Sadako Monma, lecciones para convivir con la catástrofe de Fukushima
Sadako Monma tiene miedo. Miedo de la radiación, de la contaminación de los alimentos, de la tierra, de las tuberías, del agua, de la vida. Parece lo lógico cuando solo ha pasado un año desde que a 60 kilómetros de la guardería que dirige se produjera el mayor accidente nuclear de la historia de Japón, el de Fukushima Daiichi.
Sadako, 48 años, ha salido por primera vez de Japón para presentar en España la exposición Shadowlands, de Greenpeace, y ser testigo ante el mundo de lo que supone un accidente nuclear, de cómo cambia para siempre la vida de los que lo sufren.Ella, madre de dos chicos de 19 y 17 años, directora y propietaria de una guardería, ha preferido quedarse en la prefectura de Fukushima.
Tenía miedo a perder la guardería que he creado y llevado durante 15 años, tenía miedo a perder todo lo que he construido. Con el paso del tiempo, en el último año, he llegado a la conclusión de que si cambiase la ubicación de la guardería, a lo mejor, los padres de los niños tendrían otra opción mejor que la ubicación actual.
El 11 de marzo de 2011, cuando la tierra comenzó a temblar, los 23 niños del jardín de infancia de Soramame en Watari, un barrio de la ciudad de Fukushima, dormían. Ella los fue despertando uno a uno y los saco del edificio. En su escuela, el gobierno ya ha quitado los columpios y removido la tierra para eliminar los rastros de radiación, una radiación que todavía existe y que constituye una amenaza silenciosa para toda la población.
El informe Lecciones de Kukushima que presentó ayer la ONG estima que existen 28 millones de metros cúbicos de suelo contaminado y 150.000 personas evacuadas.
Aunque hoy solo ocho de los 23 niños siguen en la escuela, Sadako ha optado por quedarse. Junto a ella, permanecerá su hijo mayor que, antes del terremoto, había firmado un pre-contrato con una empresa de la prefectura de Fukushima y piensa cumplirlo “por respeto”; mientras que el menor irá a estudiar fuera.
Sadako, en el rato que compartimos, se muestra amable y educada, esboza una sonrisa cuando le pregunto por la paella que acaba de tomar (“en mi país la paella es de color rojo”) y se muestra orgullosa cuando comentamos la generosidad del pueblo japonés, la solidaridad que mostró en los días más difíciles de la crisis.
Había gestos de generosidad en la población. Por ejemplo, como no había gasolina, yo tenía que ir caminando a la guardería y, en el camino, gente con coche se ofrecía para llevarme, gente que no conocía de nada. Las personas que tenían pozos en sus casas ponían carteles invitando a todo el mundo que lo necesitase a coger agua. La gente compartía.
La exposición que ayer inauguró Sadako recoge testimonios de otros ciudadanos japoneses a los que la catástrofe de la central nuclear ha cambiado radicalmente. Por ejemplo, la Sra Tanji, que dirige otra escuela en Fukushima y que hubiera preferido trasladar a sus 165 alumnos a un lugar más alejado, pero el gobierno decidió “limpiar” el colegio y repartir una serie de folletos y posters informativos en los que, según cuentan los autores de la expo, recomiendan evitar el agua que se acumula en la hierba, en la tierra…
Sadako, su familia y miles de familias japonesas se enfrentan cada día a una rutina, saber el nivel de radiación que tienen ellos y todo lo que les rodea es una preocupación permanente.
Antes vivía con normalidad, ahora tengo que, por ejemplo, estar atenta a cada cosa que como, mirar la procedencia de la comida, constantemente, me lo tengo que plantear cada día.
Ayer por la mañana, en la rueda de prensa, Sadako contaba que la gente, al saludarse por la calle, se pregunta por su nivel de radiación y afirma que, antes que nadie, Greenpeace estuvo en la zona de la catástrofe para medir la contaminación e informar a la población.
Ahora, está pensando en buscar una nueva ubicación para la guardería, más alejada de la central, del foco de radiación, pero sin salir de la prefectura (la región). No quiere abandonar su proyecto de vida, el que tanto trabajo y esfuerzo le ha costado levantar y tampoco quiere dejar atrás la tierra a la que pertenece, porque si, al final, decide irse, ¿quién educará a los niños? ¿Qué futuro le espera a toda una región sin niños?
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Exposición fotográfica Shadowlands. Los rostros de Fukushima
Fecha: del 6 al 13 de marzo.
Hora: de lunes a viernes, de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:30h.
Lugar: Espacio utopic_Us. C/ Concepción Jerónima, 22. Madrid.

























