Hay que ser valiente para, en la sociedad que hemos creado, declarar públicamente que padeces trastorno bipolar. Todavía hay que ser más atrevido si tu porfesión es el periodismo. ¿Se puede ser aún más osado? Sí, se puede compartir, a través de un blog, tus sentimientos, miedos, experiencias…
Conozco a Beatriz Sancho (35) desde hace dos años, trabaja en la agencia de noticias Servimedia, especializada en información social. En septiembre de 2009 Beatriz decidió compartir con los internautas su historia, convencida de que podría ayudar a otras personas en la misma situación. Y lo ha conseguido. Beatriz es la protagonista perfecta para celebrar el Día Mundial de la Salud Mental (10 de octubre) y reivindicar el derecho a borrar el estigma social que sufren muchas personas como Beatriz.
P. En el primer post que escribiste detallaste el proceso inicial de diagnóstico y los desvelos de tu madre, ¿Ves muy lejos todo aquello? ¿Está superado?
R. Uno no puede ver lejos lo que te sigue afectando día a día y no puede superar aquello que todavía no ha culminado. Lo que sí puedo decir es que he aprendido a vivir en paz con mi dolencia; a saber que cada día que pasa sin recaer es una bendición del Dios en el que creo; que las lecciones que he aprendido en el trayecto hacia una salud duradera son tan peculiares como valiosas; que la experiencia que me ha tocado vivir me señala de por vida, por más que intente mezclarme con el resto, pero que estoy viva y muy agradecida.
Los desvelos de mi madre hoy son mucho menos desvelos, eso está claro. Hoy, precisamente, me decía que sus compañeras de yoga la preguntaban que cómo estaba su hija y que, alegremente, ellas respondía: ‘¿No me lo veis en la cara? Irradio felicidad. Eso es porque mi hija está muy bien’.
P. Un buen diagnóstico es fundamental, ¿qué recomiendas a una persona que esté desorientada porque piense que puede sufrir depresión o trastorno bipolar?
R. Que lo corrobore. Tendría que acudir a su médico de cabecera, exponer sus temores y si el doctor tiene sospechas de que el diagnóstico puede ser un trastorno bipolar, que le mande al especialista, el psiquiatra. Además, hay mucha literatura sobre el trastorno y guías prácticas con los que puede contrastar síntomas. Pero lo mejor es acudir al psiquiatra y cerciorarse de cuál es el diagnóstico. Sin embargo, me gustaría subrayar que encontrar un buen psiquiatra es esencial y no todos son igual de buenos.
P. Escribes que los primeros años te costó concienciarte. Tomar conciencia ¿es el primer paso para iniciar una vida estable?
R. Lo que me costó es concienciarme de seguir rigurosamente el tratamiento farmacológico que tenía indicado porque, además de, en aquel tiempo, opinar que uno podía sanarse así misma, me acuciaron numerosas euforias y, es justo en estos momentos, cuando uno se siente realmente bien, con una autoestima excelente, lleno de vitalidad y energía y, por tanto, tiende a pensar que ya no necesita tratamiento alguno y lo abandona. Craso error.
Tomar conciencia es muy importante para integrar la enfermedad como una faceta de tu vida más, para darle la importancia que requiere, pero también para poder relativizar la gravedad de la misma y llevar una vida normal, que es tan importante como tomar conciencia en su momento. Hay que evitar convertir la enfermedad en tu vida y llegar a sentirte uno más.
P. ¿Qué papel jugó tu familia, tu madre, tu marido?
R. A mi pobre madre intentaba apartarla cada vez que me daba una crisis. Es extraño, ella es mi mejor amiga y mi máximo apoyo, la incondicional absoluta, pero, en esos momentos, su papel consistía en recordarme que estaba mal, cuando yo lo que sentía es que estaba mejor, mejor y mejor. Mi padre hasta hace tres años y medio no consiguió aceptar que tenía una hija con una enfermedad, sino que pensaba que una cuentista y que no quería trabajar, cuando la verdad era que de todas las empresas me despedían.
Mi marido, después de más de tres años de convivencia, sigue pensando que a mí, en realidad, no me pasa nada. Pero doy fe de que estuvo al pie de cañón cuando debía de estar y que sostuvo y sostiene mi mano en todo momento. En verdad, la familia juega un papel importante siempre que les permitas entrar en el juego. Pero el afecto que nos dan, no solo la familia, y recordemos que dicen que el trastorno bipolar parte de una carencia afectiva, es lo fundamental para reconstruir tu vida e integrarte en la vida social y laboralmente. El Amor todo lo cura, menos lo que no tiene remedio.
P. ¿Por qué te decidiste a contar tu historia en primera persona? ¿Estás contenta del paso que diste?
R. La verdad es que cuando entré en Servimedia, hace casi tres años, ‘salí del armario’ por completo y, en poco tiempo, todo el mundo conocía mi enfermedad. Pero un buen día, sabiendo lo bien que me estaba yendo mi inserción socio-laboral, el responsable de Feafes me propuso dar la cara al mundo en el programa ‘Saber vivir’ de TVE y dar un mensaje positivo sobre cómo con una enfermedad mental se puede llevar una vida feliz y normal. Noté que, de alguna manera, mi alma abanderaba esa causa y que, por supuesto, yo podía trasmitir esa idea porque, ciertamente, la encarnaba.
Luego comenzó lo de escribir los reportajes en primera persona porque, a pesar de proseguir con ese mismo espíritu al escribirlos, mi intención era ganar un concurso periodístico relacionado con la enfermedad mental. Sin embargo, desde entonces, la vida ha puesto en mi vida personas que, como yo, sufren una enfermedad mental y me he involucrado con ellas. Creo que ahí surgió la causa solidaria que estaba buscando, mi voluntariado personal que, de hecho, se ha ido hilvanando solo y cobra peso día a día. Es como una misión, pero que tampoco pretendo que sea salvífica. Pero, a decir verdad, aún me sigo cuestionando si hice bien o no. Cualquiera que escriba mi nombre y apellidos en Google descubre inmediatamente que tengo un trastorno bipolar. ¿Esto me afectará un día si, por ejemplo, tengo que buscar un nuevo trabajo? ¿Tendré que confesar mi condición de persona con enfermedad mental me convenga o no en un momento determinado? Soy lo que soy, mi pasado conforma mi presente. Pero, ¿qué consecuencias me deparará la vida por esta apertura total? El tiempo lo dirá. Y espero que sean positivas, solo positivas porque, la verdad, debería engendrar verdad y respeto.
P. El estigma, ¿Cómo podemos luchar todos contra él?
R. Para acabar con el estigma, primero, deberíamos de educar a los medios de comunicación, pero también en escuelas, en los hogares… Otra pieza clave es la empresa. Sin que las compañías nos contraten, no hay posibilidad para nuestra integración. Desde el gobierno se debería incentivar o incluso obligar a que se contrate a personas con enfermedad mental que estén equilibradas mediante tratamiento en un intento de incentivar su integración en la sociedad. Que no mordemos, ¡joder! Luego, las personas con enfermedad mental deberíamos salir a la palestra y reconocernos como personas enfermas, pero completamente capaces de ser uno más. Esto es lo más difícil. Parece que nadie quiere dar la cara, salir del armario. Uno está un poco mejor, se integra en la sociedad y deja el mochuelo al que viene porque él se ha recuperado. Es una especie de mancha en el currículo vital que casi toda persona con enfermedad mental trata de eclipsar, de tapar, de esconder, incluso de olvidar. Así, no se puede.
P. Trabajas, estás casada, pintas… ¿Qué proyectos tiene en marcha? ¿Alguna exposición?
Trabajo como periodista, estoy felizmente casada y pinto con una pasión inaudita, como si se me fuera el alma en ello, aunque nada extraordinario, soy autodidacta y aprendo con cada trazo, poco a poco. El material que sale es muy, muy místico, eso sí, parte de mi idiosincrasia. ¿Exposición? No aspiro a tanto, más que nada porque tampoco tengo obra suficiente, ni calidad que presentar al público.
Mis proyectos…siempre se quedan en proyectos, tengo que reforzar la disciplina. En realidad tengo mil siempre en la cabeza, como si fuera una lluvia de ideas andante porque, eso sí, derrocho creatividad por los cuatro costados. Pero por mentar alguno, quizás mi mayor deseo es que me paguen por hacer blogs en los que trate temas muy variados. Especialmente, me gustaría retratar, sobre todo mediante entrevistas, personas y personajes con talentos o habilidades en cualquier campo, en cualquier disciplina, de la ciencia al arte, de la tecnología a la política, en los que sea capaz de capturar su parte más esencial, su faceta más humana, espiritual o trascendental, esa que muchos no miran y que, personalmente, yo no puedo dejar de buscar.