Cyberbullying: Acoso en la Red
¿Conocen a Leandra Ramm? Internet sí. Cuando todo parecía ir sobre ruedas para esta joven neoyorquina dedicada en cuerpo y alma a la música, algo cambió de repente en su vida convirtiéndola en una auténtica pesadilla. Según alertaba el semanal británico The Economist en su último número, la historia de esta joven es la del acoso y el sufrimiento en Internet.
Desde hace aproximadamente cinco años, la preocupación de esta mezzosoprano ya no es sólo la música. Alguien desde Singapur –la red no entiende de distancias- se ha dedicado en los últimos cinco años a difamarla en la red, a enviarle mensajes molestos y a difundir falsos rumores sobre extravagantes prácticas sexuales de la cantante. Como es natural, desde entonces, la preocupación de Leandra Lamm no se limita sólo a la música. Según narra The Economist, la lucha de la joven por poner fin a esta incómoda realidad no ha llegado a buen puerto, principalmente, por la desidia de la autoridades del país asiático, poco preocupadas al parecer por la situación.
Este escenario, aunque dramático, no es nuevo. Prolifera en la red esta clase de sujetos (figura agravada del troll) que dedica su tiempo, sobre la base de un pretendido aunque inexistente anonimato en Internet, a perturbar la tranquilidad de los demás. El cyberbylling, el grooming, el cyber-stalking, o como los queramos llamar, ya no son cosas de críos. Es cierto que los menores, en cuanto que más vulnerables frente a los peligros en la red, son los más expuestos a este tipo de prácticas pero podemos ver cada día que adultos como Leandra Raam están también expuestos a ellas. Un simple perfil falso de Twitter puede causar verdadera aprensión a quien ve puestas en su boca palabras que nunca osaría pronunciar, llegando a verse obligado a dar explicaciones que corresponden a otro.
Detrás de estas conductas están los ciberacosadores, delincuentes de libro que han cambiado los callejones oscuros por los foros y los chats. Lo sorprendente de este tipo de conductas es el daño emocional y reputacional que pueden llegar a causar. Alertaba un estudio desarrollado por los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH), publicado en ‘Journal of Adolescent Health’, que los menores de edad víctimas de ‘ciberbullying’ se sentían más desesperados y deprimidos que aquéllos que sufrían un acoso directo. Posiblemente por aquello de que no hay mayor rival que el miedo, combinado con la ignorancia, la ignorancia de quien esté enfrente. Y enfrente puede estar cualquiera.
En efecto, cuando uno lee o escucha que detrás de este tipo de conductas están personas con una vida aparentemente normal, parece no dar crédito. Recuerda a esa vecina entrevistada en los informativos, recién cometido un asesinato, que jura y perjura que el asesino era un joven entrañable. En fin… la cuestión es que, según parece, tras este tipo de conductas no están sólo chiflados y dementes, sino personas aparentemente normales que se travisten en Internet, bajo el falso halo de anonimidad que ésta desprende, con una máxima como denominador común: acosar valiéndose del uso de las tecnologías de la información y de las comunicaciones.
Jurídicamente la cuestión no presenta una fácil solución. Partiendo de la base de que los delitos lo son tanto si se cometen en el mundo físico como en el mundo online, lo cierto es que este último entorno presenta una serie de peculiaridades que revisten de complejidad su persecución. El primero de ellos es el alertado por Leandra Ramm, la extraterritorialidad de Internet. El sujeto que viene causando este tipo de ofensas a la cantante neoyorquina se halla en Singapur y cuenta a su favor, según todo apunta, con la falta de interés de las autoridades de aquel lugar para su persecución. Si pensamos en la extrema dificultad que supone el inicio de acciones judiciales en determinados países extranjeros, pronto nos percatamos que la vía judicial no es siempre la mejor opción.
La segunda de las “coartadas” con las que cuenta el acosador online es la lucha convergente de dos derechos. De un lado el derecho a la intimidad y al secreto de las comunicaciones y, de otro, la necesaria monitorización y rastreo de las comunicaciones remitidas por el acosador online, que delinque valiéndose de la red para ello. En este caso, ya existe afortunadamente una consolidada Jurisprudencia en nuestro país y en nuestro entorno comunitario que obliga a los prestadores de servicios de Internet a facilitar cuantos datos identificativos le sean requeridos por las autoridades competentes ante la comisión de ciertos delitos.
Pero obviamente, no todo son ventajas para el acosador; nada más lejos de la realidad. Internet no es anónimo. La actividad del internauta en la red deja rastro de todas y cada una de las operaciones realizadas. Es ese rastro el que en innumerables ocasiones ha permitido a nuestras autoridades judiciales y policiales el poner coto a prácticas online tan abruptas como la pedofilia, la pederasta o el acoso. En este sentido es reseñable también, la labor desempeñada tanto por la Brigada de Investigación tecnológica de la Policía, como por el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil, cuerpos especializados en la persecución de este tipo de conductas. Así que ya saben, ante una situación desagradable, hay alguien ahí velando por nosotros.

2 Comentarios
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Existen además ciertos medios que “facilitan” el acoso a las personas.
Aunque aún no existe versión en español ni se ha difundido su uso en España, ahí está Formspring (http://www.formspring.me/), que sin llegar a ser una red social ha permitido llevar a cabo casos de acoso escolar con finales claramente trágicos (http://en.wikipedia.org/wiki/Formspring#Controversy).
Espero que el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil lo tenga en su lista de medios legales y disponibles para este tipo de acosos.
Saludos,
Héctor Guzmán
Comentario Publicado por: Héctor Guzmán | 27 abril 2011 - 10:55
Da pena ver como es la gente que para pasar el rato se meten con otras personas para hacerse los malotes o sentirse superiores.
Comentario Publicado por: abogados en toledo | 26 agosto 2011 - 12:01