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¿Son protegibles las ideas?

26 abril 2012 - 6:00 - Autor:

Hoy, 26 de abril, se celebra el día mundial de la propiedad intelectual. El origen de esta celebración se remonta al año 2.000, fecha en la que los Estados miembros de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) acordaron homenajear esta disciplina del Derecho, con el fin de sensibilizar al público acerca de la función de la propiedad intelectual en la vida diaria, y celebrar la aportación de los innovadores y creadores al desarrollo de las sociedades de todo el mundo. La fecha elegida para la conmemoración se corresponde con el día en que entró en vigor el Convenio por el que se establece la OMPI, el 26 de abril de1970.

Y lo que se conmemora en el día de hoy es la propiedad intelectual, esa rama del Derecho que protege “todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro”, tal y como reza el artículo 10-1 del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual.

Y ese matiz es importante, porque el objeto de protección de la propiedad intelectual son las obras, no las ideas, los conocimientos o la información expresadas a través de tales obras, los cuales no son protegibles. En este sentido, el art. 2 del Tratado OMPI sobre Derecho de autor, reproduciendo literalmente lo previsto en el art. 9.2º del Acuerdo ADPIC, establece que “la protección del derecho de autor abarcará las expresiones, pero no las ideas”.

En definitiva, nuestro Ordenamiento Jurídico no protege las ideas, sino la forma original de expresión de las mismas. Pero esto es algo difícil de delimitar, cuándo una idea deja de ser idea y alcanza un desarrollo tal que empieza a ser protegible. Por ello se afirma que las ideas sí son protegibles en tanto estén expresadas y, esas ideas, tengan un cierto grado de complejidad y de originalidad; es decir las ideas se protegen cuando cumplen los requisitos que establece la Ley de Propiedad Intelectual: cuando pasan de ser ideas a ser obras, aun incompletas.

En idéntico sentido se han expresado nuestros Tribunales. Así, entre otras, la Sentencia del Tribunal Supremo (Sala de lo Civil, Sección 1ª), nº 542/2004 de 24 junio de 2004 (RJ 2004\4318) afirma que: “la idea, como mera elucubración del pensamiento, no es un objeto apropiable por ser indefinida (…) pudiendo afirmarse que más que las ideas en sí, lo que protege la Ley de Propiedad Intelectual es la expresión de las ideas del autor”.

En definitiva, el Derecho Positivo, la Jurisprudencia y la Doctrina son categóricas en este sentido, las ideas se protegen cuando cumplen los requisitos establecidos por la Ley de Propiedad Intelectual, es decir, cuando pasan de ser ideas a ser obras, entendiéndose que lo protegible no es la idea en sí, sino la forma en la que está expresada y desarrollada.

Así, citando a D. Rodrigo Bercovitz Rodríguez-Cano , “la inspiración, al igual que las ideas, es totalmente libre y no necesita del consentimiento de nadie”.

La letra pequeña de Google Drive

25 abril 2012 - 11:07 - Autor:

En el día de ayer Google lanzaba al mundo su última creación, Google Drive, un nuevo servicio de almacenamiento online de contenidos que permite al usuario crear, compartir, colaborar y guardar contenidos en la red. Permite además el servicio acceder a los contenidos desde cualquier dispositivo conectado a Internet, bien se trate de un ordenador o un dispositivo móvil.

Con esta propuesta, Google responde a otros servicios de almacenamiento en la nube, que ya operan con éxito en el mercado, tales como Dropbox o SkyDrive. Pero no es oro todo lo que reluce. La letra pequeña de Google Drive nos informa que cuando subimos contenido al servicio concedemos a Google y a cualquier colaborador de éste un derecho a usar, almacenar, reproducir, modificar, crear obras derivadas (tales como traducciones, adaptaciones, etc.) y distribuir libremente dicho contenido. Además esa licencia continúa incluso cuando dejemos de utilizar el servicio.

Y si bien la cesión de derechos es operada con el fin de prestar un mejor servicio, nada impide a Google utilizar de por vida esos contenidos para ese servicio o cualquier otro que desarrolle en el futuro, incluso con fines publicitarios. Así rezan sus términos:

“When you upload or otherwise submit content to our Services, you give Google (and those we work with) a worldwide licence to use, host, store, reproduce, modify, create derivative works (such as those resulting from translations, adaptations or other changes that we make so that your content works better with our Services), communicate, publish, publicly perform, publicly display and distribute such content. The rights that you grant in this licence are for the limited purpose of operating, promoting and improving our Services, and to develop new ones. This licence continues even if you stop using our Services (for example, for a business listing that you have added to Google Maps).”

Esta amplia facultad que el usuario de Drive concede a Google contrasta con los términos y condiciones de los otros dos grandes operadores del Mercado, Dropbox y Microsoft SkyDrive.

De un lado, Dropbox establece que todos los derechos sobre los contenidos que el usuario almacena en su servicio son y seguirán siendo titularidad exclusiva del usuario, concediendo el usuario una licencia a Dropbox limitada a la propia prestación del servicio.

“Your Stuff & Your Privacy: By using our Services you provide us with information, files, and folders that you submit to Dropbox (together, “your stuff”). You retain full ownership to your stuff. We don’t claim any ownership to any of it. These Terms do not grant us any rights to your stuff or intellectual property except for the limited rights that are needed to run the Services, as explained below.”

Por su parte, Microsoft establece en los términos de uso del servicio SkyDrive que los contenidos de sus usuarios continuarán perteneciendo al usuario y que los mismos no serán cedidos a ningún tercero.

“Your Content: Except for material that we license to you, we don’t claim ownership of the content you provide on the service. Your content remains your content. We also don’t control, verify, or endorse the content that you and others make available on the service.”

Así las cosas, la realidad es que, de acuerdo a lo establecido en los términos y condiciones de Google Drive, Google tiene el control sobre nuestros contenidos.

[ACTUALIZACIÓN] 

Al hilo de la publicación de este post, y sobre el contenido del mismo, esta mañana se ha puesto en contacto conmigo una agencia de comunicación que dice representar a Google en España para hacerme llegar la posición oficial de Google a este respecto. Me indican que “Este parrafito [el texto de los términos y condiciones de Google Drive reproducido en el post] está sacado del contexto general de todos lo[s] términos y condiciones, por lo que tendríamos que entenderlo en su contexto con los demás términos y condiciones”.

A continuación reproduzco la posición oficial de Google, según me ha sido indicado por la referida agencia de comunicación:

“Tal y como indicamos claramente en nuestros términos de uso, Google no reclama la propiedad o control sobre el contenido que el usuario almacena en Google Drive. Aconsejamos leer en su totalidad nuestros términos de uso. En ellos se especifica que los usuarios que deciden compartir sus archivos con otros, previamente nos han dado el permiso para mostrar esos archivos a otros y gracias a ese permiso nosotros podemos dar la ayuda técnica (alojamiento, almacenamiento, traducción, etc.) y el formato adecuado en función de las distintas pantallas de los dispositivos donde se vayan a mostrar esos archivos. Para ser claros, Google no utilizará los datos de los usuarios más allá del alcance que el usuario indique y controle. Por ejemplo, las hojas de cálculo que un usuario haya podido crear en ningún momento serán compartidas de manera pública salvo que el usuario haya indicado que así sea”.

Los términos y condiciones dicen lo que dicen, por lo que juzguen ustedes mismos.

@AlexTourino

El secreto de las Apps

19 abril 2012 - 6:00 - Autor:

Publicaba hace unos días el Wall Street Journal un excelente artículo titulado “Vendiéndote en Facebook” (“Selling you on Facebook”, en su título original), que ponía de manifiesto la problemática cada vez más extendida de los datos recabados por las aplicaciones o Apps, presentes en redes sociales, smartphones y tablets.

La problemática que se plantea en este sentido es que muchas de las aplicaciones más populares obtienen información sensible de sus usuarios y de los amigos de sus usuarios que luego es utilizada con finalidad muy diversa. Así, no debería sorprendernos demasiado que datos que pertenecen a nuestra intimidad tales como nuestros pensamientos políticos, nuestras creencias religiosas o nuestra vida sexual aparezcan después en los lugares menos esperados.

Y es que si hace un tiempo los programas de ordenador se adquirían a cambio de un precio, la tendencia hoy es a su adquisición en forma de Apps a cambio de información personal.

El estudio publicado por el medio neoyorquino ponía de manifiesto que las 100 aplicaciones más populares en Facebook recaban información del usuario (y, en ocasiones, de los amigos del usuario) relativas a, entre otras, sus direcciones de correo electrónico, ubicación geográfica y preferencias sexuales (por ejemplo, “interesado en hombres/mujeres”).

Una simple comprobación de las aplicaciones a las que yo he dado acceso en mi perfil de Facebook me indica que, por ejemplo, iPhoto, la aplicación de archivos de fotografía que (hasta ahora mismo) tenía instalada, tiene acceso no sólo a la información básica de mi perfil (descripción, actividades, cumpleaños, historial académico, grupos, ciudad de origen, intereses, gustos, ubicación, situación sentimental, información de relaciones, creencias religiosas e ideología política, sitio web e historial laboral, eventos, notas, fotos, actualizaciones de estado y vídeos) sino también a idéntica información de mis amigos. Pero es que además, esta aplicación también puede Acceder a los mensajes de mi bandeja de entrada. ¿Para qué necesita iPhoto toda esa información?

Sea como fuere, lo cierto es que Facebook exige que las Apps obtengan el consentimiento de los usuarios antes de acceder a los datos personales de éstos. Sin embargo, los amigos de ese usuario no son notificados de que sus datos han sido “cedidos” por y que aquéllos van a ser usados por la App. De este modo nos encontramos con que nuestros datos que, en principio, iban a ser conocidos únicamente por amigos, son de libre acceso por estos terceros titulares de aplicaciones.

El examen de las actividades de las aplicaciones realizado por el Wall Street Journal sugiere que Facebook no exige el cumplimiento de sus términos de privacidad, basados en la proporcionalidad de los datos recabados para el fin pretendido. Es decir, que no existe control sobre los datos que se recaban ni los fines con que se recaban.

Un caso realmente llamativo es el de la aplicación “Girls Around Me”. Esta App recaba información hecha pública por usuarios en Foursquare e indica las usuarias solteras que han hecho check-in en un lugar cercano. En su propia web se explica que “Girls Around Me scans your surroundings and helps you find out where girls or guys are hanging out. You can also see the ratio of girls to guys in different places around you. Choose the best place to go, or even start meeting people directly from the app”.

Para ello, tal y como indican en su sitio web, utilizan información hecha pública previamente en Facebook y Foursquare. Es decir, que yo puedo hacer check-in en Foursquare mientras me tomo un café en el Starbucks, publicarlo en Twitter e inmediatamente esta App “cazará” el dato y lo compartirá con los usuarios de la App que estén cerca a mí. Y no sólo compartirá ese dato, sino todos aquellos que yo haya hecho públicos en Foursquare o Twitter (por ejemplo, fotografías, gustos, preferencias sexuales, etc.), de manera que los terceros sabrán de mí todo lo que haya sido hecho público por mí, por algún amigo o por otra App.

Siendo esto así ¿Por qué permitimos a estas aplicaciones el acceso a estos datos? En primer lugar, porque es la única forma de poder utilizar la aplicación en cuestión. Pero pasa también por un fenómeno psíquico conocido como “habituación”, proceso por el que, ante un estímulo repetido, la respuesta del sujeto es cada vez menos intensa. El estímulo es en este caso es la solicitud de utilización de datos por parte de la aplicación. Ante el requerimiento/ estímulo constante, el usuario acepta sin leer y sin saber las consecuencias que de ello se derivan para él y para sus amigos.

Ocurre además que los perfiles de, por ejemplo, Facebook están configurados por defecto para que las aplicaciones accedan a una cantidad enorme de datos. Tal y como Facebook advierte:

“Las personas que pueden ver tu información en Facebook pueden “llevársela” cuando utilizan una aplicación, y de esta forma su experiencia en la aplicación es mejor y más social. Utiliza la configuración de abajo para controlar las categorías de información tuya que las personas pueden utilizar en aplicaciones, juegos y sitios web.”

En definitiva, cuidado con lo que publicas en redes sociales porque ya no decides el alcance de lo que tú publicas. Lo haces tú, lo hacen tus amigos y lo hacen las Apps.

@AlexTourino

¿Son adecuados los videojuegos a los que juega tu hijo?

10 abril 2012 - 6:00 - Autor:

A día de hoy en el mundo entero millones de jugadores disfrutan de videojuegos tanto en su version clásica como en la cada vez más extendida versión en línea. Solamente en España, el 28% de la población comprendida entre los 16 y los 49 años se definen con “jugadores activos”. Y si bien los videojuegos, en su mayoría, son adecuados para jugadores de todas las edades (aproximadamente la mitad), existen muchos que, por su propio contenido, son sólo aptos para su consumo por jugadores que han superado una determinada franja de edad.

Desde el punto de vista legal, no existe ninguna norma estatal que, de manera específica, obligue a los comercilizadores de videojuegos a advertir de la falta de ideoneidad de un videojuego para un público concreto. Ante esta ausencia de regulación específica, la autorregulación y las buenas prácticas del sector (además de las legislaciones autonómicas) han cobrado especial relevancia. En particular, el sistema de la clasificación por edades se ha revelado como el método más adecuado para garantizar que los videojuegos sean etiquetados por edades en función de su concreto contenido. Y sin que, como adelantaba, este tipo de clasificaciones tenga carácter jurídicamente vinculante, lo cierto es que la clasificación por edades orienta a los consumidores, especialmente a adultos, acerca del producto que van a consumir sus hijos.

A nivel europeo, el sistema de Información Paneuropea sobre Juegos (PEGI, por sus siglas en inglés) es el más utilizado, contando éste además con el respaldo de la Comisión Europea, por considerarse como un modelo de armonización europea en materia de protección de la infancia, que sustituyó a los distintos sistemas nacionales de clasificación por edades englobándolos en un único sistema que se utiliza ya en más de 30 países de Europa, incluido España. El sistema cuenta además con el respaldo de los principales fabricantes, incluidos Sony, Microsoft y Nintendo, así como por editores y desarrolladores de juegos interactivos de toda Europa.

La comprensión del sistema PEGI es realmente sencilla. Las etiquetas PEGI se colocan en el anverso y el reverso de los estuches de los juegos e indican, en función de los distintos niveles de edad (3, 7, 12, 16 ó 18), la idoneidad del contenido del juego en términos de protección de los menores. No obstante, es importante conocer que la clasificación por edades no tiene en cuenta el nivel de dificultad ni las habilidades necesarias para jugar.

Junto a los logotipos indicadores de la edad recomendada, se añaden otros logotipos, los descriptors, que aparecen en el reverso de los estuches e indican los motivos por los que un juego ha obtenido una categoría de edad concreta. Existen ocho descriptores: violencia, lenguaje soez, miedo, drogas, sexo, discriminación, juego y juego en línea con otras personas.

Sin perjuicio de la importancia de los videojuegos en formatos tradicionales, muchos sitios web y servicios en línea contienen videojuegos. Además, los nuevos hábitos de juego confirman que los jugadores juegan en línea a través de consolas, teléfonos móviles o a través de redes peer-to-peer.

Para dar cobertura a esta nueva realidad del mercado, surgió el Código de Seguridad de PEGI Online (POSC, por sus siglás en inglés), como un complemento del sistema PEGI tradicional. Su finalidad consiste en ofrecer una mayor protección contra contenidos de juego inadecuados en este nuevo entorno de juego en linea.

Así, todos los proveedores de este tipo de juegos que suscriban el Código de PEGI Online se comprometen a prohibir todo material inadecuado de sus sitios web y a garantizar una conducta apropiada entre los usuarios. Como resultado de ello, están autorizados a exhibir el logo de PEGI Online una vez que hayan registrado sus juegos en el sistema PEGI. La inserción del logo en sus sitios web implicará que mantienen su sitio web libre de contenido ilegal u ofensivo creado por los usuarios y cualquier enlace indeseable, así como medidas de protección de los jóvenes y de su intimidad cuando participen en juegos en línea.

Por último, para dar respuesta al aluvión de pequeños juegos en linea que se han prodigado en los últimos tiempos en Internet, se ha diseñado la etiqueta PEGI OK. Cuando un pequeño juego en línea de un sitio Web lleva la etiqueta “PEGI OK”, querrá decir que los jugadores de todos los grupos de edades pueden jugar tranquilamente porque no incluye ningún contenido de juego potencialmente inapropiado, tal como violencia, actividad sexual, lenguaje soez, apuestas, fomento o consumo de drogas, fomento del alcohol o tabaco o escenas de miedo. Si el juego contuviera alguno de estos elementos, o si se cobra un importe para poder jugar, entonces aquél deberá ser clasificado por edades según el sistema estándar de clasificación PEGI (3, 7, 12, 16 ó 18).

Alejandro Touriño

Alejandro Touriño en ECIJAAlejandro es Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela; Máster en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Práctica Jurídica por la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado cursos de postgrado en instituciones de prestigio como la University of Brighton, la WIPO Academy o el Instituto de Empresa, en materias relacionadas con el Derecho Comparado, la Propiedad Intelectual y el Derecho del Entretenimiento.

En la actualidad ejerce su actividad Profesional como Responsable del área de Information Technology de ECIJA, asesorando a clientes nacionales e internacionales, tanto en sede judicial como extrajudicial, en cuestiones relacionadas con Derecho del Entretenimiento y las Nuevas Tecnologías, centrando su actividad en la Propiedad Intelectual, Contratación de Software, Nombres de dominio, regulación jurídica de Internet y Redes Sociales. Alejandro compagina su labor profesional con la docencia en másteres universitarios, y es colaborador asiduo de prensa jurídica especializada.

Alejandro es, asimismo, miembro de la alianza europea de Nuevas Tecnologías ‘World IT Lawyers’, miembro de DENAE (Asociación Española de Derecho del Entretenimiento), y del Comité de Dirección del capítulo español de CSA (Cloud Security Alliance).

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