0081-0052-00-0004400044
Sí, el titular de este post es un número de cuenta bancaria. En concreto pertenece a Médicos sin Fronteras y es una de las múltiples opciones que ofrece la entidad para hacer un donativo y ayudar en la lucha contra la hambruna en el Cuerno de África. Nunca en la historia ha sido tan fácil hacer una transferencia de dinero, nunca ha sido tan fácil ayudar sin tener que mover apenas un dedo, un click. Merece la pena.
“Toda la culpa es de los gobiernos y del sistema capitalista, de los bancos, de las grandes empresas alimentarias”, “No hay nada que hacer”, “La ayuda se pierde”… son letanías típicas que todos escuchamos y muchos pronunciamos cuando acontecen estas crisis humanitarias.
Es lógico, los grandes expertos en marketing para conseguir fondos siempre dicen que el ser humano se siente impotente ante desafíos de esta magnitud, no se ve capaz de aportar algo relevante, la dimensión de la catástrofe le supera y no es capaz de ver la relación directa entre su ayuda y el beneficio que produce. Por eso funcionan también las campañas de apadrinamiento: desde el primer momento tienes claro el resultado de tu colaboración.
Las grandes catástrofes, en cualquier caso, siempre despiertan el instinto solidario y compasivo del ser humano. Eso sí, siempre y cuando los medios de comunicación apuesten por convertir la información en un servicio humanitario. No vale con abrir un informativo o darle un lugar destacado un día y abandonar la historia al siguiente. En Haití, la atención mediática fue constante y los resultados de donación fueron espectaculares.
Con el Cuerno de África, la semana pasada alcanzamos el clímax de relevancia: la iniciativa lanzada por el blog 3500 millones llevó el hashtag “AyudaAfrica” a ser “Trending Topic”, el nuevo paradigma de la teoría de La Espiral del Silencio, incluso un periódico en papel, ABC, dedicó su portada a Somalia.
Ahora, la cuestión es “convertir” esa ola de incidencia mediática en ayuda contante y sonante y, por supuesto, indagar en las causas de semejante tragedia para saber si tiene solución y si esto es un bucle que se repetirá como un estribillo, cada dos estrofas.
Lo de “convertir” es, como decía al principio, muy sencillo. Es un acto de fe hacia el trabajo serio, constante y sacrificado de la organización que elijamos. Es importante saber que aquel que dice “la ayuda nunca llega” o “las ONG…” es alguien que, al 99%, nunca ha ayudado ni tiene pensado hacerlo. Esa frase es su auto justificación. Pero hay mucha gente que sí está ayudando, colaborando con las organizaciones que están trabajando sobre el terreno, desde Canalsolidario han hecho un magnífico trabajo para recopilar toda esa información y que así puedas elegir.
Solo una razón para terminar de convencerte de que merece la pena ayudar y de que tu esfuerzo sí tendrá una recompensa, ¿te acuerdas del Plumpy nut? Es un producto hecho a base de crema de cacahuete que utilizan las agencias humanitarias para salvar a los niños que sufren desnutrición severa. ¿El coste de un tratamiento completo? 10 euros. 10 euros que salvan la vida de un niño. 10 euros, el precio de un menú del día, de una entrada del cine, de un libro… 10 euros.
Echa un vistazo a este video de Acción contra el Hambre desde Mogadiscio (capital de Somalia) y verás qué están comiendo los niños.
En cuanto a las causas. Bien, aquí el asunto se complica. Lo más lógico es acudir a los que mejor conocen la trayectoria y situación actual de la zona. Por ejemplo, Marta Arias, de UNICEF, en el blog 3500
Es un recurso fácil el de acusar a las organizaciones humanitarias de tremendistas. También se ha hecho cuando hemos hablado del impacto del cambio climático sobre las sequías en Africa (recordemos que la que ahora padece la región es la peor en los últimos 60 años), o de cómo la crisis financiera en el norte estaba opacando el terrible drama de la crisis alimentaria y la escalada brutal del precio de los alimentos en algunos de los países más pobres (en algunas zonas de Somalia el precio de alimentos básicos ha subido hasta un 270% en tan solo un año).
Es decir, tenemos ya dos factores: sequía y precio de los alimentos. El primer punto es difícil de controlar por el ser humano. El segundo, no. La campaña Crece de Intermón/Oxfam nos da más pistas sobre el segundo punto. También Gonzalo Fanjul, editor del blog 3500, relexionaba hacer poco sobre la responsabilidad de los mercados e instituciones financieras. Añade algunas claves más el post “El negocio del hambre“, que recoge información de varias fuentes acreditadas.
The Guardian, a través de una de sus firmas, introduce dos variables más: la guerra, incluido el hecho de que Somalia es uno de los países protagonistas de la “Guerra contra el terrorismo” de EE.UU; y la desaparición de los pastores nómadas, marginados por los gobiernos de los países africanos y arrinconados por las grandes extensiones de cultivo y los parques nacionales. John Vidal nos recuerda que en 2008, el Director del Programa Mundial de Alimentos anunciaba un “tsunami silencioso” para avisar sobre las crisis alimentaria.
Con este escenario, la sensación es que la ayuda de emergencia aprobada por el Banco Mundial será un alivio, desde luego, pero no impedirá que, dentro de uno o dos años, se produzca una nueva hambruna.
¿Qué nos queda a los ciudadanos de a pie? Seguir confiando en las organizaciones sin ánimo de lucro que salvan vidas y sumar nuestra voz a la de otras muchas personas para reclamar una ayuda al desarrollo más eficiente y un compromiso real de los países ricos para rescatar del hambre a miles de personas. Quizás no estaría de más que todas las ONG que trabajan en estos ámbitos dejaran de lanzar sus campañas individuales y se uniesen todas para que el mensaje llegue más fuerte y más claro.




















