
Esmeralda Valderrama
¿Puede una persona con discapacidad intelectual, síndrome de Down, por ejemplo, ejecutar con la precisión y destreza de un bailarín sin discapacidad una coreografía? Si estás leyendo este blog y este post, seguro que sabes la respuesta a esta pregunta. La directora y coreógrafa Esmeralda Valderrama lleva más de 15 años empeñada en demostrar que la danza es algo más que técnica, que también es comunicación, emoción. A través de su centro de enseñanza en Sevilla y de su compañía, Danza Mobile, Esmeralda ayuda a muchas personas a creer en sí mismas y a pensar que pueden conseguir aquello que se propongan. Acaban de actuar en Madrid, en La Casa Encendida, ahora están en Bremen (Alemania) y, dentro de unos días, podremos ver a algunos de los chicos de la compañía en la película que ha encumbrado a Pablo Pineda, Yo, también.
P. ¿Cómo fue vuestra participación en Yo,también?
R. Toda esta historia empezó cuando hace unos años conocimos a Antonio Naharro y a Alvaro Pastor (los directores). Ellos habían hecho un corto con la hermana de Antonio, Lourdes, y se nominó para los Goyas de ese año. En ese momento nosotros estábamos dando un curso de formación de monitores para personas con discapacidad y Antonio se apuntó al curso. Nos dijo que tenía en mente hacer un largo y que la productora de Medem estaba interesada en la idea.
A partir de ahí se iba comunicando con nosotros y venían a nuestro centro para estar con nuestra gente y poco a poco fueron haciendo la historia, de ahí que en la película, Pablo, además de trabajar en la administración pública, trabaja por la tarde de monitor en un centro como el nuestro. Por eso salen en la película nuestros alumnos del Centro de Arte y uno de ellos, Daniel, hace también un pequeño papel como novio de su hermana. Los personajes del director del centro y de la directora, están inspirados en Fernando y en mí.

Un momento del espectáculo "Jaquelado". Foto: Danza Mobile
P. La asociación nace en el 95, la compañía en el 99 y es curioso que, como suele ocurrir en otros casos, tú no tenías ningún familiar o amigo íntimo con discapacidad intelectual o síndrome de Down, ¿Qué te impulsó a crear este proyecto?
R. Yo no tenía ningún familiar ni conocido con discapacidad, pero siempre me había interesado este mundo, no sé por qué, quizá por lo desconocido que era. Me interesaba la parte artística y creativa, era bailarina y siempre me fastidiaba que lo que se tuviera en cuenta fuera el físico antes que las capacidades artísticas, te estoy hablando de hace muchos, muchos años. Yo pensaba que la danza, bueno, el arte, era otra cosa. Era comunicación, era poder hacer que el público sintiera algo cuando fuera a ver un espectáculo.
Por eso cuando tuve la primera oportunidad de trabajar con un grupo de personas con discapacidad intelectual, me quedé enganchada. Eso era lo que yo buscaba. Otros físicos, otros cuerpos, diferentes energías, que enriquecen lo que pasa sobre el escenario.
Con esto no quiero decir en absoluto que las personas que tienen algún tipo de discapacidad estén tocadas por alguna mano divina y sean artistas. Lo que quiero decir, es que dentro de este colectivo, hay personas que sí lo son, y por eso debe haber centros donde puedan tener una formación, bien como actividad de ocio si ellos quieren y como actividad profesional para los que tengan talento.
P. Acabáis de estar en Madrid, en La Casa Encendida, y gente que ha visto lo que hacen bailarines como José Manuel Gómez se quedan impresionados, habéis conseguido auténticos profesionales.
R. Muchas veces, nosotros, los que trabajamos en este ámbito, tenemos la culpa de no cambiar la imagen de las personas con discapacidad, especialmente con discapacidad intelectual. Nos volvemos poco exigentes y parece que todo vale, así no vamos a ningún sitio. Hay que ser exigentes. No todo el mundo vale para estar profesionalmente sobre un escenario y si queremos que esto vaya cambiando tenemos que entender que lo que se muestra con personas con discapacidad tiene que tener la calidad suficiente para poderlo vender como profesional. Lo otro puede valer para otros ámbitos pero no para los circuitos profesionales.
P. ¿Recuerdas cuál fue vuestra 1ª obra “oficial” con público? ¿Qué sentiste?
R. Fue muy pequeña, hacía poco que habíamos empezado con la escuela de danza, eran solo 4 pequeñas coreografías y realmente no era profesional, no podía serlo porque los bailarines tenían poca preparación y estábamos empezando. Pero fui la persona más feliz del mundo porque esto había empezado ya.

Bailarines en la obra "Algunas veces", de 2007. Foto: Danza Mobile
P. ¿Has notado un cambio en el público, en su sensibilidad, desde esa primera actuación hace 10 años hasta ahora?
R. Sí, el público ha ido creciendo y cambiando. Antes era casi siempre personas relacionadas con discapacidad, ahora mismo y gracias a haber entrado en circuitos normalizados y por el festival que venimos haciendo desde hace tres años, el público se ha ampliado a otros sectores y sobre todo a personas que tienen que ver con el arte. Eso es importante.
P. ¿Cuál es el método de trabajo de Danza Mobile con los chicos con discapacidad? Supongo que, a veces, tendréis que ir más despacio.
R. En principio es como el de cualquier centro donde se imparten talleres de ballet clásico, de danza contemporánea, de clásico español, de música, de teatro… Sí es verdad que a veces hay que ir más despacio en algunas cosas, también es verdad que hay diferentes niveles, como en cualquier centro. Lo más importante es que todas las personas que están aquí es porque han querido, de ahí que su motivación sea tan grande, y eso es lo imprescindible para el aprendizaje.
P. Igual que hay un Pablo Pineda en el cine (y en la vida), es decir, un caso excepcional, ¿ha pasado por Danza Mobile alguna persona que os haya dejado sorprendidos por su capacidad?
R. Aquí hay muchas personas que nos sorprenden cada día. Pero de lo que tú me dices, para mí hay una persona especialmente que nos ha demostrado que todo lo que nosotros decimos y en lo que creemos puede hacerse realidad. Es un bailarín que se llama José Manuel Muñoz. El empezó aquí hace 12 años, pero ya era mayor , ahora tiene 35 años, y nunca había tomado ninguna clase de danza ni de teatro. Ahora mismo te podría decir que está en una producción con Suiza y sencillamente en el escenario es un bailarín más de la compañía, es impresionante su profesionalidad y, por supuesto, su talento, la conciencia que tiene de su trabajo y la responsabilidad que esto conlleva.

José Manuel Muñoz en un momento de "Pez y Pescado". Foto: Danza Mobile
Tenemos también otros bailarines con muchas facultades, que saben estar en un escenario, por ejemplo Daniel Parejo, que hace en pequeño papel en Yo, también y que junto a José Manuel ha hecho un corto llamado El vuelo de coco ; o Irene Crespo que siempre está en todos nuestro espectáculos.
P. ¿Qué te ha aportado, personalmente, Danza Mobile? ¿Qué has aprendido con ellos?
R. No exactamente Danza Mobile, sino trabajar con el colectivo de personas con discapacidad intelectual me ha aportado otra visión de la vida, me cambió mi escala de valores, creo que aprendí a dar importancia a las cosas que realmente la tienen, y sobre todo a comunicarme de otra manera, más simple y mucho más directa, y a reírme, a reírme mucho y a saber disfrutar las pequeñas cosas que pasan cada día y que a veces son logros enormes. Por eso, Danza Mobile es para mí una forma de vida.
P. Y qué crees que es lo más importante que se llevan los chicos con discapacidad que pasan por la compañía y la escuela.
R. Se llevan respeto, se llevan el saberse tratados como personas, disciplina y, sobre todo, que hay personas que creen en su capacidad y no hablan de lo que no pueden hacer y sí de lo que pueden llegar a conseguir.