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Bienvenido a la era de la integración

7 junio 2010 - 22:39 - Autor:

¿Has visto el último anuncio de Aquarius? ¿Te ha gustado? ¿Sabías que las personas que aparecen son indigentes, personas sin hogar? ¿Te diste cuenta al inicio del spot de un plano en el que salen unos chicos con unos cartones y en uno de ellos se lee RAIS? Estoy seguro de que el porcentaje de “síes” ha ido disminuyendo con cada pregunta hasta llegar casi al cero en la última.

El equipo de "El camino de los encuentros". Foto: RAIS

Dudo que la gente se haya dado cuenta de que detrás de “El camino de los encuentros” de Aquarius está RAIS, la entidad que más y mejor trabaja en nuestro país por las personas sin hogar. A Pepe Aniorte, responsable de voluntariado, no le preocupa mucho este aspecto, lo más importante, dice, es que el anuncio ayuda a sensibilizar y refleja muy bien el espíritu del viaje y del grupo que realizó el Camino de Santiago.

El post de hoy no va de esto, trata de un proyecto de auténtica integración social que están trabajando RAIS y La Merced Migraciones, pero no puedo dejar de satisfacer la curiosidad de algunos, así que solo unos pocos apuntes más sobre el spot. La agencia, Sra Rushmore, se inspiró en un video del año anterior de la propia ONG; “El camino de los encuentros” es el nombre del proyecto en sí, no solo el de la campaña; el equipo de rodaje estuvo los dos últimos días y, según comenta Pepe, supo escuchar a los protagonistas y fueron cambiando el guión sobre la marcha. Una lástima que en el sitio web promocional no hablen de estas cosas, ni haya forma de encontrar un enlace a RAIS.

El mensaje de superación y de integración que intenta transmitir el spot yo lo he podido empezar a respirar en el proyecto que tienen entre manos RAIS y la vecina (de barrio) ONG La Merced Migraciones, que trabaja con menores inmigrantes no acompañados. Pepe Aniorte, responsable de voluntariado de RAIS y Vicente Ortolá, responsable de sensibilización de La Merced, nos cuentan cómo van a conseguir que los sin hogar y los jóvenes inmigrantes se sientan integrados en la comunidad, en el barrio y empiecen a ganar una red social que les dé autonomía.

Vicente Ortolá (izqda, de blanco), y Pepe Aniorte

Lo primero es plantear el problema: tenemos a dos colectivos que están solos, excluidos, abandonados. Por un lado, los menores inmigrantes no acompañados, es decir sin familia ni redes sociales. Por otro están las personas sin hogar, gente que en el camino de la indigencia ha perdido todas sus relaciones  y ahora está sola. Bien, y ¿qué van a hacer Pepe y Vicente? Primero responde Pepe

Generar espacios de encuentro y generar excusas para el encuentro

Esas excusas van desde un taller de fotografía a uno sobre deportes, pero el objetivo final es que el inmigrante o la persona sin hogar comparta una actividad con otros vecinos del barrio. Vicente da más detalles:

Muchas de las personas con las que trabajamos residen en un barrio  en el que en el día a día tienen que encontrarse o deberían poder encontrarse con esos vecinos. El problema es que su situación les impide tener esos espacios de encuentro con los vecinos. La excusa, actividades que puedan ser llamativas o interesantes para ambos.

Ahora empiezan las dudas, ¿un vecino va a participar en un taller sabiendo que sus compañeros van a ser personas sin hogar? Pepe:

El salto para introducir a los vecinos es crear un taller, pero en un espacio público, en el centro cultural de Buenavista, por ejemplo. Ahí lo abrimos al barrio. Los vecinos no van a encontrarse a inmigrantes o a personas sin hogar, van únicamente por su interés por la fotografía. Y ahí van a estar interactuando, sin saberlo, con personas distintas a ellos, pero no les va a separar que uno esté en exclusión y otro no, les va a unir ese interés común.

Cuando las cosas son sencillas es que son buenas. La claves es que puedan ir recuperando la confianza, la autonomía. Turno de Vicente:

Estos espacios están pensados para ese momento en el que la persona inmigrante tiene que empezar a conquistar su autonomía y su espacio en la sociedad, son para personas que ya tienen cierto grado de posibilidad de relación a nivel normalizado. No está planteado para un inmigrante recién llegado o para un sin hogar que está en la calle o en una situación muy deteriorada. Es para dar la oportunidad a las personas que ya han recorrido un camino y que no encuentran demasiadas oportunidades para participar socialmente.

Y Pepe completa:

Abordar más la parte relacional, de afectividad, de soledad, de aislamiento, que tanto los inmigrantes como las personas sin hogar tienen y que es uno de los puntos clave que genera exclusión.

Mañana se reúnen con 20 asociaciones del barrio para tratar de implicar a muchas más personas. Sus experiencias en este tipo de proyectos han estado hasta ahora más centradas en voluntarios (también residentes en el barrio), voluntarios que ayudan a dar una estabilidad y una consistencia al proyecto. El reto ahora es conseguir una integración total en la comunidad. Suerte.

Almudena Carracedo, la “costurera” del cine social

16 diciembre 2009 - 22:42 - Autor:

Hacía tiempo que no aguantaba una hora casi sin pestañear delante de una cadena de televisión, pero el documental Made in LA (Hecho en Los Ángeles) emitido el pasado 15 de diciembre en DocumentosTV (La2) me dejó totalmente pegado a la pantalla, incluso en la pausa para los anuncios. Cuenta la historia de Lupe, María y Maura, tres inmigrantes latinoamericanas, costureras en talleres de explotación en Los Ángeles, que se embarcan en una odisea de varios años para denunciar las míseras condiciones en las que habían trabajado para Forever 21, una potente empresa de moda juvenil. Es un obra documental, pero con una gran carga dramática, capaz de captar el alma y el corazón de esas tres heroínas. Resulta que ha recibido importantes premios en EE.UU. y España, entre ellos, un EMMY. Y resulta que la máxima responsable, la directora y productora, es Almudena Carracedo, una madrileña de 36 años que ha estado estos días en Madrid para promover su distribución aquí y para apoyar la campaña Ropa Limpia de SETEM (una de esas ONG cuyo trabajo merece la pena).

P. De la televisión en España, de Gran Hermano, a Los Ángeles, ¿Por qué ese cambio?

R. Trabajé en 40TV y en el primer Gran Hermano lo que supuso una oportunidad para aprender muchas cosas. Sin embargo, tenía una inquietud social e intelectual  y decidí marcharme a Estados Unidos a trabajar en mi tesis doctoral.

Directora y Fótografa Almudena Carracedo grabando en la calle. Foto: Felicity Murphy

Directora y fotógrafa, Almudena Carracedo grabando en la calle. Foto: Felicity Murphy

P. ¿Habías colaborado antes en algún movimiento social?

R. He sido muy activista, en la Facultad de Ciencias de la Información estaba en varias asociaciones de estudiantes. Para mí, trabajar el documental social es una manera de combinar esa inquietud con la capacidad técnica que puede tener el cine.

P. ¿Cómo llegas a conocer a Lupe, María y Maura?

R. Leí un artículo sobre las fábricas de costura. Era moderado, pero venía a decir que había explotación y me llamó mucho la atención que a estas alturas siguieran existiendo esas condiciones de trabajo y que lo sufrieran mujeres inmigrantes. Entonces, me acerqué a un centro de trabajadores, una especie de organización sin ánimo de lucro que proporciona ayuda legal y asistencia emocional para trabajadores de la costura. Les pregunté si tenían algún video que estuvieran utilizando para organizar a las mujeres y me ofrecí para hacerlo yo. Iba a durar 10 minutos, pero me empecé a enamorar de su sentido del humor, de su valor y vi que merecía la pena contarse de una forma más extensa. Ahí pasó de ser un reportaje  a un documental sobre la transformación personal de estas mujeres a medida que empiezan a organizarse en la industria de la costura. Eso sí, también tuvieron los videos para su centro.

P. ¿Está claro que has pasado mucho tiempo con ellas?¿Qué tipo de vínculos has establecido?

R. Sí, somos ya íntimas. A nivel personal estableces una relación fuerte porque estás trabajando con ellas constantemente. Acabé grabando cuatro años y estaba con ellas todas las semanas. Ellas estuvieron involucradas en todo el proceso de producción, viéndose a si mismas y opinando sobre lo que les parecía más importante.

P. ¿Qué hacen ellas ahora?

R. Siguen trabajando en la costura, pero en condiciones dignas.

P. Al ser tú misma una inmigrante, ¿te resultó más sencilla la conexión?

R. Ocurrieron dos cosas. Por un lado, estamos hablando de un colectivo ignorado, invisible y el mero hecho de que alguien quisiera escuchar les suponía un orgullo personal. De hecho, pasé mucho tiempo en el centro, sin cámara, conociéndolas, creando esa confianza entre nosotras. Por otro, al ser mujer y hablar castellano surgió una conexión. Obviamente, las experiencias que yo haya podido tener son muy diferentes a las suyas, pero esa indefensión que, a veces, sufres, es algo que te une.

Cartel de Made in LA. Con Lupe, Maura y María (izq a dcha)

Cartel de Made in LA. Con Lupe, Maura y María (izq a dcha)

P. Muchas personas que emigran afirman que allí donde van son capaces de cosas que ni se plantearían en su país, tienen más coraje. ¿Has pasado por eso?

R. Efectivamente. Por ejemplo, no sé si este documental habría sido posible hacerlo aquí. El inmigrante, la persona que viene, tiende a superarse, porque las condiciones vitales son más duras. He conocido mucha gente en Estados Unidos que te dice que lo que hace allí no sería posible en España. Pero no es porque no puedas, sino más bien porque, normalmente, no te lo planteas.

P. ¿Cómo enlaza la película con la campaña Ropa Limpia de Setem?

R. En los últimos dos años y medio hemos hecho una campaña muy fuerte para utilizar la película como herramienta de organización y de educación. En ese contexto, nos pareció interesante trabajar con organizaciones con el objetivo de que tu trabajo como creador tenga utilidad. En esa línea, SETEM contactó conmigo. Hay dos temas fundamentales que nosotros hemos trabajado en Estados Unidos: la reforma migratoria, de hecho el congresista que ha lanzado esta reforma es el que presentó la película en el Congreso; y  la Clean Clothes Campaign, Campaña Ropa Limpia. En este punto nos pareció muy interesante la colaboración con SETEM. Y esta es una muy buena forma de humanizar los temas que trabajan, porque a veces hablamos de cambios, de sufrimiento, pero hasta que no vemos a un ser humano delante de nosotros, aunque sea en un documental, no nos damos cuenta, no conseguimos identificarnos con la campaña.

P. A través de la web dais la oportunidad de que cualquiera sea un activista

R. Cualquier persona que quiera mostrar la película, puede hacerlo. Damos todas las facilidades del mundo para que pase de mano en mano y que, también aquí, pueda servir de herramienta.

P. Te has mudado a Nueva York, ¿estás trabajando en algo nuevo o la difusión en España de la película todavía no te lo ha permitido?

R. Hasta ahora, no. Mi corazoncito me pedía hacer algo aquí, en España. La emisión en TVE y el trabajo que se está realizando de difusión supone cerrar el ciclo de distribución. Ahora creo que podemos decir que hemos hecho nuestro trabajo.

P. Lo próximo, ¿algo fronterizo, sobre inmigrantes, en Nueva York?

R. Seguro que algo tiene que ver. Sigo viendo las historias como un documental.

El “padre” de los inmigrantes africanos

13 noviembre 2009 - 1:18 - Autor:

Son casi las cinco de la tarde y una veintena de inmigrantes subsaharianos espera a que se abra el turno vespertino de atención en Karibú. En la planta baja de las humildes oficinas (cedidas por una congregración de religiosas) de la ONG en la madrileña calle de Santa Engracia, varias mujeres se colocan en la fila del dispensario de alimentos, mientras que, en el primer piso, hombres, mujeres y niños esperan la llegada de los médicos y de los abogados para plantearles sus dudas y necesidades. Al fondo está la oficina en la que, cada día, de 8 a 20 horas, Antonio Díaz de Freijo gestiona y dirige una asociación que da la bienvenida (el significado de Karibú en swahili) a todos los subsaharianos que se encuentran solos, perdidos, asustados o, simplemente, necesitados, en Madrid. Tras un muy modesto escritorio y delante de un gran mural pintado en la pared que evoca una playa paradisíaca, se sienta Antonio.

Antonio Díaz de Freijo en la oficina de Karibú

Antonio Díaz de Freijo en la oficina de Karibú

Lleva en esto más de 20 años, desde que él y todos sus compañeros fueron expulsados, en 1987, del campo de refugiados que atendían en Burundi. ¿Alguna diferencia entre lo que vivió en Burundi y lo que lleva vivido en Madrid?

En un mundo tan diferente, al final, las personas necesitan el mismo estilo de protección. Además de las leyes, hay personas que tienen necesidades y el colectivo de inmigrantes africanos se enfrenta a las mismas necesidades que tienen la personas que pueden estar en un campo de refugiados, necesita instalarse, alimentación, asistencia sanitaria, organizar su vida. Lo que me pedía la gente en un campo de refugiados, me lo piden aquí.

Este gallego llegó en 1974, con apenas 24 años, a Burundi para atender a los refugiados que llegaban desde la vecina Ruanda, en un clima que ya hacía presagiar el genocidio de 1994.  Pero en 1987, la amenaza de un nuevo conflicto convirtió la presencia de los Mercedarios en un obstáculo, así que el padre Antonio recaló en Madrid para enfrentarse a un nuevo desafío: la inmigración subsahariana.

En aquellos tiempos, decenas de jóvenes africanos se instalaron en Plaza de España y en unas naves en Méndez Alvaro en un estado lamentable, sin ningún tipo de atención, sin  acceso a ningún servicio, hasta que la situación estalló y un joven nigeriano, Festus, murió víctima del frío y del abandono. Fue la chispa que prendió la mecha y que empezó a movilizar a la sociedad. Antonio y un grupo de personas se conjuraron para crear una asociación independiente (no depende de la orden de los Mercedarios) para dar protección humanitaria y conseguir la integración social  de estas personas.  En ese contexto nació Karibú y hoy es un referente para cualquier subsahariano en Madrid y para cualquier persona que quiera saber, de primera mano, cómo es el fenómeno de la inmigración africana.

Yo hablo muchas veces del maltrato que se hace a la inmigración africana. Las leyes son iguales, pero la repercusión que tiene sí que es muy diferente según el colectivo. Las leyes están hechas con la perspectiva de la inmigración normalizada, que se controla, que viene de Latinoamérica, de países del Este, en muchos casos con controles, ofertas de trabajo.

Antonio lamenta los estereotipos y tópicos que abundan en la sociedad y  en los medios de comunicación.

Lo que pasa es que estamos desayunando, comiendo y merendando con los africanos y, sobre todo, con las pateras. Nos están repitiendo todos los días la misma historia, entran 150 en una patera, pero por el aeropuerto de Barajas entran, cada día, muchos más. Los africanos subsaharianos son minoritarios.

Efectivamente, según los datos del Ministerio del Interior, entre los 15 países que aportan más inmigrantes no hay un solo país del África Subsahariana. De hecho, el que está en el lugar 15, Polonia cuenta con 85.809 ciudadanos, mientras que el primer país del África “negra” que aparece en la lista, Senegal, tiene 37.739 habitantes registrados en España. Antonio insiste en desmontar mitos.

La gente no viene por ningún efecto llamada. La gente viene porque donde está no puede vivir: guerra, violencia, desastres naturales.

Y luego está el clásico argumento que muchos hemos oìdo de “tienen colapsada la sanidad”.

La gente no sabe que la mayor parte de los inmigrantes africanos no puede acceder a ella, porque no tienen derecho, no tienen tarjeta sanitaria, no tienen ningún tipo de papel.

Se nota, en el tono, en las palabras, en la cara de Antonio que lleva mucho tiempo luchando contra molinos de viento. Y no deja de sorprenderse con las diferencias y excepciones cuando hay intereses políticos o económicos de por medio.

Hay un grave problema con la determinación de la edad de los chicos. Denuncié que para el pirata detenido en el Alakrana es tremendamente difícil determinar su minoría de edad, tanto es así que todavía no lo han hecho. En cambio, para un inmigrante africano “normal” se resuelve en 5 minutos. Se le hace una radiografía de la muñeca, si es que se la hace, y se le dice que es mayor de 18 años.

Eso significa que las autoridades no se responsabilizan de él, es decir, se le echa a la calle. Es lo que le pasó a una de las promesas del atletismo español, el etíope Alemayehu Bezabeh.

Le cogí tirado en la calle, porque le había echado la Comunidad de Madrid diciendo que no era menor de edad. Empieza a correr y resulta que corre más que nadie. Saltó todas las barreras y lo nacionalizaron. Pero lo tuve que coger yo de la calle.

El padre Antonio es muy crítico, se lo puede permitir, ya que no dependen de subvenciones públicas. Todos sus locales, albergues, etc, son donaciones, la mayoría de órdenes religiosas, apenas tienen gastos de personal, casi todo el mundo es voluntario, así que no se calla y reflexiona sobre la situación actual de las políticas en materia de inmigración.

Desde el punto de vista de medios de acogida, de estructura, de medios económicos, nuestro país se ha fortalecido; pero es infraestructura, ahora está la segunda parte, ¿es eficaz? Se crean superestructuras para controlar y defender unos intereses. Que  en este momento toca dar la imagen de que en España no entra nadie y que los inmigrantes no acampan por Madrid como les da la gana, entonces hay policías que salen a la calle con la orden de haber detenido, por la noche, cuando vuelvan, a 15 inmigrantes. Eso me ha pasado en la puerta de la asociación, es el colmo, aquello no lo soportamos y lo denunciamos.

Antonio, con sus 60 años a la espalda, se siente todavía fuerte y con ganas, a pesar de que sufre del corazón, sobre todo gracias al tremendo equipo humano de Karibú: más de 150 personas que trabajan de forma totalmente voluntaria: médicos, abogados y profesores, sobre todo. Sus puertas están abiertas a los que quieran echar una mano, eso sí, siempre que puedan aportar algo en ámbitos como la medicina, la asistencia jurídica o la enseñanza, los tres principales campos de trabajo de la asociación.

Se siente muy orgulloso de los logros a los que ha contribuido su asociación, como, por ejemplo, la consolidación de los supuestos de atención sanitaria universal. También destaca la base humanitaria que ofrecen y que permite tener lo básico (ropa, comida, un médico) a las personas que no tienen nada. Y, por encima de todo, se muestra convencido de que las decenas de personas que cada día ve pasar por delante de sus ojos son capaces de prosperar.

Ellos van a salir adelante. Nosotros les damos una plataforma para poder sostenerse, pero luego son ellos, con su fuerza, con su estímulo, los que lo pueden conseguir.

Mama Àfrika, los inmigrantes no están solos

23 septiembre 2009 - 22:38 - Autor:

Lucía y su hija Elena

Lucía y su hija Elena

Es bastante difícil encontrar blogs en España en los que hablen los protagonistas de la acción social, los voluntarios, los trabajadores sociales. Estoy convencido de que tienen mucho que decir, pero seguramente no tienen el tiempo, los recursos y la mentalidad necesaria. Hace unos días Antonio Cambronero – Blogpocket (Gracias Antonio), me invitaba a enviarle algunas sugerencias de blogs sociales, el lunes publicó un post en su blog de abc.es con la conversación que tuvimos. Entre las alternativas que le comentaba estaba Historias de Áfrika, la bitácora de Lucía (Mama Afrika) y su hija Elena, en la que cuentan su experiencia en el contacto diario con inmigrantes subsaharianos en la zona de Castro Urdiales. Naturalidad, sinceridad y humildad son algunos de los valores que han convertido a Lucía en una “madre” para todos los africanos con los que comparte horas de sueños y pesadillas; y son también las cualidades que hacen de Historias de Áfrika una propuesta de la que aprender. Hablamos con Lucía y Elena.

P. El blog empezó como un regalo de cumpleaños, pero se ha convertido en un referente en internet (premios Día Internet 2008) ¿Cuál es el secreto del éxito?

R. Elena. No nos consideramos un referente, pero sí un blog muy interesante para acercar culturas, tumbar intolerancias y vencer prejuicios. Creo que el secreto del éxito está en la combinación de varios factores: la
naturalidad con la que Mamá Afrika transmite estas pequeñas historias
personales del día a día es fundamental; y también que no se trata de
un blog con pretensiones de ser ejemplarizante o educativo, sino que
intenta compartir un sentimiento solidario auténtico, nada más y nada
menos. Parecerá que lo digo como hija que habla de su madre, pero el
blog es como su autora: natural y auténtico.

P. Tu relación con los africanos empezó en otoño de 2006. ¿Qué balance puedes hacer? ¿Qué has aprendido de ellos y qué mensajes has tratado y tratas de enviarles?

R. Lucía. Nunca olvidaré a ese primer grupo que estaba cogiendo castañas cuando los vi por primera vez. El balance es positivo. De estos chicos, con vidas tan diferentes a las nuestras se aprende todos los días. Su tranquilidad, que definen así de bien: prisa, mata. Su vivir al día, su espiritualidad, su respeto a la familia y a los mayores… muchas cosas. El mensaje que quiero transmitirles es que no están solos, que tienen gente queriendo ayudarles, queriendo que no sufran de soledad y abandono estando tan lejos de su país y de los suyos.

P. Tu nivel de ayuda y compromiso ha ido creciendo, o al menos es lo que se percibe en el blog. En La regla de William buscamos las razones de los comportamientos altruistas, ¿qué te mueve?¿qué te motiva?

R. Lucía. Es como tener un hijo. Lo cuidas, lo quieres, lo proteges, es lo mismo, no puedes dejar de hacerlo y eres feliz haciéndolo. Así de simple.

Elena, Sidia y Lucía - Mama Afrika

Elena, Sidia y Lucía - Mama Afrika

P. Si tuvieras que elegir dos posts del blog, ¿cuáles serían y por
qué?

R. Elena. El que más me ha emocionado es Regalos, que cuenta la historia de una carta de agradecimiento que envió Djendé a Mamá Afrika. Es tan sincera y agradecida, y dice tanto de lo maravilloso que es ayudar a los demás, de la recompensa inmensa que supone, que no puedo dejar de elegir este post. Y el otro que elijo, por su enorme carga emocional y por sus protagonistas, es Bass y los niños.

P. La sensación que transmite el blog es que muchos de los chicos lo que necesitan muchas veces es alguien que les escuche. ¿Qué les preocupa? ¿Qué idea tenían de España antes de llegar y cómo la ven ahora?

R. Elena. Desde mi humilde experiencia creo que los inmigrantes africanos con los que nosotras tratamos necesitan de todo: por supuesto el cariño, la cercanía y el sentirse escuchados, queridos y apoyados es fundamental, pero también requieren ayuda para encontrar trabajo, un piso donde vivir, hacer los papeles para legalizar su situación, desplazarse y en los peores momentos, tener algo que llevarse a la boca.

R. Lucía. Un tapicero me dijo que había venido porque hay pocas sillas para tapizar en su país. La pobreza les empuja. Dicen que aquí todos tenemos casa y coche, y creen que es fácil conseguir lo mismo. El desencanto es terrible y les resulta muy difícil hacérselo entender a los que esperan la ayuda en sus países. Volver sin nada es fracasar.

P. ¿Planes de futuro para el blog? ¿ No se ha animado ningún chico
a escribir su propio diario personal en internet?

R. Elena. Yo personalmente me conformo con seguir como estamos, con el blog no tenemos más objetivos que los que ya cumplimos y dejamos los sueños de futuro para la asociación Castro Somos Todos.

P. ¿Cómo podemos ayudar cada uno de nosotros a que los inmigrantes no se sientan rechazados e ignorados?

R. Lucía. Ayudar a quien lo necesita es muy bueno. Si das, recibes. Os recomiendo que habléis sin reparo con alguno. Tomar un café y escucharle, jugar un partido de fútbol o ir al supermercado para comprar la cena, hace sentir bien a cualquiera. A cualquiera de las dos partes.

Una noche con las personas sin hogar

28 mayo 2009 - 15:16 - Autor:

Cada noche, decenas de voluntarios de Solidarios recorren Madrid para ofrecer el calor de un café y de una conversación a cientos de personas sin hogar. Hemos acompañado a Toni, Jesús y Conchi en su ruta nocturna por la zona de Principe Pío.

Son las 8 de la tarde, en la puerta del edificio de Cantarranas, en la Ciudad Universitaria de Madrid, Fátima y Berta, escuchan a Julián,  coordinador de voluntariado en Madrid de las rutas de las personas sin hogar. Julián explica una de las claves del trabajo que van a hacer en la calle: escuchar, comprender,  no se trata de salvar el mundo, se trata de hacerles sentir personas. De eso sabe mucho Toni, electricista, 54 años, que lleva desde el 2001 haciendo la ruta de Principio Pío cada  martes.

Lo que intentamos es que la persona que está en la calle se sienta persona los 10 minutos que vas a estar con ella, de ahí la importancia del asunto. Nadie va a salir de la calle si no se replantea su vida, s ino se pregunta porqué, quién soy, qué hago. Nosotros estamos para que tomen conciencia de su vida y eso se hace dialogando con normalidad.

A las 9, Toni, Concha y Jesús, ya han preparado el café, el cacao y el caldo (la excusa para acercarse a las personas sin techo), lo han metido en los termos y están listos para empezar el recorrido que les llevará desde la Avenida de Valladolid hasta el Viaducto. Les acompaño como un voluntario más, integrado en el grupo, sin ejercer “formalmente” de periodista.

Toni, voluntario de la ruta Sin Hogar de Solidarios

Toni, voluntario de la ruta Sin Hogar de Solidarios

Es la tercera vez que hago este recorrido con voluntarios de Solidarios, en las otras dos me identifiqué como periodista y muchos indigentes se sintieron incómodos, objetos morbosos para la prensa. A Jesús y Concha tampoco les hace mucha gracia, sobre todo porque a veces intentamos que nos cuenten toda su vida, todos los detalles, su proceso de desintegración, en apenas 5 minutos. Y , además, queremos la foto perfecta, queremos robar imágenes, quitarles algo de la dignidad que todavía les queda. No será el caso de este post, os invito a acompañarme como un voluntariado más.

Empezamos la noche en el parking del Centro Polideportivo Municipal de la Bombilla. Allí ejerce de aparcacoches Emilio, unos 50 años, piel curtida, bien vestido y bien entonado ya a estas horas, bromea con Toni, se comporta, a ratos, como un chaval. Un café y empieza la conversación. “¿Cómo estás? ¿Alguna novedad? ¿Cómo va el negocio?… ”. Nos vamos. En el coche, de camino a una nueva parada, Toni conduce y habla.

No se puede hacer asistencialismo. El asistencialismo lo tiene que hacer la Administración, porque un ser humano tiene los derechos de ser atendido. Si fuéramos asistencialistas, perderíamos lo que hemos conseguido, nos verían como “El conseguidor”, no te verían como a un voluntario. El señor del Samur Social tiene poder sobre las decisiones que les afectan, le puede o no conseguir plaza de albergue, por tanto no va a existir una relación de tú a tú.

El trabajo de los voluntarios de Solidarios consiste, sobre todo, en el acompañamiento. Como decía antes, el café es la excusa para dialogar, para acercarse a las personas sin hogar. Se les acompaña y se les orienta e informa sobre los recursos que tienen a su disposición (albergues, comedores…), pero siempre sin caer en la caridad o en la asistencia.

Todos caemos, alguna vez, en esa parte asistencialista, sí he caído, lo que pasa es que el tiempo te va enseñando. Uno empieza y empieza con ¿qué hay que traer? Mantas, bocadillos…, pero uno va aprendiendo. Los nuevos voluntarios no se lo creen hasta que lo van viendo. En un principio cuando conoces a alguien nuevo, te tantea, te pide ropa, dinero… No pasa nada, eso sí, dinero nunca. Ropa, no pasa nada, pero teniendo en cuenta que no eres un ropero, si pierdes eso, cambia la percepción que tienen de ti.

Estamos en el Manzanares, al lado de la clínica Moncloa, debajo del puente que cruza el tren que lleva de Principe Pío a la zona noroeste de Madrid. Pietro, rumano, de unos 50 años, mientras pela un cable de cobre, dice que el lunes se va a Rumania, en autobús, que no hay trabajo y que el cobre, el acero, etc, se paga muy barato. A su lado, un chico croata que no pasará de 20 años refugia su cara debajo de una gorra de béisbol, acepta un café y afirma que no es muy hablador. Simon, búlgaro, se acaba de levantar, lleva tiempo en España, desde su colchón charla con Toni sobre el pelo y cómo el polvo de cemento hace que se le caiga. ¿Qué significa para Toni este voluntariado?

Es mi forma de cambiar el mundo. Además, es el sitio donde cargas las pilas. El voluntariado le aporta más al voluntario. Un porcentaje de las personas que hacen voluntariado viene por temas de carencias personales, emocionales, problemas familiares, etc

Seguimos camino y en Comandante Fortea nos encontramos con Enrique, 65 años, al lado de un local de Falange Española “Me suelo largar para que no me vean al salir”. Enrique cumple con el estereotipo de indigente: melena, barba, ropa muy sucia, mal olor… Nos lleva hasta su compañera María porque, dice, está un poco floja.

Los rasgos de María revelan que, antes, antes de pasar por la calle, era una mujer muy guapa, ojos azules, nariz pequeña respingona, cara redonda.  Según cuentan Toni, Conchi y Jesús, a veces, Enrique, tiene la mano muy larga, pero parece que se sobrellevan y se hacen compañía. En la calle, se hacen parejas de “conveniencia” porque la soledad es muy, muy dura.

Toni, Jesús y Conchi, en el Viaducto

Toni, Jesús y Conchi, en el Viaducto

En el templete del Parque de la Bombilla, donde en unos días se celebran las fiestas de San Antonio, volvemos a encontrarnos a Emilio (el aparcacoches) y descubrimos a una pareja muy joven, apenas 25 años. Ella, Marisol, nos cuenta cómo hace unas semanas murió, abandonado, en un banco del parque, José Augusto, un compañero toxicómano, que acababa de salir del hospital y que, después de no ser aceptado en un centro municipal de acogida para drogodependientes, murió esa misma noche. Toni se cabrea, no entiende por qué el Samur Social no gestionó con el centro el ingreso. Sobre todo le molesta que nada haya salido a la luz. ¿Es posible la reinserción de  las personas que están en la calle? Toni:

Supuestamente la gente puede salir de la calle. Nosotros vemos, en general, a los que no salen. Hay gente que hemos visto esporádicamente que han tocado calle y han desaparecido, había un problema de red social, pero su situación no se había convertido en crónica y han terminado saliendo. Pero cuando llevas 30, 15 o 20 años en la calle, estas personas, en algún momento, se podrán socializar, pero lo que se dice integrar en la sociedad nuevamente…

Son las 23:00 de la noche y estamos en la última parada, en el Viaducto. La noche ha refrescado bastante, en cualquier caso, nada que ver con los meses de noviembre – enero, la “campaña del frío”, esa en la que si cabe, la compañía y un café caliente son todavía más necesarios. Bajo el viaducto, en el lado más próximo a la calle Mayor, duermen varios subsaharianos. Dos de ellos, jóvenes, quieren charlar, tomar un cacao y unas galletas, el fútbol siempre es un buen tema para establecer contacto, comentamos el partido Barca – Manchester y Jesús y Conchi se quedan con sus nombres.

En el otro lado del viaducto, al lado de la terraza de un bar de moda, varios marroquíes están a punto de dormir, Toni bromea y cuenta anécdotas varias; Jesús se interesa por Rachid, un chico de unos 20 años, que está en paro, pero que demuestra interés por salir adelante. Mientras, Conchi me cuenta que hace un par de meses, en una riña callejera mataron a Younes, un chico al que tenía cariño, “Hermana, me llamaba”, dice Conchi. A las 23:55 se apagan las luces que iluminan el Viaducto, nos despedimos de Rachid y los demás, ha terminado la ruta.

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Durante más de 100 años la comunidad científica mantuvo un intenso debate sobre el origen y significado del altruismo hasta que en la década de 1.960, el biólogo William D.Hamilton creó una fórmula matemática que relacionaba el altruismo con el grado de parentesco entre el que da y el que recibe. Desde aquí nos proponemos poner a prueba esa ecuación al mismo tiempo que descubrimos a personas e iniciativas que luchan por sacar adelante causas sociales.

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