“El Cosmonauta”, porque otro mundo es posible.
Este fin de semana ha sucedido algo que, para los que disfrutamos y nos dedicamos (aunque sea detrás de un ordenador) al entretenimiento, no hemos dejado pasar de largo. La productora Riot Cinema Collective ha estrenado a nivel mundial, y como primera pantalla Internet, el largometraje “El Cosmonauta”. No es ésta la primera obra que se estrena de manera simultánea en salas de cine y en Internet, pero sí la primera que, a mi juicio, ha decidido, de manera tan osada, dar la vuelta a los patrones tradicionales del audiovisual.
El Cosmonauta es un proyecto transmedia, de ésos que apuestan tanto por el factor audiovisual como por el resto de elementos que lo componen, los webisodios, el libro, el falso documental, los vídeos “tras las cámaras”, el “boletín secreto”, etc.
Tiene además el proyecto un interesantísimo elemento. El Cosmonauta no tiene un productor, sino más de 5000, cada una de las personas que han apostado y aportado al proyecto. Y es que El cosmonauta es un proyecto crowfunding, que se ha financiado con la aportación de una inmensidad de personas. No han precisado sus impulsores de ninguna plataforma externa o de grandes subvenciones para lanzar el proyecto, sino que a través de microdonaciones han sacado adelante un proyecto que por el solo hecho de existir es ya un éxito.
Rompe además en lo jurídico El Cosmonauta con una presunción normativa. La Ley de Propiedad Intelectual establece (y la Ley de Cine lo complementa) una serie de autores a la obra audiovisual. Sin embargo aquí, la pluralidad de autores que aportan y crean no parece detenerse ante los principios normativos.
Además sus autores han optado por compartirla bajo una licencia Creative Commons. Todo el contenido de El Cosmonauta, a salvo de pequeñas excepciones puede ser compartido, copiado, distribuido y exhibido libremente. Por si fuera poco, el usuario puede alterarlo, crear nuevas versiones o utilizarlo en sus propias obras. Como únicas premisas, acreditar a sus autores, mantener la licencia CC en la obra resultante y no obtener lucro económico sin la autorización de sus titulares.
Y detrás de este fenómeno, posiblemente uno de los más atractivos del cine actual, una película cuyo argumento, escenografía y actores son una mera excusa para los abogados, a los que nos hubiese dado igual que el protagonista vistiese una escafandra o empuñase un florete. El paso ya estaba dado. Otro mundo es posible: otra manera de financiar, otra manera de crear, otra manera de licenciar es posible. A estos señores no les importa la piratería sino el cine, que no había muerto, estaba de parranda.










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