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Lo que no sabes de Instagram…

28 mayo 2012 - 6:00 - Autor:

Instagram es la tecnología del momento. Por algo Facebook ha pagado mil millones de dólares por ella. Pero, pese a que a muchos pueda sorprender, Instagram no es sólo una aplicación de fotografía que permite compartir fotografías en redes sociales, sino que es en sí una red social. Y ello tiene consecuencias -muchas y muy importantes- para el usuario de Instagram.

En efecto, la creencia arraigada entre usuarios de que Instagram es tan solo una aplicación es tal que la propia Wikipedia –red colaborativa por antonomasia- define a Instagram como “una aplicación gratuita para compartir fotos con la que los usuarios pueden aplicar efectos fotográficos como filtros, marcos y colores retro y vintage y compartir las fotografías en diferentes redes sociales como Facebook, Twitter, Tumblr y Flickr”.

Lo que obvia esta definición -y la percepción de la mayoría de los usuarios- es que Instagram no es una herramienta privada con la que obtener efectos fotográficos de forma sencilla, sino que es una red social que, salvo que el usuario la configure expresamente de otro modo, pone a disposición de cualquier tercero las fotografías realizadas a través de la “aplicación”. Sí, esa foto que has tomado en tu intimidad es accesible por cualquier tercero, salvo que previamente hayas indicado lo contrario.

Es decir, que, por defecto, la privacidad no existe en Instagram. Ése es el motivo -no puedo entender que haya otro- para que la búsqueda en Instagram de, por ejemplo, las etiquetas #desnuda o #sexo arroje los resultados públicos que arroja. Y ello porque, como norma general, el usuario de Instagram descarga la aplicación y comienza a tomar fotos sin saber que las mismas son accesibles por cualquier tercero si éste no hace nada por evitarlo.

El que se haya tomado el tiempo de leer los términos y condiciones de la aplicación o bien haya navegado por sus distintas pestañas sabrá que siguiendo los pasos “Cuenta”- “Editar perfil”- “Privacidad”- “Fotos privadas” podrá hacer que sus fotos sólo sean compartidas cuando el usuario así lo desee y no en todas y cada una de las ocasiones en que el usuario tome una fotografía. En caso contrario, esas fotografías son públicas y accesibles por cualquier usuario de Instagram.

Jurídicamente, esta práctica, consistente en deshabilitar al máximo la privacidad de las aplicaciones por sus titulares, es lo contrario a la técnica del “privacy by default”, por la que tanto se aboga desde las instituciones europeas y que no es otra cosa que la protección de la privacidad por defecto. Pero mientras que el “privacy by default” sea sólo una recomendación y no una imposición normativa, resulta importante que seamos conscientes de las consecuencias de nuestros actos, so pena de hacer público lo que siempre debió ser privado.

@AlexTourino

Los lenguajes de programación no se protegen. Cópialos.

3 mayo 2012 - 6:00 - Autor:

Semana convulsa en la Unión Europea en lo que a propiedad intelectual y programas de ordenador se refiere. Si la semana pasada, tocaba turno para que el Abogado General -Sr. Yves Bot- se pronunciase acerca de la legalidad de la venta de licencias de software de segunda mano, en el día de ayer se conocía la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión, que resuelve la cuestión perjudicial elevada a dicho Tribunal sobre la posibilidad de protección de los lenguajes de programación con base en los derechos de propiedad intelectual.

El asunto en cuestión se presentó en el marco de un litigio abierto en el Reino Unido entre las entidades SAS Institute Inc. y World Programming Ltd., a propósito de una acción ejercitada por SAS por vulneración de los derechos de autor sobre los programas de ordenador y los manuales relativos a su sistema informático de bases de datos.

Ante el conflicto surgido, el Tribunal Británico decidió consultar al Tribunal Europeo si el Derecho Comunitario ha de interpretarse en el sentido de que tanto la funcionalidad de un programa de ordenador como el lenguaje de programación constituyen una forma de expresión de dicho programa y, como tales, pueden estar protegidos por los derechos de autor sobre los programas de ordenador.

Y en respuesta a esta cuestión, el Tribunal ha entendido que ni la funcionalidad de un programa de ordenador ni el lenguaje de programación en sí constituyen una forma de expresión de tal programa. Lo que es más, afirma el Tribunal que “admitir que el derecho de autor pudiera proteger la funcionalidad de un programa de ordenador supondría ofrecer la posibilidad de monopolizar las ideas, en perjuicio del progreso técnico y del desarrollo industrial”. Es decir, una reiteración de aquello de que las ideas no se protegen, sino que es la expresión de esas ideas lo que goza de protección bajo el amparo de la propiedad intelectual.

Esto no significa que exista barra libre para copiar lenguajes de programación. En efecto, si un tercero obtuviera la parte del código fuente correspondiente al lenguaje de programación utilizado en un programa de ordenador y, sirviéndose de dicho código, creara elementos similares en su propio programa de ordenador, tal comportamiento podría constituir una vulneración de los derechos de autor del titular originario.

No obstante, quien haya obtenido una copia con licencia de un programa de ordenador puede, sin la autorización del titular de los derechos de autor, observar, estudiar y verificar el funcionamiento de ese programa con el fin de determinar las ideas y principios implícitos en cualquiera de sus elementos, cuando realice operaciones cubiertas por esa licencia así como los actos de carga y desarrollo necesarios para la utilización del programa de ordenador, siempre y cuando no infrinja los derechos exclusivos del titular de los derechos de autor sobre ese programa.

Por poner un ejemplo burdo. Si un autor escribe un poema en un idioma determinado, lo que el derecho de autor protegerá será la expresión de ese concreto poema, no el idioma o la idea inspiradora del mismo.

En definitiva, la protección del Derecho de autor se aplica a cualquier forma de expresión de un programa de ordenador, pero no a las ideas y principios implícitos en cualquier elemento de un programa –tales como su funcionalidad o lenguaje-, los cuales no están protegidos por los derechos de autor”.

Alejandro Touriño

Alejandro Touriño en ECIJAAlejandro es Licenciado en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela; Máster en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Práctica Jurídica por la Escuela de Práctica Jurídica de la Universidad Complutense de Madrid. Ha realizado cursos de postgrado en instituciones de prestigio como la University of Brighton, la WIPO Academy o el Instituto de Empresa, en materias relacionadas con el Derecho Comparado, la Propiedad Intelectual y el Derecho del Entretenimiento.

En la actualidad ejerce su actividad Profesional como Responsable del área de Information Technology de ECIJA, asesorando a clientes nacionales e internacionales, tanto en sede judicial como extrajudicial, en cuestiones relacionadas con Derecho del Entretenimiento y las Nuevas Tecnologías, centrando su actividad en la Propiedad Intelectual, Contratación de Software, Nombres de dominio, regulación jurídica de Internet y Redes Sociales. Alejandro compagina su labor profesional con la docencia en másteres universitarios, y es colaborador asiduo de prensa jurídica especializada.

Alejandro es, asimismo, miembro de la alianza europea de Nuevas Tecnologías ‘World IT Lawyers’, miembro de DENAE (Asociación Española de Derecho del Entretenimiento), y del Comité de Dirección del capítulo español de CSA (Cloud Security Alliance).

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