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Rafael Selas, un hogar para los huérfanos de Kenia

18 junio 2009 - 22:37 - Autor:

Hace ocho años fue a la boda de un amigo en Kenia y decidió quedarse allí, en Lamu, una pequeña isla al norte de Mombasa, para ofrecer un salvavidas a decenas de huérfanos. Empezó tirando de sus ahorros para alimentar a los niños que encontraba en la calle  y ahora ha levantado una Casa de Acogida  en la que atiende a más de 250 niños. Rafael, o Arafati, como le conocen los kenianos, acaba de aterrizar en Madrid para reponer fuerzas, visitar médicos y tratar de dar a conocer su trabajo y a su asociación Anidan ( Tf: 91 300 07 90). En Lamu le espera su pareja, Nyebwana, y la posible noticia de que será padre en unos meses.

Rafael Selas con niños de su Casa de Acogida

Rafael Selas con niños de su Casa de Acogida

P. Tu primer contacto con Lamu fue como turista, ibas a la boda de un amigo.

R. Hace 8 años fui a la boda de un amigo arquitecto que llevaba mucho tiempo trabajando con ONG y nos tocó vivir un poco África de primera mano porque se iba a casar con una mujer nativa y nos integramos en su familia. En ese viaje enfermé de Malaria, me tuve que medicar y pasar por el hospital de allí y vi a los niños del medio rural africano, desprotegidos y abandonado a su suerte.

P. ¿Cómo es el proceso por el que decides cambiar tu vida y marcharte a Kenia: instantáneo, gradual, te lo piensas?

R. Es gradual, porque vuelvo al año siguiente sin que yo haya abierto un proyecto, simplemente habiéndome dedicado a ayudar a gente concreta y a casos particulares que me llegaban. Al año siguiente vuelvo a visitar el orfanato de Lamu y me doy cuenta de que tiene unas carencias terribles y de que la ayuda que yo había dado se había evaporado y que los niños recibían un trato despótico. Ahí me planteo abrir un lugar alternativo en el que los niños estén cuidados y tengan un grado de libertad distinto al que tienen.

P. ¿Cómo un hombre solo, una persona que no pertenece a una gran ONG se gana la confianza de la gente de Lamu y de los niños?

R. Es el trabajo, la seriedad y los resultados de ese trabajo los que te van dando la razón. Cuando te vas a un lugar así te encuentras con un viaje en el tiempo, una sociedad con muchos prejuicios, un espacio que está aislado y muchas reservas por parte de mucha gente.

P. Empiezas creando un comedor social.

R. Los niños no estudiaban y ganármelos para que estudiaran y se valorasen ha sido una labor psicológica  muy fuerte. Al principio, la comida fue una manera de atraerlos. Me di cuenta de que el índice de desnutrición era salvaje, que el niño era el último en comer en muchas casas. En mi casa era todo lo contrario, era el primero en comer aunque muchos días supusiera que mi pareja y yo nos acostáramos esa noche sin comer.

Rafael en el comedor de la Casa de Acogida

Rafael en el comedor de la Casa de Acogida

P. La comida fue el primer paso para recuperarlos, ¿qué viene luego?

R. Se trata de un proyecto integral que incluye muchas cosas: primero la comida, luego empezamos a jugar y cantar, la música es muy importante para ellos, el baile es un escape maravilloso… todo fue muy gradual hasta que abrimos los libros. Igual que fue muy gradual hasta que nos sentamos en una mesa a comer, suelen comer en el suelo y compartiendo todo con las manos. Hemos ido introduciendo cosas poco a poco conforme se van recuperando de traumas muy gordos.

P. El proyecto se multiplica, creáis la casa de acogida, un hospital… ¿Cómo habéis conseguido crecer de esta forma?

R. Es muy difícil porque cada socio es una conquista, cada socio con 15 ó 20 euros al mes es una seguridad enorme. Y no entran tantos socios, menos ahora con la crisis. Ha sido un esfuerzo de boca a boca durante estos siete años. Empece con mis ahorros y lo poco que tenía y con mucha esperanza de que dándolo a conocer la gente ayudara, porque tengo la idea de que vivimos en uno de los países más solidarios. Así que creamos la ONG Anidan para poder acoger a más niños. Esto suponía complicarme la vida, pero una vez metido en esa realidad, con tal grado de injusticia, de hambre, de problemas, intentas ayudar a los más que puedes.

P. Cuando empezaste, ¿imaginaste que el proyecto iba a llegar a esta dimensión?

R. Es lo que quieres imaginar. Trabajas con ilusión para ayudar a un gran número de gente, pero jamás hubiera pensado en el nivel de apoyo desde España estando en África.

P. ¿Hacéis un seguimiento? ¿Sabéis como continúan su vida los chicos que han pasado por vuestra casa?

R. Los primeros niños que tuvimos ya están trabajando: uno en una empresa de autobuses, otro en una de informática, otro es policía. También tenemos algunas chicas que han conseguido entrar en la Universidad, pese a competir desde el medio rural con las chicas que viven en los centros urbanos. Es lo que menos esperaba, una reacción tan rápida. Pensaba en generaciones posteriores, que han entrado muy jóvenes en el proyecto y que han tenido más apoyo escolar, pero esta generación me tiene admirado por su capacidad de reacción.

P. ¿Qué has aprendido de tu vida en Kenia?

R. Es un país apasionante. Los primeros años lo que he hecho es, más que nada, aprender mucho. Es difícil porque hay que desaprender otras cosas de aquí (España): el nivel de confort, de necesidades que uno se crea, tienes que ajustarte a la realidad africana porque si no lo vas a pasar muy mal.

Casa de Acogida, dormitores y comedor de Anidan en Lamu

Casa de Acogida, dormitorios y comedor de Anidan en Lamu

P. ¿Echas de menos Lamu cuando estás aquí?

R. Enseguida, porque allí te sientes muy realizado. La capacidad de cambio de un niño es tan asombrosa que rápidamente vuelve a estar feliz y transmitiendo esa felicidad. No hay nada más agradecido.

P. En el blog, buscamos los orígenes del altruismo, intentamos saber si está relacionado con el parentesco, como indicó William D.Hamilton. ¿Tú te fuiste allí sin que hubiera ninguna variable relacionada con esta regla?

R. Efectivamente, de hecho la posibilidad de irme allí surgió porque no estaba muy atado, no tenía hijos, ni una relación estable y me pareció una oportunidad. También es cierto que al ayudar te sientes muy bien, es muy gratificante.

P. ¿Piensas volver a España?

R. Mi vida está allí, ojalá consiga mantener la salud, que es lo más importante, porque cada año que paso allí es una Malaria más y, al final, el organismo parece que no aguanta todo eso. Llevo en siete años, cinco Malarias y un Dengue, pero espero aguantar fuerte muchos años.

P. ¿Temes que tengas que abandonar el proyecto en algún momento o dar el relevo a alguien?

R. Afortunadamente se va consolidando un grupo de trabajo muy importante, está muy basado en la confianza en el keniano y mi situación es más desahogada. Antes era un sinvivir las 24 horas, ahora el equipo de trabajo funciona cada vez mejor. De momento me veo con energía para seguir unos cuantos años.

Xavier Helgesen, libros para un mundo mejor

14 junio 2009 - 20:41 - Autor:

Xavier Helgesen. Foto: Better World Books

Xavier Helgesen. Foto: Better World Books

En 2002, Xavier Helgesen y Christopher ‘Kreece’ Fuchs, dos alumnos y compañeros de habitación de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE.UU.) graduados en sistemas de información e ingeniería mecánica, divagaban acerca de su futuro en un momento en el que la burbuja de internet estallaba. Acababan de licenciarse y, mientras terminaban de resolver cómo seguiría su vida, Kreece decidió vender por internet  los libros de texto que Xavier amontaba en la habitación.

La cosa funcionó y Xavier decidió que debían hacer lo mismo con todos los libros abandonados y amontonados por el campus. En seis meses habían reunido 2.000 ejemplares y conseguido 20.000 dólares con las ventas. Habían plantado la semilla de un negocio al que dotaron de alma cuando decidieron que una de las claves de su desarrollo sería que donarían una parte de los beneficios generados por las ventas a la alfabetización de personas sin recursos, especialmente en países de África y Sudamérica. Desde entonces,  Better World Books ha recaudado  más de 3 millones de dólares para varias organizaciones que luchan por el derecho universal a la educación, así como donado 1,2 millones de libros a través de Books for Africa, el National Center for Family Literacy, y Feed the Children.

La filosofía de Better World Books se resume así: recogenlibros entre universidades, librerías y comunidades a lo largo y ancho de  EE.UU. y Canadá (entre 30.000 y 40.000 al día) y los venden por internet para financiar iniciativas de alfabetismo por todo el mundo. Esta es la parte esencial y distintiva del proyecto y una de las guías principales del trabajo de Xavier y el resto del equipo, tal como afirma en una entrevista para Green Business Innovators.

La gente en EE.UU. gastará 20 billones de dólares en libros en 2009. Si podemos canalizar una parte de ese gasto hacia programas de alfabetización, podemos tener una gran incidencia en el hecho de que una de cada siete personas en el mundo no sabe leer.

Con más de dos millones de títulos nuevos y usados en stock, la empresa trabaja en tres líneas fundamentales: crear valor social, económico y ambiental.

  1. Valor social. Con el 7,5% de cada venta destinado a programas de alfabetización.
  2. Valor medioambiental. Su filosofía es no tirar ningún libro, sino reutilizarlos. Aunque venden libros nuevos, el núcleo de la empresa está en su idea original: encontrar nuevos hogares para viejos libros, ya sea a través de la venta por internet a particulares, ya sea a través de la donación a organizaciones que se encargan de llevarlos a bibliotecas de todo el mundo, especialmente África.
  3. Valor económico. Better World Books no deja de ser una empresa, con trabajadores (200), impuestos que pagar, etc., así que su objetivo es generar beneficios, 21 millones de dólares en 2008. Además, ayuda a cientos de librerías a dar salida a sus libros almacenados para luego repercutir los beneficios que hayan generado las ventas on line (2,3 millones de dólares). Por cierto, me llama la atención los costes de envío: ninguno dentro de EE:UU y solo 3,97 $ para el resto del mundo.

Así que tenemos un proyecto que genera riqueza, promueve proyectos de alfabetización y “salva” de la basura a millones de libros, 25 millones en concreto. La compañía acaba de ser elegida por la prestigiosa revista Business Week y sus lectores entre los 5 proyectos más relevantes en el ámbito de los emprendedores sociales en EE.UU.

Sin embargo, desde el mes de enero están sufriendo los efectos de la crisis global y atraviesan dificultades para subsistir, tal como anunciaba Xavier en el blog de la compañía en el mes de enero. La empresa se ha dado hasta el mes de agosto para ver si las medidas que acometieron a principios de año (rebaja de salarios, un 20% los “jefes”, eliminación de 42 puestos de trabajo, etc.) funcionan. En breve lo sabremos, suerte para Xavier y sus libros para un mundo mejor.

Greg Mortenson, el próximo Premio Nobel de la Paz (I)

17 mayo 2009 - 20:09 - Autor:

Hasta el próximo mes de octubre el Instituto Nobel Noruego no dará a conocer su elección de entre las 205 candidaturas presentadas al Nobel de la Paz. Pero estoy seguro de que si lees Tres tazas de té te convencerás de que este señor estadounidense llamado Greg Mortenson ha hecho suficientes méritos para recibirlo.  ¿Quién es Greg Mortenson? Un tipo normal, un enfermero, amante del alpinismo, que ha construido 78 escuelas para 33.000 niños en Pakistán y Afganistán.

Greg Mortenson en una escuela para niñas en Pakistán (Foto: Greg Mortenson y el Central Asian Insitute)

Greg Mortenson en una escuela para niñas en Pakistán (Foto: Greg Mortenson y el Central Asian Institute)

Al enfrentarse a este tipo de personajes y de historias, uno siempre teme que haya más marketing que realidad, pero esa primera barrera la salva el autor del libro, el periodista David Oliver Relin, que en el primer capítulo deja muy claro que Mortenson es un tipo absolutamente humilde, al que no le gusta hablar de sus logros. Es más, Relin empieza por los defectos y cuenta que estuvo a punto de dejar el proyecto por la insoportable impuntualidad de Mortenson, característica forjada en sus 14 años de vida en Tanzania, África, donde el tiempo, como en el resto de países del continente,  fluye a otro ritmo. “Vosotros los europeos tenéis el reloj, nosotros los africanos, el tiempo”, es un dicho que recoge el periodista Xavier Moret en su libro A la sombra del Baobab.

El caso es que Greg Mortenson es un apasionado del alpinismo que en 1.993, cuando tenía 36 años, tras un fallido intento de ascensión al K2, acabó perdido y enfermo en una aldea, Korphe, del norte de Pakistán. Allí descubrió que los niños no disponían de lo mínimo para aprender a leer y escribir, no tenían ni siquiera un techo y sus lápices eran palos que mojaban en barro. Después de unos días en los que todos en la aldea le acogieron como a un hijo y le ayudaron a recuperarse, Mortenson prometió que volvería para construir una escuela. 16 años después, Mortenson ha creado 78 escuelas en Pakistán y Afganistán para 33.000 niños, venciendo todo tipo de dificultades. ¿Cómo un tipo corriente, sin un dólar en el banco, consigue algo así? Eso es lo que os voy a contar en este y otro próximo post y eso es lo que se describe en  Tres tazas de té, un best-seller que lleva 119 semanas en la lista de los libros más vendidos que elabora el New York Times.

Nació en Minnesota, pero a los tres meses ya estaba en Tanzania, donde sus padres, misioneros luteranos, acudieron para ejercer como maestros y para poner en pie el Centro Médico Kilimanjaro, uno de los principales hospitales del país. En África nació Christa, la más pequeña de la familia, que contrajo una meningitis de la que nunca se recuperó y por la que murió con 23 años, sin conocer los logros de su hermano.

Christa es clave en la vida de Greg Mortenson, él se erigió en su protector y dedicó buena parte de sus esfuerzos esos años (licenciatura en enfermería, estudios en neurofisiología de la epilepsia) en buscar soluciones a su enfermedad. Greg Mortenson llevaba como amuleto en su fallida ascensión al K2 un collar de ámbar que perteneció a Christa, la figura de su hermana aparece en numerosos momentos del libro, especialmente al principio, cuando compara su perseverancia con la de los niños pakistaníes “Me recordaban al modo en que Christa tenía que luchar por las cosas más sencillas. Y también al modo en que perseveraba, sin importarle lo que le depararía la vida.” En Christa, encontramos la razón del altruismo  de Greg Mortenson. A veces parece que en Greg se cumple la regla de William, pero en un nivel que el biólogo Hamilton no contempló: todas las acciones de Mortenson parecen inspiradas por la figura de Christa, aunque ella no pudiera disfrutarlas.

De vuelta en San Francisco, EE.UU, Greg Mortenson empieza su odisea para conseguir los 12.000 dólares con los que construir su primera escuela. Sus recursos: un Buyk Buick  color burdeos al que bautiza como La bamba, y que será su casa hasta que consiga reunir el dinero para volver a viajar hasta Korphe, y la ayuda de Syed, un pakistaní, propietario de la tienda en la que Mortenson alquila el ordenador con el que escribe 580 cartas dirigidas a periodistas y personalidades del país. “Empleando materiales autóctonos y la  mano de obra de los artesanos de la zona, estoy seguro de que la escuela podría levantarse por 12.000 dólares” rezaba uno de los párrafos de la carta. Seis meses después solo había respondido un antiguo compañero de fútbol en la Universidad de Dakota del Sur.

Gren Mortenson en 1996, año en el que construye la primera escuela (Foto cortesía de Greg Mortenson y el Central Asian Institute

Greg Mortenson en 1996, año en el que construye la primera escuela (Foto cortesía de Greg Mortenson y el Central Asian Institute

Pero su suerte cambió cuando Tom Vaughan, compañero en el Hospital Universitario de San Francisco (Greg trabajaba en urgencias) y amante del alpinismo, escribe un artículo sobre su proyecto en la revista de la Fundación Americana del Himalaya. En este punto entra en escena el Dr. Jean Hoerni, otro apasionado del Karakorum, y uno de los pioneros de Sillicon Valley, un tipo con el suficiente dinero e intuición para apoyar a Mortenson: “Si te doy dinero para tu escuela, ¿no pensarás largarte a alguna playa de México, a fumar hachís y a tirarte a tu novia, ¿verdad?”, le preguntó Hoerni en su primera conversación.

Con el cheque de Hoerni en el bolsillo (adornado con este mensaje  “No la cagues. Saludos. J.H”) y los 500 dólares que sacó al vender La bamba, Greg Mortenson empezaba el proyecto de su vida, el proyecto con el que honraba la memoria de su hermana Christa, el proyecto por el que, quizás, reciba, el próximo Premio Nobel de la Paz.

Continuará…

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Sobre el blog

Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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