El trabajo sucio de las discográficas
Un informe de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (FEDEA) revela, con datos, que los beneficios generados por la industria de la música en los últimos años apenas ha variado. ¿Qué sentido tiene entonces la Ley Sinde?, se preguntan sus autores. La respuesta a esta cuestión, en palabras de los encargados de elaborar el informe: hacer el “trabajo sucio” a discográficas y entidades de gestión.
Sinceramente no creo que la cosa sea para tanto. La industria de la música ha ido tradicionalmente detrás de los cambios tecnológicos, como un animal pesado que camina despacio, a un ritmo lento y acompasado. Recuerdo todavía las noticias que llegaban en los noventa desde Estados Unidos que hablaban de demandas judiciales de discográficas que pretendían impedir la comercialización de los CD´s por el riesgo de que aquello supusiese el fin de la música, que se venía comercializando en cassettes. Fue ése el primer gran cambio tecnológico que yo viví.
Y ante otro cambio tecnológico nos hallamos ahora, con el advenimiento de Internet y el entorno digital. Un cambio tecnológico que, como dice el estudio, tiene vencedores y vencidos. “Cualquier usuario puede acceder en la actualidad a un catálogo de música impensable hace unos años. (…) Pero hay otros que han perdido con los cambios. Los grandes perjudicados han sido, sin duda, las discográficas y las tiendas de discos”. Sin embargo el sector no se ha resentido y ahí lo interesante, se ha reinventado para conseguir los mismos números, en torno a 450 millones de euros de beneficio anual. Es cierto que las ventas de CD´s ha descendido notablemente desde entonces, pero la comercialización de música mediante descargas en Internet y los ingresos por conciertos se han casi triplicado.
Parece claro que la industria musical necesita una reformulación, la implantación de un modelo que respete los derechos de propiedad intelectual de los autores pero que prevea nuevas fórmulas, alternativas a un sistema como el actual que se ha demostrado obsoleto. Quizás sea el momento de apostar por modelos como Spotify y similares, que se reinventan a diario y que se han sumado al carro de la web 2.0 con notable éxito. Quizás sea necesario replantearse también la función de las entidades de gestión, replantearse su utilidad en un entorno radicalmente distinto al que fueron configuradas. Quizás haya llegado la hora de buscar fórmulas imaginativas que permitan adaptar la industria a la coyuntura tecnológica actual.
Es cierto que no podemos vivir en el país del “todo gratis”, pero tampoco podemos pretender seguir distribuyendo música en cassettes. Y es que el mundo digital ha propiciado la transformación de mercados y sistemas obsoletos, e inevitablemente tendrá que suponer un cambio en el sector discográfico, que se resiste a renunciar a su parte del “pastel”, aferrándose a modelos caducos que no ofrecen los beneficios de antaño.
Sin perjuicio de lo anterior, lo que sí podemos deducir del informe es que aquella frase que acuñaba la Ministra Sinde de que “un puñado de webs ponen en peligro la economía española” poco o nada tiene que ver con la realidad. Los números son los mismos, lo que ha cambiado es su composición. En definitiva, la industria musical no se destruye, sólo se transforma.

2 Comentarios
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Buena entrada. Parece increible que esta gente esté todo el dia llorando porque no tienen ingresos y resulta que cobran lo mismo que hace años. Y claro, entre conciertos y descargas se siguen forrando. Y los de la sgae dale que erre con sus historias…
Comentario Publicado por: anónimo | 3 mayo 2010 - 15:18
Estoy de acuerdo en que sistemas como el spotify son el futuro. El informe de la FEDEA no hace más que confirmar lo que todos sospechabamos, que las discográficas venden menos discos pero ingresan el triple en los conciertos, a los que asiste público que sino fuera por las descargas no conocería esa música.
Comentario Publicado por: Ana | 3 mayo 2010 - 21:43