Wikileaks, jurídica y moralmente.
Para aquéllos que dudaban que la siguiente gran guerra de poderes tendría como campo de batalla Internet, ésta no ha sido una buena semana. Con Wikileaks como dinamitador y los EEUU como gran damnificado, en estos últimos días hemos vivido idas y venidas de Estados y grandes trasnacionales azorados con cables y secretos de estado revelados a la opinión pública.
De todo este asunto, sobre el que se ha hablado ya largo y tendido, me llama la atención –para mal- la apatía y el desinterés de la sociedad española hacia la mayor revelación periodística de nuestro tiempo. Desconozco los datos de visitas de los medios que han sacado a la luz los manidos cables, pero sí nos han llegado algunos datos que deberían hacernos reflexionar. Según encuestas publicadas por algunos medios, más del cincuenta por ciento de los españoles preferirían que los cables no hubiesen sido hechos públicos. Es posible que los españoles no tengamos el cuerpo para grandes revelaciones en este tiempo de recesión económica y huelgas salvajes, pero me parece injustificable el desinterés por conocer la realidad de las cosas.
La cuestión jurídica que subyace en todo esto es que Wikileaks ha desplegado una labor periodística sin precedentes, legítimamente amparada en la libertad de expresión y en el derecho a informar. Derecho éste expresamente recogido en todos los textos constitucionales modernos, incluido –por cierto- el de los EEUU. Por ese motivo –porque su actividad es legal y legítima- el señor Assange, líder de Wikileaks, no puede ser en ningún caso procesado por otras cuestiones que las que se refieran a actividades ajenas a Wikileaks.
Y como en lo jurídico la actividad de Wikileaks es inatacable (cuestión distinta es la del funcionario que haya filtrado los cables confidenciales), por los damnificados de Wikileaks se ha activado el plan B, el del ahogamiento. Por razones todavía desconocidas (pero intuibles), han sucedido en torno a Wikileaks hechos tan sorprendentes como moralmente reprochables:
(i) El propio sitio web de Wikileaks sufrió ataques de denegación de servicio (DDoS) en los instantes previos a la liberación de los cables; (ii) Amazon ha declinado prestar sus servicios de alojamiento de datos al sitio web de Wikileaks; (iii) PayPal, Visa y MasterCard han bloqueado sus sistemas de pago, de manera que imposibilitan las donaciones voluntarias a Wikileaks; (iv) el banco suizo PostFinance ha cerrado la cuenta del Sr. Assange tras conocer que éste había proporcionado información falsa sobre su lugar de residencia cuando la abrió; (v) la red de microblogging Twitter ha sido acusada de censurar el término Wikileaks entre sus trendic topics ; o (vi) extrañas acusaciones de agresiones sexuales planean sobre la figura del Sr. Assange.
La reacción de la comunidad internauta no se ha hecho esperar. La Red es un hervidero de apoyo a Wikileaks. Pero no todos los apoyos han ido por la vía de la legalidad. Muchas instituciones privadas y ciudadanos han dado apoyo a la entidad a través de donaciones anónimas y ofrecimientos de alojamiento web, pero de nuevo ha aparecido la negra sombra de los ataques informáticos de Anonymous. En la tarde de ayer numerosos mensajes circulaban en Internet, instando al ataque a las instituciones que habían dado la espalda a Wikileaks, ataques que han derivado en la caída de esas páginas.
No pretendamos tomar peligrosos atajos. A cada uno le llega su momento. Como decía aquél, la justicia es lenta pero implacable.

3 Comentarios
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Pingback Publicado por: Tweets that mention Wikileaks, jurídica y moralmente. | Legal e-Digital -- Topsy.com | 9 diciembre 2010 - 10:27
Es información, pero ¿cómo se ha obtenido? Esa puede ser la traba legal ¿no?
Marcial Herrero
Comentario Publicado por: Marcial Luis Herrero de Zabaleta | 10 diciembre 2010 - 21:55
Informar es siempre legal ¿No?
Comentario Publicado por: Teodoro | 30 diciembre 2010 - 17:41