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¿Todos podemos cambiar el mundo?

3 febrero 2010 - 22:51 - Autor:

Estos días en Madrid se puede ver una campaña de publicidad exterior (vallas, marquesinas, etc) con esta frase “Todos podemos cambiar el mundo”. Al eslogan le acompañan diversas fotografías de emprendedores sociales españoles seleccionados por Ashoka. Y, ¿Qué es Ashoka? Se trata de una institución que promueve y potencia el trabajo de personas y organizaciones que buscan mejorar el mundo. Y lo hacen a través de una lógica empresarial: es decir busca individuos orientados a objetivos, con capacidad para hacer negocios, pero cuyo fin no es lucrarse sino promover un cambio social.

Campaña "Todos podemos cambiar el mundo". En este cartel, Pau Llop

Campaña "Todos podemos cambiar el mundo". En este cartel, Pau Llop

Lo viene haciendo desde 1981 a través de más de 2.000 emprendedores de 60 países, incluido España. Junto a la campaña de difusión también han lanzado una comunidad on line para buscar y detectar a nuevos changemakers, así que si estás luchando por mejorar tu barrio, tu comunidad, tu centro social o educativo… no dudes en contarlo y buscar la ayuda de una institución que te va a reforzar en tus objetivos.

Detrás de cualquier empresa, de cualquier proyecto, siempre hay personas y lo que me llama la atención de Ashoka es que siendo una iniciativa tan potente, tan importante, tan revolucionaria, su fundador e inspirador, Bill Drayton, apenas tiene protagonismo mediático. No sé si se debe a su deseo o, simplemente, a que su historia nunca ha interesado. En cualquier caso, creo que merece que dedique unas líneas a una persona que ha cambiado el guión de cientos y cientos de personas.

Hijo de una inmigrante australiana en EE.UU y de un aventurero, Bill estudió en Harvard y Yale y pronto llegó a la élite de las empresas de consultoría, Mckinsey, desde donde pasó a trabajar para la Agencia de Protección Ambiental de EE.UU hasta que, finalmente, en 1980 se decidió a crear Ashoka. Pero antes de llegar a este punto, busquemos la inspiración, ¿Qué fue lo que removió a Drayton, lo que le transformó? Parece que en el verano de 1963, con apenas 20 años, Bill fue testigo de cómo un líder y una idea cambiaron el modo de vida de miles de personas. Ocurrió en la India y el protagonista fue Vinoba Bhave, un discípulo de Gandhi que recorrió durante años todo el país para conseguir una redistribución justa de las tierras y las propiedades entre las castas más bajas. Drayton caminó al lado de Vinoba durante ese verano y quedó marcado para siempre.

Bill Drayton en una foto reciente. Fuente: Wikipedia

Bill Drayton en una foto reciente. Fuente: Wikipedia

La India es clave en el proceso de creación del proyecto. En primer lugar, el nombre lo tomó del que se considera el fundador del país: el emperador Ashoka el Grande. En segundo lugar, en la India encontró Drayton a su primer emprendedor, en el año 1982.

Llegando al final del post y tras conocer la historia de Drayton y bucear en algunos de los emprendedores que propone Ashoka, la pregunta es ¿Todos podemos cambiar el mundo? ¿Es solo un eslogan que suena bien o realmente cualquier persona tiene esa capacidad? Creo que todos podemos hacer algo, cada uno en función de sus limitaciones, de sus condicionantes, pero ¿cambiar el mundo? No sé, si no somos capaces de sonreír cuando nos para un voluntario de un ONG que quiere “adoptarnos” (hacernos socios) para su causa o si renegamos cada vez que vamos a comprar el pan y nos cruzamos con el senegalés que vende La Farola, ¿realmente podemos cambiar el mundo? No lo creo, empecemos por los pequeños gestos cotidianos, por mejorar lo que tenemos más a mano y seguro que podremos seguir por objetivos más grandes.

Jeff Skoll, auténtico millonario “social”

26 noviembre 2009 - 22:54 - Autor:

Jeffrey Skoll

Jeffrey Skoll

Con frecuencia se hacen listas para clasificar a los millonarios más solidarios, más comprometidos. Es un tema un poco aburrido, genera recelo, desconfianza, se cuestiona siempre la fuente y, la verdad, muchas veces no nos creemos nada, seguramente porque vienen firmadas por personas más afines al mundo de los negocios que al de la acción social. Me acaba de pasar leyendo la lista que ha elaborado Eli Broad (un multimillonario) para Forbes.

Nos ocurre lo mismo con las estrellas de Hollywood, siempre tendemos a pensar que todo lo que hacen es parte del show, que sus incursiones con ACNUR en Darfur o Etiopía son resultado de un estudio/análisis de mercado, un consejo de su asesor de imagen. Me temo que puede haber algo de envidia, seguro, pero también algo de verdad. Sin ir más lejos, tenemos el caso de Nicholas Cage, arruinado por su lujoso estilo de vida y denunciado por su asesor financiero, de pronto, ha decidido coger el petate y hacer el bien en Kenia. ¿Hay algo de operación de lavado de imagen? Sí. Claro que también puede que haya visto la luz y la situación extrema que atraviesa le haya hecho cambiar su escala de valores.

El caso es que entre todo el grupo de millonarios filántropos vengo observando durante algún tiempo el trabajo de Jeffrey Skoll, fundador y primer presidente de Ebay. Su fundación es un referente en el apoyo a emprendedores sociales en todo el mundo. Desde hace más de cuatro meses sigo su blog y me gusta el tipo de proyectos que apoyan: salud, derechos humanos, medio ambiente… Y también estoy atento a SocialEdge, su red de emprendedores.

Así que, profundizando un poco en la vida de Skoll, descubro que también es el responsable del documental de Al Gore Una verdad incómoda, a través de su productora, Participant Media. Una productora que apuesta por historias sobre sostenibilidad, humanidad, justicia, etc. Interesante el trabajo que han hecho y cómo lo cuentan. Recomiendo dar una vuelta por su web para descubrir qué tipo de proyectos cinematográficos eligen y cómo los apoyan con acciones sociales concretas. Además, han creado algunas pequeñas obras maestras, como The Visitor.

Me termina de convencer la charla que dio en TED en 2007.

Pasé de vivir en una casa con cinco amigos en Palo Alto y comer de sus sobras a  tener todo tipo de recursos. Quería descubrir como podía aprovechar esos recursos y compartirlos con el mundo. En esa época conocí a John Gardner, un hombre excepcional. Fue el arquitecto de los programas sociales de Lyndon Johnson en los 60. Y le pregunté que sentía que era lo mejor que yo podía hacer, o cualquiera podía hacer, para conseguir una diferencia en los temas a los que se enfrenta la humanidad. Y John dijo, “Apuesta por gente buena haciendo cosas buenas”.

Skoll aplica una filosofía “Invierte, conecta, celebra”:

Invierte: si ves gente buena haciendo cosas buenas, invierte en ellos. Invierte en sus organizaciones.  Conéctala a través de conferencias, como TED, que trae tantas conexiones poderosas, o a través del Foro Mundial de Emprendimiento Social que mi fundación hace en Oxford cada año. Y celebrémoslo, contemos sus historias.

10 “viejos” que están cambiando el mundo

4 noviembre 2009 - 1:07 - Autor:

Hay gente que cuando cumple 60 años se apaga, sienten que lo mejor de su vida ya ha pasado y, si a esto unimos la jubilación, el resultado es catastrófico. Seguro que tenéis casos cerca. Aunque no es uno de los temas más frecuentados por La regla de William, sí se ha demostrado que más allá de esa edad, todavía hay mucho que aportar, mucho que decir. Podéis comprobarlo con Encarnita o con José Luis Jordana. Ahora, la comprobación viene, como no, desde ese país que antes odiábamos y ahora (Obama effect) parece que amamos. Acaban de concederse los Purpose Prize, que reconocen el trabajo social de personas que han superado los 60 y, viendo a los premiados, uno se queda absolutamente sorprendido: son historias impresionantes de personas que están consiguiendo resultados, están marcando la diferencia, ¿alguien diría que son unos “viejos”?

La historia de Elizabeth (68) y Stephen (68) empieza el 11 de septiembre de 2001, el día del atentado en las Torres Gemelas perdieron a su hijo Peter, de 25 años. Los meses siguientes estuvieron pensando la forma de honrar la memoria de Peter.

Elizabeth y Stephen Alderman. Ganadores del Purpose Prize. Foto Flickr. CivicVentures.org

Elizabeth y Stephen Alderman. Ganadores del Purpose Prize. Foto Flickr. CivicVentures.org

La idea llegó una noche, mientras veían un informativo en el que se daba una cifra escalofriante: existen cerca de 1 billón de personas en el mundo que han sobrevivido a la guerra, la tortura o el terrorismo, con los traumas que esas circunstancias dejan en la mente de cualquier ser humano.

No pudimos ayudar a nuestro hijo, pero podíamos hacer algo por aquellos que sobreviven

Así que crearon la Fundación Peter C.Alderman para crear sistemas de salud mental en países desgarrados por contiendas. En concreto, para ayudar a los médicos locales a tratar a las personas que sufren trastornos como el estrés postraumático. En ocho años han establecido nueve clínicas y formado a 385 médicos locales que, a su vez, han enseñado a más de 400 profesionales de la salud. Y más de 100.000 personas han recibido ayuda en Camboya, Etiopía, Kenya, Liberia, Rwanda, Somalia, Sudán, Tanzania, Uganda, Burundi, el Congo y Zimbabwe. Es duro comprobar cómo de un hecho triste puede nacer un proyecto de esta dimensión. Espectacular. ¿Por qué no hay gente así en este país?

Ahí va un resumen de los otros “mayores” cuyo altruismo ha merecido un premio:

  • Judith Broder (69), Los Ángeles. Esta psiquiatra ha creado “El proyecto de los soldados”,  a través del que ofrece terapia gratuita e ilimitada a los veteranos de guerra de Irak y Afganistán.
  • Don Coyhis (66), Colorado. Un ejecutivo de una empresa tecnológica que pasó por el alcoholismo y que, tras descubrir el poder sanador de la tradiciones y culturas indígenas norteamericanas, ha creado una organización que ayuda a recuperarse a los que han caído en las adicciones. Ha fundado un movimiento llamado Wellbriety.
  • Henry Liu (73), Columbia. Ex profesor de ingeniería, ha encontrado una manera de transformar las cenizas que genera la combustión del carbón en ladrillos que funcionan igual que los clásicos de arcilla. El proceso es más barato, requiere menos energía y, sobre todo, no contamina. Los “ladrillos verdes” están produciéndose ya en 11 países.
  • Timothy Will (61), Carolina del Norte. Utilizó su experiencia en telecomunicaciones para conectar a los productores agrarios locales del condado de los Apalaches con los restaurantes y los chefs de la ciudad, ayudando así a muchos ex-trabajadores de fábricas a reincorporarse al mercado laboral.
  • Marcy Adelman (63), San Francisco. Como psicóloga, Adelman sabe que muchos gays, lesbianas y transexuales, cuando llegan a edades avanzadas, se encuentran solos, la mayoría sin entorno familiar, hijos, etc, de forma que ha puesto en marcha un proyecto en San Francisco (Openhouse) para facilitarles viviendas asequibles, así como para crear una comunidad en la que estén atendidos.
  • Duncan Campbell (65),  Portland. Tras pasar por el trauma de haber sido criado por dos padres alcohólicos, Duncan ha creado una asociación (Amigos de los niños) por la que los chavales descarriados pueden contar con un mentor/tutor que les ayuda a salir adelante.
  • Ann Higdon (69), Dayton (Ohio). Ann tuvo una infancia difícil, sin ningún interés por estudiar, hasta que se acabó encontrando con un profesor que le inspiró. Siempre ha estado vinculada a proyectos para la comunidad y, desde hace unos años, dirige ISUS – Improved Solutions for Urban Systems – organización en la que “recluta” a jóvenes que han abandonado la escuela, les enseña un oficio y les ayuda a recuperar los estudios.
  • Connie Siskowski (63), Florida. Siskowski tuvo que ocuparse de su abuelo cuando era una adolescente, de forma que vivió en primera persona el estrés que supone esa responsabilidad para una joven que está creciendo. Su experiencia le ha llevado a crear una organización (American Asociation Caregiving Youth) que facilita a los jóvenes que tienen que cuidar de familiares enfermos, grupos de apoyo, formación y otros recursos para facilitarles su vida y para que no dejen de hacer lo que cualquier persona de su edad.
  • James Smallwood (62), Nueva Jersey. James consiguió rehabilitarse de su adicción a la cocaína y se propuso ayudar a otros ex-drogadictos y ex-convictos a rehacer su vida a través del trabajo y la formación. Ha creado una organización que emplea en la construcción a esas personas en riesgo de exclusión social, al tiempo que les ayuda a formarse.

Ingrid Lemus reinventa La Limonada

17 septiembre 2009 - 0:11 - Autor:

A veces, la solución a los grandes problemas está en las ideas sencillas. No siempre hay que inventar la fórmula de la Coca-Cola, ni contratar a una multinacional de la consultoría para que diseñe un plan estratégico. En el caso del barrio de La Limonada, en Guatemala, el problema es la contaminación, la ingente cantidad de deshechos, especialmente plástico, que acumulan los vecinos. Pues unos jóvenes universitarios han aplicado el sentido común, la visión empresarial y el esfuerzo personal para ayudar a los habitantes a limpiar sus espacios públicos y, de paso, obtener unos ingresos para la comunidad.

Ingrid Lemus trabaja para Students in Free Enterprise (SIFE), una ONG presente en 47 países que promueve el desarrollo de proyectos empresariales que mejoren la calidad de vida de los individuos de la comunidad. En concreto, Ingrid desarrolla su labor desde la oficina de SIFE en la Universidad del Valle de Guatemala. A través de una fundación que ofrece educación a los niños de la barriada, Ingrid y su equipo entraron en contacto con la realidad de La Limonada y del río que le atraviesa, uno de los más contaminados del país.

¿Qué han hecho?

  • Programas de educación para el reciclaje en colegios, restaurantes y bloques de viviendas.
  • Creación de almacenes en los que reunir todos los deshechos reutilizables, especialmente plástico.
  • Puesta en marcha de un programa de formación para que grupos de mujeres aprendan a fabricar bolsas elaboradas con el desecho industrial de las envolturas de frituras, para luego venderlas, sobre todo en EE.UU.


Suena bien, ¿no? Suena fácil y sencillo. Lo difícil en muchos de estos casos es que el proyecto tenga éxito, que la comunidad se implique, que los delincuentes del barrio, las “maras” te permitan trabajar.

Entrar a una comunidad que es conocida por ser cuna de delincuentes no es fácil. Además, es un reto encontrar a personas que quieran entrar… No podemos llegar solos, y si es en el sector de Mandarina alguno de la comunidad nos tiene que acompañar. Ha resultado un poco difícil hacer que las personas adultas se involucren en el reciclaje; es más fácil educar a los niños que a los que ya tienen sus costumbres y hábitos. Además, tuvimos que convencerlos de que lo que estamos haciendo los beneficia directamente a ellos.

Es lo que contaba Ingrid en uno de los blogs de change.org (uno de las comunidades de referencia en EE.UU. en relación al emprendimiento social y a las ONG). El proyecto también forma parte de la comunidad Ashoka, una de las más importantes redes que promueven en el mundo las empresas sociales y el desarrollo de ideas y proyectos innovadores para mejorar la vida de las comunidades.

Enlazando con el argumento inicial del post, proyectos como Reinventando La Limonada nos demuestran, como ya conté en un reciente post sobre la Fundación BillGates, que muchas veces es más importante conocer el entorno en el que te mueves, saber trabajar un proyecto desde la base, escuchar de primera mano las necesidades de los que viven el problema.

Cine para los que no pueden pagar cine

16 julio 2009 - 22:17 - Autor:

Aquí, vengo combinando historias y personas cuyo vínculo fundamental es su altruismo, un día decidieron cambiar de vida y dedicarse a luchar, a trabajar, a ayudar a los demás de forma total y desinteresada. Son personas necesarias, imprescindibles. Pero también estoy contando la historia de otras personas que han combinado la búsqueda de soluciones a problemas y necesidades sociales con el desarrollo de una empresa tradicional, en lo que podríamos calificar como emprendedores sociales. Ahí está Kiva o Better World Books.

Ariel, con corbata, fundador de Cinepop. Foto: Cinepop

Cinepop es el resultado de la unión de cine+popular. La idea de su fundador, Ariel Zylberstejn, un estudiante de Ciencias de la Comunicación que siempre supo que no iba a hacer cine, es que la gente humilde de México, aquellos que no tienen a su alcance pagar una entrada de cine, puedan también disfrutar de esos momentos de magia.

Una entrada para ver, por ejemplo, Enemigos públicos este viernes en México DF nos costaría 55 pesos, 2,86 euros. No parece un precio excesivo comparado con los 7 euros de media de una ciudad como Madrid, pero si tenemos en cuenta que la renta per cápita en México es de 10.235 dólares, frente a los 35.331 de España, ya es otra historia; y si consideramos que en México las desigualdades sociales son más acusadas que en nuestro país, terminamos de comprender que la idea del cine como un espectáculo popular no existe (¿ocurre también en España?).

Pues Cinepop, desde el 2005, a través de pantallas inflables, monta cines ambulantes con capacidad para hasta 10.000 personas. Es una idea sencilla y efectiva. Ariel tiene muy claro su papel como emprendedor social.

Un emprendedor social es aquel que encuentra una problemática social y logra cambiar los paradigmas que existen dentro de la industria, dentro de la sociedad, para crear algo novedoso

Cinepop, por tanto, no deja de ser una empresa cuya vía de financiación está en los patrocinios y en la publicidad: spots en las funciones, folletos, bolsas promocionales… Es su forma para poder garantizar entretenimiento y cultura gratis a miles de personas.

Una de las pantallas inflables de Cinepop. Foto: Cinepop

Una de las pantallas inflables de Cinepop. Foto: Cinepop

Xavier Helgesen, libros para un mundo mejor

14 junio 2009 - 20:41 - Autor:

Xavier Helgesen. Foto: Better World Books

Xavier Helgesen. Foto: Better World Books

En 2002, Xavier Helgesen y Christopher ‘Kreece’ Fuchs, dos alumnos y compañeros de habitación de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EE.UU.) graduados en sistemas de información e ingeniería mecánica, divagaban acerca de su futuro en un momento en el que la burbuja de internet estallaba. Acababan de licenciarse y, mientras terminaban de resolver cómo seguiría su vida, Kreece decidió vender por internet  los libros de texto que Xavier amontaba en la habitación.

La cosa funcionó y Xavier decidió que debían hacer lo mismo con todos los libros abandonados y amontonados por el campus. En seis meses habían reunido 2.000 ejemplares y conseguido 20.000 dólares con las ventas. Habían plantado la semilla de un negocio al que dotaron de alma cuando decidieron que una de las claves de su desarrollo sería que donarían una parte de los beneficios generados por las ventas a la alfabetización de personas sin recursos, especialmente en países de África y Sudamérica. Desde entonces,  Better World Books ha recaudado  más de 3 millones de dólares para varias organizaciones que luchan por el derecho universal a la educación, así como donado 1,2 millones de libros a través de Books for Africa, el National Center for Family Literacy, y Feed the Children.

La filosofía de Better World Books se resume así: recogenlibros entre universidades, librerías y comunidades a lo largo y ancho de  EE.UU. y Canadá (entre 30.000 y 40.000 al día) y los venden por internet para financiar iniciativas de alfabetismo por todo el mundo. Esta es la parte esencial y distintiva del proyecto y una de las guías principales del trabajo de Xavier y el resto del equipo, tal como afirma en una entrevista para Green Business Innovators.

La gente en EE.UU. gastará 20 billones de dólares en libros en 2009. Si podemos canalizar una parte de ese gasto hacia programas de alfabetización, podemos tener una gran incidencia en el hecho de que una de cada siete personas en el mundo no sabe leer.

Con más de dos millones de títulos nuevos y usados en stock, la empresa trabaja en tres líneas fundamentales: crear valor social, económico y ambiental.

  1. Valor social. Con el 7,5% de cada venta destinado a programas de alfabetización.
  2. Valor medioambiental. Su filosofía es no tirar ningún libro, sino reutilizarlos. Aunque venden libros nuevos, el núcleo de la empresa está en su idea original: encontrar nuevos hogares para viejos libros, ya sea a través de la venta por internet a particulares, ya sea a través de la donación a organizaciones que se encargan de llevarlos a bibliotecas de todo el mundo, especialmente África.
  3. Valor económico. Better World Books no deja de ser una empresa, con trabajadores (200), impuestos que pagar, etc., así que su objetivo es generar beneficios, 21 millones de dólares en 2008. Además, ayuda a cientos de librerías a dar salida a sus libros almacenados para luego repercutir los beneficios que hayan generado las ventas on line (2,3 millones de dólares). Por cierto, me llama la atención los costes de envío: ninguno dentro de EE:UU y solo 3,97 $ para el resto del mundo.

Así que tenemos un proyecto que genera riqueza, promueve proyectos de alfabetización y “salva” de la basura a millones de libros, 25 millones en concreto. La compañía acaba de ser elegida por la prestigiosa revista Business Week y sus lectores entre los 5 proyectos más relevantes en el ámbito de los emprendedores sociales en EE.UU.

Sin embargo, desde el mes de enero están sufriendo los efectos de la crisis global y atraviesan dificultades para subsistir, tal como anunciaba Xavier en el blog de la compañía en el mes de enero. La empresa se ha dado hasta el mes de agosto para ver si las medidas que acometieron a principios de año (rebaja de salarios, un 20% los “jefes”, eliminación de 42 puestos de trabajo, etc.) funcionan. En breve lo sabremos, suerte para Xavier y sus libros para un mundo mejor.

Cristóbal Colón y los yogures que dan sentido a la vida

2 junio 2009 - 0:28 - Autor:

La tradición familiar le empujaba al negocio de la sastrería, pero las inquietudes personales e intelectuales le llevaron a trabajar en un manicomio en Zaragoza, donde descubrió que el trabajo es el arma fundamental para rehabilitar a los enfermos mentales. Con esa idea creó La Fageda, una cooperativa agrícola en Gerona cuyo éxito social y empresarial es objeto de estudio en Escuelas de Negocios como el IESE y ESADE o Universidades como Harvard. Desde hace 16 años, una empresa formada, mayoritariamente, por personas con discapacidad fabrica unos yogures excelentes (contrastado) que ocupan el tercer lugar en el mercado catalán, donde compite de igual a igual con Danone y Nestlé.

P. ¿Qué le aportó ese tiempo en el psiquiátrico? Después de varios años, afirma que tenía que salir de allí por salud mental. ¿Un psiquiátrico anula no solo a los enfermos sino también a los médicos, celadores, etc, que trabajan en él?

R. En aquella época las instituciones como los hospitales psiquiátricos o las cárceles estaban basadas en una estructura en la que las personas que están dentro no pueden salir y toda su vida la desarrollan dentro. Yo partía de la base de que eso no solo tenía un efecto negativo para los asistidos, sino para los asistentes. No eran hospitales con programas de terapia y recuperación. Eran hospitales donde la gente estaba recluida, sin más. Entendía que no era lo que yo necesitaba, ni lo que necesitaban los enfermos.

P. En 1982 inicia La Fageda, un proyecto para devolver la conciencia a los enfermos mentales a través del trabajo. Y de un trabajo con sentido empresarial, pero empezaron en una época de crisis importante en España. ¿Cómo fueron los primeros años?

R. Fueron unos años muy duros, la tasa de paro era altísima. La situación no era favorecedora, pero tampoco lo era quedarse en el hospital. Arriesgarse merecía la pena. Salimos del hospital con una sola idea: tenemos claro que el trabajo es una herramienta terapéutica muy potente para este tipo de personas, pero para que sea terapéutica tiene que ser un trabajo real. Lo que habíamos hecho era laborterapia, talleres para hacer manualidades, pero no tenían la categoría de trabajo, no era útil para nadie, no había intercambio económico, con lo cual no era un trabajo, era una forma de pasar el rato haciendo cosas con las manos. Para eso decidimos que había que montar una empresa.

Cristóbal Colón, 1º por la izquierda, y trabajadores de La Fageda

Cristóbal Colón, 1º por la izquierda, y trabajadores de La Fageda

P. En qué momento La Fageda da el salto y deja de ser uno de tantos centros ocupacionales para convertirse en una empresa de éxito.

R. La idea de tener una empresa real era esencial, lo que no sabíamos era como concretarla, pero, por lo menos, teníamos un horizonte.  Desde el 82 hemos hecho de todo, pero siempre teniendo claro qué es lo que no queríamos hacer. Empezamos, no obstante, trabajando para otros, pero conscientes de que teníamos que buscar un proyecto propio. Finalmente compramos una finca, empezamos a fabricar leche, en el 92  las cuotas lácteas de la UE supusieron un elemento amenazador y nosotros nos planteamos cómo salvar la situación. En ese momento surgió la idea de fabricar yogures. Esa fábrica ha funcionado, llevamos 16 años en ello.

P. ¿Da beneficios La Fageda?

Sí, y, en plena crisis, no estamos perdiendo ventas, estamos ganando. A nuestros clientes o bien no les afecta la crisis o, si les afecta, consideran que están dispuestos a seguir pagando nuestro plus de precio, porque somos más caros que la competencia.

P. Y todo, sin salir de Cataluña, porque han decidido no distribuir más allá ¿Cambiarán este modelo?

Lo mantenemos. Hemos construido una marca en clave territorial y creemos que todavía hay recorrido en Cataluña, no tiene sentido que nos aventuremos. Nuestro producto es frágil, hay que transportarlo en frío, tiene una fecha de caducidad corta… Hoy por hoy la territorialidad forma parte del proyecto de marca.

P. ¿Es importante que los trabajadores con discapacidad que integran La Fageda sientan que están involucrados en una empresa que funciona? ¿Les motiva la buena marcha del proyecto?

R. Desde el punto de vista empresarial somos una empresa de éxito. Cuando uno trabaja en una empresa de éxito, en la parte que le toca es una persona de éxito. Nosotros estamos orgullosos de formar parte de este proyecto. Si te colocas en la piel de una persona que ha pasado de estar toda su vida en un manicomio, que tenía un sentimiento de persona inútil, parasitaria, a formar parte de un proyecto en el que presumimos de ser los mejores fabricantes del mundo de yogures, hay un efecto terapéutico muy claro.

Imagen de marca de los yogures La Fageda

Imagen de marca de los yogures La Fageda

P. Los trabajadores de La Fageda, ¿tienen condiciones laborales a precios de mercado?

Nosotros damos cobertura al 100% de las personas de la comarca de La Garrotxa, no hacemos selección de personal, damos cobertura a todas las personas con discapacidad psíquica o enfermedad mental. De los 140 trabajadores con discapacidad, 40 están en el centro ocupacional. El resto, el que menos cobra, cobra el salario mínimo interprofesional y luego hay cinco categorías por encima. Hay una política de mejora escrita, objetiva y pública, como en cualquier empresa. Queremos que todos tengan un recorrido profesional. Nosotros decimos que trabajamos con personas con capacidades diferentes. Todos servimos para algo, pero sabemos que no todos servimos para lo mismo.

P. ¿Qué le queda por hacer?

R. Voy a cumplir 60 años, estoy moderadamente satisfecho en cuanto a mi vida profesional. Quiero que este proyecto continúe porque las necesidades de estas personas van a seguir. Yo me jubilaré y pasaré a otros intereses.

P. Usted ha comentado que la temprana muerte de su padre y la toma de conciencia de la realidad de la muerte es lo que ha dado sentido a su trayectoria, a sus proyectos. ¿De qué forma?

R. Mi percepción de la muerte me ha ayudado a vivir. Mucha gente solo se acuerda de la muerte cuando la ven delante, pero intentan olvidarla enseguida. Partiendo de la máxima “Muerte cierta, momento incierto”, no hay que hacer muchas cosas, pero sí hacerlas bien. Se trata de hacer lo que te toca, con la máxima honestidad y bondad posible.

P. En este blog buscamos los orígenes del altruismo, intentamos demostrar si la teoría de William D. Hamilton que relaciona altruismo con grado de parentesco se cumple. ¿Comparte La Regla?

R.  Estoy totalmente en desacuerdo. Todas las teorías de la biología y de la psicología modernas parten de una concepción antropológica. Si lo interpretas todo en clave de animal inteligente intentas buscar las respuestas a las preguntas desde este prejuicio previo. Yo pienso que el hombre es un ser espiritual y que el afán de la perfección y de la belleza y de la bondad son innatas a la esencia espiritual no a la esencia animal.

Conferencia de Cristóbal Colón en Infonomia:

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Sobre el blog

Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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