Una entrevista a José Carlos García Fajardo no es una entrevista, es una conferencia de prensa con derecho a réplica. A sus 73 años, el “profesor” Fajardo conserva intacta su oratoria y su capacidad para persuadir. En cualquier caso, tampoco hace falta pincharle mucho para que el resultado de una charla de casi dos horas arroje todo tipo de titulares, nombres e ideas, desde su época de asesor de “telegenia” de la plana mayor del PP (Rato, Cascos, Aznar, Aguirre..), hasta, lo más importante, su labor como fundador y, ahora, presidente de honor, de Solidarios para el Desarrollo, la ONG que nació en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense.

El profesor Fajardo, la semana pasada, con la Facultad de Periodismo detrás.
Parece increíble, pero en “tan solo” 73 años, le ha dado tiempo a estudiar cuatro carreras, aprender ocho idiomas, dirigir la Comunicación en la CEOE, asesorar en materia de imagen a gobiernos y multinacionales de España y Latinoamérica, escribir miles de artículos y un buen número de libros, visitar decenas de países, entre ellos 20 del África Subsahariana durante su año sabático, dar clase a más de 25.000 alumnos de periodismo, presidir y dirigir durante más de 25 años Solidarios. Y, todo eso, con 6 hijos y 11 nietos.
Está claro que Fajardo tiene historia para más de un post, pero voy a intentar extractar lo mejor de su vida y de su proyecto social. Para empezar,¿a qué se dedica ahora? Le fui a ver a su despacho en la Ciudad Universitaria, detrás de la Facultad de CC. de la Información y me lo encontré preparando cartas y mails a conocidos, amigos y simpatizantes de la organización para pedirles ayuda, para invitarles a hacerse socio: Solidarios, como otras muchas ONG, no pasa por sus mejores momentos. Y Fajardo está echando una mano para sostenerla, aunque pasa la mayor parte del tiempo coordinando el Centro de Colaboraciones Solidarias, una especie de “agencia social” que distribuye artículos, gratuitamente, para cientos de medios de comunicación en todo el mundo.
No practico la religión, no soy miembro de ningún partido político, he asumido la causa de los marginados, de los tuercebotas como yo.
¿Cómo nace Solidarios?
Al salir de una de mis clases, un grupo de alumnos me esperaron en el despacho 314, para hablar de “eso”, y yo dije “¿Qué es eso?”, “Cuando usted se va por los cerros de Úbeda”, me contestaron. Les cité de 2 a 3:30 en el aula 315, yo creí que se habían olvidado, pero entré allí estaban unos cuantos. Siempre digo que soy el causante de muchas almorranas, porque como no había sitio, tenían que sentarse en los radiadores.
Estamos hablando de finales de los ochenta y principios de los 90. La Facultad y la clases de Historia del Pensamiento de Fajardo fueron el caldo de cultivo de una generación de periodistas inquietos, a los que Fajardo sabía provocar: podrá caerte mejor o peor, creerle más o menos, podrás conectar o no con su mensaje, pero indiferente no dejaba a nadie.En La regla de William, desde hace un año, intentamos averiguar cuál es el motor de los comportamientos altruistas, en el caso de el profesor Fajardo, la inspiración fue su madre, una mujer de clase media-alta, tampoco rica, que llevaba la casa y se volcaba con los desamparados.
Todo lo mamé de mi madre. Después de la guerra, en el hambre, recuerdo que iba todas las semanas al hospital para ver a gente a la que no visitaba nadie. Recuerdo que, en mi casa, los miércoles, teníamos en la escalera sentados a los pobres y se les servía una taza de caldo y un trozo de pan. Yo veía a mi madre que aprendió a hablar con la manos para ayudar a una muda a la que golpeaba el marido. Nos educó para amar.
Así que inspirado por su madre, motivado por la justicia social y empujado por un grupo de de estudiantes con ganas de cambiar el mundo, Fajardo creó Solidarios para el Desarrollo
A los pocos días de empezar los seminarios suena el teléfono. “Soy Javier, Me llevan a la cárcel, voy a estar largo tiempo. No me falle profesor”. Javier era un alumno de 2º, le había tenido al año anterior y le había dado muy buenas notas. Yo nunca había entrado en una prisión. Al cabo de 20 días estaba en la cárcel de Segovia, visitándole todos los miércoles. Empezaron a acompañarme profesores, otros alumnos… El director de la cárcel me comentó que estaba matando pulgas a cañonazos, porque allí había alumnos de la UNED y no recibían a un profesor en mucho tiempo. Así que le propuse crear un aula de cultura.
Solidarios trabaja en ocho prisiones actualmente. Sus voluntarios fueron los primeros de carácter laico que entraron en estas instituciones penitenciarias, hasta entonces reservadas a las órdenes religiosas.

Fajardo, en Cuba, donde Solidarios enviaba libros y medicamentos
Una de las máximas que ha seguido la ONG es ir allá donde la llaman, responder a una demanda. “Como la sangre acude a la llamada de la herida para limpiar, aliviar y ayudar a que cicatrice.”
Los misioneros son enviados, pero nosotros somos llamados, y eso siempre lo tuve claro.
Las cárceles es el proyecto que más emociona a Fajardo.
Tengo mano con los ladrones, con los chorizos, con las putas. El servicio que más me gusta es el de las cárceles, les revoluciono, les provoco, digo que el primer derecho del preso es a fugarse. Les digo que aquello es como un colegio mayor, no tienen que preocuparse de la cocina y, cuando se duermen, tienen a un montón de agentes y guardias civiles para que no entren los ladrones a robar.
Es un provocador, le gusta polemizar y le preocupa cómo se están burocratizando las organizaciones sociales.
Antes, adaptábamos nuestra disponibilidad al servicio social y se hacían las cosas. Ahora se ha considerado que esto es un nicho de empleo. Ahora los trabajadores de las organizaciones sociales tienen el horario estricto de trabajo. Hay tantas exigencias en sus derechos que algunos no están dominados por la pasión de la justicia. Hay algunas ONG sin voluntarios. Hay personas que dirigen ONG que no han visitado una cárcel, que no han estado bañando a un enfermo o acompañando a un terminal. Y eso es lo que transforma tu vida.
Solidarios siempre ha sido un referente como organización de voluntariado: dos horas a la semana es el compromiso. Entre los servicios a elegir: personas mayores, sin hogar, cárceles, hospitales, inmigrantes, prostitutas… Y, lo más importante, el respeto de una serie de valores y principios
Hay gente que cree que el voluntario le hace un favor a la ONG, mientras no erradiquemos eso, estamos perdidos. El favor se lo hacen los pobres, los marginados, los ancianos, para que vayan a caminar con ellos; nosotros, los voluntarios sociales, no vamos a cambiar nada. Ante el sufrimiento y ante el dolor, hay que descalzarse, mentalmente. No podemos ir a una cárcel, a estar con inmigrantes sin acoger, sin guardar silencio, ¿quiénes somos para decirle a un alcohólico que deje de beber?
Como buen periodista y hombre de Comunicación, José Carlos García Fajardo piensa en titulares y en su trabajo al frente de la ONG ha acuñado algunas frases que firmarían muchos de los gurús que pueblan ahora el universo bloguero y tuitero.
“Lo hicieron porque no sabían que era imposible.”
“A un joven si le pides poco, no da nada. Si le pides mucho, lo da todo.”
“A qué esperamos, si nadie nos tiene que mandar.”
“El que no tenga nada que hacer, que no lo venga a hacer aquí.” (en referencia a los voluntarios “ocasionales”)
Al trabajo en cárceles le siguieron las personas sin hogar.
Empezamos María José (una persona clave en Solidarios) y yo comprando medio litro de leche todos los días, un infiernillo por 170 pesetas en SEPU. En el suelo de despacho, sobre un cartón, calentábamos la leche y salíamos por Argüelles.
Y el acompañamiento a enfermos, personas con discapacidad…
Mi mujer me dijo un día que una prima tenía un hijo en el Hospital de Puerta de Hierro, que fuera a verle, que estaba malo, y al salir, hace 24 años, le dije que tenía SIDA y empezamos a visitarle a él y a otros. Así empezó nuestro servicio a los terminales de SIDA. Por una señora ciego, nos enteramos de que en el Gregorio Marañón, y en otros hospitales, había personas a las que no visitaba nadie. Otro día, llegó una persona que me pidió que fuera a una residencia de personas con grave discapacidad. Comprendí que la gente que trabajaba allí quedaba agotada. Me ofrecí, junto con otros amigos, los sábados y domingos a bañar, a afeitar, a acompañar a dar un paseo a las personas con discapacidad, de 7 a 10 de la mañana. Un día, en la Facultad de Ciencias de la Información, que está hecha con el culo, me encontré a una chica sentada en una silla de ruedas. Le pregunté, “¿qué haces?, “esperando a que alguien me suba”. Ese mismo día colgué carteles en la Facultad para encontrar voluntarios. Así empezó el PAED (Programa de Ayuda a Estudiantes Discapacitados).
Luego llegaron los viajes de voluntarios a países de Sudamérica, 200 chicos viajaban cada año pagándose cada uno el viaje y siendo acogidos por instituciones que los necesitaban, hasta que alguien llamó por teléfono y preguntó por “Viajes Fajardo”. En ese momento comprendió que tenían que acabar con ese modelo; pero sí que pusieron en marcha dos proyectos emblemáticos: el Libro Solidario y el Puente Solidario. A través del primero, han procesado tres millones de libros, de los que ya se han enviado un millón, en bibliotecas de 6.000 volúmenes cada uno, a Universidades y Escuelas de Magisterio de Sudamérica, la zona Atlántica de África, centros de español en Irán, en Irak… Por su parte, el Puente Solidario (iniciativa que ya no tiene activa la organización) clasificó y envió 60 toneladas de medicamentos. Este último proyecto se complementó con la puesta en marcha, durante el año sabático de Fajardo por el África Subsahariana, de centros de medicina preventiva en diversas Universidades de países como Senegal, Malí, Tanzania…

En Camerún, donde Solidarios desarrolló un proyecto de piscifactoría
Hace tres años que José Carlos García Fajardo pasó a un segundo plano: se jubiló, cedió el testigo de la presidencia de Solidarios y, cómo el mismo afirma, “dejó que el organismo reclamase sus derechos”. Si en África, a los 59 años, las pasó canutas y estuvo muy enfermo por problemas intestinales, desde hace un lustro es el corazón el que le mantiene a raya: 14 pastillas al día. Aunque afirma que no tiene la misma fuerza ni vitalidad, yo le encontré pletórico, volcado en su CSS, obsesionado con la justicia social, recordando a Hélder Cámara, al que conoció personalmente, “Cuando doy de comer a un pobre, me llaman santo; cuando pregunto por qué es pobre, me llaman comunista”.
Tengo que ser mucho más provocador, pero no puede haber protesta sin propuesta alternativa. Por eso, el fin de mi vida es el CSS, difundiendo artículos sobre DDHH, medio ambiente, justicia y solidaridad.
Seguramente José Carlos García Fajardo empezó todo esto por que no sabía que era imposible.