
Enrique Richard
Enrique recorre todas las semanas las calles del centro de Barcelona para encontrarse con esas personas que tanto ignoramos e incluso tememos, las personas sin hogar. Desde el 2002 es voluntario de la Fundación Arrels (Raíces) y todas sus experiencias, sus reflexiones, sus denuncias se pueden seguir desde el 2007 en el blog Con cartones por la calle, que desde hace unos meses también comparte con Gabriel, un ex-sin hogar
Enrique afirma que la calle es su sitio, que su misión es acompañar a estas personas, no salvarlas, que nadie las puede salvar, solo ellos mismos. La experiencia de Enrique es pura sabiduría. Para mi recuerdo personal una imagen: Enrique convenció a un indigente para que acudiera a una pensión, al cabo de unos días murió, solo, sin ver las estrellas, justo lo que esa persona quería, morir acompañado, viendo el cielo estrellado.
Pregunta. ¿Cómo se enciende el chip del voluntariado con las personas sin hogar?
Respuesta. Lo de las personas sin hogar era algo totalmente desconocido. Siempre he tenido inquietud social. Durante mucho tiempo estuve implicándome en movimientos obreros de iglesia y cuando me prejubilaron de Telefónica (a los 51 años) tenía muy claro que no me podía quedar en casa. Dediqué un año a mirar, a buscar. Mi intención era dedicarme a los inmigrantes, pero descubrí Arrels.
Pregunta. A cuántas personas recuerdas que hayan conseguido salir?
Respuesta. No me acuerdo.
Pregunta. ¿No conoces a ninguna?
Respuesta. Miras en el centro y conoces a gente que está en pisos, que de alguna manera lo ha superado. Pero quien está en la calle de una manera deteriorada nunca deja la calle. Siempre están los retrocesos, las subidas, las bajadas…
Pregunta. Supongo que hay historias de personas que te piden implicarte, aunque no debas.
Respuesta. El sufrimiento de la gente te duele, pero tienes que saber estar un poco por encima y descubrir lo que es urgente e importante. Con Arrels trabajamos con la gente más cronificada, esa gente que si no hubieses salido a la calle nunca hubieras tenido contacto con ellos. Conocemos a gente que lleva 40 años en la calle.
Pregunta. Toni, voluntario de Solidarios, me comentaba que para las personas que llevan mucho tiempo en la calle, su mundo de preocupaciones se reduce a que le quiten el sitio en el comedor, a que no le roben. Pierden el horizonte de abandonar la calle.
Respuesta. Claro, por eso lo fundamental es la prevención. Si la gente que se queda en la calle, enseguida la das el trabajo que necesita, el hogar… con eso salen. El problema es cuando se habitúan. Supongo que debe ser como una droga.
Siempre lo comparo con una escalera. La persona va sufriendo golpes, una separación, la muerte de su padre y va cayendo y cuando te los encuentras se sienten nadie. Instintivamente le dirías, “Oye, pero es que te tienes que levantar, tienes que, tienes que…”. Y te dicen “si yo ya he caído de todo eso, yo ahora no soy nadie”. Entonces nosotros estamos ahí, para lo que quieran: estar, acompañar, conseguir su confianza, autoestima.
Pregunta. ¿Ese es el primer paso para empezar la recuperación?
Respuesta. Sí, pero muchas veces se queda ahí. Por ejemplo, una persona que conozco que lleva 40 años en la calle, desde que en un principio te sacó la navaja cuando le viste por primera vez hasta que llega un día en que se levanta del banco para recibirte y piensas, ¿pedimos más?. O que en un momento hayan dado el paso de acercarse al centro para ducharse, para cambiarse de ropa, para compartir de igual a igual, para relacionarse, son momentos importantes.
Pregunta. Son ellos los que salen, los que tienen que decidir salir, como decía Pedro Meca.
Respuesta. Está claro.
Pregunta. ¿Pero no llega un momento en el que no quiere salir porque no conoce otra cosa?
Respuesta. Es que ellos se sienten nadie, han tenido una experiencia muy negativa y no tienen fuerzas para entrar en un círculo del que han querido quitarse. Hasta que no vuelva a existir la autoestima no se puede hacer nada.
Pregunta. Y qué papel juega en la autoestima la sociedad, nosotros, todos ¿es importante algo tan simple como mirarles? ¿hacerles saber que existen?
Respuesta. Son invisibles, huelen mal, tienen un cartón de vino … es importante que se sientan personas. El pasado martes un magrebí nos decía “Qué Dios os bendiga”, y nosotros de Dios no hablamos nunca, pero ellos se sienten alguien porque tú estás a su lado. Es importante que te pongas a su misma altura.
Pregunta. Y no hay gente que se plantea este voluntariado como una válvula de escape personal y luego se han desinflado por lo delicado de las situaciones, porque es un voluntariado distinto a los demás.
Respuesta. El sufrimiento te toca, porque son los más excluidos, pero hay que poner límites y te das cuenta de que no vas de salvador, que no eres el capitán trueno.
Pregunta. Y cuidado con comprometerse personalmente.
Respuesta. El otro día comentábamos sobre eso en el grupo porque tenemos un caso que nos ha tocado. “Me lo llevo a mi casa”, decía uno de nosotros y porqué, ¿Por qué te llevas a ese y no a otro? Es que está peor o es porque a ti te toca más. Nosotros no tenemos la solución. Somos parte de una sociedad que lleva a la injusticia de echar a la gente a la calle y nosotros también somos culpables como parte de la sociedad. La postura es estar con ellos, a su lado, en el camino que vayan haciendo. No siempre tenemos ni recursos ni soluciones.
Pregunta. Otra de las sensaciones que me transmitía Toni, voluntario de Solidarios es que a la calle no se llega por la pobreza, sino porque se te ha roto algún cable en la cabeza, en el corazón.
Respuesta. Nosotros aquí decimos que es como una tela de araña, estamos unidos por unos hilos sociales, laborales, de la salud… y cuando se rompe uno no pasa nada, pero cuando se rompen varios y al mismo tiempo aquello se convierte en un guiñapo. Todos estamos expuestos a que nos suceda, pero quién más lo está es el que está más cerca de la precariedad.
Pregunta. Y sobre todo los que no tienen redes familiares, ¿no?
Respuesta. Claro, por eso nos estamos encontrando que ha aumentado el número de extranjeros. Se han quedado sin trabajo y no tienen familias que les sustenten.
Pregunta. El blog, ¿cómo empezó?
Uno de los objetivos de Arrels es la sensibilización, la denuncia, como un elemento muy importante. En el 2007 nos planteamos crear el blog. Y Gabriel, una de las personas a las que se atiende desde aquí, le gustaba el blog y le invité a que participara.
Pregunta. ¿Gabiel es un caso de éxito?
Respuesta. Sí, vive en una pensión, va buscando trabajo, ahora está en el paro… Son personas con 50 y tantos años y es muy difícil encontrar trabajo. Lleva muchos años viviendo en pensión y bien.
Pregunta. ¿Es una especie de terapia el blog?
Respuesta. Sí, es un poco eso. Cuando empecé en calle en 2002 necesitaba escribir y lo hice. Empecé a escribir porque todo lo que vivo me toca. En 2007 recuperé parte de esos escritos y empecé con más para el blog. Es una reflexión de lo que hago y también un medio de denuncia.
Pregunta. ¿Qué has encontrado en la gente que te lee? Qué feed-back tienes, qué repercusiones, mensajes…
Respuesta. No es un tema que la gente busque demasiado, no tengo una avalancha de gente que me lee, pero en los comentarios sí que te animan a que sigas escribiendo con el corazón.
Pregunta. Me llama la atención el contador de personas sin hogar muertas que tienes en el blog.
Respuesta. El que muera gente en la calle (y hemos vivido de esas situaciones, gente que conocemos y hasta los 2 o 3 meses no te has enterado) es cuando te planteas lo dura que es esta sociedad que deja morir a la gente en la calle. Es verdad que hay gente que sabes que va a morir en la calle. A mí me sucedió un caso que después de insistir mucho para que dejase la calle, que fuera a una pensión, al final accedió a ir a una pensión y murió en la pensión y murió solo. Para mí fue muy duro, ese hombre había muerto solo y sin ver las estrellas y eran justo las dos cosas que no quería. Quería morir acompañado y mirando las estrellas.
Arrels tiene el acompañamiento en la muerte, cuando alquien muere y sabemos que ha muerto y no tiene familia, gestionamos el entierro. El ayuntamiento de Barcelona lo hace gratis, pero nosotros acompañamos al féretro hasta el cementerio y le hacemos una despedida. Y ha habido algunas muy emotivas, en las que ha aparecido la familia y no conocían a esa persona, había cambiado tanto! En 2010 murieron 19 personas en Barcelona, que nosotros conociéramos, con una media de 50 años.
Pregunta. ¿Te has planteado parar cuando suceden historias de estas que te tocan?
Respuesta. No, por ahora no. Siempre digo que siempre me quedará la calle. En la calle me siento a gusto.