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¿Qué hará Pinterest con nuestros contenidos?

16 febrero 2012 - 1:28 - Autor:

Por aquello de que uno debe predicar con el ejemplo, siempre procuro leer los términos y condiciones de aquellos sitios web en los que me voy a registrar o en los que voy a compartir ciertos datos o información. Y así, leyendo, es como aparecen los disgustos. Revisando los términos de uso de la nueva red social Pinterest, me encuentro con el siguiente texto, relativo a la cesión de derechos por parte del usuario:

“By making available any Member Content through the Site, Application or Services, you hereby grant to Cold Brew Labs (Pinterest) a worldwide, irrevocable, PERPETUAL, non-exclusive, transferable, royalty-free license, with the right to sublicense, to use, copy, adapt, modify, distribute, license, SELL, transfer, publicly display, publicly perform, transmit, stream, broadcast, access, view, and otherwise exploit such Member Content only on, through or by means of the Site, Application or Services”.

Sobre la base de la anterior redacción, el usuario que comparte contenidos en Pinterest, cede a Pinterest una licencia que permite a la red social hacer uso de los contenidos sin límite temporal, es decir, más allá del tiempo en que permanezcamos en la plataforma y lo que es más grave, vender dichos contenidos a cualquier tercero.

Estos términos chocan con la práctica habitual del resto de operadores del mercado, los cuales, como normal general, eliminan los contenidos del usuario una vez éste se da de baja en la cuenta y se limitan a solicitar una licencia respecto de aquéllos que les permita, sin más, compartir los contenidos con el resto de usuarios de la red.

Así, por ejemplo, Facebook establece que “concedes una licencia no exclusiva, transferible, con posibilidad de ser sub-otorgada, sin royalties, aplicable globalmente, para utilizar cualquier contenido de PI que publiques en Facebook o en conexión con Facebook (…) que finaliza cuando eliminas tu contenido de PI o tu cuenta, salvo si el contenido se ha compartido con terceros y éstos no lo han eliminado”.

Tuenti, por su parte, dispone que al publicar contenidos en tu perfil “otorgas a TUENTI una licencia limitada para reproducir y comunicar públicamente los mismos (…) por todo el tiempo que tengas vigente tu perfil y con la única y exclusiva finalidad de que TUENTI pueda prestarte el servicio”.

Twitter, a su vez, establece que al enviar o publicar cualquier contenido en su plataforma “el usuario otorga a Twitter licencia mundial, no exclusiva, libre de regalías (con derecho a la concesión de la licencia a terceros) para utilizar, copiar, reproducir, procesar, adaptar, modificar, publicar, transmitir, mostrar y distribuir dicho contenido por cualquier medio”.

Quizás la red social (de entre las concurridas por el gran público) que, hasta la fecha, había ido un poco más allá es Google+, que establece en sus condiciones que al enviar, publicar o mostrar cualquier contenido, el usuario está concediendo a Google una licencia que permite a la compañía norteamericana “distribuir el contenido a otras empresas, organizaciones o personas con las que Google mantiene relaciones con el fin de ofrecer servicios sindicados y de utilizar dicho contenido en relación con la provisión de dichos servicios”.

En definitiva, que Pinterest puede aportar muchas cosas a los usuarios, pero parece que los usuarios también aportan muchas cosas a Pinterest al compartir contenidos en ella.

 

¿Puedo utilizar videos de Youtube con fines comerciales?

15 febrero 2012 - 6:00 - Autor:

Decir que Youtube es la plataforma de video más popular del planeta es una pura obviedad. Sin embargo, quizás no seamos del todo conscientes de su enorme potencial. Youtube genera más de 2.000 millones de visitas cada día, acaparando el 10% de todo el tráfico de Internet. A diario se suben a YouTube casi un millón de videos, la friolera de 10 vídeos por segundo, 24 horas de vídeo por minuto.

Y si bien el usuario medio conoce con bastante detalle el modo de uso y las distintas funcionalidades de Youtube, existe cierto desconocimiento por parte de aquél en torno a los límites legales del uso de Youtube con finalidad comercial. ¿Pueden utilizarse los videos de Youtube con fines comerciales? ¿Puede un usuario tomar un video de Youtube e incorporarlo en una web con publicidad?

Para dar respuesta a estas interrogantes, es necesario acudir al documento que regula la relación entre Youtube y el usuario de su servicio, esto es, los Términos y Condiciones de Youtube, disponibles en su web. En ellas se establece que el usuario se obliga a no utilizar el servicio de Youtube con fines comerciales, a menos que haya obtenido la previa autorización por escrito de YouTube, circunstancia que no ocurre como norma general. No obstante, limita esa prohibición de uso comercial de videos a los siguientes supuestos:

(i) Se prohíbe la reventa del acceso al servicio, es decir, no se permite cobrar cantidad económica alguna por acceder a videos de Youtube;

(ii) Se prohíbe la venta de la publicidad o del contenido alojados en Youtube;

(iii) Se prohíbe la inserción de videos de Youtube en un blog que permita anuncios o en un sitio web que contenga publicidad a menos que otro material no obtenido de YouTube aparezca en la misma página y sea de valor suficiente para servir de base para dichas ventas. Es decir, que se permite la inserción de videos de Youtube en sitios web con finalidad comercial siempre que exista un contenido adicional que permita por sí solo sostener dicha publicidad. Esto significa que un blog o una web que alojase únicamente videos de Youtube no podría tener publicidad o, en caso de tenerla, estaría contraviniendo los términos y condiciones del servicio de Youtube. Sin embargo si esa web o blog tuviese contenidos propios que se viesen completados por videos de Youtube, dicho uso sí estaría legitimado.

Y para que este servicio pueda funcionar, el usuario que crea una cuenta y comparte contenidos en la plataforma ha de garantizar, por medio de la aceptación de los términos antes referidos, que es titular de todas licencias y todos los derechos, consentimientos y permisos que se necesitan para permitir a YouTube utilizar el contenido a efectos de poder prestar el servicio.

En particular, el usuario que sube un video a Youtube cede a YouTube una licencia mundial, gratuita y transferible para utilizar y mostrar ese contenido de la manera más amplia posible, concediendo al tiempo una licencia al resto de usuarios para acceder al contenido, y para utilizarlo, reproducirlo, distribuirlo, e incluso realizar obras derivadas de él, pudiendo éstos mostrar y ejecutar dicho contenido en la medida de lo permitido por Youtube.

Entonces, una vez que un video ha sido subido a Youtube por otro usuario ¿cómo saber si ese video es legal o no? Pues lo cierto es que el usuario que accede a un video subido por un tercero o que incluso lo comparte dentro de los términos permitidos por Youtube, no tiene porqué saber si ese video ha sido subido o no por el titular de los derechos, no pudiendo ser por lo tanto responsable de ninguna infracción que ese tercero pudiese haber cometido. Es decir, que cuando, por ejemplo, un usuario visualiza un resumen de un partido de fútbol en Youtube, no tiene modo de conocer si la persona que lo ha subido ostenta o no una licencia sobre los derechos de ese video, no pudiendo ser responsable de ello. Por el contrario, sí será responsable el usuario que ha declarado ser titular de los derechos y no lo es.

En definitiva, el titular del video compartido en Youtube sigue siendo titular de los derechos sobre el video (aunque ahora comparte dichos derechos a través de la otorgación de las licencias) mientras el mismo esté disponible en la plataforma. Una vez que el usuario elimina o borra el video, esa licencia otorgada a Youtube y al resto de usuarios queda revocada, retornando todos los derechos a favor del titular original.

@AlexTourino

“Necesitamos normas eficaces que regulen la propiedad intelectual en Internet”

8 febrero 2012 - 6:00 - Autor:

Los compañeros de Mediatics.com, me hicieron hace unos días una entrevista sobre aspectos legales de Internet, que acaban de publicar en su web (disponible aquí).

“Cuando el debate en torno a normas como la Ley Sinde en nuestro país o la SOPA en EE.UU. está en pleno apogeo, y a tan sólo unos días de que se celebrase el Día Internacional de la Seguridad en Internet, tenemos ocasión de charlar con todo un experto en legislación y nuevas tecnologías.”

-Las normas sobre propiedad intelectual en Internet, ¿ponen en entredicho la libertad o tratan de regular un derecho?

Normas eficaces que regulen la propiedad intelectual en Internet son una necesidad de la que carecemos. Por ese motivo, pienso que las iniciativas legislativas que pretenden poner fin a la vulneración de derechos de autor en Internet son bienvenidas. El desencuentro que se ha producido entre usuarios y legislativo en torno a ellas (SOPA, PIPA, Sinde, Hadopi, Digital Economy Bill, etc.) radica en el modo concreto de trasladar a la práctica de Internet ese ansia de protección de los derechos de autor, ya que la ejecución de aquel loable espíritu no parece el más correcto desde el punto de vista jurídico. Las normas propuestas toman ciertos “atajos” que en nada benefician a su eventual éxito práctico.

-¿Qué riesgos legales asumimos al dejar que las Redes Sociales formen parte de nuestras vidas?

Las redes sociales han venido para quedarse. Soy de los que piensan que su uso proporciona enormes ventajas, tanto de ocio como profesionales. Pero hemos de ser conscientes de que también entrañan riesgos, puesto que trasladan a la Red comportamientos habituales de nuestra vida diaria fuera de Internet. La suplantación de identidad, la vulneración de derechos de propiedad intelectual, de protección de datos o el ciberacoso son sólo ejemplos de lo que puede sucedernos si no tomamos las debidas precauciones. El mejor consejo para evitar problemas es usar el sentido común. Es un buen aliado a la hora de actuar en redes sociales.

-¿Cómo podemos minimizar los riesgos asociados al uso de la tecnología?

Hemos abierto la puerta a una nueva forma de comunicación y eso fomenta la aparición de nuevas vulneraciones de derechos. Combatir estos riesgos es posible actuando con cautela y confiando en servicios que ofrecen medidas de seguridad y permiten configurar la privacidad de los usuarios, evitando así sobresaltos indeseados. Dedicar unos minutos a leer las normas de funcionamiento de un servicio y sus términos legales puede ahorrarnos sustos en el futuro.

-¿Qué tres consejos deberían seguir los medios españoles para mejorar su posicionamiento en Internet?

Desde un punto de vista jurídico, resulta muy importante que la presencia de los medios en Internet responda a patrones jurídicamente adecuados. Hay que cumplir la legislación vigente, mediante la inserción de los oportunos avisos legales, y dedicar esfuerzos y recursos a realizar una correcta comunicación del mensaje de los medios en Internet y, en particular, mediante la adecuada formación jurídica del community manager del medio. Por último, respecto a los derechos de propiedad intelectual de terceros, a la protección de datos de los usuarios y a la libertad de expresión de éstos en los comentarios que eventualmente puedan realizar se antoja también de vital importancia contar con el preciso asesoramiento jurídico.

-¿Cree que experiencias como la de Piano Media serían posibles en el mercado mediático español?

Este tipo de iniciativas son muy interesantes, como modelos de negocio que permiten el acceso a muchos y muy diversos contenidos por una cantidad económica razonable. Son la consecuencia lógica de la evolución de la industria de contenidos en su ánimo de adaptarse a lo que el usuario demanda.

-¿Dónde acabará la batalla entre quienes defienden el pago por contenidos en las ediciones digitales y quienes piensan que en Internet no se puede limitar el acceso?

In medio stat virtus. Ni el proveedor de contenidos se puede enrocar en modelos obsoletos, ni el usuario puede pretender tener acceso a todos los contenidos de manera gratuita. Posiblemente fórmulas mixtas como los modelos freemium sean las que triunfen a corto plazo.

-Écija ha sido reconocido como uno de los mejores despachos españoles en TMT y Propiedad Intelectual por Chambers Europe 2011* (*Uno de los más prestigiosos ránkings internacionales de la abogacía). ¿De dónde procede el interés de su firma por estos asuntos?

En los trece años que llevamos en el sector legal español, nos hemos posicionado como un despacho multidisciplinar (trabajamos el derecho tradicional, fiscal o laboral, y también las necesidades legales tecnológicas de nuestros clientes). Nos hemos convertido en referentes en materia de Telecomunicación y Medios, y tenemos una presencia destacada en Barcelona y Madrid, ciudades que acogen a destacados clientes en los sectores de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones. Intentamos asesorarles en sus necesidades de internacionalización, para responder a las peculiaridades de un mercado cada vez más globalizado. Tenemos un especial interés por todo lo que tiene que ver con Internet porque el motor de nuestra estrategia se centra en los cambios tecnológicos y legislativos que hacen surgir necesidades desconocidas hasta el momento por nuestros clientes, y nos permiten aportar valor añadido.

-Bloguero en activo, ¿se atreve a dar algún consejo legal para los que siguen su ejemplo?

El blog es una iniciativa que debo a quienes lideran el proyecto de lainformacion.com, que hace aproximadamente dos años me propusieron iniciar una bitácora digital para analizar temas jurídicos vinculados con la actualidad. Como consejo jurídico a quienes se quieran iniciar como blogueros les recomiendo utilizar contenidos originales. Si estos pertenecen a terceros, que se aseguren de contar con el consentimiento de su autor original. La inspiración es libre, pero el plagio es un delito.

¿Es libre el “software libre”?

6 febrero 2012 - 6:00 - Autor:

El software libre (“free software”, en inglés) es la denominación del software que respeta la libertad de los usuarios sobre su producto adquirido y, por tanto, una vez obtenido, permite al usuario usarlo, copiarlo, estudiarlo, modificarlo, y redistribuirlo libremente. Según la Free Software Foundation, el término libre se refiere a la libertad de los usuarios para ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, modificar el software y distribuirlo modificado.

Pero esta definición de libre se confunde a veces con “gratis” por la ambigüedad del término inglés “free”. Y aunque el software libre suele estar disponible gratuitamente, su gratuidad no es sin embargo obligatoria. Y es que no hay que asociar software libre a “software gratuito”, ya que, conservando su carácter de libre, el software libre puede ser distribuido comercialmente. En definitiva, software libre no significa que no sea comercial.

Así, en la mayoría de las ocasiones, el software libre es distribuido de manera gratuita, pero en otras ocasiones se comerciliza a cambio de un precio. Lo paradójico es que, en ocasiones, el mismo programa de ordenador se puede conseguir de ambos modos (gratis y de pago) de fuentes distintas. Por ejemplo, si alguien paga una cantidad por una copia de un software distribuido bajo una licencia GPL (General Public License), esa licencia GPL le concede la libertad de hacerlo público por un precio o no, de manera que podría pagar el precio y después distribuirlo de manera gratuita para el público en general.

Por el contrario, exigir que cualquiera que reciba el software haya de abonar una cantidad haría que el programa no fuese libre. Si la gente tiene que pagar cuando obtiene una copia del programa, entonces el programa no es libre.

Pero que el software sea libre no significa que el usuario tenga total libertad para hacer lo que quiera con él. Sin embargo, sí confiere a aquél las cuatro siguientes libertades, definidas del siguiente modo por la Free Software Foundation:

• La libertad de ejecutar el programa (libertad 0).
• La libertad de estudiar y modificar el programa (libertad 1).
• La libertad de redistribuir copias del programa (libertad 2).
• La libertad de distribuir copias de las versiones modificadas del programa a terceros (libertad 3).

En definitiva, el concepto de libre no tiene nada que ver con el precio, un precio bajo no hace al software ser más o menos libre. Un programa es software libre si los usuarios tienen todas esas libertades, es decir, la libertad de ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y mejorar el software.

Las siguientes son algunas de las licencias de software libre más utilizadas. Para más información, el sitio web de la Free Software Foundation ha publicado un listado incompleto de este tipo de licencias:

- Licencia GPL (General Public License): Es una licencia creada por Free Software Foundation y está orientada principalmente a proteger la libre disposición, modificación y uso de software. Esta licencia posibilita la modificación y redistribución del software, pero únicamente bajo esa misma licencia. Este tipo de licencia abarcaría más o menos el 60% del software licenciado como software libre.

-Licencia AGPL (Affero General Public License): Es un tipo de licencia que deriva de la GPL de GNU. Básicamente, se ha añadido una cláusula con la finalidad de cubrir al software que se ejecuta a través de internet.

- Licencias BSD (Berkeley Software Distribution): Es una licencia de software otorgada principalmente para los sistemas BSD. Este tipo de licencia es incluso más permisiva que las anteriores ya que no implica que el resultado final sea liberado bajo licencias de software libre sino que permite el uso del código fuente en software no libre. Es la licencia más cercana al software en el que el usuario no tiene ninguna restricción.

- Licencias MPL (Mozilla Public License): Es un tipo de licencia de software libre pero no es tan permisiva como la licencia BSD. El ejemplo por excelencia de este tipo de licencia es el buscador de internet Mozilla Firefox.

@AlexTourino

Alejandro Touriño

Alejandro Touriño en ECIJAAlejandro es Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela; Máster en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Práctica Jurídica por la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado cursos de postgrado en instituciones de prestigio como la University of Brighton, la WIPO Academy o el Instituto de Empresa, en materias relacionadas con el Derecho Comparado, la Propiedad Intelectual y el Derecho del Entretenimiento.

En la actualidad ejerce su actividad Profesional como Responsable del área de Information Technology de ECIJA, asesorando a clientes nacionales e internacionales, tanto en sede judicial como extrajudicial, en cuestiones relacionadas con Derecho del Entretenimiento y las Nuevas Tecnologías, centrando su actividad en la Propiedad Intelectual, Contratación de Software, Nombres de dominio, regulación jurídica de Internet y Redes Sociales. Alejandro compagina su labor profesional con la docencia en másteres universitarios, y es colaborador asiduo de prensa jurídica especializada.

Alejandro es, asimismo, miembro de la alianza europea de Nuevas Tecnologías ‘World IT Lawyers’, miembro de DENAE (Asociación Española de Derecho del Entretenimiento), y del Comité de Dirección del capítulo español de CSA (Cloud Security Alliance).

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