiendas. En concreto, para ayudar a los médicos locales a tratar a las personas que sufren trastornos como el estrés postraumático. En ocho años han establecido nueve clínicas y formado a 385 médicos locales que, a su vez, han enseñado a más de 400 profesionales de la salud. Y más de 100.000 personas han recibido ayuda en Camboya, Etiopía, Kenya, Liberia, Rwanda, Somalia, Sudán, Tanzania, Uganda, Burundi, el Congo y Zimbabwe. Es duro comprobar cómo de un hecho triste puede nacer un proyecto de esta dimensión. Espectacular. ¿Por qué no hay gente así en este país?

Ahí va un resumen de los otros “mayores” cuyo altruismo ha merecido un premio:

  • Judith Broder (69), Los Ángeles. Esta psiquiatra ha creado “El proyecto de los soldados”,  a través del que ofrece terapia gratuita e ilimitada a los veteranos de guerra de Irak y Afganistán.
  • Don Coyhis (66), Colorado. Un ejecutivo de una empresa tecnológica que pasó por el alcoholismo y que, tras descubrir el poder sanador de la tradiciones y culturas indígenas norteamericanas, ha creado una organización que ayuda a recuperarse a los que han caído en las adicciones. Ha fundado un movimiento llamado Wellbriety.
  • Henry Liu (73), Columbia. Ex profesor de ingeniería, ha encontrado una manera de transformar las cenizas que genera la combustión del carbón en ladrillos que funcionan igual que los clásicos de arcilla. El proceso es más barato, requiere menos energía y, sobre todo, no contamina. Los “ladrillos verdes” están produciéndose ya en 11 países.
  • Timothy Will (61), Carolina del Norte. Utilizó su experiencia en telecomunicaciones para conectar a los productores agrarios locales del condado de los Apalaches con los restaurantes y los chefs de la ciudad, ayudando así a muchos ex-trabajadores de fábricas a reincorporarse al mercado laboral.
  • Marcy Adelman (63), San Francisco. Como psicóloga, Adelman sabe que muchos gays, lesbianas y transexuales, cuando llegan a edades avanzadas, se encuentran solos, la mayoría sin entorno familiar, hijos, etc, de forma que ha puesto en marcha un proyecto en San Francisco (Openhouse) para facilitarles viviendas asequibles, así como para crear una comunidad en la que estén atendidos.
  • Duncan Campbell (65),  Portland. Tras pasar por el trauma de haber sido criado por dos padres alcohólicos, Duncan ha creado una asociación (Amigos de los niños) por la que los chavales descarriados pueden contar con un mentor/tutor que les ayuda a salir adelante.
  • Ann Higdon (69), Dayton (Ohio). Ann tuvo una infancia difícil, sin ningún interés por estudiar, hasta que se acabó encontrando con un profesor que le inspiró. Siempre ha estado vinculada a proyectos para la comunidad y, desde hace unos años, dirige ISUS – Improved Solutions for Urban Systems – organización en la que “recluta” a jóvenes que han abandonado la escuela, les enseña un oficio y les ayuda a recuperar los estudios.
  • Connie Siskowski (63), Florida. Siskowski tuvo que ocuparse de su abuelo cuando era una adolescente, de forma que vivió en primera persona el estrés que supone esa responsabilidad para una joven que está creciendo. Su experiencia le ha llevado a crear una organización (American Asociation Caregiving Youth) que facilita a los jóvenes que tienen que cuidar de familiares enfermos, grupos de apoyo, formación y otros recursos para facilitarles su vida y para que no dejen de hacer lo que cualquier persona de su edad.
  • James Smallwood (62), Nueva Jersey. James consiguió rehabilitarse de su adicción a la cocaína y se propuso ayudar a otros ex-drogadictos y ex-convictos a rehacer su vida a través del trabajo y la formación. Ha creado una organización que emplea en la construcción a esas personas en riesgo de exclusión social, al tiempo que les ayuda a formarse.

Guillermo Fernández, “Mito”, un maestro de la vida

12 octubre 2009 - 1:06 - Autor:

Me hubiera gustado tener un maestro como Mito. En un momento en el que los profesores parecen una especie amenazada, en el que los políticos intentan regular cómo deben interpelarles los alumnos, en un  momento en el que se lanzan iniciativas como el Homenaje al maestro de la FAD o como My teacher, mi hero, para recuperar el valor de los educadores, más que nunca, son necesarias personas con carisma, con motivación, con capacidad para emocionar a sus estudiantes.

Guillermo Fernández, Mito, hace unos días en Senegal. Foto: Sebastián Losada

Guillermo Fernández, Mito, hace unos días en Senegal. Foto: Sebastián Losada

Guillermo Fernández, sus amigos le conocen como Mito, tiene ahora 63 años y desde hace una década está volcado, a través de Ecodesarrollo Gaia, en ayudar a los inmigrantes que llegan a su tierra, Galicia, y en dotar de infraestructuras básicas a Yoff, una barriada de Dakar (Senegal). Pero Guillermo también trabajó muchos años como responsable de juventud y educación de una corporación local, tratando de transmitir a los niños desde los 4 hasta los 20 años conceptos como el desarrollo sostenible…

Recorrimos Galicia caminando, recorriendo todos los pueblos, hablando con los campesinos, desarrollando un intenso programa de conocimiento del medio para acercarlo a los chicos, para que se asombrarán de la importancia trascendental de los procesos naturales, de la belleza del mundo y que se asombraran del respeto por la vida de toda la gente que vive en el campo.

Mito cree que uno de los problemas más serios de este país es el abandono de las políticas dirigidas a la juventud.

Es absolutamente fundamental, y hay que meterse profundamente, en esa etapa se gestan las bases del futuro, de lo que van a tener en la cabeza y en el corazón la gente que dentro de poco va a decidir los destinos de este país. La gente se llena la boca hablando del futuro y el futuro son los jóvenes, no hay más.

Y ese futuro no es muy alentador, según Guillermo, sobre todo porque el tiempo de los jóvenes no lo tenemos los padres o los maestros.

Lo tiene la Sony, las multinacionales, los videojuegos a los que juegan cientos de miles de niños. Se entrenan horas y horas y horas en ser francotirador, en acertar en el medio de la sien, en destruir. Antes, el aburrimiento era fuente de inspiración y la puerta de la introspección. Hoy en día siempre hay una respuesta a ese aburrimiento y es absolutamente negativa y cargada de contenidos bélicos.

No obstante, todavía existe un hueco, unas horas, que debemos aprovechar al máximo, un “tiempo de calidad”, como dicen los que no tienen tiempo de estar con sus hijos. En el ámbito de la escuela, Mito cree fundamental que los profesores a los que les toca hablar de conocimiento del medio, de naturales, de literatura… vivan y sientan lo que cuenten.

Los niños y jóvenes tienen una gran capacidad de percepción, entonces la gente que enseña debe vivirlo. Hay que explicarles la belleza de esta vida, lo importante que es la bondad, su importancia trascendental como una forma superior de inteligencia. La forma de transmisión no puede ser organizada, verbalizada, hay que transmitir vivencias y emociones y eso es lo que nos engancha.  Las emociones son las que nos enganchan.

Mito se fue de su Galicia natal a estudiar Sociología a Alemania en un momento en el que la alternativa verde era una realidad en aquel país y una utopía en el nuestro. Allí se empapó de las nuevas corrientes de opinión que ya alertaban de la contaminación atmosférica, de los tóxicos… A su vuelta a España, quiso transmitir esa nueva mentalidad y, entre otras muchas cosas, estuvo en los orígenes de Greenpeace España, organización con la que sigue colaborando. Desde hace ya unos cuantos años dedica su vida a echar una mano a los inmigrantes que llegan a A Coruña. Desde Ecodesarrollo Gaia les ayudan a integrarse, a encontrar trabajo, a conciliar su pasado con su presente.

Somos una ONG de conciliación, queremos que los inmigrantes
desarrollen su proyecto, pero que éste no entre en colisión, no incida negativamente con la población de acogida.

El año pasado ayudaron a más de 1.700 personas de 80 nacionalidades distintas. Mito se muestra especialmente orgulloso de un proyecto de reinserción de 105 marineros senegaleses en flotas de pesca gallegas. Es un ejemplo de su trabajo. La conversación es muy fluida con Guillermo, transmite con mucha claridad y ofrece continuamente conceptos e ideas muy claras.

El principal derecho que tiene el ser humano es a no emigrar. En segundo lugar, sería a emigrar, pero no en las condiciones
en la que se produce, porque no es emigración. Es expulsión. Se produce una situación muy dolorosa, se produce una especie de regulación afectiva, personal, de ubicación…

Mito ha regresado hace solo unos días de Yoff, una barriada de pescadores de Dakar, la capital de Senegal, que cuenta con apenas 60.000 habitantes. Allí Ecodesarrollo Gaia está realizando un proyecto integral de creación de infraestructuras básicas de educación, de salud, desarrollo económico y formación de los jóvenes.

Entrada de la Escuela "Coruña" en Yoff. Foto: Sebastián Losada

Entrada de la Escuela "Coruña" en Yoff. Foto: Sebastián Losada

Ya han construido un centro de formación para niños, “Escuela Coruña”, y un centro de desarrollo sostenible comunitario regido por mujeres. Están levantando un centro de formación para jóvenes y una casa del mar, buscando siempre dar las herramientas a los senegaleses para sean dueños de su futuro, para que encuentren un trabajo, una vida.

En el último viaje le han acompañado un grupo de médicas voluntarias de A Coruña, que han estado atendiendo a más de 1.500 niños con sarna, hongos, heridas no curadas, problemas en los ojos, problemas en los pies, “hay niños que caminan sobre los talones porque tienen los pies reventados”, dice Mito.

Médica voluntaria atendiendo a mujeres y niños en Yoff. Foto: Sebastián Losada

Médica voluntaria atendiendo a mujeres y niños en Yoff. Foto: Sebastián Losada

También quieren crear una maternidad ya que en la que existe actualmente  unas tijeras y unos cordones de zapato son todo el material médico disponible para traer a los niños a este mundo. Creo que el proyecto de Mito merece la pena, que están dejándose la piel en ello.

Somos gente anticuada, hacemos las cosas y no las publicitamos. Estamos encantados de hacerlas, tenemos una honestidad a prueba de bombas y con cuatro duros vamos tirando  y haciendo las cosas, aquí no se pierde un céntimo, pero estamos siempre sonados.

Ese “sonados” se refiere al dinero necesario para mantener la locomotora funcionando. Cuando entran en escena infraestructuras, los gastos pesan más que los ingresos, especialmente cuando eres “anticuado” como decía Guillermo. Él lleva ya muchos años tirando de ahorros y del dinero que no tiene, pero no piensa parar, tiene una responsabilidad consigo mismo y con la cantidad de gente que depende ahora de él.

Ingrid Lemus reinventa La Limonada

17 septiembre 2009 - 0:11 - Autor:

A veces, la solución a los grandes problemas está en las ideas sencillas. No siempre hay que inventar la fórmula de la Coca-Cola, ni contratar a una multinacional de la consultoría para que diseñe un plan estratégico. En el caso del barrio de La Limonada, en Guatemala, el problema es la contaminación, la ingente cantidad de deshechos, especialmente plástico, que acumulan los vecinos. Pues unos jóvenes universitarios han aplicado el sentido común, la visión empresarial y el esfuerzo personal para ayudar a los habitantes a limpiar sus espacios públicos y, de paso, obtener unos ingresos para la comunidad.

Ingrid Lemus trabaja para Students in Free Enterprise (SIFE), una ONG presente en 47 países que promueve el desarrollo de proyectos empresariales que mejoren la calidad de vida de los individuos de la comunidad. En concreto, Ingrid desarrolla su labor desde la oficina de SIFE en la Universidad del Valle de Guatemala. A través de una fundación que ofrece educación a los niños de la barriada, Ingrid y su equipo entraron en contacto con la realidad de La Limonada y del río que le atraviesa, uno de los más contaminados del país.

¿Qué han hecho?

  • Programas de educación para el reciclaje en colegios, restaurantes y bloques de viviendas.
  • Creación de almacenes en los que reunir todos los deshechos reutilizables, especialmente plástico.
  • Puesta en marcha de un programa de formación para que grupos de mujeres aprendan a fabricar bolsas elaboradas con el desecho industrial de las envolturas de frituras, para luego venderlas, sobre todo en EE.UU.


Suena bien, ¿no? Suena fácil y sencillo. Lo difícil en muchos de estos casos es que el proyecto tenga éxito, que la comunidad se implique, que los delincuentes del barrio, las “maras” te permitan trabajar.

Entrar a una comunidad que es conocida por ser cuna de delincuentes no es fácil. Además, es un reto encontrar a personas que quieran entrar… No podemos llegar solos, y si es en el sector de Mandarina alguno de la comunidad nos tiene que acompañar. Ha resultado un poco difícil hacer que las personas adultas se involucren en el reciclaje; es más fácil educar a los niños que a los que ya tienen sus costumbres y hábitos. Además, tuvimos que convencerlos de que lo que estamos haciendo los beneficia directamente a ellos.

Es lo que contaba Ingrid en uno de los blogs de change.org (uno de las comunidades de referencia en EE.UU. en relación al emprendimiento social y a las ONG). El proyecto también forma parte de la comunidad Ashoka, una de las más importantes redes que promueven en el mundo las empresas sociales y el desarrollo de ideas y proyectos innovadores para mejorar la vida de las comunidades.

Enlazando con el argumento inicial del post, proyectos como Reinventando La Limonada nos demuestran, como ya conté en un reciente post sobre la Fundación BillGates, que muchas veces es más importante conocer el entorno en el que te mueves, saber trabajar un proyecto desde la base, escuchar de primera mano las necesidades de los que viven el problema.

Ana Dodson, cómo salvar vidas con 11 años

6 septiembre 2009 - 19:16 - Autor:

Ana Dodson. Fuente: Dosomething.org

Ana Dodson. Fuente: Dosomething.org

Es una nueva pirueta que viene a confirmar la regla de William, la teoría que buscamos contrastar en este blog y que relaciona altruismo con parentesco. Ana Dodson fue adoptada cuando era un bebé por una familia norteamericana, de Evergreen (Colorado), en 1992. En el 2003,con 11 años, en un viaje para conocer sus raíces, Ana, que disfruta de una vida acomodada, visitó el orfanato Hogar Mercedes de Jesús Molina, en Anta, alrededores de Cuzco. Allí descubrió la pobreza en la que vivían centenares de niños. Uno de ellos, una chica llamada Gloria, se le acercó llorando para decirle que sabía que no les iba a olvidar y que algún día volvería para ayudarles.

Cuando era un bebé, podía haber ido a un orfanato y estar en la misma situación que los niños del Hogar Mercedes. Mi visita aquel día y lo que Gloria me dijo, me removieron e inspiraron para hacer algo más que ayudar.

Ana comenzó a escribirse con los niños del orfanato y a reunir material escolar. El siguiente paso fue buscar la implicación de amigos y familiares para recaudar dinero y desarrollar un proyecto más ambicioso. Así nació, en 2003, Peruvian Hearts ( “Un solo corazón a la vez” es su lema), la ONG a través de la que ha conseguido dotar de servicios básicos al Hogar: educación, comida, salud (atención médica y dental), agua caliente, agua potable… Luego, las solicitudes de ayuda comenzaron a llegar desde otras aldeas cercanas, como Lamay, y el proyecto de Ana ha ido creciendo.

En EE.UU. Ana es una joven heroína, ha recibido varios premios y condecoraciones por su labor: en 2005 estuvo entre los 10 mejores voluntarios jóvenes de todo el país, en 2008 fue  finalista del premio Brick (ahora llamado Do Something), y dedica buena parte de sus esfuerzos a expandir su mensaje y recaudar fondos.

Sé que no puedo cambiar el mundo en un día y que no puedo hacerlo yo sola, pero creo que si trabajamos todos juntos podemos hacer algo importante. Uno de mis retos es inspirar a otros chicos para que ayuden a los que son menos afortunados que ellos.

No deja de ser una agradable sorpresa comprobar la capacidad que tienen chicos de apenas 18 años para tirar de proyectos como este. EE.UU. es un ejemplo en esto. Seguro que en España también hay chavales así y, simplemente, no les conocemos, no saltan a los medios, o, por lo menos, yo no tengo noticia de ellos; pero está claro que más allá del aparato mediático y el sentido del espectáculo que demuestran premios como el DoSomething (destinado a reconocer a jóvenes solidarios); hay una base de sensibilización social que seguramente se inculca y promueve desde la propia escuela.

Me parece una buena idea ofrecer en los colegios, en las casas este tipo de ejemplos, contar a los jóvenes cómo otros chicos de su edad están ayudando a mejorar el mundo. No digo que todos se “conviertan” en Ana Dodson, pero por lo menos se pondrán los cimientos para que sean conscientes del mundo en el que viven.

Video, en inglés, sobre la historia de Ana.

William Kamkwamba, el chico del molino de viento

20 julio 2009 - 1:41 - Autor:

Mañana empieza TED Global en Oxford, Inglaterra. TED es una conferencia anual que, bajo el lema “Ideas que merece la pena difundir”, reúne en California a personalidades de la innovación, la cultura, el medio ambiente, el pensamiento… Además de California, desde el 2005 han tomado Europa y, desde este año, prometen realizar anualmente el encuentro (el último fue en 2005). Os recomiendo visitar la web y curiosear por las conferencias, varias de ellas tienen subtítulos en castellano. El caso es que en Oxford se podrá ver y escuchar a Enmanuel Jal, ex-niño soldado rapero del que ya hablamos aquí, y a William Kamkwamba.

Retrato de William. Autor: kayakwcc's

Retrato de William. Autor: kayakwcc's

William se hizo mundialmente famoso en 2006 cuando un periódico local descubrió su invento. A los 14 años, tras dejar la escuela porque sus padres no tenían los 80 dólares que costaba su matrícula, William decidió que podía construir un molino de viento que generase electricidad a partir de lo que había visto en varios libros. Al cabo de dos meses y con la ayuda de unos cuantos plásticos, maderas y una bicicleta, había construido un molino capaz de proveer de energía a varias lámparas y una radio.

La mayoría de la gente pensaba que me había vuelto loco, al principio no recibí mucha ayuda, pero cuando construí el primer molino la gente empezó a pensar que aquello era útil y que debían ayudarme

El hallazgo de William llamó la atención del Dr. Hartford Mchazime, el director de la organización que gestiona las bibliotecas públicas de Malawi, que acudió a la aldea para comprobarlo y llevó con él a periodistas. Tras aparecer en el Daily Times de Malawi su vida ha cambiado radicalmente.

El primer molino de William, 5 metros de alto. Luego se lo llevó fuera de la aldea y lo subió hasta los 12 metros

El primer molino de William, 5 metros de alto. Luego se lo llevó fuera de la aldea y lo subió hasta los 12 metros

Su historia circuló por internet, fue invitado en 2007 a una conferencia especial TED en Tanzania, recibió una beca para finalizar sus estudios y se ha formado en la African Leadership Academy, continúa ofreciendo conferencias por todo el mundo y es una autoridad de la blogosfera africana. Además, desde hace unos días cuenta su vida en Twitter. Para poner la guinda, el 29 de septiembre saldrá un libro al mercado contando su historia, una historia de la que se ha hecho eco hasta Al Gore. Por último, en EE.UU. han montado una Fundación (” Moving Windmills“) en torno a William y su proyecto, una Fundación para expandir su trabajo.

William sacó el molino de la aldea y le dio más altura

William sacó el molino de la aldea y le dio más altura

La historia de William es ejemplar, optimista, positiva; pero, a veces, uno tiene la sensación de que este tipo de casos funcionan como una especie de lavado de conciencia para los que vivimos en la parte rica del mundo. Encontramos una persona que ha conseguido algo asombroso, no tanto por el hecho en sí mismo, sino por las circunstancias (pobreza, falta de estudios, inexistencia de ayuda o dinero) y lo convertimos en un personaje público, un icono mediático que paseamos por medio mundo. Es un concepto muy “American way of life”, me da la sensación de que en EE.UU. cada vez hay menos casos de “Sueño americano” y los cazatalentos (Emeka Okafor es el descubridor de William) se dedican a buscarlos en África, Asia, etc. Y no hay que negar que lo hacen bien, la Fundación que se ha montado alrededor de William es buena prueba de ello. Pero, al final, lo que de verdad deberían hacer las organizaciones que “utilizan” a William es invertir más en desarrollo y educación en Malawi, porque si gastamos más en marketing, viajes, documentales, videos, etc, que en proyectos que benefician a gente que lo necesita, nos estamos equivocando.

Os dejo un video de 6 minutos que forma parte del documental que están preparando desde Moving Windmills.

Soy Paul Buchheit, tengo dinero y quiero donarlo, dame ideas

13 julio 2009 - 0:33 - Autor:

Paul Buchheit

Paul Buchheit

“Donar dinero para causas que merecen la pena es una buena idea, pero requiere conocimientos, sabiduría, inteligencia, tiempo y, por supuesto, dinero. Yo tengo al menos dos de estos requisitos.” Así empieza su post “Caridad colaborativa” Paul Buchheit, programador y creador de Gmail o FriendFeed, entre otros “pelotazos”. Resulta que Paul quiere hacer algo por los demás y quiere que los demás le ayuden a decidir dónde deposita su dinero. No dice de cuánto dispone y pone algunas condiciones, como que la entidad propuesta tenga prestigio y sea reconocida, y da pistas de lo que más le inspira: la salud, la libertad y la educación.

Ha montado un tema de conversación en Google Moderator, en el que se pueden sugerir “causas” y votar por las favoritas. Hasta ahora, la más votada es http://literacybridge.org,una curiosa iniciativa de alfabetización en Ghana, África, a través de una especie de grabador/reproductor portátil de bajo coste que ejercería como profesor particular.

El post lo escribió el 26 de junio y, por ahora, no ha habido ninguna noticia por parte de Paul, no puso un plazo en su anuncio. El caso es que este tipo de campaña de marketing social 2.0 me plantea algunas dudas. ¿Es simplemente una campaña de autopromoción? No conozco al tipo y, por tanto, no me puedo pronunciar. Lo que sí creo es que podía haber dejado claros más puntos, sobre todo el dinero y el plazo para presentar ideas. Y otra duda es si las ONG que trabajan bien y duro sobre el terreno conocen a este señor y a su campaña. En España todavía las ONG están un poco lejos del social media, los nuevos medios, etc; parece que en EE.UU van un paso por delante.

Tradicionalmente, este tipo de decisiones, los mecenas las ponen en manos de expertos en la materia. Hace poco, un amigo que es presidente de una importante ONG española me comentaba el caso de una familia holandesa que buscaba una persona para que les ayudara a gestionar de la forma más eficiente un millón de euros para proyectos de desarrollo.

Así que los expertos van desde una sola persona, hasta todo un ejército organizado en torno a una Fundación: Fundación Alicia Koplovitz, la Bill & Melinda Gates Foundation, etc. Es un tema interesante, especialmente para los profesionales del fundraising en España, ya que este tipo de donantes son los que puedan ayudar a garantizar la continuidad de muchas organizaciones sociales en España, especialmente en momentos como los que vivimos.

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Sobre el blog

Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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