
Vicki Bernadet. Foto: Fundación Vicki Bernadet
Vicki Bernadet sufrió abusos sexuales desde los 9 a los 17 años. Tardó 20 años en decirlo en voz alta y, cuando lo hizo, comprobó que no había atención especializada y que los adultos eran invisibles, “nadie comprendía lo que yo estaba buscando, lo que estaba sufriendo por dentro”. Por eso creó en 1997 la Fundación Fada, para atender a las víctimas y, por eso, en 2006 amplió el horizonte de la Fundación más allá de Cataluña y pasó a llamarse Fundación Vicki Berdanet (Tef 93 318 97 69). Vicki tiene ahora 56 años y cree que queda mucho trabajo por hacer para erradicar los abusos sexuales a menores, sobre todo porque no somos conscientes de que el 85% de los casos se producen en el entorno familiar. La verdad asusta.
P. Me llama mucho la atención que el último estudio sobre la incidencia del abuso sexual a menores es del año 94, ¿A qué se debe?
R. Es un reflejo de la situación a nivel social. A veces puede parecer que este tema está a la orden del día porque salen noticias sobre detección de abusos en internet, redes de pornografía infantil… pero, en realidad, solo está a la orden del día el abuso familiar “extrafamiliar”, pero el “intrafamiliar”, que representa el 85% de los casos, se ignora, no se quiere hablar de eso, se quiere hacer como que no pasa.
P. ¿Por qué se produce esto? ¿Es duro admitir que los abusadores “están entre nosotros”?
R. Tiene que ver con que la gente lo ve como algo posible externo a su familia. “Esto sucede porque hay personas psicópatas, enfermas, porque hay personas depravadas…” estas son las frases que más escucho. En cambio, el hecho de que un padre abuse de una hija o un abuelo de su nieto, eso ya es otra historia. A la familia le cuesta mucho admitir que pueda suceder.
P. Esto me recuerda a esa sensación en la que vivimos de que la discapacidad y la enfermedad siempre le ocurren a los demás, nunca a nosotros. Establecemos una barrera.
R. Exacto, está admitido psicológicamente que estas cosas tan extremas pueden pasar, pero que esa cotidianeidad, esos abusos en el silencio dentro de la familia es otra historia, cuesta creerlo. Me cuesta que la gente se crea las estadísticas, que se crea que hay un 23% de niñas que haya sufrido algún tipo de abuso. Incluso con un estudio, con el aval del Ministerio, la gente no se lo cree.
Si desde el año 94 no existe otro estudio tan completo quiere decir que la sociedad no lo reclama y los políticos aprovechan que no se demanda y no se hace, un problema menos.
P. Para solucionar un problema, lo primero es reconocerlo.
R. Cuando me preguntan “¿Cómo hacemos para detectar que nuestros hijos han sufrido abusos?”, siempre contesto: “Primero, que piensen desde el realismo que esto te puede pasar.” Nunca vas a detectar algo que no tienes presente. Por mucho que te dé orientación, si tú no eres consciente de que te puede pasar a ti, en tu familia, en tu entorno, siempre vas a pensar que es otra cosa.
P. Desde la experiencia de la Fundación, ¿hay algún rasco común entre todas las personas que han sufrido abuso?
R. Hay una serie de indicadores bastante comunes: la vergüenza, el sentimiento de culpa, la baja autoestima, la dificultad para emprender relaciones que impliquen confianza. Después, cada persona y su entorno tiene reacciones muy distintas. El abuso sexual tiene muchas características diferenciales según la persona, dónde viene, el tipo de familia, etc.
P. Las huellas que deja el abuso, ¿se pueden borrar?
R. No se puede porque nadie puede borrar nada que le haya pasado, no solamente el abuso, nuestras vivencias e historias determinan cómo somos. Eso sí, una persona que sufre una experiencia traumática puede tardar más o menos en su recuperación, pero sí es posible recuperarse si buscas ayuda a tiempo, si la ayuda es buena, si las personas que te atienden están bien preparadas… Sí es posible tener, entre comillas, una vida normal.
P. Con sus complicaciones…
R. A veces me preguntan “La persona que ha sufrido abusos tiene problemas sexuales”. Sí, seguramente que muchas sí, es una de las consecuencias más evidentes, pero también es verdad que en las consultas de los sexólogos no todos los que acuden por algún problema sexual ha sufrido abuso.
P. Eso sí, es necesario ayuda externa para superarlo.
R. La mayoría la necesita, aunque hay personas que tienen una resilencia innata y que después de un proceso de duelo, de recuperación, pueden haber hecho un salto para conseguir una vida normalizada antes que otras personas. Hay personas que necesitan muchos años de terapia y otras que no lo habrán necesitado, aunque sí algo de ayuda. Imagínate (aunque sea casi una utopía) que una persona cuando lo habla recibe el apoyo y ayuda de toda la familia. Esa persona tienen muchas posibilidades de que no necesite ir a una terapia.
P. ¿Cuándo son necesarias las terapias?
R. Hemos tenido que recurrir a ellas por falta de apoyo en nuestro entorno y en nuestra familia.
P. Es fundamental que tu entorno más cercano te comprenda.
R. Más que comprender, es necesario que te crea. La mayoría de personas cuando ya son adultas y hablan, su problema es la credibilidad.Todavía sucede y mucho que no se les cree. “Siempre has tenido una imaginación, no sé cómo puedes pensar estas cosas…” Eso un retroceso brutal para su recuperación.
P. Desde el 97, año en el que empezaste, ¿has notado alguna mejora en la concienciación, en la denuncia?
R. Si hiciéramos un estudio como el del 94, creo que las personas mayores de edad, desde el anonimato, se sentirían más libres que en los 90 para reconocer que han sufrido abuso. También ha habido un cambio en las personas que se dedican a la asistencia, a la salud, servicios sociales… ahora quieren saber más, quieren hacer las cosas mejor. A nivel social, hace falta muchísimo, cuando vas a una conferencia, las preguntas son las mismas que hace 5 o 10 años, la gente te pregunta lo mismo, eso es lo que más me asusta, hay un trabajo más lento de lo que uno cree.
P. ¿Cuáles son esas preguntas?
R. Si los abusadores son enfermos mentales, si esto solo pasa en familias pobres o donde hay alcoholismo, o bien porque hay homosexualidad…
P. ¿Cuál es la clave en un terapia con una persona que ha sufrido abuso?
R. La primera intervención marcará el éxito. Cuando un niño hace un revelación, lo que pasa en su entorno determinará que el niño siga adelante o bien que se asuste y se retraiga. En eso hemos avanzado bastante. Los profesionales son más conscientes. Cuando yo empecé, hablaba con ellos y te decían “Yo soy psicólogo, perdone”.
P. Y, ¿Qué esperas de los políticos? ¿Crees que alguien se preocupara por estudiar el problema a fondo y crear políticas para solucionarlo?
Creo en la lucha de las personas que nos dedicamos a este tema para presionar. Espontáneamente es difícil que destapen una problemática de este tipo. El que haya una redada y detengan a una red de pornografía infantil da medallas, pero que en los colegios se haga prevención de abusos, eso no lo van a hacer. Si presionamos, al final surge. En Cataluña nos ha costado mucho, pero hemos firmado un acuerdo con la Dirección General de Atención a la Infancia y Adolescencia para trabajar en ello, con profesionales especializados.
No dejes de visitar la web de la Fundación Vicki Bernadet y de adherirte al Manifiesto “Abuso sexual infantil: un problema social”.