¿De dónde vienen las flores que vas a regalar hoy?
Es la pregunta que me hice ayer en la puerta de una caseta de flores en la calle Eduardo Dato, en Madrid. “¿De dónde son estas margaritas? – Se producen en Chipiona -me comenta el vendedor- en Cádiz, pero se envían hasta el mercado central de Holanda, en Amsterdam, y luego llegan aquí. Sí, es bastante absurdo, pero es así. La gente me pregunta por qué son tan caras (7 euros el ramo) y es que solo con los portes…”
Lo cierto es que mi interés por el mundo de las flores, de su procedencia, de su producción, viene de unos días atrás. El 8 de febrero recibo el boletín de change.org (plataforma de activismo on line) y, entre las diversas causas para las que proponen movilización, me quedo con esta “Pídele a 1-800 que ofrezca flores de comercio justo por el Día de San Valentín“.
En el texto de la carta que me invitan a firmar leo que 1-800 es una de las mayores compañías dedicadas al comercio de flores en el mundo, que en San Valentín venden cerca del 50% del total anual, que muchos de sus productos proceden de Ecuador, Colombia o, Kenia, países en los que los derechos de los trabajadores son pisoteados con frecuencia, obligándoles a trabajar hasta 70 y 80 horas cada semana con motivo de estas fechas.
Jamás se me hubiera ocurrido interesarme por el mercado mundial de flores, pero esta es una buena oportunidad para descubrir que la Unión Europea consume más de 50% de la producción mundial, que Holanda es el primer productor y exportador mundial con mucha diferencia sobre el segundo, Colombia, país en el que 185.000 personas trabajan en el sector, y sobre el tercero, Ecuador.No deja de ser curioso que Holanda importe para luego reexportar (como con mis margaritas).
El 10 de febrero vuelvo a entrar en change.org y compruebo que más de 50.000 personas demandan a 1-800 que ofrezca flores certificadas de comercio justo y que la compañía se ha comprometido a vigilar las condiciones de trabajo de las empresas que le suministran flores y que, de hecho, ya contaban con una oferta de flores “justas” que no eran demandadas por los usuarios.
La empresa norteamericana expresa su compromiso, pero ¿será capaz de controlar cómo trabajan las compañías que suministran las flores desde Ecuador o Colombia?
En la Unión Nacional de Trabajadores de las Flores de Colombia (Untraflores) informan, en un extenso y complejo reportaje, de cómo funciona el mercado mundial de las flores, además señalan las injusticias que cometen las empresas que controlan los cultivos en Colombia y apuntan que incluso en Holanda, los trabajadores del sector, polacos en su mayoría, están sometidos a condiciones penosas, que incluyen aceptar jornadas maratonianas “voluntariamente”.
Otras fuentes nada sospechosas, como Intermón, hablan de una explotación salvaje de las mujeres en Colombia (suponen el 70% de la mano de obra del sector de la flor en el país) expuestas a pesticidas y tóxicos, cobrando apenas dos dólares al día. El mensaje lanzado por Untraflores con motivo del fin de la temporada alta en Colombia es poco alentador
En este contexto, si quiero regalar flores hoy, Día de San Valentín, ¿Qué puedo hacer para no participar en esta cadena de explotación? Difícil. La mayoría de las rosas que verás hoy proceden de Ecuador y de Colombia. Por otro lado, el sello de Comercio Justo en España no especifica si hay floristerías que ofrezcan mercancía garantizada, como sí ocurre en Reino Unido, donde Interflora ofrece diversas alternativas. Quizás en España también las tengan, pero desde luego la web no lo especifica.
Siempre puedes preguntar a quién te lo venda de dónde proceden de las flores o “compensar” facilitando un microcrédito a través de Kiva a algún agricultor ecuatoriano (a Nancy María Rodríguez, por ejemplo) o, simplemente, puedes no comprar flores ya cortadas y preparadas, ya sabes, el campo es de todos, y algunos jardines, también.










